El Partido Socialista Francés busca recuperarse

Publicado en el diario BAE, 1 de Septiembre de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

El Partido Socialista (PS) francés se encuentra debatiendo en estos días la posibilidad de  instaurar elecciones abiertas a todos los militantes de izquierda para elegir al candidato que en 2012 buscará suceder a Nicolás Sarkozy. Según sus principales partidarios, las primarias abiertas le permitirían al PS que su candidato sea designado no sólo por 200.000 personas, como fue el caso de Ségolene Royal en 2006, sino por una fuerza electoral que podría oscilar entre 3 y 4 millones de votantes.

Lejos quedan los tiempos en que el socialismo francés tenía una fuerte influencia en Europa y el partido actuaba en bloque bajo la autoridad de François Mitterrand. El efecto potenciado de la implosión del comunismo junto con el desarrollo de la globalización, ha provocado la escisión de diversas vertientes de la izquierda francesa. Como consecuencia, muchas corrientes de pensamiento vieron su oportunidad para salir del centralismo reinante y crear sus propios movimientos; muy en contraposición de la lógica fundacional del Partido Socialista Francés allá por el año1905, que llamado originalmente SFIO (Section Française de l’Internationale Ouvrière, o Sección Francesa de la Internacional Obrera), consiguió la proeza de unir en una fuerza común a todos los grupos socialistas, hasta ese momento fuertemente fragmentados: los marxistas de J. Guesde, los socialistas revolucionarios y los socialistas pragmáticos liderados por Jean Jaurès.

Este reacomodamiento en medio de una transición política y económica mundial, encontró al Partido Socialista Francés en una posición expectante: mientras en la década de 1990 se lo observó impávido sufriendo los avances neoliberales en todas las latitudes, el desarrollo de este siglo comenzó a mostrar las grietas sistémicas en donde muchas otrora proezas se transformaban y desencadenaban en adversidades, siendo la pérdida de competitividad internacional o el empeoramiento de la situación socio-económica de los trabajadores el impulso necesario para que el PSF pueda volver a los primeros planos de la política nacional y dispute la presidencia en el 2012.

Para lograr este objetivo, la idea de algunos de sus principales líderes fue la implementación de primarias abiertas para captar votos de aquellos simpatizantes socialistas que se encuentran en la actualidad dispersos dentro de una variedad de opciones progresistas y de centro. Esta situación se generó debido a que la posibilidad de lograr alianzas para alcanzar el objetivo común del bienestar social parece haber sido dejada en un segundo plano, ya que la individualización y la fortaleza de los demás partidos de todo el espectro de izquierda, tornan cada vez más complicadas cualquier tipo de negociación que favorezca la posición política del Partido Socialista Francés. Ni los ecologistas, liderados por el líder estudiantil de Mayo del 68, Daniel Cohn-Bendit, ni el centro-izquierdista MoDem, liderado por François Bayrou o el mismo partido de extrema izquierda Nuevo Partido Anticapitalista, liderado por Olivier Besancenot, parecen ser flexibles a la hora de negociar posturas y discutir candidaturas.

Las políticas de seducción nunca formaron parte de la historia del Partido Socialista Francés. El poder pertenecer siempre implicó un compromiso social y un rol activo en las decisiones partidarias. Pero en la actualidad y en contraposición de su tesón filosófico antiliberal, esta “mercantilización” en la búsqueda de votos pareciera ser necesaria. El descontento con los gobiernos de izquierda, la pérdida de ideales y la búsqueda de pragmatismos que puedan lidiar con las problemáticas domesticas e internacionales, aparecen como contrafuerzas que requieren nuevas ideas y esfuerzos diferenciados. Las primarias abiertas son una opción más entre otras medidas que seguramente el PSF tomará de cara a las próximas elecciones. Solo habrá que esperar el resultado electoral para poder decir si esta nueva propuesta habrá sido efectiva.

Hiroshima y un debate necesario

Publicado en el diario BAE, 11 de Agosto de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

Japón rememoró la semana pasada el aniversario número 64 de la bomba atómica sobre Hiroshima, con un llamado en favor de un mundo libre de armas nucleares por parte del alcalde Tadatoshi Akiba. En la actualidad existen cinco potencias nucleares declaradas: EEUU, Rusia, Reino Unido, Francia y China; mientras que otros tres tienen tecnología atómica de manera no oficial: India, Pakistán e Israel. Otros países, como Corea del Norte e Irán, poseen programas de desarrollo nuclear en marcha.

Aunque el secretario general de la ONU también se haya pronunciado días atrás diciendo que el objetivo del desarme nuclear es «alcanzable», o hasta el mismo Barak Obama haya declarado el pasado mes de abril en Praga que, «como el único país que ha utilizado un arma nuclear, Estados Unidos tiene la responsabilidad moral de actuar para lograr un mundo sin armas nucleares», la idiosincrasia internacional parece dirigirse por el camino opuesto.

Luego de la bipolaridad de la guerra fría y la unilateralidad neoglobalizadora de los Estados Unidos durante la década pasada, el siglo XXI trajo consigo la idea de democratizar la estructura internacional. Las discusiones en la Organización Mundial de Comercio por un comercio internacional más justo, la tolerancia a la multiculturalidad y la aceptación a la diversidad política doméstica, comenzaron a ser temas de debate y acuerdo en todos los ámbitos del escenario global. En torno a esta apertura, algunos Estados también pretendieron abrir la discusión sobre la posibilidad de adquirir y desarrollar todo tipo de energía nuclear, incluida la destinada al armamento bélico.  

Pero desde un comienzo se encontraron rispideces derivadas de la sensibilidad del tema en cuestión. Por un lado, el desarrollo de una política energética se oculta en muchos casos detrás de la idea de una carrera armamentística con una expansión sin límites determinables. Para los Estados Unidos, esta situación es representada por el caso Iraní. El último informe de la Organización Internacional de Energía Atómica asegura que en la planta de Natanz ya están operativas cuatro mil centrifugadoras, y al menos otras 1.500 estarían en fase de instalación para ponerse a funcionar en el corto plazo. Los dirigentes islámicos insisten en el carácter civil del programa y defienden su derecho a disfrutar de esta tecnología como una solución para el día en el que se terminen el gas y el petróleo. En este sentido, el presidente Mahmoud Ahmadineyad expresó que “La energía nuclear es nuestro derecho”. Pero en la ambigüedad de sus palabras se trasluce una potencial mentira que genera desconfianza en los círculos más importantes de la alta política internacional. 

El otro punto es el referido específicamente al poder y el control que genera la acumulación de armamento nuclear. Por un lado, les permitiría a los Estados involucrados en el desarrollo bélico mejorar su posicionamiento dentro de cada una de las regiones del tablero internacional, lo que a su vez implicaría un incremento de su poder económico y político. Por otro lado, nos encontramos con las disputas culturales e ideológicas que la historia no ha podido resolver y donde la solución pacífica es todavía una utopía en los postrimerías de está primera década del siglo XXI. En esta situación podemos circunscribir el caso de India y Pakistán. Se estima que Pakistán posee entre 30 y 50 cabezas nucleares no declaradas de 15 kilotones, similares a la de Hiroshima, además de tener almacenados 65 kilos de uranio enriquecido. Por otro lado, se calcula que India posee entre 30 y 40 cabezas nucleares no declaradas de 15 kilotones, con una capacidad destructora de 15.000 toneladas de TNT.

La historia ha demostrado que las variables culturales, económicas, religiosas e ideológicas pueden alejar a los Estados, tensar las relaciones entre los gobiernos o potenciar los desacuerdos sobre diversas problemáticas que afectan a sus poblaciones. Pero cuando el dialogo diplomático llega a un punto sin retorno, un aumento en las tasas de interés, la apertura política o la promoción de un cambio cultural se vuelven intentos inútiles para lograr acuerdos pacíficos. Y en la actualidad, el peligro de una guerra abierta implicaría consecuencias inimaginables si se conjugan el poderío nuclear y los instintos más primitivos del ser humano. 

El foco de la discusión global debe centrarse en aquellos temas que hoy, después de la nefasta experiencia vivida 64 años atrás, pueden volver a activar el peligro de una guerra atómica. La escasez de recursos naturales, como el agua, los alimentos o las fuentes de energía, parecen ser la respuesta a tal vital pregunta. Y en este sentido, los Estados deben buscar las respuestas colectivas que eviten que las necesidades básicas de los pueblos corran peligro de no poder ser satisfechas. Ya que de no hacerlo, será imposible, en el mediano o largo plazo, evitar pasar de la retórica de la prevención a la acción.  

Una elección diferente para Chile

Publicado en el diario BAE, 28 de Julio de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

El 13 de Diciembre se celebrarán las elecciones presidenciales en Chile. El oficialismo, la Concertación que gobierna hace casi dos décadas, puede perder por primera vez desde el retorno de la democracia. El que aventaja en las últimas encuestas es Sebastian Piñera, candidato respaldado por la Alianza por Chile, integrada por el partido RN (Renovación Nacional) de centroderecha; y el partido ultraderechista UDI (Unión Demócrata Independiente). Ambos partidos apoyaron la dictadura del general Pinochet que duró 17 años en el poder.

Por el lado de la Concertación, el gran atributo del candidato Frei es la certeza de «no hacer mas daño». Frente a un escenario de crisis económica, opciones conservadoras, o que no agraven los problemas, tienen adhesión. También ayuda que sea un presidente comprobado. Aunque de cara a las elecciones, la previsibilidad y la experiencia parecieran no ser suficientes para dar vuelta la historia y lograr una victoria ante el candidato de derecha.
 
El tercero en discordia es el joven de 36 años Marco Enríquez-Ominami, quien acapara la mayoría de los votos de la izquierda extraparlamentaria y representa el espíritu joven e inquieto de cualquier fuerza de izquierda. Ominami representa el “cambio-progresista-riesgoso», a diferencia de Piñera que es observado por gran parte de la sociedad como el  «cambio-conservador» o “la restauración”.

La reaparición con fuerza del conservadurismo ha sido sorpresiva para algunos analistas y miembros de la sociedad chilena, pero no así para ciertos estratos económicos e ideológicos que han hecho de la moderación social un refugio para sus pensamientos. Para evitar cualquier castigo, la derecha política decidió separarse de la sangrienta dictadura Pinochetista: encontró su refugio en la riqueza concentrada y los férreos valores morales, mientras esperaban agazapados el momento oportuno para dar el gran golpe cuando la Concertación se encontrara desgastada. Y ese momento parece haber llegado dos décadas más tarde.

Durante estos últimos 20 años, el neoliberalismo económico junto con la globalización se instalaron firmemente en la arena internacional, determinando un sistema mundial dominante del que Chile nunca dejó de ser parte. La Concertación supo aprovechar los bemoles de la misma con políticas comerciales y financieras inteligentes, sumando además una estabilidad institucional que reflejaba seriedad ante los ojos del mundo. Pero el próspero desarrollo social fue de a poco sufriendo los coletazos de las crisis internacionales y los efectos sistémicos que conllevaron a mayores inequidades y a la incapacidad de los gobiernos para satisfacer las demandas sociales.  

Esta situación se tornó intolerable para el sector más izquierdista, lo que derivó en la fractura de la coalición gobernante de cara a las próximas elecciones. La derecha no tardó en reaccionar y ya se encuentra preparada para llegar al poder. La coyuntura no puede ser más favorable: Un progresismo de centro-izquierda que aceptó las reglas de juego del sistema pero que no desarrolló las bases de apoyo político de los movimientos sociales, la actual crisis mundial que no distingue países ni reconoce colores políticos, y nuevas generaciones que se acercan al pragmatismo y se alejan cada día más a los ideales de otras épocas.

El mes de enero Chile tendrá un nuevo presidente. Cualquiera sea el resultado final, la sociedad chilena deberá enfrentar un futuro complejo. El gasto público creciente, la necesidad de poder combinar tasas de crecimiento sustentables con desarrollo socio-económico, y una diplomacia enraizada dentro de una región con ambigüedades políticas e ideológicas, son realidades fácticas con las que se encontrará cualquiera sea el partido vencedor.

En un país donde la historia reciente ha marcado diferencias sociales que parecen irreconciliables, la cohesión de los chilenos para enfrentar los dilemas del siglo XXI será un factor fundamental para la nación en su conjunto. Mientras tanto, la ciudadanía observa como el pasado y el presente se confunden en la carrera electoral más apasionante desde el regreso de la democracia.        

Nuevas Crisis, Viejas Crisis

Publicado en el diario BAE, 15 de Julio de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

Los mandatarios de los ocho países más industrializados del mundo – el denominado
G-8, que incluye a los Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia, Canadá y Rusia – realizaron la semana pasada una cumbre de tres días en la ciudad italiana de L´Aquila. En la misma, los países miembros emitieron un diagnóstico poco alentador sobre la recuperación económica, donde la consideran aún amenazada por una recaída y por los riesgos de explosión social. Según subrayaron en un informe conjunto, «los efectos de la crisis económica en los mercados laborales pueden poner en peligro la estabilidad social». Y en ese sentido, podemos reflexionar desde una óptica global esta crisis de los países más importantes desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. 

En otrora tiempos más felices para los miembros del G-8, sus gobernantes miraban para otro lado cuando los “Estados Fallidos” del sub-desarrollo no cumplían con las mínimas condiciones políticas e institucionales para producir cambios estructurales que realmente mejoren los destinos de sus pueblos. En su visión, los estallidos sociales, la ampliación de la brecha socio-económica y los déficit crónicos de verdaderas democracias representativas, no eran culpa ni responsabilidad del mundo desarrollado.

Del otro lado, ineficacia e incapacidad (autoprovocada o fomentada por la dependencia de los centros) han sido moneda corriente en aquellos gobernantes del sub-desarrollo que nunca realizaron los cambios estructurales realmente necesarios. Los gritos de ayuda proclamados por los pueblos pobres del mundo, no hicieron eco en los oídos de propios y ajenos. Las soluciones definitivas fueron inexistentes para aquellos que sufren escasez, violencia endémica y la perdida constante de sus libertades.

Las tensiones que han surgido en el G-8 luego de la gran crisis económica global de los últimos tiempos, han puesto en estado de alerta a sus líderes. El reflejo de lo conocido en otras latitudes, saben, puede llegar a potenciar el descontento y las fragilidades del sistema hacia un punto sin retorno. La experiencia, por lo tanto, es una fuente de enseñanza fundamental para que los gobiernos encaren el futuro con otra perspectiva.

Por un lado, los países centrales deben realizar un análisis más complejo de las problemáticas globales. El entendimiento de los gobiernos del Norte sobre los recurrentes dilemas del Sur, puede solucionar problemas de base que representan un germen que raudamente se puede expandir en otros conflictos que no entienden de barreras geográficas, políticas o ideológicas. La desocupación, mal endémico del mundo sub-desarrollado, es un claro ejemplo: Si en Estados Unidos y Europa hubieran analizado más puntillosamente las causas del mismo en las diversas regiones del planeta, podrían haber realizado políticas que eviten la realidad actual: En el Viejo Continente, el nivel de desempleo aumentó en mayo al máximo registrado en 10 años, con más de 15 millones de personas sin trabajo. En Estados Unidos, la tasa de desempleo subió en junio hasta 9,5%, el nivel más alto en 26 años.


Por otro lado, deben poner más atención en los reclamos del mundo sub-desarrollado: Desde un sistema financiero y comercial internacional más justo, hasta el incremento de una mayor democracia representativa en los organismos y foros de discusión geopolítica. La declaración final de la cumbre del G-8 hizo en parte eco a este reclamo: Se expresó la voluntad conjunta de «buscar una conclusión ambiciosa y equilibrada de la Ronda de Doha en 2010», trabada por los reclamos cruzados de apertura de los mercados entre los países agrícolas del Sur y los industrializados del Norte. En este sentido, mejores prácticas e instituciones, justicia distributiva, y un sistema económico verdaderamente competitivo, mejorarán los estándares de vida de todos los involucrados, tanto de los países pobres como en los más desarrollados. La situación actual nos demuestra que ningún Estado esta exento de las vulnerabilidades de la interdependencia.

Finalmente, podemos afirmar que la historia nos puede dejar sabias enseñanzas. Desigualdad, ineficiencias, falta de comprensión y soberbia en los ámbitos políticos, económicos y diplomáticos de la arena internacional, conllevan a un final abrupto y descontrolado; donde en otros tiempos era solo aplicable a países del subdesarrollo, en la actualidad se ha expandido y generalizado por todos los rincones del planeta, tal como la globalización misma. La solución, por lo pronto, deberá buscarse en las antípodas: comprensión y respeto en conjunto, con políticas mancomunadas e igualitarias entre todos los Estados del planeta serán, sin lugar a dudas, un certero y efectivo punto de partida.  

El descontento, un síntoma que se reflejará en las legislativas Mejicanas

Publicado en el diario BAE, 30 de Junio de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) continúa como favorito para ganar las elecciones legislativas del próximo 5 de julio, donde se renovarán los 500 escaños de la Cámara de los Diputados mexicana, que actualmente domina el Partido Acción Nacional (PAN) con 207 diputados, seguido del Partido de la Revolución Democrática (PRD) con 127, y del PRI con 106. De acuerdo con un estudio realizado la semana pasada, el PRI contaría con un respaldo del 32.6%, seguido del oficialista PAN, con el 26.2%, y del izquierdista PRD, con el 9.5%.

Pero el punto a recalcar y que se resalta en cada discusión política no son los candidatos o sus propuestas en sí. Según una encuesta de la consultora nacional Reforma realizada a 1.559 personas, la misma indica que el 10 por ciento de las personas que acudirán a las urnas votaría en blanco. Además, el 69 por ciento les cree «poco o nada» a los candidatos, mientras que el 28 por ciento «mucho o algo». De hecho, el 67 por ciento de las personas que van a votar confiesan que elegirán al partido «menos malo». Y el mismo porcentaje de encuestados opina que en la campaña hay más ataques que propuestas.

La encuesta no debería sorprendernos si observamos el descontrol y las consecuencias económicas de la gripe porcina, la infructuosa lucha contra el narcotráfico, y las incumplidas promesas electorales que aseguran terminar con las ineficiencias del Estado y mejorar las condiciones de vida la población. Todos estos elementos potencian el descontento y minan las bondades del sistema democrático. De lo que debería ser una verdadera democracia.

Para contrarrestar el descreimiento de los mejicanos, los principales partidos comenzaron a centrar sus campañas exhortando a los ciudadanos a ejercer un voto positivo. En una serie de mensajes difundidos por los líderes de los mayores partidos, Beatriz Paredes del PRI, Germán Martínez del gobernante Partido de Acción Nacional y Jesús Ortega, del izquierdista Partido de la Revolución Democrática, llamaron a emitir un voto que cuente porque «ese es el primer gran derecho como ciudadano». Pero las palabras no son suficientes para generaciones enteras de mejicanos que solo han vivido perpetuados en el círculo vicioso de la pobreza, los incumplimientos de los gobernantes y las redes de corrupción que entrelazan la totalidad de las altas esferas de la administración pública.  

En este sentido, la búsqueda de los responsables tiene diversos rostros y matices. Y para entenderlo, debemos comprender que existe una problemática histórica estructural en el país. Cuestiones culturales, geopolíticas, económicas y de poder, tanto domésticas como regionales y mundiales, conllevaron a México a ser lo que es en la actualidad: junto con Brasil, el país de mayor importancia de América Latina en cuanto a producción, comercio internacional y representatividad diplomática; pero a la vez, continua siendo un fiel representante de las desigualdades, la violencia y las miserias latinoamericanas. Los 49 millones de mejicanos que viven actualmente en la pobreza pueden dar cuenta de ello.    

A pesar de estos últimos indicadores históricamente negativos, los gobernantes podrían brindar respuestas rápidas y mejoras concretas que darían un vuelco estructural a las cuantiosas deficiencias, potenciando a su vez las bondades de la nación. Una diplomacia coherente que defienda los intereses nacionales ante el vecino del norte, el estimulo de la competitividad en detrimento de los monopolios, y las mejoras tecnológicas y organizativas de los procesos productivos, son algunos de los puntos clave a resolver. Si a esto le agregamos una eficiente canalización de las remesas hacia la inversión, gobiernos que transformen y deriven el gasto político de amigos hacia la salud y la educación, y una verdadera lucha contra el narcotráfico y la violencia desde el norte al sur del país, los efectos positivos tangibles serían el motor que recuperé la confianza de la ciudadanía en su gobierno.

Si estas eternas utopías se convirtieran en realidad, cada mejicano no debería sentirse obligado a votar al “menos malo”. Sus esperanzas se transformarían en un voto positivo, a conciencia, donde la ciudadanía pudiera eligir democráticamente a los candidatos que representen fielmente las plataformas políticas que promueven. Y en el largo plazo, este proceso de prueba y error que es la democracia, conllevará a la realización de los verdaderos intereses de la nación en su conjunto. 

Desinterés y nacionalismos en las elecciones Europeas

Publicado en el diario BAE, 09 de Junio de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

¿Por qué debería votar? La pregunta seguramente habrá sido un denominador común entre los ciudadanos de los diversos países de la Europa unificada, donde la abstención alcanzó la tasa récord del 57% (llegando a superar en algunos países el 75%) en las elecciones parlamentarias del último fin de semana. Seguramente los razonamientos de la ciudadanía media son más que entendibles y el nuevo Parlamento Europeo deberá tomar cartas en el asunto. En palabras del presidente saliente del Europarlamento, el alemán Hans-Gert Poettering, la baja participación obliga a los «partidos políticos y a la prensa a examinar los medios para mejorar la forma» de comunicar la importancia de la Eurocámara.

¿Por qué nos encontramos con tal desencanto? Por un lado, las elecciones europeas se pueden observar como una decisión con consecuencias macro muy alejadas a las necesidades particulares del ciudadano medio. Mientras las fábricas languidecen, la producción de bienes y servicios se contrae y los empleos desaparecen, las expectativas de la ciudadanía se focalizan localmente y los problemas de naturaleza global o regional exceden el espectro de los votantes. Más aún: tampoco han ayudado con sus discursos pre-electorales los líderes políticos, ni gobernantes ni opositores. Solo unos pocos partidos hicieron campaña en clave europea, pues la mayoría de los partidos gobernantes basó su discurso en temas nacionales y los opositores pusieron sus esperanzas en desgastar a los gobiernos.

Otra visión, muy arraigada desde las épocas de globalización neoliberal, difunde la idea de que la crisis económica mundial es un problema exclusivo del mercado y no del ámbito político. Para muchos ciudadanos, el gobierno europeo no podrá ser efectivo ante los embates de un mercado colapsado, siendo las políticas económicas y financieras obsoletas ante el derrumbe del sistema. La realidad actual refuerza este concepto: la Comisión Europa saliente ha reaccionado tarde y con timidez a la crisis, donde además apenas ha podido conseguir coordinar las medidas nacionales para que no se desatara un espiral proteccionista.

Finalmente, el punto saliente y probablemente más reconocido por la mayoría de los votantes es la indiferencia y el sentimiento de culpabilidad hacia lo ajeno. Vecinos de la misma Europa son a su vez causantes de reestructuraciones corporativas, el incremento de la competitividad laboral y los desequilibrios macroeconómicos. En definitiva, el discurso populista basado en el miedo a los inmigrantes en tiempos de crisis y desempleo masivo resultó efectivo. Algunos ejemplos son claros: Holanda observó como la extrema derecha se convertía en la segunda fuerza política y en Rumanía los extremistas de derecha -que quieren «solución final para los gitanos»- también consiguieron escaños.

¿Porqué entonces votar políticas comunes?  Ante la percepción de una amenaza, el ciudadano europeo se encierra en lo propio y conocido. Las estructuras de los Estados-Nación tienen siglos desde su creación, mientras que la Unión Europea es una institución moderna que data solo de unos pocos años, y donde las diferencias culturales, políticas e ideológicas intrínsecas tienen todavía una clara preponderancia por sobre la homogeneización de los fundamentos y los objetivos macroeconómicos.

El descreer de las capacidades del Estado como efector fundamental sobre las variables económicas, la bronca y el descontento hacia lo foráneo por la pérdida de puestos de trabajo, y un parlamente europeo ajeno e impotente ante las problemáticas locales, han conllevado al desinterés y ausentismo de gran parte de la ciudadanía; campo propicio para las políticas de control y concentración de poder económico y político de los conservadores.

El desinterés, la indiferencia y la incomprensión, le permitirán a los grandes grupos de interés continuar obteniendo rédito del poco beneficio que se puede sustraer de la actual coyuntura adversa. Mientras tanto, un marco de incertidumbre envuelve a una mayoría vulnerable; trabajadores y pequeños comerciantes de una clase media venida a menos que, pasiva pero impaciente, solo espera un futuro mejor.    

Confianza y Racionalidad, claves para la recuperación

Publicado en el diario El Cronista Comercial, 3 de Junio de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

 www.cronista.com/notas/190804-confianza-y-racionalidad-claves-la-recuperacion- –

El mundo busca todavía una respuesta lógica y plausible que permita volver a estabilizar positivamente el ciclo económico. Especialistas ya indican que si el capitalismo quiere seguir funcionando a nivel global, algunos cambios son necesarios y urgentes. El derrumbe actual que no visualiza punto de retorno y está arrastrando a millones de personas al desempleo y la pobreza, conllevará indefectiblemente a consecuencias negativas inimaginables si no hace algo al respecto.

Para comenzar, las regulaciones son fundamentales. Si los grandes grupos económicos fuerzan al sistema al extremo para maximizar sus beneficios a costa de maniobras fraudulentas de sus directivos para engañar a sus propios accionistas, competidores y a los entes de estatales de regulación, las perdidas para la economía como un todo pueden ser impredecibles. Cuando las burbujas financieras explotan, la crisis macroeconómica y los descalabros sistémicos conllevan a la pobreza y desocupación a millones de seres humanos, mientras que solo una elite privilegiada con intereses e información exclusiva del mercado y sus activos, puede observar desde su inmunidad las catástrofes que invaden a la economía real.

En un segundo punto, el foco del debate se debe centrar en la distribución de la riqueza. Es obsceno e inadmisible que en la mayoría de los países del mundo, una minoría se enriquezca y millones sobrevivan, a duras penas, con los mínimos recursos para levantarse al día siguiente. En los albores del siglo XXI, ya son más que conocidas las políticas redistributivas y de inversión necesarias para cerrar la brecha social y proveer trabajo y calidad de vida dignos para la ciudadanía. Solo falta que gobiernos serios establezcan las prioridades necesarias para el logro definitivo de estos objetivos.        

El último tema importante que debemos tratar es la moral y la ética dentro de un sistema que precisamente no pregona estos valores. El consumismo desmedido e innecesario que potencia el círculo vicioso detentado por una clase media alienada, puede tener un final abrupto cuando la crisis mundial transforme a millones de asalariados y pequeños comerciantes en parte de la gran masa de excluidos. Salirse del paradigma reinante parece ser la solución. El fomentar el desarrollo personal y profesional, se debe complementar con la provisión de los bienes materiales lógicos y necesarios para el transcurso diario de la vida humana. El resto es simplemente dejar fluir al orden natural del ser humano, con los valores familiares y culturales que le asigna cada sociedad.

Una vez sentadas las bases a nivel global, las relaciones intra e internacionales fluirán dentro de un marco de armonía y sustentabilidad. El objetivo, aunque los factores antes mencionados no entren dentro de los esquemas de muchos economistas ortodoxos, sería encontrar una dinámica racional con la cuota necesaria de sustentabilidad social. Ese sistema que respete los derechos de todos, absolutamente todos, los seres humanos que habitan en este planeta.  

El miedo como política a nivel internacional

Publicado en el diario BAE, 19 de Mayo de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

Existen dos grandes métodos para dominar un Estado; la coerción y/o la analfabetización de sus habitantes. En diversos momentos de la historia contemporánea, con uno solo de ellos bastaba para alcanzar los objetivos de sus propulsores. La coerción durante las épocas más oscuras del estalinismo soviético es un claro ejemplo. Por otro lado, la década neoliberal pasada nos ha enseñado a los argentinos que mantener una ciudadanía ignorante y ajena acarreó resultados coyunturales positivos para los gobernantes de turno.

Pero la complejidad del siglo XXI ha conllevado a la necesidad de la aplicación de ambos métodos en forma conjunta para lograr la efectividad que los partidos políticos y los grupos de interés requieren. El trabajo de los mismos es fino y mucha veces difuso; cuesta poder discernir para el común de la ciudadanía a los verdaderos beneficiados y perjudicados.

Entre los ejemplos que podemos mencionar, el miedo siempre ha sido un excelente negocio del que pocos ciudadanos piensan ahorrar. El presidente George W. Bush casi no ha percibido resistencia en sus 8 años al frente del poder a pesar del enorme gasto militar destinado a la guerra contra el terrorismo. Y para el año fiscal 2009, el departamento de Defensa estadounidense solicitó un presupuesto de defensa de 515.000 millones de dólares más otros 70.000 millones adicionales «para cubrir los costes de guerra en los primeros meses de la nueva administración”.

No podemos dejar de mencionar el actual temor de los italianos por la perdida de empleos y el incremento de la inseguridad. Estos hechos le han posibilitado a Berlusconi contar con luz verde para promover sus políticas anti-inmigratorias. Sin ir más lejos, la semana pasada la Cámara Baja del Parlamento aprobó, bajo la presión de la extrema derecha, la controvertida ley de Seguridad y Extranjería que tipifica la inmigración ilegal como delito y permite la formación de patrullas locales contra el crimen, integradas por civiles. Esta ley crea un delito «de inmigración y estancia» clandestinas, reprimido con una multa de entre 5.000 y 10.000 euros, y que vuelve posible la denuncia ante la justicia de inmigrantes en situación irregular. Lo que pocos se han preguntado es si los recursos a cuenta gotas generados con las multas podrán cubrir los millones de Euros anuales destinados por el gobierno italiano para mantener esta red anti-inmigrante (fuerzas de seguridad, legislación, justicia, etc.). Pero al premier Berlusconi, poco parece importarte mientras reciba rédito político. Según él, un 76% de los italianos apoya esta posición.

Finalmente, el dinero de los países desarrollados destinados a combatir pandemias históricamente circunscriptas al tercer mundo, tiene como objetivo brindar una tranquilidad extra a sus ciudadanos, temerosos y cautivados por las informaciones exacerbadas que llegan a través de las cadenas de noticias internacionales. Sin ir más lejos y según informó el ministro de Economía de México, Agustín Carstens, el Banco Mundial, con la anuencia de los países más industrializados del mundo, ya le ha prestado al gobierno mejicano 205 millones de dólares para ayudar a combatir la gripe porcina.

Sin embargo, el entender las necesidades de financiamiento y el conocer a los actores involucrados, nos posibilitan observar con mayor claridad el panorama. Las guerras y sus derivados que entran en escena a través de ex militares ligados a empresas de seguridad, el Lobby de los miembros de la poderosa industria farmacéutica para promover el negocio de los medicamentos, y el gasto gubernamental y sus injerencias políticas buscando réditos electorales, son factores que movilizan enormes flujos de dinero a nivel mundial y nos ilustran un panorama donde los intereses guían las políticas que embeben a la ciudadanía.

En definitiva, podemos afirmar que el miedo se ha globalizado y transformado en un negocio concentrador de riqueza del que solo una elite selecta se beneficia. Mientras tanto, los costos se socializan entre millones de personas de las más diversas nacionalidades, que sin tener la certeza de una realidad muchas veces disfrazada, solo intentan defenderse pagando sus impuestos y esperando que sus países los protejan de todos los males mediáticos globalizados que nos trajo este siglo.    

La gripe porcina y la crisis económica Mejicana

Publicado en el diario BAE, 04 de Mayo de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

El domingo 26 de Abril, en horas del atardecer y luego de una extensa excursión, regresaba al hotel donde pasaba mis vacaciones en Playa del Carmen. Alrededor de las 20hs, recibí un llamado de mi familia: Una epidemia relacionada a un virus se estaba expandiendo por toda la capital mejicana.
Me acerqué al Lobby para averiguar que estaba ocurriendo realmente, pero no encontré respuesta ni preocupación por parte del personal del hotel. Regresé a mi habitación y las emisoras de televisión locales apenas mencionaban el tema, mientras que las cadenas norteamericanas comenzaban a alertar sobre una posible crisis en el país vecino. Los turistas, como si nada ocurriera, continuaban disfrutando de las bondades del lugar.
Mi primera reflexión fue de una sorpresa relativa. Ya entrado el siglo XXI, un virus curable y de relativamente fácil tratamiento se expandía y destruía vidas humanas. Pero en un país con altos niveles de pobreza y desigualdad (que implica directamente inequidad en el acceso a la salud), no sería de extrañar.
El otro tema era la situación política. La noticia salió a la luz en el preciso momento en que Obama cumplía 100 días en su mandato, lo que implicaba embeber cierta presión en la toma de decisiones sobre un tema que no estaba en la agenda, en un momento político donde la grave crisis económica es la prioridad. Por el lado de Méjico, las elecciones federales para diputados que se realizarán en pocos meses podría también ser un factor claramente desencadenante de un proceso mediático, tanto por parte del oficialismo como de la oposición.
Aunque la decisión era proseguir con mi plan habitual para el día siguiente, los rumores entre los turistas en las excursiones no podían ser disimulados. Más llamados por parte de la familia y la agencia de viajes en la noche del Lunes, me brindaban algo de información (aunque imprecisa) sobre la expansión de la epidemia y la posibilidad de que la “fiebre porcina” llegara a la Península de Yucatán.
Aunque los taxistas lo negaban rotundamente (algunos aducían, por supuesto sin ninguna validez epidemiológica, un “cordón sanitario” en toda la región de la Riviera Maya) y los empleados de los comercios, restaurantes y hoteles evitaban hablar del tema, el día Martes ya se observaba como muchos turistas extranjeros se “escapaban” del país y los hoteles comenzaban a vaciarse lentamente.
Es importante recordar que los turistas de la Riviera Maya son en un 80% europeos, estadounidenses o canadienses. Estos ciudadanos de países del primer mundo no están acostumbrados a las enfermedades y miserias del subdesarrollo; por lo que el miedo a lo desconocido, sumado a la estadía fuera de la red de protección social de sus respectivos Estados, elevaban la tensión y sus deseos de retornar lo más rápidamente posible a sus hogares.
El miércoles llegó el turno de mi partida. A pesar de la desidia y la falta de operatividad de una burocracia mejicana poco educada y estructurada, pude conseguir un vuelo a Buenos Aires vía San Pablo. Mientras esperaba en un bar, la cadena norteamericana FOX de noticias trataba por todos los medios de explicar porque los mejicanos (gobernantes, ciudadanía en general) eran los responsables y causantes de la enfermedad; como así también que medidas habría que tomar contra el país vecino. En la mesa de al lado, unos compatriotas comentaban las palabras que habían escuchado horas antes por parte de los gerentes y empleados de algunos de los restaurantes y hoteles más conocidos y lujosos de Cancún: no sabían hasta cuando podrían mantener sus negocios en funcionamiento.
Luego de arribar a la capital mejicana donde realizaba la escala, me dirigí al Toilette más cercano a la puerta de embarque del avión que me llevaría a San Pablo. Envueltos en enormes barbijos, dos empleados de limpieza conversaban. De repente, uno de ellos irrumpe en llanto: “Nos vamos a quedar sin trabajo, no se como voy a hacer para alimentar a mis hijos”. A menos de una semana de la difusión internacional de la epidemia, los mejicanos ya comenzaban a vislumbrar un futuro sombrío.
En la jerga de los economistas, existe una variable dual fundamental en la potenciación o depresión de la actividad económica: la confianza. Será muy difícil que los turistas y los inversores, por lo menos en el corto plazo, vuelvan a confiar en el país. Mientras tanto, solo quedarán las pérdidas y el sufrimiento para millones de mejicanos, que ya están sintiendo las consecuencias tangibles de una enfermedad que no lo es y que continúa expandiéndose sigilosamente a lo largo de toda la nación.

Los 10 años del Euro

Autor: Pablo Kornblum

El Euro cumple 10 años y es interesante analizar algunas de las derivaciones más importantes que ha tenido la implementación de la moneda única Europea en esta primera década de vida.

En estos años pudimos observar algunos cambios positivos; estabilización monetaria, incremento de los lazos comerciales y control de la inflación. En definitiva, un “facilitador” para el intercambio comercial y financiero de la región. No es para menos si tenemos en cuenta que nos estamos refiriendo a veintisiete países y alrededor de quinientos millones de habitantes.

Lamentablemente para muchos europeos, los vientos adversos rugen con mayor fuerza que las bondades de la moneda única. Por un lado, el fortalecimiento del Euro con respecto del dólar y el resto de las monedas, le ha restado competitividad en un mundo cada vez más interrelacionado. Otros estados y regiones han aprovechado esta situación y han realizado devaluaciones competitivas para atraer inversiones, crear fuentes de empleo, y exportar sus bienes y servicios al viejo continente.

Por otro lado, los trabajadores de la Europa desarrollada no solo sufren la competencia inter-regional, sino también la competencia intra-regional que potencia aún más la devaluación salarial. Sin ir más lejos y tomando algunos casos resonantes de los últimos años, pudimos observar como los “plomeros polacos” hicieron estragos en la población nativa francesa menos calificada.

Finalmente, nos encontramos con dos inconvenientes que potencian lo anteriormente mencionado. El primero de ellos es el dólar. A pesar de la actual fortaleza relativa del Euro, la divisa norteamericana sigue siendo la moneda de intercambio comercial internacional por excelencia. Factores políticos, históricos, militares y hasta ideológicos, hacen que la moneda transaccional por excelencia siga siendo el dólar, quitándole poder y mercado al Euro. Además, no debemos olvidar que gran parte de los activos de las otras principales potencias mundiales se encuentran concentrados en la emisión de deuda norteamericana. 
El otro punto que hay que recalcar es que la Unión Monetaria no hace inmune a los países miembros de las crisis del mundo globalizado. La interdependencia nos ha demostrado que, como por ejemplo en la actualidad, el efecto contagio puede ser más poderoso que las políticas correctivas o paliativas que se están llevando a cabo para terminar con los descalabros económicos y financieros.  

Las soluciones a estos dilemas deberían centrarse en algunas variables claves. Elevar los niveles de vida de los ciudadanos, tanto intra como inter-comunitarios, logrará terminar con las presiones competitivas del mercado. Un cambio estructural del sistema, que privilegie la economía social y el cooperativismo, también será clave para revertir la actual tendencia concentradora de la riqueza. Finalmente, el desarrollo de mercados internos sólidos  terminará por potenciar los efectos positivos de las políticas social-demócratas arraigadas históricamente en varios de los países de la Eurozona.