Categoría: Publicaciones en Diarios

La izquierda Italiana ante el dilema Berlusconi

Publicado en el diario BAE, 13 de Octubre de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

El primer ministro deberá ir a Milán a afrontar los procesos penales en su contra, después de que la Corte Constitucional aboliera el miércoles último la ley de inmunidad que lo protegía. Apenas se conoció la decisión, Berlusconi reiteró sus críticas ásperas a los quince jueces de la Corte Constitucional que fallaron por una mayoría de 9 a 6, acusándolos de «izquierdistas».  Hay que recordar que los procesos en su contra van desde la compraventa de películas y series de televisión a través de cuentas en paraísos fiscales, pasando por coimas para evitar declaraciones en procesos en su contra, hasta sobornos para erosionar la competencia de los medios de comunicación opositores.

El análisis para entender la estrategia de un Berlusconi efusivo y combativo, tiene dos grandes aristas que no se salen de la teoría política clásica. Por un lado, uno de sus objetivos es llevar a la ciudadanía a una polarización social que aglutine a los indecisos, para luego desatar un fundamentalismo ideológico que tanto rédito político le ha proporcionado en el pasado. Por otro lado, ha logrado crear una confusión política-ideológica que muestra inconsistencias e incoherencias evidentemente poco visibles para una porción importante de la sociedad.

Este último punto se ve reflejado en su crítica despiadada a lo que el premier denomina “comunismo”, lo que implicaría en teoría oponerse totalmente a un estatismo absoluto basado en el poder popular. Sin embargo, los hechos fácticos indican que su poder político y su imperio económico fueron potenciados en sus años de funcionario público. Si a ello le agregamos sus declaraciones a la prensa la semana pasada, donde aseguró que «el apoyo del pueblo es mi inmunidad» y amenazó con la “ira del pueblo” en caso de que pueda ser juzgado, parece difícil diferenciarlo de algún político de izquierda con vicios tercermundistas.

La gravedad institucional puesta sobre el tapete es altamente contraproducente en una situación de crisis económica y social internacional, de la que Italia no escapa, que requiere de gobernantes que demuestren claridad técnica y promuevan un mayor fortalecimiento institucional. Sin embargo y sin importarles el detrimento de la calidad de vida y los mejores intereses de la mayoría de los italianos, la centro-derecha y los más fervientes liberales anticomunistas parecieran seguir alineados incondicionalmente detrás de su máximo referente.

Ante esta situación, la izquierda podría encontrarse con una gran oportunidad para llegar al poder y lograr las políticas necesarias que promuevan un crecimiento económico con desarrollo social sustentable en el tiempo. Para lograrlo, primero deberá entender y corregir sus principales falencias estructurales. Por un lado, se debe atacar la problemática provocada por la atomización política derivada de las ansias de poder de las diferentes vertientes ideológicas intrínsecas que no pueden lograr un acuerdo superador. Por otro lado, la izquierda se encuentra permanentemente vapuleada debido a su constante funcionalidad a un sistema de crisis cíclicas y falencias socio-institucionales que la han perjudicado a la vista de la ciudadanía. 

El otro tema clave es tratar evitar, a través de ideas claras y un pragmatismo que no debería dañar las bases ideológicas de sus plataformas políticas, el juego teóricamente mañoso que propone el premier Berlusconi. La necesidad de una mayor equidad en la distribución de la riqueza y un desarrollo regional que elimine las diferencias productivas, sumado a un Estado activo y fortalecido que se enfrente a las mafias y a las tensiones sociales/raciales generadas, son políticas que históricamente solo han sido enarboladas por banderas de la izquierda, pero que en la actualidad deberían contar con un amplio consenso social. 

Finalmente, dependerá de la ciudadanía toda entender y acompañar este nuevo proyecto nacional e integrador. Sería una pena que, siendo parte de una Europa desarrollada, pacífica y educada, Italia siga siendo gobernada con políticas y propuestas beligerantes, incoherentes y dañinas para la cohesión social y el bienestar general.  

Las bases de la recuperación

Publicado en el diario El Cronista Comercial, 17 de Septiembre de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

http://www.cronista.com/notas/203981-las-bases-la-recuperacion-las-economias-europeas

Después de un año de recesión provocada por la crisis económica mundial, las dos primeras economías de los 16 países de la eurozona, Alemania y Francia, registraron un crecimiento del 0,3% entre abril y junio. El cambio de ciclo puso fin a 12 meses de contracción económica, lo que representó el período recesivo más largo desde la Segunda Guerra Mundial. A pesar de que es prematuro hablar de recuperación, los síntomas positivos han generado esperanza, ya que para algunos analistas, el resto de las economías regionales podrían ser arrastradas positivamente en el corto o mediano plazo.

¿Cuáles han sido las claves de la recuperación? En Alemania, la coyuntura fue sostenida por el gasto privado y público, como así también por las inversiones en la construcción. Además, la balanza comercial alemana se encuentra estabilizada debido a una fuerte reducción de las importaciones. En Francia en cambio, la recuperación obedece al despegue de la industria (creció un 1,1%), y más particularmente del sector automotor (un 5,6%, después de una caída del 9,7%), gracias a una prima al reemplazo de los vehículos antiguos decidida por el gobierno. Esa tendencia repercutió en las exportaciones, que aumentaron un 1% en el último trimestre. En este sentido, podemos observar que la intervención proactiva del Estado ha sido fundamental para apuntalar a la economía real. Inversión, incentivos al consumo y producción para la exportación, han sido los estímulos claves para estas potencias europeas.

Por otro lado, aunque en los últimos años previos a la crisis muchos países alentaron círculos virtuosos de retroalimentación positiva de sus ciclos económicos, muy pocos han realizado las regulaciones pertinentes sobre los mercados financieros, tanto a nivel local como en sus relaciones multilaterales. Por lo tanto, la crisis desatada, que ha provocado la pérdida de eficiencias y permanentes desequilibrios globales, pudo haber sido evitada con una puntillosa y efectiva regulación estatal del sistema financiero. Sabemos que no es fácil: los flujos de capital y los diversos activos financieros circulan cada vez en mayor cuantía y a una velocidad creciente en un mundo cada vez más interrelacionado. Pero los Estados tienen y deben utilizar todas las herramientas y capacidades para llevar a cabo las políticas necesarias en materia de control de los movimientos financieros intra y transnacionales.

En definitiva, regular la economía financiera y estimular la economía real parecieran ser las respuestas más sensatas. La búsqueda final de los Estados y los Organismos Internacionales debería centrarse en la promoción y regulación del complemento de ambas, logrando así concatenamientos positivos que conlleven a un crecimiento estable del ciclo económico para lograr un desarrollo sustentable. De esta manera, se evitarán bruscas caídas en la actividad económica que provocan desocupación y generan bolsones estructurales de pobreza. Porque la macroeconomía se puede acomodar en el mediano o largo plazo; pero cuando la microeconomía familiar de millones de ciudadanos se desmorona en pocos meses, las secuelas socio-económicas pueden durar años o hasta generaciones. Y en el largo plazo, este resquebrajamiento socio-económico terminará actuando como un bumerang que afectará fuertemente al mercado interno, y consecuentemente, otra vez a la economía del país como un todo.  

La Tasa de Carbono Francesa, entre la desincentivación y la legitimación

Publicado en el diario BAE, 15 de Septiembre de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

El jueves pasado, el presidente Nicolas Sarkozy anunció que Francia aplicará a partir de 2010 una tasa de 17 euros por tonelada de CO2 al consumo de petróleo, gas y carbón para combatir el calentamiento del planeta. El mismo sostuvo que «se creará la tasa al carbono como un impuesto a las emisiones de dióxido de carbono (CO2), principal gas responsable del cambio climático”.  «La tasa carbono impulsará a los franceses a desviarse del consumo de energías fósiles», confió el jefe de Estado francés que calificó la iniciativa de «una nueva revolución industrial».

Son dos los puntos que podemos resaltar ante la situación planteada. Por un lado, es importante destacar el foco situacional que promueve el presidente conservador Sarkozy. Las grandes industrias, principales consumidoras de energía y responsables de alrededor del 40 % de las emisiones nacionales, quedan fuera de este nuevo impuesto porque ya están sometidas al sistema europeo de intercambios de emisión o “cuotas”.  Esto implica que el peso/culpabilidad de esta tasa se asienta en las familias francesas en particular, sobre todo en los trabajadores rurales y urbanos. 

Esta mirada que no apunta a los principales productores de los gases contaminantes (según el gobierno, sería tratar de infligirles una «doble pena»), sino a la mayoría de los pequeños consumidores, parece equívoca si se comprende que estos últimos son solo espectadores que se encuentran ante el dilema de tener que seleccionar la fuente de energía disponible al precio que le proporciona el mercado. No se puede negar que es una jugada inteligente y discreta por parte del gobierno conservador para desviar la atención sectorial y favorecer a los grupos afines a su partido.

El otro punto a destacar es la falta de un valor moral y ético superador en esta iniciativa del gobierno francés. El mismo presidente Sarkozy afirmó que en el futuro «no se podrá contaminar el planeta de forma impune». Esto implica que, aunque exista un costo/penalización, la emisión de gases contaminantes estará permitida. Y aunque la búsqueda de un ideal pareciera ser parte de un pasado y un mundo diferente, el medio ambiente es un problema actual y futuro, donde el destino de la humanidad está en juego. La búsqueda de una solución definitiva es necesaria y se debe construir día a día, sin importar ideología, preferencia política o nacionalidad. 

Desde una visión internacional, esta propuesta puede potenciar un doble efecto negativo. Por un lado, en un sistema concentrador de riqueza, grupos de poder inmersos en corporaciones trasnacionales no tendrán inconveniente en seguir comprando “impunidad ecológica”. Por otro lado, estas prácticas que entremezclan la economía y el medio ambiente, pueden fomentar la adquisición y el intercambio de favores por parte de los países más ricos para con los más pobres. 

Para concluir, el gobierno francés busca que a partir de 2010, una familia con dos hijos que viva en una zona urbana se beneficie con una reducción de alrededor de 112 euros en su declaración del impuesto a la renta. Y si están exentos de impuestos, «recibirán un cheque verde por la misma suma». Además, el presidente indicó que este sistema de contribuciones carbono – gracias a la «señal-precio» que introduce – debería fomentar una disminución del consumo de energías fósiles y una «migración» de las compras hacia energías y productos menos destructores para el clima. Se puede discutir la forma de plantear la solución a las problemáticas por parte del oficialismo, pero lo que seguro podemos afirmar es que los beneficios para los trabajadores y el medio ambiente no son suficientes. En definitivita, lo único que el gobierno del presidente Sarkozy ha dejado en claro es que no está dispuesto a ir a fondo con los dilemas básicos más importantes que tienen no solo los franceses, sino la humanidad toda.

El Partido Socialista Francés busca recuperarse

Publicado en el diario BAE, 1 de Septiembre de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

El Partido Socialista (PS) francés se encuentra debatiendo en estos días la posibilidad de  instaurar elecciones abiertas a todos los militantes de izquierda para elegir al candidato que en 2012 buscará suceder a Nicolás Sarkozy. Según sus principales partidarios, las primarias abiertas le permitirían al PS que su candidato sea designado no sólo por 200.000 personas, como fue el caso de Ségolene Royal en 2006, sino por una fuerza electoral que podría oscilar entre 3 y 4 millones de votantes.

Lejos quedan los tiempos en que el socialismo francés tenía una fuerte influencia en Europa y el partido actuaba en bloque bajo la autoridad de François Mitterrand. El efecto potenciado de la implosión del comunismo junto con el desarrollo de la globalización, ha provocado la escisión de diversas vertientes de la izquierda francesa. Como consecuencia, muchas corrientes de pensamiento vieron su oportunidad para salir del centralismo reinante y crear sus propios movimientos; muy en contraposición de la lógica fundacional del Partido Socialista Francés allá por el año1905, que llamado originalmente SFIO (Section Française de l’Internationale Ouvrière, o Sección Francesa de la Internacional Obrera), consiguió la proeza de unir en una fuerza común a todos los grupos socialistas, hasta ese momento fuertemente fragmentados: los marxistas de J. Guesde, los socialistas revolucionarios y los socialistas pragmáticos liderados por Jean Jaurès.

Este reacomodamiento en medio de una transición política y económica mundial, encontró al Partido Socialista Francés en una posición expectante: mientras en la década de 1990 se lo observó impávido sufriendo los avances neoliberales en todas las latitudes, el desarrollo de este siglo comenzó a mostrar las grietas sistémicas en donde muchas otrora proezas se transformaban y desencadenaban en adversidades, siendo la pérdida de competitividad internacional o el empeoramiento de la situación socio-económica de los trabajadores el impulso necesario para que el PSF pueda volver a los primeros planos de la política nacional y dispute la presidencia en el 2012.

Para lograr este objetivo, la idea de algunos de sus principales líderes fue la implementación de primarias abiertas para captar votos de aquellos simpatizantes socialistas que se encuentran en la actualidad dispersos dentro de una variedad de opciones progresistas y de centro. Esta situación se generó debido a que la posibilidad de lograr alianzas para alcanzar el objetivo común del bienestar social parece haber sido dejada en un segundo plano, ya que la individualización y la fortaleza de los demás partidos de todo el espectro de izquierda, tornan cada vez más complicadas cualquier tipo de negociación que favorezca la posición política del Partido Socialista Francés. Ni los ecologistas, liderados por el líder estudiantil de Mayo del 68, Daniel Cohn-Bendit, ni el centro-izquierdista MoDem, liderado por François Bayrou o el mismo partido de extrema izquierda Nuevo Partido Anticapitalista, liderado por Olivier Besancenot, parecen ser flexibles a la hora de negociar posturas y discutir candidaturas.

Las políticas de seducción nunca formaron parte de la historia del Partido Socialista Francés. El poder pertenecer siempre implicó un compromiso social y un rol activo en las decisiones partidarias. Pero en la actualidad y en contraposición de su tesón filosófico antiliberal, esta “mercantilización” en la búsqueda de votos pareciera ser necesaria. El descontento con los gobiernos de izquierda, la pérdida de ideales y la búsqueda de pragmatismos que puedan lidiar con las problemáticas domesticas e internacionales, aparecen como contrafuerzas que requieren nuevas ideas y esfuerzos diferenciados. Las primarias abiertas son una opción más entre otras medidas que seguramente el PSF tomará de cara a las próximas elecciones. Solo habrá que esperar el resultado electoral para poder decir si esta nueva propuesta habrá sido efectiva.

Hiroshima y un debate necesario

Publicado en el diario BAE, 11 de Agosto de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

Japón rememoró la semana pasada el aniversario número 64 de la bomba atómica sobre Hiroshima, con un llamado en favor de un mundo libre de armas nucleares por parte del alcalde Tadatoshi Akiba. En la actualidad existen cinco potencias nucleares declaradas: EEUU, Rusia, Reino Unido, Francia y China; mientras que otros tres tienen tecnología atómica de manera no oficial: India, Pakistán e Israel. Otros países, como Corea del Norte e Irán, poseen programas de desarrollo nuclear en marcha.

Aunque el secretario general de la ONU también se haya pronunciado días atrás diciendo que el objetivo del desarme nuclear es «alcanzable», o hasta el mismo Barak Obama haya declarado el pasado mes de abril en Praga que, «como el único país que ha utilizado un arma nuclear, Estados Unidos tiene la responsabilidad moral de actuar para lograr un mundo sin armas nucleares», la idiosincrasia internacional parece dirigirse por el camino opuesto.

Luego de la bipolaridad de la guerra fría y la unilateralidad neoglobalizadora de los Estados Unidos durante la década pasada, el siglo XXI trajo consigo la idea de democratizar la estructura internacional. Las discusiones en la Organización Mundial de Comercio por un comercio internacional más justo, la tolerancia a la multiculturalidad y la aceptación a la diversidad política doméstica, comenzaron a ser temas de debate y acuerdo en todos los ámbitos del escenario global. En torno a esta apertura, algunos Estados también pretendieron abrir la discusión sobre la posibilidad de adquirir y desarrollar todo tipo de energía nuclear, incluida la destinada al armamento bélico.  

Pero desde un comienzo se encontraron rispideces derivadas de la sensibilidad del tema en cuestión. Por un lado, el desarrollo de una política energética se oculta en muchos casos detrás de la idea de una carrera armamentística con una expansión sin límites determinables. Para los Estados Unidos, esta situación es representada por el caso Iraní. El último informe de la Organización Internacional de Energía Atómica asegura que en la planta de Natanz ya están operativas cuatro mil centrifugadoras, y al menos otras 1.500 estarían en fase de instalación para ponerse a funcionar en el corto plazo. Los dirigentes islámicos insisten en el carácter civil del programa y defienden su derecho a disfrutar de esta tecnología como una solución para el día en el que se terminen el gas y el petróleo. En este sentido, el presidente Mahmoud Ahmadineyad expresó que “La energía nuclear es nuestro derecho”. Pero en la ambigüedad de sus palabras se trasluce una potencial mentira que genera desconfianza en los círculos más importantes de la alta política internacional. 

El otro punto es el referido específicamente al poder y el control que genera la acumulación de armamento nuclear. Por un lado, les permitiría a los Estados involucrados en el desarrollo bélico mejorar su posicionamiento dentro de cada una de las regiones del tablero internacional, lo que a su vez implicaría un incremento de su poder económico y político. Por otro lado, nos encontramos con las disputas culturales e ideológicas que la historia no ha podido resolver y donde la solución pacífica es todavía una utopía en los postrimerías de está primera década del siglo XXI. En esta situación podemos circunscribir el caso de India y Pakistán. Se estima que Pakistán posee entre 30 y 50 cabezas nucleares no declaradas de 15 kilotones, similares a la de Hiroshima, además de tener almacenados 65 kilos de uranio enriquecido. Por otro lado, se calcula que India posee entre 30 y 40 cabezas nucleares no declaradas de 15 kilotones, con una capacidad destructora de 15.000 toneladas de TNT.

La historia ha demostrado que las variables culturales, económicas, religiosas e ideológicas pueden alejar a los Estados, tensar las relaciones entre los gobiernos o potenciar los desacuerdos sobre diversas problemáticas que afectan a sus poblaciones. Pero cuando el dialogo diplomático llega a un punto sin retorno, un aumento en las tasas de interés, la apertura política o la promoción de un cambio cultural se vuelven intentos inútiles para lograr acuerdos pacíficos. Y en la actualidad, el peligro de una guerra abierta implicaría consecuencias inimaginables si se conjugan el poderío nuclear y los instintos más primitivos del ser humano. 

El foco de la discusión global debe centrarse en aquellos temas que hoy, después de la nefasta experiencia vivida 64 años atrás, pueden volver a activar el peligro de una guerra atómica. La escasez de recursos naturales, como el agua, los alimentos o las fuentes de energía, parecen ser la respuesta a tal vital pregunta. Y en este sentido, los Estados deben buscar las respuestas colectivas que eviten que las necesidades básicas de los pueblos corran peligro de no poder ser satisfechas. Ya que de no hacerlo, será imposible, en el mediano o largo plazo, evitar pasar de la retórica de la prevención a la acción.  

Una elección diferente para Chile

Publicado en el diario BAE, 28 de Julio de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

El 13 de Diciembre se celebrarán las elecciones presidenciales en Chile. El oficialismo, la Concertación que gobierna hace casi dos décadas, puede perder por primera vez desde el retorno de la democracia. El que aventaja en las últimas encuestas es Sebastian Piñera, candidato respaldado por la Alianza por Chile, integrada por el partido RN (Renovación Nacional) de centroderecha; y el partido ultraderechista UDI (Unión Demócrata Independiente). Ambos partidos apoyaron la dictadura del general Pinochet que duró 17 años en el poder.

Por el lado de la Concertación, el gran atributo del candidato Frei es la certeza de «no hacer mas daño». Frente a un escenario de crisis económica, opciones conservadoras, o que no agraven los problemas, tienen adhesión. También ayuda que sea un presidente comprobado. Aunque de cara a las elecciones, la previsibilidad y la experiencia parecieran no ser suficientes para dar vuelta la historia y lograr una victoria ante el candidato de derecha.
 
El tercero en discordia es el joven de 36 años Marco Enríquez-Ominami, quien acapara la mayoría de los votos de la izquierda extraparlamentaria y representa el espíritu joven e inquieto de cualquier fuerza de izquierda. Ominami representa el “cambio-progresista-riesgoso», a diferencia de Piñera que es observado por gran parte de la sociedad como el  «cambio-conservador» o “la restauración”.

La reaparición con fuerza del conservadurismo ha sido sorpresiva para algunos analistas y miembros de la sociedad chilena, pero no así para ciertos estratos económicos e ideológicos que han hecho de la moderación social un refugio para sus pensamientos. Para evitar cualquier castigo, la derecha política decidió separarse de la sangrienta dictadura Pinochetista: encontró su refugio en la riqueza concentrada y los férreos valores morales, mientras esperaban agazapados el momento oportuno para dar el gran golpe cuando la Concertación se encontrara desgastada. Y ese momento parece haber llegado dos décadas más tarde.

Durante estos últimos 20 años, el neoliberalismo económico junto con la globalización se instalaron firmemente en la arena internacional, determinando un sistema mundial dominante del que Chile nunca dejó de ser parte. La Concertación supo aprovechar los bemoles de la misma con políticas comerciales y financieras inteligentes, sumando además una estabilidad institucional que reflejaba seriedad ante los ojos del mundo. Pero el próspero desarrollo social fue de a poco sufriendo los coletazos de las crisis internacionales y los efectos sistémicos que conllevaron a mayores inequidades y a la incapacidad de los gobiernos para satisfacer las demandas sociales.  

Esta situación se tornó intolerable para el sector más izquierdista, lo que derivó en la fractura de la coalición gobernante de cara a las próximas elecciones. La derecha no tardó en reaccionar y ya se encuentra preparada para llegar al poder. La coyuntura no puede ser más favorable: Un progresismo de centro-izquierda que aceptó las reglas de juego del sistema pero que no desarrolló las bases de apoyo político de los movimientos sociales, la actual crisis mundial que no distingue países ni reconoce colores políticos, y nuevas generaciones que se acercan al pragmatismo y se alejan cada día más a los ideales de otras épocas.

El mes de enero Chile tendrá un nuevo presidente. Cualquiera sea el resultado final, la sociedad chilena deberá enfrentar un futuro complejo. El gasto público creciente, la necesidad de poder combinar tasas de crecimiento sustentables con desarrollo socio-económico, y una diplomacia enraizada dentro de una región con ambigüedades políticas e ideológicas, son realidades fácticas con las que se encontrará cualquiera sea el partido vencedor.

En un país donde la historia reciente ha marcado diferencias sociales que parecen irreconciliables, la cohesión de los chilenos para enfrentar los dilemas del siglo XXI será un factor fundamental para la nación en su conjunto. Mientras tanto, la ciudadanía observa como el pasado y el presente se confunden en la carrera electoral más apasionante desde el regreso de la democracia.        

Nuevas Crisis, Viejas Crisis

Publicado en el diario BAE, 15 de Julio de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

Los mandatarios de los ocho países más industrializados del mundo – el denominado
G-8, que incluye a los Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia, Canadá y Rusia – realizaron la semana pasada una cumbre de tres días en la ciudad italiana de L´Aquila. En la misma, los países miembros emitieron un diagnóstico poco alentador sobre la recuperación económica, donde la consideran aún amenazada por una recaída y por los riesgos de explosión social. Según subrayaron en un informe conjunto, «los efectos de la crisis económica en los mercados laborales pueden poner en peligro la estabilidad social». Y en ese sentido, podemos reflexionar desde una óptica global esta crisis de los países más importantes desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. 

En otrora tiempos más felices para los miembros del G-8, sus gobernantes miraban para otro lado cuando los “Estados Fallidos” del sub-desarrollo no cumplían con las mínimas condiciones políticas e institucionales para producir cambios estructurales que realmente mejoren los destinos de sus pueblos. En su visión, los estallidos sociales, la ampliación de la brecha socio-económica y los déficit crónicos de verdaderas democracias representativas, no eran culpa ni responsabilidad del mundo desarrollado.

Del otro lado, ineficacia e incapacidad (autoprovocada o fomentada por la dependencia de los centros) han sido moneda corriente en aquellos gobernantes del sub-desarrollo que nunca realizaron los cambios estructurales realmente necesarios. Los gritos de ayuda proclamados por los pueblos pobres del mundo, no hicieron eco en los oídos de propios y ajenos. Las soluciones definitivas fueron inexistentes para aquellos que sufren escasez, violencia endémica y la perdida constante de sus libertades.

Las tensiones que han surgido en el G-8 luego de la gran crisis económica global de los últimos tiempos, han puesto en estado de alerta a sus líderes. El reflejo de lo conocido en otras latitudes, saben, puede llegar a potenciar el descontento y las fragilidades del sistema hacia un punto sin retorno. La experiencia, por lo tanto, es una fuente de enseñanza fundamental para que los gobiernos encaren el futuro con otra perspectiva.

Por un lado, los países centrales deben realizar un análisis más complejo de las problemáticas globales. El entendimiento de los gobiernos del Norte sobre los recurrentes dilemas del Sur, puede solucionar problemas de base que representan un germen que raudamente se puede expandir en otros conflictos que no entienden de barreras geográficas, políticas o ideológicas. La desocupación, mal endémico del mundo sub-desarrollado, es un claro ejemplo: Si en Estados Unidos y Europa hubieran analizado más puntillosamente las causas del mismo en las diversas regiones del planeta, podrían haber realizado políticas que eviten la realidad actual: En el Viejo Continente, el nivel de desempleo aumentó en mayo al máximo registrado en 10 años, con más de 15 millones de personas sin trabajo. En Estados Unidos, la tasa de desempleo subió en junio hasta 9,5%, el nivel más alto en 26 años.


Por otro lado, deben poner más atención en los reclamos del mundo sub-desarrollado: Desde un sistema financiero y comercial internacional más justo, hasta el incremento de una mayor democracia representativa en los organismos y foros de discusión geopolítica. La declaración final de la cumbre del G-8 hizo en parte eco a este reclamo: Se expresó la voluntad conjunta de «buscar una conclusión ambiciosa y equilibrada de la Ronda de Doha en 2010», trabada por los reclamos cruzados de apertura de los mercados entre los países agrícolas del Sur y los industrializados del Norte. En este sentido, mejores prácticas e instituciones, justicia distributiva, y un sistema económico verdaderamente competitivo, mejorarán los estándares de vida de todos los involucrados, tanto de los países pobres como en los más desarrollados. La situación actual nos demuestra que ningún Estado esta exento de las vulnerabilidades de la interdependencia.

Finalmente, podemos afirmar que la historia nos puede dejar sabias enseñanzas. Desigualdad, ineficiencias, falta de comprensión y soberbia en los ámbitos políticos, económicos y diplomáticos de la arena internacional, conllevan a un final abrupto y descontrolado; donde en otros tiempos era solo aplicable a países del subdesarrollo, en la actualidad se ha expandido y generalizado por todos los rincones del planeta, tal como la globalización misma. La solución, por lo pronto, deberá buscarse en las antípodas: comprensión y respeto en conjunto, con políticas mancomunadas e igualitarias entre todos los Estados del planeta serán, sin lugar a dudas, un certero y efectivo punto de partida.  

El descontento, un síntoma que se reflejará en las legislativas Mejicanas

Publicado en el diario BAE, 30 de Junio de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) continúa como favorito para ganar las elecciones legislativas del próximo 5 de julio, donde se renovarán los 500 escaños de la Cámara de los Diputados mexicana, que actualmente domina el Partido Acción Nacional (PAN) con 207 diputados, seguido del Partido de la Revolución Democrática (PRD) con 127, y del PRI con 106. De acuerdo con un estudio realizado la semana pasada, el PRI contaría con un respaldo del 32.6%, seguido del oficialista PAN, con el 26.2%, y del izquierdista PRD, con el 9.5%.

Pero el punto a recalcar y que se resalta en cada discusión política no son los candidatos o sus propuestas en sí. Según una encuesta de la consultora nacional Reforma realizada a 1.559 personas, la misma indica que el 10 por ciento de las personas que acudirán a las urnas votaría en blanco. Además, el 69 por ciento les cree «poco o nada» a los candidatos, mientras que el 28 por ciento «mucho o algo». De hecho, el 67 por ciento de las personas que van a votar confiesan que elegirán al partido «menos malo». Y el mismo porcentaje de encuestados opina que en la campaña hay más ataques que propuestas.

La encuesta no debería sorprendernos si observamos el descontrol y las consecuencias económicas de la gripe porcina, la infructuosa lucha contra el narcotráfico, y las incumplidas promesas electorales que aseguran terminar con las ineficiencias del Estado y mejorar las condiciones de vida la población. Todos estos elementos potencian el descontento y minan las bondades del sistema democrático. De lo que debería ser una verdadera democracia.

Para contrarrestar el descreimiento de los mejicanos, los principales partidos comenzaron a centrar sus campañas exhortando a los ciudadanos a ejercer un voto positivo. En una serie de mensajes difundidos por los líderes de los mayores partidos, Beatriz Paredes del PRI, Germán Martínez del gobernante Partido de Acción Nacional y Jesús Ortega, del izquierdista Partido de la Revolución Democrática, llamaron a emitir un voto que cuente porque «ese es el primer gran derecho como ciudadano». Pero las palabras no son suficientes para generaciones enteras de mejicanos que solo han vivido perpetuados en el círculo vicioso de la pobreza, los incumplimientos de los gobernantes y las redes de corrupción que entrelazan la totalidad de las altas esferas de la administración pública.  

En este sentido, la búsqueda de los responsables tiene diversos rostros y matices. Y para entenderlo, debemos comprender que existe una problemática histórica estructural en el país. Cuestiones culturales, geopolíticas, económicas y de poder, tanto domésticas como regionales y mundiales, conllevaron a México a ser lo que es en la actualidad: junto con Brasil, el país de mayor importancia de América Latina en cuanto a producción, comercio internacional y representatividad diplomática; pero a la vez, continua siendo un fiel representante de las desigualdades, la violencia y las miserias latinoamericanas. Los 49 millones de mejicanos que viven actualmente en la pobreza pueden dar cuenta de ello.    

A pesar de estos últimos indicadores históricamente negativos, los gobernantes podrían brindar respuestas rápidas y mejoras concretas que darían un vuelco estructural a las cuantiosas deficiencias, potenciando a su vez las bondades de la nación. Una diplomacia coherente que defienda los intereses nacionales ante el vecino del norte, el estimulo de la competitividad en detrimento de los monopolios, y las mejoras tecnológicas y organizativas de los procesos productivos, son algunos de los puntos clave a resolver. Si a esto le agregamos una eficiente canalización de las remesas hacia la inversión, gobiernos que transformen y deriven el gasto político de amigos hacia la salud y la educación, y una verdadera lucha contra el narcotráfico y la violencia desde el norte al sur del país, los efectos positivos tangibles serían el motor que recuperé la confianza de la ciudadanía en su gobierno.

Si estas eternas utopías se convirtieran en realidad, cada mejicano no debería sentirse obligado a votar al “menos malo”. Sus esperanzas se transformarían en un voto positivo, a conciencia, donde la ciudadanía pudiera eligir democráticamente a los candidatos que representen fielmente las plataformas políticas que promueven. Y en el largo plazo, este proceso de prueba y error que es la democracia, conllevará a la realización de los verdaderos intereses de la nación en su conjunto. 

Desinterés y nacionalismos en las elecciones Europeas

Publicado en el diario BAE, 09 de Junio de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

¿Por qué debería votar? La pregunta seguramente habrá sido un denominador común entre los ciudadanos de los diversos países de la Europa unificada, donde la abstención alcanzó la tasa récord del 57% (llegando a superar en algunos países el 75%) en las elecciones parlamentarias del último fin de semana. Seguramente los razonamientos de la ciudadanía media son más que entendibles y el nuevo Parlamento Europeo deberá tomar cartas en el asunto. En palabras del presidente saliente del Europarlamento, el alemán Hans-Gert Poettering, la baja participación obliga a los «partidos políticos y a la prensa a examinar los medios para mejorar la forma» de comunicar la importancia de la Eurocámara.

¿Por qué nos encontramos con tal desencanto? Por un lado, las elecciones europeas se pueden observar como una decisión con consecuencias macro muy alejadas a las necesidades particulares del ciudadano medio. Mientras las fábricas languidecen, la producción de bienes y servicios se contrae y los empleos desaparecen, las expectativas de la ciudadanía se focalizan localmente y los problemas de naturaleza global o regional exceden el espectro de los votantes. Más aún: tampoco han ayudado con sus discursos pre-electorales los líderes políticos, ni gobernantes ni opositores. Solo unos pocos partidos hicieron campaña en clave europea, pues la mayoría de los partidos gobernantes basó su discurso en temas nacionales y los opositores pusieron sus esperanzas en desgastar a los gobiernos.

Otra visión, muy arraigada desde las épocas de globalización neoliberal, difunde la idea de que la crisis económica mundial es un problema exclusivo del mercado y no del ámbito político. Para muchos ciudadanos, el gobierno europeo no podrá ser efectivo ante los embates de un mercado colapsado, siendo las políticas económicas y financieras obsoletas ante el derrumbe del sistema. La realidad actual refuerza este concepto: la Comisión Europa saliente ha reaccionado tarde y con timidez a la crisis, donde además apenas ha podido conseguir coordinar las medidas nacionales para que no se desatara un espiral proteccionista.

Finalmente, el punto saliente y probablemente más reconocido por la mayoría de los votantes es la indiferencia y el sentimiento de culpabilidad hacia lo ajeno. Vecinos de la misma Europa son a su vez causantes de reestructuraciones corporativas, el incremento de la competitividad laboral y los desequilibrios macroeconómicos. En definitiva, el discurso populista basado en el miedo a los inmigrantes en tiempos de crisis y desempleo masivo resultó efectivo. Algunos ejemplos son claros: Holanda observó como la extrema derecha se convertía en la segunda fuerza política y en Rumanía los extremistas de derecha -que quieren «solución final para los gitanos»- también consiguieron escaños.

¿Porqué entonces votar políticas comunes?  Ante la percepción de una amenaza, el ciudadano europeo se encierra en lo propio y conocido. Las estructuras de los Estados-Nación tienen siglos desde su creación, mientras que la Unión Europea es una institución moderna que data solo de unos pocos años, y donde las diferencias culturales, políticas e ideológicas intrínsecas tienen todavía una clara preponderancia por sobre la homogeneización de los fundamentos y los objetivos macroeconómicos.

El descreer de las capacidades del Estado como efector fundamental sobre las variables económicas, la bronca y el descontento hacia lo foráneo por la pérdida de puestos de trabajo, y un parlamente europeo ajeno e impotente ante las problemáticas locales, han conllevado al desinterés y ausentismo de gran parte de la ciudadanía; campo propicio para las políticas de control y concentración de poder económico y político de los conservadores.

El desinterés, la indiferencia y la incomprensión, le permitirán a los grandes grupos de interés continuar obteniendo rédito del poco beneficio que se puede sustraer de la actual coyuntura adversa. Mientras tanto, un marco de incertidumbre envuelve a una mayoría vulnerable; trabajadores y pequeños comerciantes de una clase media venida a menos que, pasiva pero impaciente, solo espera un futuro mejor.    

Confianza y Racionalidad, claves para la recuperación

Publicado en el diario El Cronista Comercial, 3 de Junio de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

 www.cronista.com/notas/190804-confianza-y-racionalidad-claves-la-recuperacion- –

El mundo busca todavía una respuesta lógica y plausible que permita volver a estabilizar positivamente el ciclo económico. Especialistas ya indican que si el capitalismo quiere seguir funcionando a nivel global, algunos cambios son necesarios y urgentes. El derrumbe actual que no visualiza punto de retorno y está arrastrando a millones de personas al desempleo y la pobreza, conllevará indefectiblemente a consecuencias negativas inimaginables si no hace algo al respecto.

Para comenzar, las regulaciones son fundamentales. Si los grandes grupos económicos fuerzan al sistema al extremo para maximizar sus beneficios a costa de maniobras fraudulentas de sus directivos para engañar a sus propios accionistas, competidores y a los entes de estatales de regulación, las perdidas para la economía como un todo pueden ser impredecibles. Cuando las burbujas financieras explotan, la crisis macroeconómica y los descalabros sistémicos conllevan a la pobreza y desocupación a millones de seres humanos, mientras que solo una elite privilegiada con intereses e información exclusiva del mercado y sus activos, puede observar desde su inmunidad las catástrofes que invaden a la economía real.

En un segundo punto, el foco del debate se debe centrar en la distribución de la riqueza. Es obsceno e inadmisible que en la mayoría de los países del mundo, una minoría se enriquezca y millones sobrevivan, a duras penas, con los mínimos recursos para levantarse al día siguiente. En los albores del siglo XXI, ya son más que conocidas las políticas redistributivas y de inversión necesarias para cerrar la brecha social y proveer trabajo y calidad de vida dignos para la ciudadanía. Solo falta que gobiernos serios establezcan las prioridades necesarias para el logro definitivo de estos objetivos.        

El último tema importante que debemos tratar es la moral y la ética dentro de un sistema que precisamente no pregona estos valores. El consumismo desmedido e innecesario que potencia el círculo vicioso detentado por una clase media alienada, puede tener un final abrupto cuando la crisis mundial transforme a millones de asalariados y pequeños comerciantes en parte de la gran masa de excluidos. Salirse del paradigma reinante parece ser la solución. El fomentar el desarrollo personal y profesional, se debe complementar con la provisión de los bienes materiales lógicos y necesarios para el transcurso diario de la vida humana. El resto es simplemente dejar fluir al orden natural del ser humano, con los valores familiares y culturales que le asigna cada sociedad.

Una vez sentadas las bases a nivel global, las relaciones intra e internacionales fluirán dentro de un marco de armonía y sustentabilidad. El objetivo, aunque los factores antes mencionados no entren dentro de los esquemas de muchos economistas ortodoxos, sería encontrar una dinámica racional con la cuota necesaria de sustentabilidad social. Ese sistema que respete los derechos de todos, absolutamente todos, los seres humanos que habitan en este planeta.