Las bases de la recuperación

Publicado en el diario El Cronista Comercial, 17 de Septiembre de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

http://www.cronista.com/notas/203981-las-bases-la-recuperacion-las-economias-europeas

Después de un año de recesión provocada por la crisis económica mundial, las dos primeras economías de los 16 países de la eurozona, Alemania y Francia, registraron un crecimiento del 0,3% entre abril y junio. El cambio de ciclo puso fin a 12 meses de contracción económica, lo que representó el período recesivo más largo desde la Segunda Guerra Mundial. A pesar de que es prematuro hablar de recuperación, los síntomas positivos han generado esperanza, ya que para algunos analistas, el resto de las economías regionales podrían ser arrastradas positivamente en el corto o mediano plazo.

¿Cuáles han sido las claves de la recuperación? En Alemania, la coyuntura fue sostenida por el gasto privado y público, como así también por las inversiones en la construcción. Además, la balanza comercial alemana se encuentra estabilizada debido a una fuerte reducción de las importaciones. En Francia en cambio, la recuperación obedece al despegue de la industria (creció un 1,1%), y más particularmente del sector automotor (un 5,6%, después de una caída del 9,7%), gracias a una prima al reemplazo de los vehículos antiguos decidida por el gobierno. Esa tendencia repercutió en las exportaciones, que aumentaron un 1% en el último trimestre. En este sentido, podemos observar que la intervención proactiva del Estado ha sido fundamental para apuntalar a la economía real. Inversión, incentivos al consumo y producción para la exportación, han sido los estímulos claves para estas potencias europeas.

Por otro lado, aunque en los últimos años previos a la crisis muchos países alentaron círculos virtuosos de retroalimentación positiva de sus ciclos económicos, muy pocos han realizado las regulaciones pertinentes sobre los mercados financieros, tanto a nivel local como en sus relaciones multilaterales. Por lo tanto, la crisis desatada, que ha provocado la pérdida de eficiencias y permanentes desequilibrios globales, pudo haber sido evitada con una puntillosa y efectiva regulación estatal del sistema financiero. Sabemos que no es fácil: los flujos de capital y los diversos activos financieros circulan cada vez en mayor cuantía y a una velocidad creciente en un mundo cada vez más interrelacionado. Pero los Estados tienen y deben utilizar todas las herramientas y capacidades para llevar a cabo las políticas necesarias en materia de control de los movimientos financieros intra y transnacionales.

En definitiva, regular la economía financiera y estimular la economía real parecieran ser las respuestas más sensatas. La búsqueda final de los Estados y los Organismos Internacionales debería centrarse en la promoción y regulación del complemento de ambas, logrando así concatenamientos positivos que conlleven a un crecimiento estable del ciclo económico para lograr un desarrollo sustentable. De esta manera, se evitarán bruscas caídas en la actividad económica que provocan desocupación y generan bolsones estructurales de pobreza. Porque la macroeconomía se puede acomodar en el mediano o largo plazo; pero cuando la microeconomía familiar de millones de ciudadanos se desmorona en pocos meses, las secuelas socio-económicas pueden durar años o hasta generaciones. Y en el largo plazo, este resquebrajamiento socio-económico terminará actuando como un bumerang que afectará fuertemente al mercado interno, y consecuentemente, otra vez a la economía del país como un todo.