Categoría: Publicaciones en Diarios

El ajuste, una permanente sobre los trabajadores

Publicado en el diario BAE, 18 de Febrero de 2010.

Autor: Pablo Kornblum

La crisis Europea ha llegado a límites que parecen insostenibles para algunos de sus miembros. Mientras EE.UU. crecía en el último trimestre de 2009 al 1,4% trimestral y China se disparaba cerca del 10%, la UE, según los datos de la Comisión Europea, se estancaba en el 0,1%. Entre sus principales victimas, la desocupación española – ya ha dejado en la calle a más de 4 millones de personas, 25% de los cuales son inmigrantes – y el déficit financiero Griego – su déficit público este mismo año ronda el 13% de su PBI, con un retroceso del mismo del 0,8% en el último trimestre – presentan los síntomas más salientes de una Europa poco competitiva – la parte europea del comercio internacional se reduce año a año ante el empuje de las potencias emergentes – , homogénea en sus fines pero heterogénea en sus bases, y demasiado desarrollada para mantener una tasa de ganancia atractiva para el empresariado corporativo transnacional.

Será entonces que para algunos gobiernos europeos, a los trabajadores se les ha brindado mucho – o a los empresarios poco -, y el ajuste debe realizarse sobre los primeros. Por ello se buscan soluciones rápidas y altamente efectivas. En este sentido, España ya sugirió aumentar la edad jubilatoria de 65 a 67 años para contrarrestar un efecto crónico: la población activa se reducirá en 2 millones de aquí a 2020, y para entonces habrá el doble de mayores de 60 años de los que había en 2007. A estos datos debemos agregarle que a nivel Europeo sólo trabaja el 66% en edad para ello, frente al 70% de EE.UU. y Japón. Y entre los mayores de 55 años, ese porcentaje cae al 46%.

El aumentar la edad jubilatoria impacta en varias variables a la vez. Por un lado, tenemos la inmediata disminución del gasto social para un sector pasivo más acotado. Además, implica el aumento en la base poblacional activa que conlleva a un incremento recaudatorio. Finalmente, esta medida también actúa como proveedor de un elemento dinamizador de mercados internos relativamente estáticos y poco productivos – debemos recalcar que la productividad económica europea parece encontrarse famélica; y hace que, por ejemplo, el crecimiento estructural de la UE sea dos tercios menor que el estadounidense -.

¿Cuáles son entonces las políticas más beneficiosas que los gobiernos europeos puedan aplicar para favorecer a sus respectivos países? ¿Es posible una salida viable sin continuar dañando al eslabón más débil de la pirámide social?

Para encontrar una respuesta convincente sobre lo que se debe cambiar, debemos primero entender lo que desde hace dos décadas para ser una tendencia inamovible. Por un lado, las bajas tasas de natalidad pasaron a ser un factor cultural de la Europa actual. Mayores niveles educativos, vínculos familiares desagregados, y altos costos de manutención de niños y adolescentes, son las principales causales de una situación que se ha convertido en estructural.

Por otro lado, existe hoy en día un mayor sentido de pertenencia a una Unión Europea que llego para quedarse, pero que implica deberes mandatorios que se deben cumplir a lo ancho y largo de la región. Por ejemplo, el Tratado de Maastricht limita a 3% del PBI el rojo fiscal y 60% del PBI la deuda. Pero la situación parece no ser tan sencilla. Para citar algunos ejemplos, Grecia tiene 13 y 113% respectivamente; Irlanda, 13 y 66%; Italia, 7% y 115; Portugal, 8 y 78%; España, 11 y 54%; y Gran Bretaña (que no adoptó el euro) 12 y 69%.

Finalmente, nos encontramos con los factores exógenos. La Unión Europea se encuentra inserta en un sistema mundial cada vez más complejo y competitivo, enmarcada en una globalización neoliberal depredadora, y con nuevas potencias emergentes que entremezclan su poderío geopolítico y militar a su conveniencia económica.

Por lo tanto, debemos reforzar la idea de que el margen de maniobra para salir de esta crisis parece ser escaso e interdependiente a una serie amplia de valores y actores. Una mayor profundización real de la distribución de la riqueza, junto con un Estado más participativo y eficiente para con las decisiones macro y microeconómicas, y un verdadero consenso social nacional para lograr países más equitativos y desarrollados, permitirán crear bases sólidas y coherentes para enfrentar los dilemas presentes y futuros. Sin una verdadera discusión sobre la búsqueda de un crecimiento y desarrollo económico sustentable para todos los habitantes, las políticas continuarán siendo restrictivas y no proactivas, provocando un final que no ha variado en los últimos años: que los ajustes los terminen pagando siempre los trabajadores.   

Una misma geografía para 2 historias diferentes

Publicado en el diario BAE, 2 de Febrero de 2010.

Autor: Pablo Kornblum

Las estadísticas sobre desarrollo humano que elabora la ONU hablan por si solas. La República Dominicana ocupa el puesto 90 en la clasificación del Desarrollo Humano, exactamente en la mitad de la tabla mundial. Haití ocupa el 149, entre Papúa Nueva Guinea y Sudán. La esperanza de vida al nacer en la República Dominicana es de 72,4 años, 11 años más que el vecino Haití. La renta per cápita de Haití apenas es una sexta parte de la de la República Dominicana (1.155 contra 6.706 dólares respectivamente en 2009). Para completar esta panorama sombrío, no podemos dejar de mencionar que en Haití proliferan los mercados más oscuros de tráfico de drogas, que su población se encuentra en un 10% infectada de Sida y que sus ingresos no les alcanzan para adquirir más que un poco de arroz u otros alimentos básicos, lo que acarrea secuelas de desnutrición y otros males físicos en una economía donde el 80% de los habitantes viven en extrema pobreza.

Esta situación ha sido provocada fundamentalmente por dos aspectos claves. Por un lado, la historia de la humanidad ha demostrado que los intereses extranjeros son simplemente eso, intereses foráneos que se contraponen generalmente con las necesidades autóctonas. Y Haití no es la excepción. El bajo nivel de los aranceles en la economía nacional que aumenta las importaciones en detrimento de la producción nacional es un claro ejemplo de ello. En consonancia, el otro gran dilema es la destrucción y apropiación extranjera de los recursos naturales. Su escasez y la vital importancia de los mismos, requieren de manera imperiosa un desarrollo sustentable que permita revitalizar y motorizar la economía nacional en el corto y sobre todo, en el largo plazo. 

En contrapartida, la República Dominicana, a pesar de no estar exenta a todos los males de América Latina – llámese dictaduras inescrupulosas, altos índices de desigualdad, etc. – ha protegido las riquezas naturales del país, comprendió la importancia del mercado interno, y alienta una producción nacional relativamente diversificada. Pero además, complementa aún más una macroeconomía equilibrada con un importante ingreso de divisas a través de una promocionada política turística – el país cuenta con una única variedad de bellezas naturales, desde cadenas montañosas con picos de más de 3.000 metros de altura hasta kilómetros de playas cubiertas de palmeras con un mar de color turquesa – que ya ha posicionado a la República Dominicana como un destino de calidad ante los ojos del mundo.

El punto a resaltar es que las diferencias serían aún mayores si no existieran los vasos comunicantes bilaterales de la inmigración. La única vía de escape para la mayoría de los haitianos provee mano de obra a muy bajo costo para los empresarios dominicanos; como contrapartida, ha dado sus frutos a través de las remesas que alimentan el Producto Bruto haitiano. En ese sentido, podemos mencionar que más de medio millón de haitianos viven en la República Dominicana, de los cuales 146.000 trabajan de manera oficial. Y se estima que el dinero que envían a sus familiares le da sustento a dos millones de haitianos aproximadamente. Además, para ambos países el otro constituye el segundo socio comercial, superado sólo por los Estados Unidos que es mutuamente el socio más importante.

Esta situación se ha visto reflejada en las palabras del presidente de Haití, René Preval, que en plena catástrofe la semana pasada mencionó que: “Haití no va a desarrollarse solo, mientras Haití tenga problemas, Dominicana tendrá problemas, por eso debemos reforzar los vínculos económicos, culturales, sociales, porque vivimos en la misma isla y debemos apoyarnos”. Las presiones a nivel económico y político derivadas del único vecino, impactan inevitable e indefectiblemente en República Dominicana. Tal como es la situación Israelí-Palestina, mientras no exista una verdadera mejora sustentable en la calidad de vida de los palestinos, no habrá una solución definitiva para ambos pueblos.

En definitiva, Haití requiere soluciones de toda índole. Pero la base fundamental y madre de todas las batallas debe ser lograr una verdadera autonomía nacional, recuperar la sustentabilidad de los recursos naturales y lograr un Estado eficiente librado de vicios de corrupción. Es clave que la República Dominicana lo comprenda y disponga esfuerzos altruistas que conlleven a mejoras sustanciales en todos los paupérrimos índices sociales del país vecino. Para que luego ambas naciones, con un nivel similar en la calidad de vida de sus pueblos, puedan juntas dar el salto cualitativo necesario para lograr un desarrollo socio-económico y político democrático y profundamente equitativo.      

Un cambio que le quita previsibilidad al futuro de los chilenos

Publicado en el diario BAE, 19 de Enero de 2010.

Autor: Pablo Kornblum

Unos días antes de las elecciones del último domingo en Chile, ambos candidatos, el oficialista Eduardo Frei y el derechista Sebastián Piñera, peleaban por ese definitorio 7% de indecisos que le otorgaría la victoria definitiva en un final tan cerrado como atrapante.

Piñera se mostraba sensible a cuestiones sociales y respetuoso de los derechos humanos. Sin embargo, parecía ser un desafío difícil convencer a los votantes de Marco Enríquez Ominami de su apego a políticas que, aunque deberían ser básicas y comunes a todo partido político que desee el bienestar general, se transgiversaban y desdibujaban provocando confusión en un electorado que reconocía que el Partido de Renovación Nacional de Piñera es apegado a resaltar las bondades del mercado, el individualismo como promotor del efecto derrame, y al mantenimiento de los vínculos con la derecha conservadora de la UDI y su pasado Pinochetista.

Por otro lado, Eduardo Frei siguió la lógica de los que ya no pueden resaltar las virtudes propias y buscó desesperadamente la descalificación del rival. Tampoco parecía ser suficiente para los aun indecisos que deseaban una cultura política diferente, con un aparato social que beneficie a la juventud y favorezca un Estado dinámico e inclusivo. El ex presidente tenía bien claro que la elección del “menos malo” por parte de los votantes tradicionales de la izquierda no eran votos seguros, ya que podrían tomar decisiones y realizar cambios de último momento cuando se encontrarían frente a las urnas.

En las últimas horas antes de la veda, la impaciencia y desesperación conllevaron a las siempre indeseadas bajezas políticas, donde los ataques personales se multiplicaron de manera constante en todos los medios de comunicación. La riqueza, las capacidades técnicas, y los valores éticos y morales de ambos candidatos fueron puestos a prueba, demostrando la incapacidad de sacar a relucir otros efectos positivos ante la ausencia de un análisis profundo de dos plataformas políticas que ya no provocaban efectos diferenciadores en el electorado.   

Llegó el Domingo y luego de que las elecciones trascurrieran con total normalidad, la derecha volvió a La Moneda a través de los votos luego de 52 años. El 51,61% de los votantes creyó en la apuesta por el cambio. El derrotado Eduardo Frei, mientras tanto, conseguía el 48,38% de los votos y sentenciaba el fin de un ciclo que gobernó Chile desde el retorno de la democracia y que cayó víctima del desgaste del poder y las inevitables luchas internas.

Luego del triunfo, Piñera sacó a relucir el clásico discurso de derecha y hablo de cambio, unidad y crecimiento. También prometió combatir al narcotráfico y la delincuencia, como así el «restaurar la cultura de hacer las cosas bien», en referencia a su pensamiento de que la discusión por si debe haber más o menos Estado es obsoleta, ya que para el futuro presidente debe existir un Estado eficiente que se ocupe de todos. Por supuesto, finalizó afirmando que será un presidente de unidad nacional para todos los chilenos, pero con un compromiso y un cariño muy especial para los más pobres y la clase media. Aquellos que seguramente tienen temor de ser los menos favorecidos por su victoria.

El desafío para Piñera no es menor. En veinte años Chile creció y grandes mayorías alcanzaron niveles de vida con los que nunca habían soñado. El líder de la derecha deberá demostrar que puede ratificar lo que ha prometido y consolidar los logros, importantes pero insuficientes, de la Concertación: lograr para el 2014 un Chile desarrollado y sin pobreza. 

Sin embargo, deberá tener cuidado con la sombra de un pasado que lo perseguirá durante todo su mandato. Cualquier tipo de exceso de violencia o desmantelamiento del aparato social, sacará a la luz los fantasmas Pinochetistas que aun hoy revolotean con fuerza en la sociedad chilena. La oportunidad histórica la tiene: demostrar que realmente puede lograr el bien común, reducir las desigualdades y convertir a Chile en un país del primer mundo.

Mientras tanto, el resto de las izquierdas, desde las pragmáticas hasta las más revolucionarias, esperaran atentas y agazapadas. Saben que el margen de error de Piñera es mínimo. Y que su cálido discurso progresista difícilmente pueda ser llevado a cabo por sus políticas de derecha.

Una nueva década para consolidar la Unión Sudamericana

Publicado en el diario BAE, 5 de Enero de 2010.

Autor: Pablo Kornblum

Una nueva década comienza y es interesante analizar los procesos que hemos vivenciado estos últimos años para comprender este reciente 2010 que acaba de comenzar. Para ello, debemos entender dos conceptos claves, que entrelazados y potenciados, han guiado los destinos en cada uno de los Estados del sur del Hemisferio.

Por un lado, se ha perdido esa ingenuidad que caracterizó a toda la región durante el siglo pasado. La historia ha enseñado sobre gobiernos de derecha concentradores de riqueza, dictaduras sangrientas y falsos progresismos. Hemos entendido las consecuencias de las políticas neoliberales, la corrupción enraizada y la falta de diálogos y consensos. En estos primeros años del siglo XXI, los diversos gobiernos sudamericanos, con sus diferentes matices, han sabido que caminos tomaron y tienen plena conciencia de ello.

La Bolivia de Evo Morales es un claro ejemplo de un nuevo norte sin punto de retorno. La nueva Constitución fortalece los derechos fundamentales y subraya los derechos colectivos e indígenas. Se cuenta con una nacionalización de los hidrocarburos: los inversionistas extranjeros que tenían el 51 por ciento tienen ahora el 49 y el Estado boliviano conserva la mayoría. Y mientras las inversiones no se han alejado de Bolivia, el pronóstico de mantener el 6% de crecimiento económico para este año se torna una realidad cada vez más palpable.        

El otro punto saliente complementario es la firme decisión de mantener la autonomía en las políticas nacionales que cada gobierno piensa más conveniente. Los mandatos impuestos por Washington después de la post-guerra mundial han sido desechados después de los fracasos de la globalización neoliberal y los fallados experimentos locales. En los años recientes, posiciones autonómicas inteligentes se potenciaron en un sistema con crisis recurrentes y de una complejidad creciente.

El caso brasileño parece ser la explicación más nítida. El presidente Lula Da Silva piensa lanzar durante el 2010 el Programa de Aceleración del Crecimiento 2 (PAC 2), para continuar con la construcción de caminos, puertos, viviendas y obras de infraestructura para la industria del petróleo. Su ministro de Planificación, Paulo Bernardo, ha sido firme en sus declaraciones la semana pasada: “El gobierno se va a acabar (en 2010) pero Brasil no, Brasil va a continuar precisando ferrocarriles, aeropuertos, puertos, independientemente de quien gane las elecciones”.

Sin embargo, los embates desde el norte y los grupos concentrados locales también han dejado vestigios negativos para con la región. Y el más importante es la desunión productiva entre los diferentes Estados. Una verdadera “Unión Sudamericana” se ve coartada por la búsqueda simplista de objetivos particulares, nacionales, sin un entendimiento macro que potencie los intereses colectivos. Un claro ejemplo lo podemos observar en el debate congresista paraguayo sobre la entrada de Venezuela al MERCOSUR, pospuesto para el año 2010 – cuando ya Argentina, Uruguay y recientemente Brasil aprobaron su entrada -.  El rechazo de la oposición del presidente Lugo a la entrada de Venezuela es de un simplismo y un signo de inmadurez política preocupante, basado en un reduccionismo ideológico ultraconservador, y muy lejano a un debate político serio de las grandes cuestiones de Estado que vayan en consonancia con la renovación y los cambios que vive América Latina.   

¿Con que nos podremos encontrar los próximos años? Podemos afirmar que en el 2010 los procesos comenzados en los albores de este siglo continuarán en sucesivas etapas de profundización: ya sean los pragmatismos de Uruguay y Chile, el desarrollo del Brasil potencia, la alianza estratégica de Colombia con los Estados Unidos, el socialismo del siglo XXI de Venezuela y Bolivia, y las políticas específicas que han conseguido satisfactorios resultados tanto en Ecuador como en Perú.

Aunque la región se encuentra en una situación coyuntural positiva dentro de la crisis global, los desarrollos complementarios y las políticas conjuntas que se obtendrían con una verdadera Unión Sudamericana, más allá de las diferencias en el espectro ideológico, brindarían el salto de calidad necesario para afianzar la estabilidad democrática y macroeconómica de la Región. Deseemos entonces el pronto entendimiento superador entre países vecinos y hermanos, para que en el corto plazo, nos encontremos con una Sudamérica más justa, inclusiva y pujante.         

La reconversión de la izquierda latinoamericana

Publicado en el diario El Cronista Comercial, 24 de Diciembre de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

http://www.cronista.com/notas/215836-la-reconversion-la-izquierda-latinoamericana

Desigualdad. Desigualdad es la palabra clave para entender porqué la izquierda latinoamericana, reconvertida, democrática y dialoguista, emergió luego de que los bastiones comunistas hayan colapsado – léase la ex-Unión Soviética y sus países satélites – o mutado con sus particularidades al capitalismo, como la nueva economía “Socialista de Mercado” China o sus vecinos del Sudeste Asiático.

La historia latinoamericana nos enseña de una izquierda fuerte, combativa; con ganas de lograr cambios profundos, de raíz. Emulando alguna vez a las heroicas proezas de Ernesto Guevara y Fidel Castro. Pero la Doctrina Monroe y la Teoría de la Dependencia, llevada a cabo por enemigos autóctonos y foráneos, reprimieron aquellas ilusiones de cada una de las diversas izquierdas, tanto se encontraran en el gobierno, como fuerza opositora política, o decidida a tomar el poder a través de la lucha armada.

Finalmente, la derecha venció y las dictaduras se esparcieron por toda la región. Junto a la represión social, se le agregaron las desastrosas políticas económicas que incrementaron las desigualdades. Y aunque en las últimas dos décadas la sangre derramada pasó a ser prácticamente parte del pasado, las nuevas democracias neoliberales solo profundizaron la concentración de la riqueza y aumentaron a niveles exponenciales los niveles de pobreza y marginalidad. 

La izquierda latinoamericana entendió entonces que para la mayoría de los ciudadanos, cualquier tipo de dictadura coarta la tan preciada libertad. También comprendió que dentro del juego capitalista, los intereses concentrados poseen mucho poder, más aún en América Latina. Dialogar, negociar y concensuar, en mayor o menor medida, ha sido necesario para alcanzar el poder y gobernar. En la actualidad, los gobiernos democráticos de izquierda, en sus diferentes matices, tratan de lograr cambios graduales, con políticas intra e internacionales autóctonas, heterogéneas y dinámicas.

Ahora la pregunta se centra en si podrán cumplir con los objetivos teóricos que alimentan la fe de sus bases políticas. Aquellos que, postergados, esperan una redistribución de la riqueza de manera más justa, donde las variables del desarrollo se derramen positivamente entre toda la ciudadanía, sin excepción.

El gran dilema proviene de una situación fáctica difícil de refutar. No existe gobierno, de izquierda ni de derecha, que funcione cuando existe una corrupción enraizada en todas las esferas del Estado, y donde la administración burocrática es altamente ineficiente y discrecional para con el sector privado. Las bases de la izquierda latinoamericana no están exentas de estas problemáticas y las soluciones políticas parecen ser limitadas en el corto plazo.  

Mientras tanto, lo que en definitiva tiene una clara respuesta es el porqué de la vigencia de la izquierda en América Latina. La opresión contenida se ha liberado y potenciado. Los ineficientes e ineficaces gobiernos de derecha han realizado el resto.

Barack Obama y su primer año de mandato

Publicado en el diario BAE, 22 de Diciembre de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

La popularidad del presidente norteamericano Barack Obama continua descendiendo y para algunos sondeos de opinión, su nivel de aprobación ya se sitúa por debajo del 50% de imagen positiva. A un año de haber asumido la primera magistratura, existen una serie de razones para explicar este vuelco en la popularidad de un hombre que a fines de 2008, contó con el apoyo de los más diversos y heterogéneos sectores de la sociedad estadounidense.

Como punto más saliente, tenemos al factor económico. La frase “Es la economía, estúpido” que hizo celebre al antecesor demócrata Bill Clinton, mantiene su vigencia y se ha profundizado con la crisis económica y financiera actual. Aunque nos encontramos con registros que indican un leve repunte económico en el último trimestre del año (alrededor del 3%), el nivel de desempleo ya se sitúa en los dos dígitos – 10% en los últimos sondeos -, el más alto en los últimos años.

Los libros de economía nos indican que para que se produzca una sólida tendencia positiva en el nivel de creación de empleos, el crecimiento económico debe ser vigoroso y constante por largos períodos de tiempo. Por otro lado, haciendo un paralelismo entre la guerra y la economía, lo que tarda días en destruirse puede llevar años en volver a recomponerse. El colapso de la economía estadounidense de 2008 implicará mucho más que un año de políticas económicas de corte Keynesiano para sacar al sistema económico a flote. Siempre y cuando la salvación paralela de tinte mesiánico a Wall Street brinde los resultados esperados.

En un segundo punto, el presidente norteamericano se encuentra con una enorme dificultad para satisfacer a la polarizada sociedad norteamericana, especialmente con aquellos votantes indecisos “de centro”, que de manera rauda se mueven de un lado al otro dentro del espectro bipartidista en el que se encuentran inmersos. Por ejemplo, el plan de reforma sanitaria lanzado por el presidente choca contra la cultura del individualismo y del esfuerzo personal estadounidense. En este sentido, una encuesta realizada en los últimos días indica que el 63% de los votantes considera que ampliar a todos el seguro sanitario aumentará los costes del sistema. Además, un 48% piensa que la cobertura para todos bajará la calidad de los cuidados sanitarios.

Otro claro ejemplo es la cuestión militar. A pesar de que Obama todavía mantiene la totalidad de las tropas de Irak – recordemos que el 27 de febrero pasado anunció la retirada de la mayor parte de las mismas en 2010 – y ha reforzado las brigadas en Afganistán, los halcones más conservadores ven en el presidente un debilitador de la moral estadounidense en un país que hace de la guerra un honor y un deber para “defender los derechos y libertades propias y del mundo entero”. 

Por último, no podemos dejar de mencionar el uso de la retórica presidencial. Hasta el momento todos los gestos de Obama han sido simbólicos. Esto es, revisa la política de su antecesor Bush, pero sin cambios de fondo. Para citar algunos ejemplos, en el asunto de las guerras de Afganistán e Irak, la situación empeora. En el tema de la reforma de la sanidad, la cuestión todavía no está decidida, pero la opción pública ya está completamente debilitada. En cuanto a la reforma del sistema financiero, Obama anunció que se iban a limitar los salarios y los bonos de dirigentes de grandes bancos y compañías de seguros, pero el sistema financiero y los principales consejeros y dirigentes que llevaron a la economía a la ruina no han sido castigados. Finalmente, el presidente norteamericano llegó a la cumbre sobre cambio climático que se celebró en Copenhague la semana pasada diciendo que «El tiempo de las palabras ya pasó, ahora hay que actuar». Sin embargo, el resultado final en hechos concretos fue catalogado como “insuficiente” para los más optimistas, y un fracaso para la mayoría.

¿Podrá Barack Obama revertir esta tendencia? Aunque le quedan tres años más de mandato, el envión político positivo que significó el nefasto gobierno antecesor y un carisma que entusiasmó a un electorado apático, ya se ha agotado. Para gran parte de sus conciudadanos, deberá demostrar éxitos concretos que revitalicen su nombre. Sin embargo, otros entienden que el presidente norteamericano no es el súper hombre más poderoso del planeta, por lo que otros actores domésticos e internacionales – léase corporaciones, el sistema financiero, u otros Estados – moldearán la agenda e influirán de manera decisiva en la vida presente y futura de la sociedad estadounidense.      

Una elección pensando en la segunda vuelta

Publicado en el diario BAE, 9 de Diciembre de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

Según las últimas encuestas a nivel nacional del influyente Centro de Estudios Públicos (CEP), el candidato de la derecha Sebastián Piñera continúa al frente con un 36% de las preferencias, superando en 10 puntos porcentuales al abanderado de la Concertación, Eduardo Frei, que contaría a solo unos días de la contienda con un 26% de los potenciales sufragios. Más atrás aparece el candidato independiente y ex-socialista, Enríquez-Ominami, con un 19% de intención de voto, mientras que el candidato comunista Jorge Arrate, cierra las encuestas con el 4% de los sufragios.

Primero en todas las encuestas se encuentra Sebastián Piñera, cuyo objetivo principal es acabar definitivamente con el techo electoral de la derecha del 47% obtenido en las últimas dos elecciones. Este acaudalado empresario, que comenzó su carrera en el mundo de los negocios como administrador de tarjetas de crédito para luego adquirir importantes empresas de diversos rubros (entre ellas Lan Chile), equipos de fútbol y un canal de televisión, centra su plataforma en la provisión de una buena salud y previsibilidad macroeconómica, propicia para las inversiones de empresarios y profesionales de una clase media-alta y alta poseedores de una importante cuota de poder e influencias. Lo interesante de la situación es que el actual microclima del que Piñera obtiene sus frutos, proviene y emerge de un gobierno de centro-izquierda que ha logrado estabilizar al país a nivel social y económico, luego de una dictadura militar bañada en sangre y ajena a cualquier tipo de política social.

En cuanto al candidato oficialista Eduardo Frei, su mayor problemática reside en que los partidos de la Concertación están muy desgastados, con una dramática perdida de su capacidad movilizadora como proyecto democratizador, modernizador y focalizado en el progresismo social de toda la sociedad chilena. A pesar de contar con unos de los mejores índices de desarrollo en relación a los demás países de América Latina, los veinte años de gobierno de la Concertación no han logrado eliminar las todavía latentes desigualdades socio-económicas que sitúan a Chile aún lejos de los países más desarrollados del planeta. El otro punto negativo que no le permite capitalizar el apoyo popular que tiene el gobierno de Bachelet y el 78% de imagen positiva que goza la mandataria, es la apagada personalidad del candidato democristiano y el nulo atractivo de un programa que ya aplicó durante los cuatro años (entre 1993 y 1997) que ocupó el Palacio de la Moneda.

Por su parte, el candidato independiente de «Chile Cambió», Enríquez-Ominami, lidera un movimiento político, social y cultural que busca sentar las bases para un verdadero recambio generacional y vocacional del progresismo. A pesar de ser criticado tanto por derecha – el candidato Piñera indicó que lo único que hace siempre es «criticar a todo el mundo» – como por izquierda – según el candidato comunista Arrate, en política no hay que ser «el llanero solitario sino trabajar en equipos y poner la cara cuando corresponde»-, el joven diputado buscará captar votos en estos últimos días de campaña potenciando su ya probada oratoria prodigiosa en los diversos medios de comunicación.

El último en discordia es el candidato más radical de la izquierda, Jorge Arrate, quién ofreció convocar a un acuerdo con los candidatos de la centro-izquierda: «Los que queremos que no gane la derecha, busquemos un acuerdo mínimo, yo buscaré todos los votos, pero creo que es necesario hacer un alto».  El candidato comunista ha salido favorecido en los debates televisivos durante el mes de Noviembre, saltando en las últimas semanas del 1% al 4% de intención de voto. Su aspiración es lograr superar el 5%, que lo dejaría en un buen pie para negociar con la Concertación en una segunda vuelta, y de este modo poder instalar a un comunista en el Congreso después de varios años.

Para finalizar, podemos afirmar que el único pensamiento que une hoy a todos los candidatos es su futuro rol partidario ante las posibles alianzas que se puedan tejer para el ballotage. Los probables contendientes para la primera magistratura el 17 de Enero lo saben y de a poco van desideologizando la campaña, intentando captar los votos de los indecisos más ajenos a sus bases electorales históricas. En este sentido, el oficialista Eduardo Frei decidió no asistir al funeral de un emblema comunista como fue el cantautor asesinado durante la última dictadura Pinochetista, Víctor Jara. Por otro lado, las declaraciones del candidato Piñera la semana pasada reflejan una extraña devoción por las clases más desfavorecidas: “Vamos a ganar esta elección y haremos un gran gobierno y con especial cariño para los más pobres y la clase media”.

En definitiva y mientras tanto, este próximo Domingo observaremos solo un aperitivo de lo que será una campaña final aún más agresiva y competitiva.

¿Se podrá repetir el modelo Belga en Europa?

Publicado en el diario BAE, 24 de Noviembre de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

La elección del primer ministro belga, Herman Van Rompuy, como nuevo presidente de la Unión Europea ha dejado un mensaje claro: lograr reproducir a nivel regional la paz social, el entendimiento y la cooperación lograda entre los flamencos que hablan holandés y los valones francófonos en su Bélgica natal.

Van Rompuy, ha visto cómo su reputación no ha hecho más que crecer desde que se hizo cargo del Gobierno en diciembre del pasado año. Tras heredar la jefatura del Gobierno de un país convulso por las disputas culturales, territoriales, económicas y lingüísticas entre dos comunidades que se ignoran sin ningún disimulo, Van Rompuy ha logrado revertir la mirada de una clase política desgastada y desacreditada, consiguiendo que Bélgica regresara a la normalidad sobre un temario que varió desde la inmigración hasta el presupuesto nacional.

Pero para Van Rumpuy, un hombre prácticamente desconocido hasta hace unos días fuera de Bélgica y sin experiencia internacional, la tarea no le será nada fácil. Para comenzar, transpolar un éxito micro a nivel macro nunca es fácil, aunque las condiciones y las variables en juego sean homogéneas. Controlar, administrar y mediar un país pequeño, no será lo mismo que lidiar con los más de trescientos millones de habitantes de la Unión Europea. La realidad, sin entrar en profundidades técnicas, lo demuestra: los países más desarrollados y menos conflictivos a nivel socio-económico de la tierra, apenas superan ligeramente los veinte millones de habitantes. Canadá, Australia y los países nórdicos son claros ejemplos de ello.  

La segunda problemática se centra en la falta de conocimiento específico o en terrero que posee el dirigente belga. Tanto su demostrada capacidad en la arena económica, como su dedicada y fructuosa vida política en los últimos años en su país, no son suficiente para entender completamente la dinámica y la complejidad de una Unión Europea multiétnica, plurilinguistica, y desigual en su estructura económica y social. Aunque el recién elegido presidente de la UE se comprometió en su primer discurso a «tener en cuenta los intereses y sensibilidades de todos», las especificidades locales o fronterizas difícilmente puedan ser resueltas con las mismas recetas que el político belga utilizó puertas adentro de su país.

Por último, la construcción de acuerdos sociales y políticos dentro de un Estado-Nación ya constituido, como ha sido el caso de Bélgica, puede ser visualizado de una manera diametralmente opuesta desde una óptica anti-europea destructiva de los Estados y las culturas nacionales creadas siglos atrás. Para millones de nacionalistas, la Comunidad Europea solo representa el fin de una historia, valores y formas de vida en común que los contienen como familias, comunidades y nación. Como explicó un miembro de la Comisión Europea la semana pasada, “se necesita una persona capaz de negociar con los «egos» y las «culturas» de 27 Gobiernos”. Si a esta situación le agregamos los intereses económicos y políticos gubernamentales, corporativos y sindicales a nivel intra e interestatal, la lógica transnacional implica un desafío de enorme envergadura.

En definitiva, Van Rompuy deberá sortear todo tipo de obstáculos para que su paso europeo sea un éxito que pueda solidificar las bases y aristas principales sobre las que la Unión Europea ha sido creada décadas atrás. La conflictividad étnica, el derrumbe de los Estados de Bienestar potenciado por la crisis económica internacional, y el incremento de las tensiones geopolíticas que involucran a los nuevos miembros de Europa del Este dentro del escenario internacional, requerirán seguramente un esfuerzo aún mayor que su ya demostrado pasado como el hábil y avezado político que sacó a Bélgica del estancamiento económico y concilió con éxito el entendimiento entre francófonos y flamencos en su país natal.        

Berlín, lecciones del pasado para enfrentar el futuro

Publicado en el diario BAE, 10 de Noviembre de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

La caída del muro de Berlín debe tomarse como un punto de inflexión pero también de reflexión para los que analizamos la historia de la humanidad.

Los sucesos ocurridos veinte años atrás, fueron consecuencia de la implosión de un sistema que no había cumplido con las expectativas despertadas por la teoría y las ilusiones de sus habitantes. La igualdad existente que no generaba desarrollo económico, las elites como únicas poseedoras de una calidad de vida satisfactoria, y la indiferenciada opresión hacía lo opuesto aunque sea enriquecedor, eran los síntomas salientes de un modelo que con anterioridad solo había realizado cambios tardíos y en la dirección equivocada.            

Por otro lado, sus rivales norteamericanos tuvieron un gran acierto. Por un lado, entendieron que la razón y no la fuerza eran la clave para lograr un modelo sustentable a su medida. La derrota en Vietnam, la promoción de dictaduras latinoamericanas actualmente convertidas en democracias progresistas, o el desconcierto que se vive en Irak o Afganistán, son claros ejemplos que la visión militarista es costosa y está condenada al fracaso en el mediano y largo plazo.
 
En contraposición, desarrollaron el pilar fundamental potenciador del sistema capitalista: el marketing. Basado en las bondades de un modelo consumista y una tecnología sin precedentes en la historia de la humanidad, los novedosos bienes y servicios que conllevaron mejoras notables en la calidad de vida de las personas fueron el caballito de batalla de la globalización neoliberal liderada por los Estados Unidos.

Pero como todo sistema creado por el ser humano, las perfecciones teóricas derivan en imperfecciones empíricas. En este sentido, los Estados Unidos se han ocupado obsesiva y detalladamente de ocultar los aspectos negativos del modelo. Si la democracia, el consumo y el desarrollo personal no eran para todos sino para una minoría, se debía a que las culpas, siempre potenciadas por los principales medios de comunicación internacionales de los países desarrollados, eran exógenizadas y focalizadas en los corruptos, ineficaces y antidemocráticos gobernantes tercermundistas.

Mientras tanto, el mundo comunista, impávido y retrasado, solo divulgaba tibiamente unas políticas coyunturales ineficaces en contraposición de una insistencia obsesiva en epopeyas colectivas que no satisfacían las carencias de una población agotada económica y moralmente. Como consecuencia, la soberbia del bloque oriental se convirtió en obsoleta ante la inteligencia de los grupos de interés y de poder occidentales.      

Lo interesante es que dos décadas más tarde, estos dos modelos contrapuestos ven sus errores conceptuales, de raíz o de procedimiento, reflejados en cada uno de los rincones del planeta. El imperialismo norteamericano se convirtió en una cada vez más dificultosa multipolaridad negociada, la globalización neoliberal mostró su peor cara, y las problemáticas despreciadas para los que creyeron en “el fin de la historia”, se han vuelto a reciclar con rostros variados: bolsones de miseria económica desparramadas en todas las latitudes del planeta, un calentamiento global que no muestra síntomas de reversibilidad, y un terrorismo entremezclado con un férreo militarismo interestatal y violencia étnica domestica, son parte de un presente real y palpable.

Pero porque ningún sistema, pasado o presente, es perfecto, podemos afirmar que todos son perfectibles. Más aún, gobiernos inteligentes, honestos y capaces pueden y deben entender el pasado para aplicar las políticas adecuadas a futuro. Estas deben promover la igualdad socio-económica y una digna calidad de vida, lograr una plena libertad de expresión, y consolidar un Estado activo que articule todas las necesidades de la sociedad y logre una paz intra e interestatal duradera. El entender lo que representó el muro de Berlín, junto con su contexto pasado y presente, es sin dudas una bisagra fundamental para cambiar el futuro.         

La realidad primó en las elecciones Uruguayas

Publicado en el diario BAE, 27 de Octubre de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

Lo interesante de las elecciones del último domingo es que más allá de la ideología, donde un ex guerrillero devenido socialdemócrata se enfrentó a un ex presidente heredero del Consenso de Washington, las visiones contrapuestas no se quedaron enclaustradas en modelos teóricos. En este sentido, la praxis ha podido ser evaluada por toda la sociedad: entre los años 1990 y 1995, el actual candidato Lacalle gobernó al Uruguay; mientras que  su rival Mujica, plantea un continuismo ortodoxo de las políticas del actual presidente Tabaré Vázquez. 

Durante su Gobierno, Lacalle propulsó los postulados neoliberales que se tradujeron en ajustes fiscales y privatizaciones del gas, la pesca y el transporte, como así también aumentos generales de impuestos que provocaron fuertes protestas. A su vez, firmó la creación del Mercado Común del Sur (MERCOSUR), aunque sólo con la mirada en términos económicos y de mercado, y no como la integración regional política que defienden hoy los mandatarios del área. La grave crisis económica derivó en el fin de mandato sin pena ni gloria, pues su partido perdió los comicios ante el Partido Colorado en 1995, en momentos en que el Frente Amplio, creado a principios de los 70, comenzaba a ascender en forma vertiginosa en las preferencias electorales.

Por otro lado, Mujica es parte de un gobierno que si bien firmó una suerte de Tratado de Libre Comercio con USA que le atrajo un sinnúmero de críticas de todo el abanico de las izquierdas locales y foráneas, ha obtenido logros en el ámbito social y en la disminución de las disparidades. En este sentido, la economía del país goza de un ciclo de alza que acumuló 30% desde 2005. Este alza del PBI (se espera un crecimiento de 1,2% este año a pesar de la crisis internacional) también afectó el área social con una baja del 25 al 20% de la pobreza, el achique del desempleo (cayó a 7,2%) y el control de la inflación. Finalmente, el gobierno del actual presidente Tabaré Vázquez, acompañado por una gestión prolija y montada en los altos precios de las commodities, alentó la exportación y, con el excedente, financió los precios internos. Fue posible porque, después de muchas peleas, idas y venidas, acordó finalmente con productores y distribuidores. Como dijo el economista Fernando Lorenzo, candidato al Ministerio de Economía del Frente Amplio: «el sector privado no puede hacer lo que quiere, pero tampoco podemos ignorarlo».

Aunque ambos contextos dejan en clara evidencia el porqué de una cómoda victoria del Frente Amplio, no se puede obviar la existencia de sectores económicos concentrados que controlan la mayoría de los medios de comunicación y poseen un determinante poder de Lobby a nivel internacional; que como la historia de nuestro continente nos ha enseñado, pueden torcer los destinos de los pueblos latinoamericanos.  

Un punto clave que ha evitado las presiones de estos grupos de interés, es una realidad que les ha mostrado que, más allá de sus simpatías personales, quien gane no es una variable que, en el fondo, les preocupe a la hora de planificar inversiones. Para el empresariado, Uruguay no es ni Bolivia ni Ecuador ni Venezuela. Tiene instituciones de contralor eficientes e independientes, así como un sistema de partidos que controla a los gobiernos. Saben que Mujica no es un outsider , es parte del sistema desde hace 20 años, fue ministro, senador. Su mandato es darles continuidad a las políticas actuales, no refundar la patria como Chávez, Morales o Correa. El punto saliente entonces es que Mujica no es percibido como un antisistema.

El otro bastión en que se ha forjado el actual gobierno y apuntaló a una sólida victoria de Mujica en esta primera vuelta electoral, ha sido el entendimiento empresarial de que en un país cada vez más empobrecido y más desigual, todos se terminan perjudicando. Cuando el mercado interno se deprime, los recursos de capital ociosos se multiplican, y los recursos humanos se auto-expulsan, la micro y macroeconomía sufren por ello. Hasta los que lucran solamente del negocio exportador tienen sus costos a través de una mayor tributación por parte de un Estado ávido de financiamiento para sacar a flote a una economía que languidece.  

Lo reflejado puede explicar la diferencia de casi 20% – Mujica obtuvo entre el 47,5% de los votos, mientras que Lacalle logró entre el 28,5% de los sufragios –  que nos permite entender lo que es ya un claro veredicto, alejado de una coyuntura dialéctica y convertido en una constante de la realidad política nacional: Aunque ajenos a los fundamentalismos, los Uruguayos se alejan cada vez más de las políticas de centro-derecha que tanto daño han provocado a las clases populares durante toda la historia de la su país.