Barack Obama y su primer año de mandato

Publicado en el diario BAE, 22 de Diciembre de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

La popularidad del presidente norteamericano Barack Obama continua descendiendo y para algunos sondeos de opinión, su nivel de aprobación ya se sitúa por debajo del 50% de imagen positiva. A un año de haber asumido la primera magistratura, existen una serie de razones para explicar este vuelco en la popularidad de un hombre que a fines de 2008, contó con el apoyo de los más diversos y heterogéneos sectores de la sociedad estadounidense.

Como punto más saliente, tenemos al factor económico. La frase “Es la economía, estúpido” que hizo celebre al antecesor demócrata Bill Clinton, mantiene su vigencia y se ha profundizado con la crisis económica y financiera actual. Aunque nos encontramos con registros que indican un leve repunte económico en el último trimestre del año (alrededor del 3%), el nivel de desempleo ya se sitúa en los dos dígitos – 10% en los últimos sondeos -, el más alto en los últimos años.

Los libros de economía nos indican que para que se produzca una sólida tendencia positiva en el nivel de creación de empleos, el crecimiento económico debe ser vigoroso y constante por largos períodos de tiempo. Por otro lado, haciendo un paralelismo entre la guerra y la economía, lo que tarda días en destruirse puede llevar años en volver a recomponerse. El colapso de la economía estadounidense de 2008 implicará mucho más que un año de políticas económicas de corte Keynesiano para sacar al sistema económico a flote. Siempre y cuando la salvación paralela de tinte mesiánico a Wall Street brinde los resultados esperados.

En un segundo punto, el presidente norteamericano se encuentra con una enorme dificultad para satisfacer a la polarizada sociedad norteamericana, especialmente con aquellos votantes indecisos “de centro”, que de manera rauda se mueven de un lado al otro dentro del espectro bipartidista en el que se encuentran inmersos. Por ejemplo, el plan de reforma sanitaria lanzado por el presidente choca contra la cultura del individualismo y del esfuerzo personal estadounidense. En este sentido, una encuesta realizada en los últimos días indica que el 63% de los votantes considera que ampliar a todos el seguro sanitario aumentará los costes del sistema. Además, un 48% piensa que la cobertura para todos bajará la calidad de los cuidados sanitarios.

Otro claro ejemplo es la cuestión militar. A pesar de que Obama todavía mantiene la totalidad de las tropas de Irak – recordemos que el 27 de febrero pasado anunció la retirada de la mayor parte de las mismas en 2010 – y ha reforzado las brigadas en Afganistán, los halcones más conservadores ven en el presidente un debilitador de la moral estadounidense en un país que hace de la guerra un honor y un deber para “defender los derechos y libertades propias y del mundo entero”. 

Por último, no podemos dejar de mencionar el uso de la retórica presidencial. Hasta el momento todos los gestos de Obama han sido simbólicos. Esto es, revisa la política de su antecesor Bush, pero sin cambios de fondo. Para citar algunos ejemplos, en el asunto de las guerras de Afganistán e Irak, la situación empeora. En el tema de la reforma de la sanidad, la cuestión todavía no está decidida, pero la opción pública ya está completamente debilitada. En cuanto a la reforma del sistema financiero, Obama anunció que se iban a limitar los salarios y los bonos de dirigentes de grandes bancos y compañías de seguros, pero el sistema financiero y los principales consejeros y dirigentes que llevaron a la economía a la ruina no han sido castigados. Finalmente, el presidente norteamericano llegó a la cumbre sobre cambio climático que se celebró en Copenhague la semana pasada diciendo que “El tiempo de las palabras ya pasó, ahora hay que actuar”. Sin embargo, el resultado final en hechos concretos fue catalogado como “insuficiente” para los más optimistas, y un fracaso para la mayoría.

¿Podrá Barack Obama revertir esta tendencia? Aunque le quedan tres años más de mandato, el envión político positivo que significó el nefasto gobierno antecesor y un carisma que entusiasmó a un electorado apático, ya se ha agotado. Para gran parte de sus conciudadanos, deberá demostrar éxitos concretos que revitalicen su nombre. Sin embargo, otros entienden que el presidente norteamericano no es el súper hombre más poderoso del planeta, por lo que otros actores domésticos e internacionales – léase corporaciones, el sistema financiero, u otros Estados – moldearán la agenda e influirán de manera decisiva en la vida presente y futura de la sociedad estadounidense.