Autor: Pablo Kornblum

Política Económica de Brasil Diciembre 2009 – Febrero 2010

Centro Argentino de Estudios Internacionales 

Observatorio de Brasil, Número 3, Año I, Verano Sur 2010

http://www.caei.com.ar/es/pfp/brasil/brasil3.pdf

Autor: Pablo Kornblum

Una salida airosa para una crisis que parece haber quedado atrás. Un futuro repleto de expectativas.

La salida de la crisis

El viento de cola optimista que trajo este 2010 se ha debido en gran parte a la rápida recuperación Brasileña. ¿Cuales han sido las claves por las que Brasil ha salido airoso de la crisis internacional del bienio 2008-2009? Las razones son varias. En primer lugar y por sobre todo, la indeclinable continuidad del proyecto a largo plazo como país. Ello implica mantener su base productiva industrialista, la cual se ha cuidado celosamente para evitar que se vea resentida por los coletazos internacionales. Esto se puede ver reflejado en el Índice de Confianza de la Industria de la Fundación Getulio Vargas (FGV), que tras su décima alza consecutiva, superó su promedio histórico de 100 puntos en agosto pasado.

A ello le debemos agregar el rol activo del Estado, sobre todo en materia financiera. Las medidas tomadas por el Banco Central lograron reducir las tasas de interés, mantener la liquidez interna y estimular los préstamos de los bancos públicos. Mas aún, para este año se utilizará un préstamo de 45,270 millones de dólares al Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), cuyo objetivo se centrará en reactivar la producción industrial y aumentar la adquisición de bienes de capital; como así como también conseguir tasas especiales para la exportación, impulsar la innovación tecnológica y reducir la carga impositiva.

El tercer punto clave es la inteligencia Estatal para promover las políticas más rentables en materia económica. El Plan de Marketing Turístico Internacional “Acuarela 2020”, que prevé un aumento del 304 por ciento de los ingresos por turismo durante los próximos diez años, es una muestra de ello. El concentrarse en una industria altamente rentable, generadora de divisas y fundamentalmente creadora de empleos para todo el espectro social, logra balancear a un sector de servicios que tiende a tecnologizarse y expulsar mano de obra. Por ello y ante un turismo cada vez más exigente, existe la necesidad de una atención personalizada de alta calidad y donde se requieren de recursos humanos en calificados y en cantidad.

El otro fundamento en que se asienta la economía son los superávits estatales. El Banco Central informó que el sector público consolidado registró en noviembre un superávit presupuestario primario de 12,700 millones de reales (7,290 millones de dólares), mientras que durante todo 2009 el superávit comercial fue de 25,348 millones de dólares – lo cual es un valor superior en 1,5 por ciento al de 2008 -. Esta situación desmitifica el rol negativo de un Estado activo, ya que tanto los aumentos en el Gasto como en la Inversión pública, no solo no han desbalanceado las cuentas nacionales, sino que denotan una complementariedad positiva para con las variables macroeconómicas.

Para concluir, existe un tema poco mencionado pero no por ello de menor importancia. El Índice General de Precios de Mercado IGP-M descendió un 1,72 por ciento en 2009, lo cual constituye la primer caída anual desde que comenzó a realizarse el estudio en 1989 y tras haber ascendido 9,81 por ciento en 2008. Y en este punto podemos recalcar el acompañamiento de los precios relativos a las coyunturas cíclicas del mercado. La importancia reside en que a diferencia de otros países de la región, donde las economías en reseción no son acompañada por un descenso en los precios de los productos básicos – hasta se producen aumentos -, en Brasil podemos encontrar estructura económicas más competitivas y menos monopólicas de los sistemas productivos, como así también un comprendimiento y un acompañamiento de los empresarios a las diversas coyunturas macroeconómicas del país, evitando de este modo una rápida y dañina erosión de los salarios.

Un futuro expectante

Más allá del gobierno de turno y sin importar quien triunfe en las próximas elecciones, las proyecciones de largo plazo denotan una confianza en el futuro económico de un Brasil que, a diferencia de una coyuntura global tan volátil, promete rentabilidad en el largo plazo. Los 3,500 millones de dólares que invertirá la filial brasilera de Volkswagen entre 2010 y 2014, o los 3,000 millones de euros que Telecom Italia prevé invertir en el país hasta el 2011, son una clara muestra de ello.

La confianza generada se deriva en la solidez de sus bases. En este sentido, la cuestión energética es unos de los dilemas más importantes que deben enfrentar los Estados que quieren ser protagonistas de la arena internacional del futuro. Brasil es un gigante demográfico que debe lograr la autosustentabilidad en materia de energía para preservar el mercado interno y la paz social. Por lo que la acción tanto del Estado como del mercado ha sido fundamental para poder poner en marcha millonarios proyectos de infraestructura. A la inversión de 116 millones de dólares de la compañía española Gestamp Eólica para la construcción de dos parques eólicos con 50 MW de potencia instalada, se le agrega la obra que la refinería estatal Petrobrás construirá en el Estado norteño de Maranhao, la cual se convertirá en la mayor de América Latina. Pero además, el trabajo conjunto del gobierno y del sector privado no se queda atrás: Brasil creó “Nova Braskem”, la mayor compañía petroquímica de América y la octava mayor del mundo, que tendrá como principales socios a la estatal Petrobrás y a la empresa privada Odebrecht. En el mundo actual y en los países más desarrollados del planeta, el Estado y el mercado son socios y no enemigos, ya que se necesitan mutuamente – como la sociedad en su conjunto -, para crear un país que crezca y se desarrolle de manera sustentable.

El punto anterior se complementa con una decisiva estabilidad monetaria. Sobre este punto, el Presidente del Banco do Brasil, Aldemir Bendine, manifestó que la entidad se ha propuesto ingresar al mercado bancario minorista tanto de los Estados Unidos, como así también de otros países de América Latina. La inserción provocará beneficios fundamentales relacionados con el incremento de las transacciones comerciales transnacionales, la recepción de remesas, y los flujos de inversión que pueden ser absorbidos por la macroeconomía Brasileña. Esta apertura permitirá además ampliar la cantidad de instrumentos financieros para dinamizar el mercado interno, ayudar a la estabilización de las variables, y fomentar la creación de una estructura acorde para grandes proyectos productivos.

Finalmente, el realismo económico entremezclado con el optimismo político cierran un círculo virtuoso a los ojos del mundo. Por ello no son menos importantes las declaraciones del Ministro de Economía, Guido Mantega, cuando vaticinó a principios de este año que Brasil crecerá un 5 por ciento en 2010. La máxima autoridad en materia económica también expresó que junto con India, China y “unos pocos países más”, tendrán en 2010 en “expresivo crecimiento”, a diferencia de las previsiones de expansión del 1 por ciento de la Unión Europea o del 1,7 por ciento de Japón. La declaración se puede analizar en términos comparativos con el resto de los actores mencionados y su proyección futura a nivel global. Brasil está consolidando su posición de potencia regional, motor económico de la región, e interlocutor necesario para los Organismos Multilaterales en materia de políticas económicas y financieras globales. Si a esto le agregamos que el Índice de Clima Económico elaborado por la Fundación Getulio Vargas y el Institute for Economic Research al the University of Munich (IFO) destacó que Brasil ocupó el primer lugar con 7,8 puntos por segunda vez consecutiva, la percepción global positiva continua en crecimiento. En un mundo donde reina la inestabilidad y volatilidad para los inversores (ya sea privados, estatales u ONGs), un nicho de seguridad a futuro refuerza las mejores perspectivas de mediano y largo plazo.

Por supuesto hay temas en los que se debe estar alerta. El Banco Central de Brasil elevó levemente sus pronósticos de inflación hasta un 4,6 por ciento, cifra mayor con respecto a su cálculo anterior del 4,4 por ciento. Aunque una inflación moderada se adhiere en consonancia con una economía en crecimiento – 5,8% de crecimiento del PBI estimado por el Banco Central para el 2010 -, no deja de implicar un signo de atención para el ganador de las próximas elecciones. Por otro lado, el Tesoro Nacional de Brasil expresó que se espera que la deuda pública crezca un 15,5 por ciento en 2010, llegando a los 1,73 billones de reales. Pese a que esta situación puede ser convalidada y controlada por políticas publicas contracíclicas y expansivas, es un tema que debe ocupar la agenda de las más altas esferas gubernamentales. El otro punto a tener en consideración ha sido en referencia al anuncio de la Oficina de Turismo de Brasil (EMBRATUR), la cual ha indicado que la llegada de pasajeros internacionales descendió un 0,77 por ciento en 2009. Más allá de lo exógeno de la problemática, el desarrollo del turismo domestico con políticas acordes – como podría ser precios diferenciados, actividades especialmente diseñadas para los turistas brasileños, o exenciones impositivas – debe ser tenido en cuenta para evitar las crisis cada vez más frecuentes de los mercados desarrollados.

En definitiva y de cara a futuro, no debemos olvidar los pilares básicos por los cuales el PT llego el poder casi una década atrás. Y para ello, es importante demostrar que las políticas sociales de inclusión no solo han servido para integrar a la población al mundo del consumo y revitalizar el mercado interno. Por ello, el anuncio brindado por el Instituto Brasilero de Geografía y Estadística (IBGE) indicando que la esperanza de vida al nacer de la población de ambos sexos creció de 69,66 a 72, 86 años; las declaraciones del Ministro de Planificación, Paulo Bernardo, informando que en enero de 2010 habrá un aumento del salario mínimo de un 9,68 por ciento – por encima de las expectativas inflacionarias -; o el informe del Ministro de trabajo Carlos Lupi, dando a conocer que en enero de 2010 se ha batido un record en la generación de empleos con más de 100.000 nuevos puestos de trabajo y ubicando la tasa de desempleo en 7,2% – , son excelentes noticias para comenzar un 2010 lleno de expectativas y desafíos.

La crisis Europea que ya todos conocemos

Publicado en el diario BAE, 17 de Marzo de 2010.

Autor: Pablo Kornblum

Las estadísticas hablan por si solas. En Portugal, el déficit presupuestario llegó en 2009 a un 8,4% del PIB, con una reducción en los ingresos de un 13,2% causado principalmente por la caída de la actividad económica. Por otra parte, Grecia acumula deudas por unos 300.000 millones de euros. Y se prevé que España, que antes de  la crisis tenía una proporción de deuda sobre el PIB de tan solo el 36%, alcance el 66% este año y 74% para fines de 2011.

Existen algunas cuestiones de la actual crisis regional europea que no dejan de sorprender por la incredulidad manifiesta de los gobernantes del viejo continente. Su falta de capacidad para comprender la existencia de una moneda común sobrevaluada en términos relativos a nivel internacional, una política monetaria discrecional y exógena a cada país en cuestión, y un comercio intra-regional que excede con creces la diversificación en las exportaciones – solo para citar un ejemplo, España es el principal socio comercial de Portugal, y Portugal el tercer cliente de los productos españoles -; no les ha permitido paliar una crisis económica mundial que por transitividad ha afectado a toda la región, provocando un caos macroeconómico de inusitadas consecuencias desde la creación de la Unión Europea. El reflejo actual más fiel ha sido el debilitamiento del Euro – que perdió un 10 por ciento de su valor frente al dólar desde noviembre a la fecha -,  debido principalmente a la inseguridad que perciben los inversionistas respecto a un veloz incremento en la prima de riesgo que pagan los bonos de deuda de España, Grecia y Portugal.

Otro punto a recalcar ha sido su falta de atención a las desigualdades crecientes de un sistema mundo que, salvo por contadas excepciones, parece ya no reconocer las bondades de la equidad social y el crecimiento con desarrollo sustentable. Y los cambios drásticos que se vivieron en la Unión Europea en las ultimas dos décadas dan cuenta de ello. Las tensiones sociales derivadas de las migraciones, los ajustes macroeconómicos, junto con el aumento en los niveles de desocupación y pobreza, son la prueba más fehaciente de una Europa enferma y cada vez más rezagada como actor en el escenario internacional. En este sentido, un estudio realizado por el Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE) indicó que hoy en día en el continente Europeo existen cerca de 72 millones de personas consideradas pobres; siendo justamente España, Grecia y Portugal los países más castigados por los avatares económicos, en donde el 11 por ciento de las personas empleadas viven bajo la línea de pobreza.

Finalmente, hemos observado salir a la luz nuevamente las políticas de “ayuda” propuestas por el FMI para estabilizar a la región. Sin ir más lejos, su economista en jefe, Olivier Blanchard, afirmó en una entrevista publicada la semana pasada que «El restablecimiento de la competitividad europea puede necesitar grandes sacrificios, como una bajada de los salarios». No hay que ser muy memorioso para recordar las políticas de ajuste y privatizaciones que se llevaron a cabo en América Latina en la década de 1990, con la consecuente desindustrialización, resesión y empeoramiento de los indicadores de calidad de vida (salud, educación, desarrollo social, etc.) de las mayorías latinoamericanas. Increíblemente como una sinfonía que se repite fielmente sobre sus orígenes, los Organismos Multilaterales de Crédito y las principales potencias vuelven sobre las mismas políticas que han llevado a la secesión de pagos, las recurrentes crisis financieras, y la potenciación de las problemáticas sociales a muchos países del mundo. Nada más clarificador que las palabras de la economista griega Kossentou: «La receta de ajuste en que parece dejarnos caer la propia UE nos pone en manos del FMI. Esta situación nos puede llevar a lo que vivió Argentina en 1998-2002».

Lo expuesto nos conduce a dos vertientes de análisis. O los decisores de política no comprendieron todavía el problema central; o por el contrario, no están deseosos o dispuestos a realizar los cambios drásticos y estructurales necesarios que la situación amerita. No podemos ser necios o ingenuos en pensar que las políticas económicas neoclásicas que se quieren aplicar no causarán daños sociales irreversibles, cuando la historia lo ha probado en diversas ocasiones y regiones del planeta. Será entonces que los intereses creados siguen siendo tan poderosos que tienen la impunidad de lograr su cometido, escondidos detrás de dictámenes de gobiernos y Organismos Internacionales que no cumplen con los deberes para los cuales han sido creados, y que solo multiplican el sufrimiento de una gran mayoría europeos que no vislumbran un futuro con soluciones de fondo para sus vidas. 

El ajuste, una permanente sobre los trabajadores

Publicado en el diario BAE, 18 de Febrero de 2010.

Autor: Pablo Kornblum

La crisis Europea ha llegado a límites que parecen insostenibles para algunos de sus miembros. Mientras EE.UU. crecía en el último trimestre de 2009 al 1,4% trimestral y China se disparaba cerca del 10%, la UE, según los datos de la Comisión Europea, se estancaba en el 0,1%. Entre sus principales victimas, la desocupación española – ya ha dejado en la calle a más de 4 millones de personas, 25% de los cuales son inmigrantes – y el déficit financiero Griego – su déficit público este mismo año ronda el 13% de su PBI, con un retroceso del mismo del 0,8% en el último trimestre – presentan los síntomas más salientes de una Europa poco competitiva – la parte europea del comercio internacional se reduce año a año ante el empuje de las potencias emergentes – , homogénea en sus fines pero heterogénea en sus bases, y demasiado desarrollada para mantener una tasa de ganancia atractiva para el empresariado corporativo transnacional.

Será entonces que para algunos gobiernos europeos, a los trabajadores se les ha brindado mucho – o a los empresarios poco -, y el ajuste debe realizarse sobre los primeros. Por ello se buscan soluciones rápidas y altamente efectivas. En este sentido, España ya sugirió aumentar la edad jubilatoria de 65 a 67 años para contrarrestar un efecto crónico: la población activa se reducirá en 2 millones de aquí a 2020, y para entonces habrá el doble de mayores de 60 años de los que había en 2007. A estos datos debemos agregarle que a nivel Europeo sólo trabaja el 66% en edad para ello, frente al 70% de EE.UU. y Japón. Y entre los mayores de 55 años, ese porcentaje cae al 46%.

El aumentar la edad jubilatoria impacta en varias variables a la vez. Por un lado, tenemos la inmediata disminución del gasto social para un sector pasivo más acotado. Además, implica el aumento en la base poblacional activa que conlleva a un incremento recaudatorio. Finalmente, esta medida también actúa como proveedor de un elemento dinamizador de mercados internos relativamente estáticos y poco productivos – debemos recalcar que la productividad económica europea parece encontrarse famélica; y hace que, por ejemplo, el crecimiento estructural de la UE sea dos tercios menor que el estadounidense -.

¿Cuáles son entonces las políticas más beneficiosas que los gobiernos europeos puedan aplicar para favorecer a sus respectivos países? ¿Es posible una salida viable sin continuar dañando al eslabón más débil de la pirámide social?

Para encontrar una respuesta convincente sobre lo que se debe cambiar, debemos primero entender lo que desde hace dos décadas para ser una tendencia inamovible. Por un lado, las bajas tasas de natalidad pasaron a ser un factor cultural de la Europa actual. Mayores niveles educativos, vínculos familiares desagregados, y altos costos de manutención de niños y adolescentes, son las principales causales de una situación que se ha convertido en estructural.

Por otro lado, existe hoy en día un mayor sentido de pertenencia a una Unión Europea que llego para quedarse, pero que implica deberes mandatorios que se deben cumplir a lo ancho y largo de la región. Por ejemplo, el Tratado de Maastricht limita a 3% del PBI el rojo fiscal y 60% del PBI la deuda. Pero la situación parece no ser tan sencilla. Para citar algunos ejemplos, Grecia tiene 13 y 113% respectivamente; Irlanda, 13 y 66%; Italia, 7% y 115; Portugal, 8 y 78%; España, 11 y 54%; y Gran Bretaña (que no adoptó el euro) 12 y 69%.

Finalmente, nos encontramos con los factores exógenos. La Unión Europea se encuentra inserta en un sistema mundial cada vez más complejo y competitivo, enmarcada en una globalización neoliberal depredadora, y con nuevas potencias emergentes que entremezclan su poderío geopolítico y militar a su conveniencia económica.

Por lo tanto, debemos reforzar la idea de que el margen de maniobra para salir de esta crisis parece ser escaso e interdependiente a una serie amplia de valores y actores. Una mayor profundización real de la distribución de la riqueza, junto con un Estado más participativo y eficiente para con las decisiones macro y microeconómicas, y un verdadero consenso social nacional para lograr países más equitativos y desarrollados, permitirán crear bases sólidas y coherentes para enfrentar los dilemas presentes y futuros. Sin una verdadera discusión sobre la búsqueda de un crecimiento y desarrollo económico sustentable para todos los habitantes, las políticas continuarán siendo restrictivas y no proactivas, provocando un final que no ha variado en los últimos años: que los ajustes los terminen pagando siempre los trabajadores.   

Una misma geografía para 2 historias diferentes

Publicado en el diario BAE, 2 de Febrero de 2010.

Autor: Pablo Kornblum

Las estadísticas sobre desarrollo humano que elabora la ONU hablan por si solas. La República Dominicana ocupa el puesto 90 en la clasificación del Desarrollo Humano, exactamente en la mitad de la tabla mundial. Haití ocupa el 149, entre Papúa Nueva Guinea y Sudán. La esperanza de vida al nacer en la República Dominicana es de 72,4 años, 11 años más que el vecino Haití. La renta per cápita de Haití apenas es una sexta parte de la de la República Dominicana (1.155 contra 6.706 dólares respectivamente en 2009). Para completar esta panorama sombrío, no podemos dejar de mencionar que en Haití proliferan los mercados más oscuros de tráfico de drogas, que su población se encuentra en un 10% infectada de Sida y que sus ingresos no les alcanzan para adquirir más que un poco de arroz u otros alimentos básicos, lo que acarrea secuelas de desnutrición y otros males físicos en una economía donde el 80% de los habitantes viven en extrema pobreza.

Esta situación ha sido provocada fundamentalmente por dos aspectos claves. Por un lado, la historia de la humanidad ha demostrado que los intereses extranjeros son simplemente eso, intereses foráneos que se contraponen generalmente con las necesidades autóctonas. Y Haití no es la excepción. El bajo nivel de los aranceles en la economía nacional que aumenta las importaciones en detrimento de la producción nacional es un claro ejemplo de ello. En consonancia, el otro gran dilema es la destrucción y apropiación extranjera de los recursos naturales. Su escasez y la vital importancia de los mismos, requieren de manera imperiosa un desarrollo sustentable que permita revitalizar y motorizar la economía nacional en el corto y sobre todo, en el largo plazo. 

En contrapartida, la República Dominicana, a pesar de no estar exenta a todos los males de América Latina – llámese dictaduras inescrupulosas, altos índices de desigualdad, etc. – ha protegido las riquezas naturales del país, comprendió la importancia del mercado interno, y alienta una producción nacional relativamente diversificada. Pero además, complementa aún más una macroeconomía equilibrada con un importante ingreso de divisas a través de una promocionada política turística – el país cuenta con una única variedad de bellezas naturales, desde cadenas montañosas con picos de más de 3.000 metros de altura hasta kilómetros de playas cubiertas de palmeras con un mar de color turquesa – que ya ha posicionado a la República Dominicana como un destino de calidad ante los ojos del mundo.

El punto a resaltar es que las diferencias serían aún mayores si no existieran los vasos comunicantes bilaterales de la inmigración. La única vía de escape para la mayoría de los haitianos provee mano de obra a muy bajo costo para los empresarios dominicanos; como contrapartida, ha dado sus frutos a través de las remesas que alimentan el Producto Bruto haitiano. En ese sentido, podemos mencionar que más de medio millón de haitianos viven en la República Dominicana, de los cuales 146.000 trabajan de manera oficial. Y se estima que el dinero que envían a sus familiares le da sustento a dos millones de haitianos aproximadamente. Además, para ambos países el otro constituye el segundo socio comercial, superado sólo por los Estados Unidos que es mutuamente el socio más importante.

Esta situación se ha visto reflejada en las palabras del presidente de Haití, René Preval, que en plena catástrofe la semana pasada mencionó que: “Haití no va a desarrollarse solo, mientras Haití tenga problemas, Dominicana tendrá problemas, por eso debemos reforzar los vínculos económicos, culturales, sociales, porque vivimos en la misma isla y debemos apoyarnos”. Las presiones a nivel económico y político derivadas del único vecino, impactan inevitable e indefectiblemente en República Dominicana. Tal como es la situación Israelí-Palestina, mientras no exista una verdadera mejora sustentable en la calidad de vida de los palestinos, no habrá una solución definitiva para ambos pueblos.

En definitiva, Haití requiere soluciones de toda índole. Pero la base fundamental y madre de todas las batallas debe ser lograr una verdadera autonomía nacional, recuperar la sustentabilidad de los recursos naturales y lograr un Estado eficiente librado de vicios de corrupción. Es clave que la República Dominicana lo comprenda y disponga esfuerzos altruistas que conlleven a mejoras sustanciales en todos los paupérrimos índices sociales del país vecino. Para que luego ambas naciones, con un nivel similar en la calidad de vida de sus pueblos, puedan juntas dar el salto cualitativo necesario para lograr un desarrollo socio-económico y político democrático y profundamente equitativo.      

Un cambio que le quita previsibilidad al futuro de los chilenos

Publicado en el diario BAE, 19 de Enero de 2010.

Autor: Pablo Kornblum

Unos días antes de las elecciones del último domingo en Chile, ambos candidatos, el oficialista Eduardo Frei y el derechista Sebastián Piñera, peleaban por ese definitorio 7% de indecisos que le otorgaría la victoria definitiva en un final tan cerrado como atrapante.

Piñera se mostraba sensible a cuestiones sociales y respetuoso de los derechos humanos. Sin embargo, parecía ser un desafío difícil convencer a los votantes de Marco Enríquez Ominami de su apego a políticas que, aunque deberían ser básicas y comunes a todo partido político que desee el bienestar general, se transgiversaban y desdibujaban provocando confusión en un electorado que reconocía que el Partido de Renovación Nacional de Piñera es apegado a resaltar las bondades del mercado, el individualismo como promotor del efecto derrame, y al mantenimiento de los vínculos con la derecha conservadora de la UDI y su pasado Pinochetista.

Por otro lado, Eduardo Frei siguió la lógica de los que ya no pueden resaltar las virtudes propias y buscó desesperadamente la descalificación del rival. Tampoco parecía ser suficiente para los aun indecisos que deseaban una cultura política diferente, con un aparato social que beneficie a la juventud y favorezca un Estado dinámico e inclusivo. El ex presidente tenía bien claro que la elección del “menos malo” por parte de los votantes tradicionales de la izquierda no eran votos seguros, ya que podrían tomar decisiones y realizar cambios de último momento cuando se encontrarían frente a las urnas.

En las últimas horas antes de la veda, la impaciencia y desesperación conllevaron a las siempre indeseadas bajezas políticas, donde los ataques personales se multiplicaron de manera constante en todos los medios de comunicación. La riqueza, las capacidades técnicas, y los valores éticos y morales de ambos candidatos fueron puestos a prueba, demostrando la incapacidad de sacar a relucir otros efectos positivos ante la ausencia de un análisis profundo de dos plataformas políticas que ya no provocaban efectos diferenciadores en el electorado.   

Llegó el Domingo y luego de que las elecciones trascurrieran con total normalidad, la derecha volvió a La Moneda a través de los votos luego de 52 años. El 51,61% de los votantes creyó en la apuesta por el cambio. El derrotado Eduardo Frei, mientras tanto, conseguía el 48,38% de los votos y sentenciaba el fin de un ciclo que gobernó Chile desde el retorno de la democracia y que cayó víctima del desgaste del poder y las inevitables luchas internas.

Luego del triunfo, Piñera sacó a relucir el clásico discurso de derecha y hablo de cambio, unidad y crecimiento. También prometió combatir al narcotráfico y la delincuencia, como así el «restaurar la cultura de hacer las cosas bien», en referencia a su pensamiento de que la discusión por si debe haber más o menos Estado es obsoleta, ya que para el futuro presidente debe existir un Estado eficiente que se ocupe de todos. Por supuesto, finalizó afirmando que será un presidente de unidad nacional para todos los chilenos, pero con un compromiso y un cariño muy especial para los más pobres y la clase media. Aquellos que seguramente tienen temor de ser los menos favorecidos por su victoria.

El desafío para Piñera no es menor. En veinte años Chile creció y grandes mayorías alcanzaron niveles de vida con los que nunca habían soñado. El líder de la derecha deberá demostrar que puede ratificar lo que ha prometido y consolidar los logros, importantes pero insuficientes, de la Concertación: lograr para el 2014 un Chile desarrollado y sin pobreza. 

Sin embargo, deberá tener cuidado con la sombra de un pasado que lo perseguirá durante todo su mandato. Cualquier tipo de exceso de violencia o desmantelamiento del aparato social, sacará a la luz los fantasmas Pinochetistas que aun hoy revolotean con fuerza en la sociedad chilena. La oportunidad histórica la tiene: demostrar que realmente puede lograr el bien común, reducir las desigualdades y convertir a Chile en un país del primer mundo.

Mientras tanto, el resto de las izquierdas, desde las pragmáticas hasta las más revolucionarias, esperaran atentas y agazapadas. Saben que el margen de error de Piñera es mínimo. Y que su cálido discurso progresista difícilmente pueda ser llevado a cabo por sus políticas de derecha.

Política Económica de Brasil Septiembre-Noviembre de 2009

Centro Argentino de Estudios Internacionales 

Observatorio de Brasil, Número 2, Año I, Invierno/Primavera Sur 2009

http://www.caei.com.ar/es/pfp/brasil/brasil2.pdf

Autor: Pablo Kornblum

Un dato fundamental para la macroeconomía Brasileña ha sido el hecho que las cuentas públicas han mostrado un superávit de más de veinte mil millones de reales en los primeros siete meses de 2009. A pesar del fuerte decrecimiento con respecto al mismo período de 2008 – cuando totalizaba 68.580 millones de reales – el superávit actual brinda un todavía importante margen de maniobra para capear los resabios recesivos que parecen lentamente ir quedando en el pasado. Por otro lado, el PBI creció un 1,9% en el segundo trimestre con respecto al primero; la tasa de desocupación mantiene una tendencia decreciente – alcanzando el 7,5% en el mes de Octubre, contra el 8,1% en el mes de Agosto –; y el Banco Central de Brasil mantuvo las tasas de interés en un 8,75%, coherente con un escenario de inflación benigna – la inflación acumulada en los primeros nueve meses de 2009 alcanzó un 3,21%, número que está por debajo del 4,76 registrado en igual periodo de 2008 -. Esta situación es importante a nivel macroeconómico, ya que denota la ocupación, más que la preocupación, por parte del gobierno nacional por el incremento de los precios, aunque el contexto actual sea contrario a una situación de recalentamiento económico. Es importante recalcar que una baja inflación es positiva y necesaria en ciertas variables claves que acompañan al crecimiento económico. Finalmente y para concluir con los datos positivos, el déficit de cuenta corriente disminuyó a 2,311 millones de dólares en Septiembre, en relación a los 2,761 millones de dólares en el mismo mes de 2008. Esta realidad económica positiva de Brasil, sobre todo en términos relativos a nivel internacional, se explica principalmente por la actitud proactiva del Estado para enfrentar las diversas problemáticas que surgieron en un contexto mundial adverso en el último año y medio.

Una serie de decisiones políticas trascendentales lo demuestran día a día. Para comenzar, se observa la firmeza gubernamental para defender los 2000 puestos de trabajo y las inversiones previstas por parte de la empresa minera Vale, a pesar de su decisión de construir una acería de 3.700 millones de dólares en el Estado norteño de Pará. Los recortes previstos, seguramente por la coyuntura mundial desfavorable, no son una razón suficientemente sólida para el gobierno del presidente Lula, que entiende que la rentabilidad empresarial todavía es más que suficiente para continuar con los planes programados.

Por otro lado, el entendimiento de la importancia económica que brindan los recursos naturales, y que provocan un efecto diferenciador clave para una importante cantidad de sectores económicos que se ven altamente beneficiados con su uso, conllevan a una férrea defensa de un profundo y sustentable desarrollo gubernamental de los mismos. En este sentido, la nueva legislación gubernamental propone un aún mayor control de las reservas de crudo submarinas. Por otro lado, Petrobrás encontró petróleo y gas en otro pozo del bloque BM-S-9 en la Cuenca de Santos, que sumado a las enormes reservas de hidrocarburos ya halladas en la región del «presal», permitirán al país pasar del actual decimosexto lugar al octavo puesto en la lista de naciones con mayores reservas de petróleo a nivel mundial. En este aspecto, no hay amistades ni ideologías que puedan obstaculizar el pragmatismo internacional del gobierno Brasilero. La reunión entre Lula da Silva y Hugo Chávez en el mes de Octubre pasado, donde firmaron quince acuerdos cooperación en materia energética y petrolera, lo refleja claramente.

En relación a las políticas económicas propiamente dichas, la promovida regulación de los flujos financieros internacionales, a través de un 2% de gravamen sobre la inversión financiera extranjera que ingresa a través de la Bolsa o renta fija, y cuyo objeto es el de frenar la entrada masiva de divisas del exterior, será fundamental para evitar las presiones sobre el tipo de cambio y los desequilibrios macroeconómicos que esta situación conlleva. La experiencia vivida durante el período de la convertibilidad en la Argentina de los años 1990’ – con sus negativas consecuencias asociadas – , han sido una clara muestra de la falta de control en la entrada y salida de flujos del país. Profundizando en el contexto domestico, la exención impositiva para una serie de artículos para el hogar – que alcanza entre otros a algunos tipos de heladeras, lavarropas y microondas –, y que le costará al Estado unos 132,1 millones de reales, se muestra en concordancia con las políticas Keynesianas que estimulan el consumo y el mercado interno, mostrando la firme decisión gubernamental de promover un Estado activo en favor del sector industrial, bastión de la economía nacional.

En cuanto a las relaciones económicas internacionales, Brasil actuó conforme a su jerarquía internacional, pero apelando a la justicia y a las regulaciones acordadas. En este sentido, la amenaza de sanciones comerciales por un total de 800 millones de dólares contra los Estados Unidos, respaldadas totalmente por la OMC (Organización Mundial del Comercio), dan cuenta que el foco de la diplomacia se centra en pro de la justicia comercial internacional y en contra de cualquier tipo de sumisión económica.

Para reforzar el concepto, podemos afirmar que un país potencia no solo tiene que serlo y demostrarlo en términos fácticos, sino que los demás Estados también lo deben creer. Cuando el Tesoro Nacional anuncia la emisión de bonos de deuda con vencimiento en 2041 por 1250 millones de dólares en el mercado estadounidense y europeo, este hecho nos está indicando que el mundo cree en un Brasil sólido y con proyección de potencia mundial en el largo plazo.

Para concluir con el aspecto internacional, el que Brasil eleve los aportes al programa de Nuevos Acuerdos de Crédito (NAB) del FMI (Fondo Monetario Internacional), y que ello implique la obtención del derecho a veto en relación a la toma de decisiones dentro del Organismo, es un paso fundamental que conlleva a un mayor poder de decisión del país en el plano económico y financiero internacional.

Para ir cerrando el círculo de las diversas políticas aplicadas por el Estado Brasilero, debemos entender que la confianza es una variable clave en la realización de cualquier análisis económico. Y aunque la coyuntura y el corto plazo muestren algunos síntomas negativos – como el hecho de que Brasil redujo un 26% sus exportaciones de vacuno a la Unión Europea entre enero y agosto de 2009; o que el Sector Público Consolidado registró en septiembre un déficit fiscal de 5,763 millones de reales, comparado con el superávit de 6,618 millones de reales de septiembre de 2008 –, los augurios por parte del gobiernos son, como mínimo, esperanzadores.

Un claro ejemplo de ello han sido las declaraciones del Ministro de Hacienda en el mes de Octubre pasado, cuando afirmó que Brasil crecerá un 5% en 2010, y agregó que para el año 2026, el país aspira a convertirse en la quinta economía a nivel mundial. Esta visión positiva de parte del Estado que se derrama a toda la sociedad, brinda una sólida confianza a la población en relación a que si se mantienen las políticas de largo plazo, a pesar de coyunturas adversas que puedan acaecer, Brasil logrará ser una potencia mundial en un período prudencial de tiempo.

Antes de finalizar, hay que recalcar que a las directrices estatales, se le debe sumar un sector privado que acompaña la decisión política de lograr un Brasil potencia en el corto o mediano plazo. En este sentido, el sector privado juega un rol fundamental para que Brasil logre sus objetivos a nivel internacional. Las políticas de adquisiciones y fusiones que otrora caracterizaron al corporativismo transnacional de los países desarrollados, es reproducido en la actualidad por el empresariado Brasilero. La adquisición de la quebrada estadounidense avícola Pilgrim’s Pride Corporation por parte de la brasilera JBS SA, convirtiéndola en la principal procesadora de carnes del mundo, es un claro ejemplo de ello. Es sabido que en el actual sistema económico internacional, no hay Estado fuerte sin un mercado fuerte, ni viceversa.

Para concluir, el punto más importante a resaltar de este último periodo es el acuerdo de cooperación en materia de defensa con Francia. El mismo consolida definitivamente a Brasil como la potencia militar de la región latinoamericana. Más allá de la importancia económica que implica la transferencia de tecnología de punta y la capacitación del capital humano, no existe una potencia económica sin una potencia militar que lo respalde. La historia de la humanidad lo ha demostrado y el gobierno de Brasil lo sabe.

Una nueva década para consolidar la Unión Sudamericana

Publicado en el diario BAE, 5 de Enero de 2010.

Autor: Pablo Kornblum

Una nueva década comienza y es interesante analizar los procesos que hemos vivenciado estos últimos años para comprender este reciente 2010 que acaba de comenzar. Para ello, debemos entender dos conceptos claves, que entrelazados y potenciados, han guiado los destinos en cada uno de los Estados del sur del Hemisferio.

Por un lado, se ha perdido esa ingenuidad que caracterizó a toda la región durante el siglo pasado. La historia ha enseñado sobre gobiernos de derecha concentradores de riqueza, dictaduras sangrientas y falsos progresismos. Hemos entendido las consecuencias de las políticas neoliberales, la corrupción enraizada y la falta de diálogos y consensos. En estos primeros años del siglo XXI, los diversos gobiernos sudamericanos, con sus diferentes matices, han sabido que caminos tomaron y tienen plena conciencia de ello.

La Bolivia de Evo Morales es un claro ejemplo de un nuevo norte sin punto de retorno. La nueva Constitución fortalece los derechos fundamentales y subraya los derechos colectivos e indígenas. Se cuenta con una nacionalización de los hidrocarburos: los inversionistas extranjeros que tenían el 51 por ciento tienen ahora el 49 y el Estado boliviano conserva la mayoría. Y mientras las inversiones no se han alejado de Bolivia, el pronóstico de mantener el 6% de crecimiento económico para este año se torna una realidad cada vez más palpable.        

El otro punto saliente complementario es la firme decisión de mantener la autonomía en las políticas nacionales que cada gobierno piensa más conveniente. Los mandatos impuestos por Washington después de la post-guerra mundial han sido desechados después de los fracasos de la globalización neoliberal y los fallados experimentos locales. En los años recientes, posiciones autonómicas inteligentes se potenciaron en un sistema con crisis recurrentes y de una complejidad creciente.

El caso brasileño parece ser la explicación más nítida. El presidente Lula Da Silva piensa lanzar durante el 2010 el Programa de Aceleración del Crecimiento 2 (PAC 2), para continuar con la construcción de caminos, puertos, viviendas y obras de infraestructura para la industria del petróleo. Su ministro de Planificación, Paulo Bernardo, ha sido firme en sus declaraciones la semana pasada: “El gobierno se va a acabar (en 2010) pero Brasil no, Brasil va a continuar precisando ferrocarriles, aeropuertos, puertos, independientemente de quien gane las elecciones”.

Sin embargo, los embates desde el norte y los grupos concentrados locales también han dejado vestigios negativos para con la región. Y el más importante es la desunión productiva entre los diferentes Estados. Una verdadera “Unión Sudamericana” se ve coartada por la búsqueda simplista de objetivos particulares, nacionales, sin un entendimiento macro que potencie los intereses colectivos. Un claro ejemplo lo podemos observar en el debate congresista paraguayo sobre la entrada de Venezuela al MERCOSUR, pospuesto para el año 2010 – cuando ya Argentina, Uruguay y recientemente Brasil aprobaron su entrada -.  El rechazo de la oposición del presidente Lugo a la entrada de Venezuela es de un simplismo y un signo de inmadurez política preocupante, basado en un reduccionismo ideológico ultraconservador, y muy lejano a un debate político serio de las grandes cuestiones de Estado que vayan en consonancia con la renovación y los cambios que vive América Latina.   

¿Con que nos podremos encontrar los próximos años? Podemos afirmar que en el 2010 los procesos comenzados en los albores de este siglo continuarán en sucesivas etapas de profundización: ya sean los pragmatismos de Uruguay y Chile, el desarrollo del Brasil potencia, la alianza estratégica de Colombia con los Estados Unidos, el socialismo del siglo XXI de Venezuela y Bolivia, y las políticas específicas que han conseguido satisfactorios resultados tanto en Ecuador como en Perú.

Aunque la región se encuentra en una situación coyuntural positiva dentro de la crisis global, los desarrollos complementarios y las políticas conjuntas que se obtendrían con una verdadera Unión Sudamericana, más allá de las diferencias en el espectro ideológico, brindarían el salto de calidad necesario para afianzar la estabilidad democrática y macroeconómica de la Región. Deseemos entonces el pronto entendimiento superador entre países vecinos y hermanos, para que en el corto plazo, nos encontremos con una Sudamérica más justa, inclusiva y pujante.         

La reconversión de la izquierda latinoamericana

Publicado en el diario El Cronista Comercial, 24 de Diciembre de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

http://www.cronista.com/notas/215836-la-reconversion-la-izquierda-latinoamericana

Desigualdad. Desigualdad es la palabra clave para entender porqué la izquierda latinoamericana, reconvertida, democrática y dialoguista, emergió luego de que los bastiones comunistas hayan colapsado – léase la ex-Unión Soviética y sus países satélites – o mutado con sus particularidades al capitalismo, como la nueva economía “Socialista de Mercado” China o sus vecinos del Sudeste Asiático.

La historia latinoamericana nos enseña de una izquierda fuerte, combativa; con ganas de lograr cambios profundos, de raíz. Emulando alguna vez a las heroicas proezas de Ernesto Guevara y Fidel Castro. Pero la Doctrina Monroe y la Teoría de la Dependencia, llevada a cabo por enemigos autóctonos y foráneos, reprimieron aquellas ilusiones de cada una de las diversas izquierdas, tanto se encontraran en el gobierno, como fuerza opositora política, o decidida a tomar el poder a través de la lucha armada.

Finalmente, la derecha venció y las dictaduras se esparcieron por toda la región. Junto a la represión social, se le agregaron las desastrosas políticas económicas que incrementaron las desigualdades. Y aunque en las últimas dos décadas la sangre derramada pasó a ser prácticamente parte del pasado, las nuevas democracias neoliberales solo profundizaron la concentración de la riqueza y aumentaron a niveles exponenciales los niveles de pobreza y marginalidad. 

La izquierda latinoamericana entendió entonces que para la mayoría de los ciudadanos, cualquier tipo de dictadura coarta la tan preciada libertad. También comprendió que dentro del juego capitalista, los intereses concentrados poseen mucho poder, más aún en América Latina. Dialogar, negociar y concensuar, en mayor o menor medida, ha sido necesario para alcanzar el poder y gobernar. En la actualidad, los gobiernos democráticos de izquierda, en sus diferentes matices, tratan de lograr cambios graduales, con políticas intra e internacionales autóctonas, heterogéneas y dinámicas.

Ahora la pregunta se centra en si podrán cumplir con los objetivos teóricos que alimentan la fe de sus bases políticas. Aquellos que, postergados, esperan una redistribución de la riqueza de manera más justa, donde las variables del desarrollo se derramen positivamente entre toda la ciudadanía, sin excepción.

El gran dilema proviene de una situación fáctica difícil de refutar. No existe gobierno, de izquierda ni de derecha, que funcione cuando existe una corrupción enraizada en todas las esferas del Estado, y donde la administración burocrática es altamente ineficiente y discrecional para con el sector privado. Las bases de la izquierda latinoamericana no están exentas de estas problemáticas y las soluciones políticas parecen ser limitadas en el corto plazo.  

Mientras tanto, lo que en definitiva tiene una clara respuesta es el porqué de la vigencia de la izquierda en América Latina. La opresión contenida se ha liberado y potenciado. Los ineficientes e ineficaces gobiernos de derecha han realizado el resto.

Barack Obama y su primer año de mandato

Publicado en el diario BAE, 22 de Diciembre de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

La popularidad del presidente norteamericano Barack Obama continua descendiendo y para algunos sondeos de opinión, su nivel de aprobación ya se sitúa por debajo del 50% de imagen positiva. A un año de haber asumido la primera magistratura, existen una serie de razones para explicar este vuelco en la popularidad de un hombre que a fines de 2008, contó con el apoyo de los más diversos y heterogéneos sectores de la sociedad estadounidense.

Como punto más saliente, tenemos al factor económico. La frase “Es la economía, estúpido” que hizo celebre al antecesor demócrata Bill Clinton, mantiene su vigencia y se ha profundizado con la crisis económica y financiera actual. Aunque nos encontramos con registros que indican un leve repunte económico en el último trimestre del año (alrededor del 3%), el nivel de desempleo ya se sitúa en los dos dígitos – 10% en los últimos sondeos -, el más alto en los últimos años.

Los libros de economía nos indican que para que se produzca una sólida tendencia positiva en el nivel de creación de empleos, el crecimiento económico debe ser vigoroso y constante por largos períodos de tiempo. Por otro lado, haciendo un paralelismo entre la guerra y la economía, lo que tarda días en destruirse puede llevar años en volver a recomponerse. El colapso de la economía estadounidense de 2008 implicará mucho más que un año de políticas económicas de corte Keynesiano para sacar al sistema económico a flote. Siempre y cuando la salvación paralela de tinte mesiánico a Wall Street brinde los resultados esperados.

En un segundo punto, el presidente norteamericano se encuentra con una enorme dificultad para satisfacer a la polarizada sociedad norteamericana, especialmente con aquellos votantes indecisos “de centro”, que de manera rauda se mueven de un lado al otro dentro del espectro bipartidista en el que se encuentran inmersos. Por ejemplo, el plan de reforma sanitaria lanzado por el presidente choca contra la cultura del individualismo y del esfuerzo personal estadounidense. En este sentido, una encuesta realizada en los últimos días indica que el 63% de los votantes considera que ampliar a todos el seguro sanitario aumentará los costes del sistema. Además, un 48% piensa que la cobertura para todos bajará la calidad de los cuidados sanitarios.

Otro claro ejemplo es la cuestión militar. A pesar de que Obama todavía mantiene la totalidad de las tropas de Irak – recordemos que el 27 de febrero pasado anunció la retirada de la mayor parte de las mismas en 2010 – y ha reforzado las brigadas en Afganistán, los halcones más conservadores ven en el presidente un debilitador de la moral estadounidense en un país que hace de la guerra un honor y un deber para “defender los derechos y libertades propias y del mundo entero”. 

Por último, no podemos dejar de mencionar el uso de la retórica presidencial. Hasta el momento todos los gestos de Obama han sido simbólicos. Esto es, revisa la política de su antecesor Bush, pero sin cambios de fondo. Para citar algunos ejemplos, en el asunto de las guerras de Afganistán e Irak, la situación empeora. En el tema de la reforma de la sanidad, la cuestión todavía no está decidida, pero la opción pública ya está completamente debilitada. En cuanto a la reforma del sistema financiero, Obama anunció que se iban a limitar los salarios y los bonos de dirigentes de grandes bancos y compañías de seguros, pero el sistema financiero y los principales consejeros y dirigentes que llevaron a la economía a la ruina no han sido castigados. Finalmente, el presidente norteamericano llegó a la cumbre sobre cambio climático que se celebró en Copenhague la semana pasada diciendo que «El tiempo de las palabras ya pasó, ahora hay que actuar». Sin embargo, el resultado final en hechos concretos fue catalogado como “insuficiente” para los más optimistas, y un fracaso para la mayoría.

¿Podrá Barack Obama revertir esta tendencia? Aunque le quedan tres años más de mandato, el envión político positivo que significó el nefasto gobierno antecesor y un carisma que entusiasmó a un electorado apático, ya se ha agotado. Para gran parte de sus conciudadanos, deberá demostrar éxitos concretos que revitalicen su nombre. Sin embargo, otros entienden que el presidente norteamericano no es el súper hombre más poderoso del planeta, por lo que otros actores domésticos e internacionales – léase corporaciones, el sistema financiero, u otros Estados – moldearán la agenda e influirán de manera decisiva en la vida presente y futura de la sociedad estadounidense.      

Una elección pensando en la segunda vuelta

Publicado en el diario BAE, 9 de Diciembre de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

Según las últimas encuestas a nivel nacional del influyente Centro de Estudios Públicos (CEP), el candidato de la derecha Sebastián Piñera continúa al frente con un 36% de las preferencias, superando en 10 puntos porcentuales al abanderado de la Concertación, Eduardo Frei, que contaría a solo unos días de la contienda con un 26% de los potenciales sufragios. Más atrás aparece el candidato independiente y ex-socialista, Enríquez-Ominami, con un 19% de intención de voto, mientras que el candidato comunista Jorge Arrate, cierra las encuestas con el 4% de los sufragios.

Primero en todas las encuestas se encuentra Sebastián Piñera, cuyo objetivo principal es acabar definitivamente con el techo electoral de la derecha del 47% obtenido en las últimas dos elecciones. Este acaudalado empresario, que comenzó su carrera en el mundo de los negocios como administrador de tarjetas de crédito para luego adquirir importantes empresas de diversos rubros (entre ellas Lan Chile), equipos de fútbol y un canal de televisión, centra su plataforma en la provisión de una buena salud y previsibilidad macroeconómica, propicia para las inversiones de empresarios y profesionales de una clase media-alta y alta poseedores de una importante cuota de poder e influencias. Lo interesante de la situación es que el actual microclima del que Piñera obtiene sus frutos, proviene y emerge de un gobierno de centro-izquierda que ha logrado estabilizar al país a nivel social y económico, luego de una dictadura militar bañada en sangre y ajena a cualquier tipo de política social.

En cuanto al candidato oficialista Eduardo Frei, su mayor problemática reside en que los partidos de la Concertación están muy desgastados, con una dramática perdida de su capacidad movilizadora como proyecto democratizador, modernizador y focalizado en el progresismo social de toda la sociedad chilena. A pesar de contar con unos de los mejores índices de desarrollo en relación a los demás países de América Latina, los veinte años de gobierno de la Concertación no han logrado eliminar las todavía latentes desigualdades socio-económicas que sitúan a Chile aún lejos de los países más desarrollados del planeta. El otro punto negativo que no le permite capitalizar el apoyo popular que tiene el gobierno de Bachelet y el 78% de imagen positiva que goza la mandataria, es la apagada personalidad del candidato democristiano y el nulo atractivo de un programa que ya aplicó durante los cuatro años (entre 1993 y 1997) que ocupó el Palacio de la Moneda.

Por su parte, el candidato independiente de «Chile Cambió», Enríquez-Ominami, lidera un movimiento político, social y cultural que busca sentar las bases para un verdadero recambio generacional y vocacional del progresismo. A pesar de ser criticado tanto por derecha – el candidato Piñera indicó que lo único que hace siempre es «criticar a todo el mundo» – como por izquierda – según el candidato comunista Arrate, en política no hay que ser «el llanero solitario sino trabajar en equipos y poner la cara cuando corresponde»-, el joven diputado buscará captar votos en estos últimos días de campaña potenciando su ya probada oratoria prodigiosa en los diversos medios de comunicación.

El último en discordia es el candidato más radical de la izquierda, Jorge Arrate, quién ofreció convocar a un acuerdo con los candidatos de la centro-izquierda: «Los que queremos que no gane la derecha, busquemos un acuerdo mínimo, yo buscaré todos los votos, pero creo que es necesario hacer un alto».  El candidato comunista ha salido favorecido en los debates televisivos durante el mes de Noviembre, saltando en las últimas semanas del 1% al 4% de intención de voto. Su aspiración es lograr superar el 5%, que lo dejaría en un buen pie para negociar con la Concertación en una segunda vuelta, y de este modo poder instalar a un comunista en el Congreso después de varios años.

Para finalizar, podemos afirmar que el único pensamiento que une hoy a todos los candidatos es su futuro rol partidario ante las posibles alianzas que se puedan tejer para el ballotage. Los probables contendientes para la primera magistratura el 17 de Enero lo saben y de a poco van desideologizando la campaña, intentando captar los votos de los indecisos más ajenos a sus bases electorales históricas. En este sentido, el oficialista Eduardo Frei decidió no asistir al funeral de un emblema comunista como fue el cantautor asesinado durante la última dictadura Pinochetista, Víctor Jara. Por otro lado, las declaraciones del candidato Piñera la semana pasada reflejan una extraña devoción por las clases más desfavorecidas: “Vamos a ganar esta elección y haremos un gran gobierno y con especial cariño para los más pobres y la clase media”.

En definitiva y mientras tanto, este próximo Domingo observaremos solo un aperitivo de lo que será una campaña final aún más agresiva y competitiva.