Categoría: Publicaciones en Diarios

Autonomía y Opción de elegir

Publicado en el diario BAE, 16 de Diciembre de 2008.

Autor: Pablo Kornblum

Ya no quedan dudas que Estados Unidos está pasando una de las peores crisis económica y financiera de su historia. Tras arduas tratativas entre demócratas y republicanos durante la semana pasada, el Senado estadounidense todavía no logró un acuerdo para otorgar un paquete de ayuda estatal a la industria automotriz por 14.000 millones de dólares, tal como exigían el presidente saliente, George Bush, y electo, Barack Obama. Esta semana continuarán las tratativas tanto con ambos partidos para intentar “rescatar” a las tres gigantes automotrices, General Motors, Chrysler y Ford.

¿Por qué el gobierno norteamericano debería salvarlas? Primeramente, estas empresas se encuentran insertas en un polo industrial generador de fuentes de trabajo y desarrollo productivo, incentivan a una economía regional pujante y provocan efectos derrame positivos para empresas vinculadas a su cadena productiva.
Por otro lado, el abastecimiento de su propio mercado interno, el más importante del mundo, produce efectos multiplicadores de riqueza dentro de los Estados Unidos. Finalmente, estas tres grandes corporaciones tienen un nombre a nivel internacional, siendo embajadores de los Estados Unidos alrededor del mundo como marcas representativas de la cultura, los valores, y la calidad de la producción norteamericana.   

Aunque parece sobrada la fortaleza de los tópicos mencionados, la lógica del mercado y la globalización neoliberal, ideada y desparramada por el mundo por el propio Estados Unidos en las últimas décadas, indicarían lo contrario. Las administraciones ineficientes junto con la corrupción y la falta de competitividad, puntos en común que tienen las automotrices en cuestión, serían causales más que suficientes para decretar sus quiebras.

América Latina fue parte de este proceso y la Argentina fue uno de los mejores alumnos durante de la década de 1990´. Siguiendo las directivas del Consenso de Washington, las más grandes empresas estatales Argentinas fueron privatizadas por sus ineficiencias, la corrupción enraizada y la imposibilidad de proveer bienes y servicios en tiempo y forma. Y aunque YPF, ENTEL o SEGBA, entre otras, también representaban la historia y valores de nuestro país, para estas no hubo segundas opciones, revanchas ni salvatajes; las quiebras y posteriores privatizaciones fueron el único e irrevocable final.
Los resultados pueden ser discutidos: en términos generales, una mayor eficiencia relativa en la operación se contrapuso con despidos masivos, tarifas y precios elevados, y productos de regular calidad para los consumidores. En definitiva, resultados muy lejanos a la excelencia. 

La problemática no es la contradicción en sí. No es el hecho que solo un par de décadas atrás la demonización del Estado era moneda corriente en el mundo occidental y ahora es pedido a gritos para salvar las ineficiencias de las grandes corporaciones que hicieron de su ejemplo la transnacionalización económica. La diferencia es la posibilidad y la libertad de optar. La que los norteamericanos tienen cuando deciden rescatar y ayudar al sector privado para fortalecer al mercado, o estatizar las empresas para hacerse cargos de sus pasivos e intentar corregir sus falencias. Esta opción, que la Argentina no ha tenido en gran parte de su historia debido a las políticas pseudo-impuestas. Tanto por los gurúes del afuera como los cómplices del adentro.      

En definitiva, lo que queda claro es que para garantizar una verdadera igualdad y democracia internacional, cada Estado debe tener la opción de elegir y la autonomía para realizar las políticas domésticas más acordes y eficaces en beneficio de sus pueblos.
Entender la historia, aprender de los errores cometidos, y tomar de las experiencias a nivel internacional las políticas exitosas y las mejores prácticas para luego adaptarlas a las necesidades y recursos locales, debe ser el camino a seguir. De esta manera, evitaremos los rencores que provocaron ser solidariamente responsables de las  imposiciones externas que desembocaron en las crisis económicas que se vivieron en nuestro país en las últimas décadas. Y que todavía estamos pagando.    

Dos visiones sobre un mismo flagelo

Publicado en el diario BAE, 9 de Diciembre de 2008.

Autor: Pablo Kornblum

La semana pasada el gobierno de Bolivia firmó un convenio bilateral con el Brasil en el marco de la lucha contra el narcotráfico. Entre las prioridades del nuevo modelo de lucha antidrogas está la nacionalización, la regionalización y cooperación internacional para, en palabras del Ministro de Gobierno de Bolivia Alfredo Rada, “seguir llevando la lucha antinarcóticos de manera exitosa”. La declaración se dio luego de que el presidente Evo Morales suspendiera indefinidamente a la DEA, ya que según el primer mandatario, la agencia norteamericana había conspirado contra su Gobierno.
Resulta extraño que los Estados Unidos, la mayor potencia del mundo e impulsora de la globalización neoliberal capitalista, no comprenda la simple y elemental ley de Oferta y Demanda. Estados Unidos es el mayor consumidor de narcóticos del mundo, pero a su vez es el país que, supuestamente, realiza los mayores esfuerzos para luchar contra la producción y las redes de distribución de las drogas ilegales. Y aunque los teóricos Keynesianos se regocijarían explicándole a los gobernantes norteamericanas que la Demanda es la que estimula la Oferta, el poder ejecutivo norteamericano se rige por la única política que cree efectiva: matar al perro para acabar con la rabia.

En cuanto a los países productores, tenemos dos posturas diferentes. Por un lado, aquellos países que priorizan los intereses foráneos y puramente macroeconómicos; por el otro, los que comprenden al flagelo como una problemática socio-económica regional que debe ser analizada minuciosamente para poder balancear los costos y encontrar soluciones integrales.

En el primer grupo nos encontramos con Colombia y Méjico, países hasta el día de hoy aliados con los Estados Unidos y gobernados por elites locales que fomentan las relaciones carnales para percibir los beneficios políticos y económicos que esta relación conlleva (Tratados de Libre Comercio, lucha militarizada contra los grupos insurgentes, etc.), sin tener en cuenta los daños provocados a las economías regionales ni los impactos políticos y militares que desestabilizan las estructuras domésticas. En este sentido, las estadísticas indican que desde el comienzo del “Plan Colombia” en el año 2000, EEUU ha enviado aproximadamente 4.3 mil millones de dólares al gobierno colombiano para la lucha contra las drogas; siendo un 76% de este flujo solo para mejorar los recursos tecnológicos y humanos de las fuerzas militares. Pero si tomamos una foto actual de la situación del Plan, nos encontramos que los datos no son para nada alentadores: el precio de cocaína en EEUU ha bajado, tiene mayor pureza, y la superficie del territorio colombiano cultivado en coca ha incrementado 42%.

Brasil y Bolivia, por otro lado, tratan de encontrar soluciones de fondo a una problemática que tiene diversas vertientes y se encuentra profundamente enraizada en el tejido social. Para estos Estados, los cambios que se puedan producir no deben perjudicar ni debilitar un sistema productivo que debe ser reemplazado lo más rápido y eficientemente posible; incluyendo especialmente la recuperación de la microeconomía espacial, las condiciones medioambientales y los efectos derrame positivos sobre los puestos de trabajo que se generan en los polos industriales y agrícolas. Para citar un ejemplo, el ministro Rada declaró en el marco del convenio con Brasil que esta nueva política para Bolivia significa “la erradicación (de cultivos de la hoja de coca) sin violencia, sin matanza de campesinos, ni fumigaciones (de plantíos) que destruyan los ríos y las selvas”.

La solución no se encuentra en atacar los problemas como si fueran inconexos. Por el contrario, primero y fundamental es lograr solucionar los dilemas histórico-estructurales de los países productores que dependen en muchos casos de estos cultivos para motorizar la economía del país. Con un proyecto serio y a largo plazo, los Estados deben proveer gradualmente estructuras económicas sustitutas a través de políticas públicas que permitan mejorar las condiciones de vida de las poblaciones dependientes de las plantaciones productoras. Por otro lado, países altamente consumidores como los Estados Unidos deben realizar las políticas sanitarias preventivas y correctivas necesarias para concientizar a la población de los efectos adversos de estas drogas ilícitas. 

Para lograr estos objetivos, las relaciones bilaterales y multilaterales deben estar focalizadas claramente sobre las políticas estructurales específicas, en lugar de diluirse en  cuestiones macroeconómicas o geopolíticas generales donde solo se benefician grupos concentrados e intereses transnacionales que sacan provecho de las derivaciones de este flagelo. Por lo tanto, si los Estados no toman cartas en el asunto para atacar la raíz del problema, la problemática seguirá, como hasta ahora, enmarcada dentro de un simple mercado de Oferta y Demanda.  

Enfrentarse o adaptarse al mundo moderno

Publicado en el diario El Cronista Comercial, 3 de Diciembre de 2008.

Autor: Pablo Kornblum

http://www.cronista.com/notas/167127-enfrentarse-o-adaptarse-al-mundo-moderno

En el mes de Septiembre pasado, el Papa se reunió con el presidente Francés en París, donde coincidieron en la necesidad de un “laicismo positivo”, en equilibrio entre la neutralidad del Estado y la apertura a una presencia más incisiva de la religión.  

Esta visita se enmarca en una situación reflejada a la vista de todos: En Francia ha descendido en picada el número de católicos en los últimos 20 años, del 80% al 50,2%; y de los que se declaran de fe católica, solo 1 de cada 10 asiste regularmente a misa, se confiesa y comulga. Además, las iglesias están cada vez más desiertas y más de la mitad de los hijos de los franceses nacen fuera del matrimonio.

¿Qué lectura podemos realizar de esta situación?
Por un lado, el Estado, históricamente aliado de la Iglesia y promotor de la fe de sus ciudadanos, se encuentra con demasiados frentes problemáticos como para ocuparse de resaltar las virtudes de la misma. Solo el “auto-marketing” de los sacerdotes y obispos puede mantener a los adeptos y a su propio prestigio. 

Otro punto fundamental ha sido el desarrollo humano de la población. Hoy en día, con la crisis generalizada del sistema y el virtual desmantelamiento de los Estados de Bienestar donde se refugiaban las clases más desprotegidas, los ciudadanos, más educados e informados que décadas atrás, entienden que la Iglesia no les va a brindar soluciones a los problemas macro y microeconómicos de sus sociedades. Por lo tanto, los reclamos son focalizados hacia los otros actores del sistema, tales como el Estado, las empresas, los sindicatos, etc.

Finalmente, las revoluciones sociales y la globalización han asestado otro duro golpe. Las ideologías de izquierda, el feminismo, y los movimientos por el reconocimiento de las minorías sexuales, entre otros; sumados a la apertura de las comunicaciones, el turismo, y la posibilidad de acercarse, conocer y entender otras culturas y religiones, han llevado a muchos adeptos a alejarse del muchas veces rígido e indiferente sistema eclesiástico.

¿Qué medidas puede tomar la iglesia para revertir esta tendencia?
Buscando una analogía con la ciencia económica, la idea sería poder encontrar el equilibrio justo entre la Oferta y la Demanda. Tal cual empresa competiendo en el mercado, las soluciones se podrían encontrar focalizándose en la problemática coyuntural de las personas por un lado; flexibilizándose y adaptándose a las necesidades cotidianas por otro; y actuando de manera activa para colaborar con el buen funcionamiento del sistema.

En términos eclesiásticos, esto implicaría, por un lado, brindar ayuda económica a las personas más necesitadas ante el deterioro mundial que nos toca vivir. Por otro lado, sería importante lograr un mayor grado de flexibilidad ante la diversidad social surgida de un mundo cada vez más globalizado y diverso cultural e ideológicamente. Finalmente, sería clave ser un bastión, desde su histórico poder político y social, en la colaboración con los gobiernos de turno tanto para mantener la paz social, como para denunciar y proponer mejoras en las políticas públicas para mejorar la calidad de vida de sus fieles.       

Aunque para algunos pueda ser interpretado como una intromisión en otros poderes y/o la vida privada de las personas, el mostrar una iglesia proactiva y decidida a mejorar la calidad de vida de sus fieles y la comunidad toda, le devolverá la fe a muchos que, ante las nuevas dificultades con las que nos encontramos en el mundo actual, han perdido las esperanzas. De esta manera, la Iglesia se podrá convertir a futuro en una verdadera ayuda, ya sea tanto espiritual como terrenal.         

El dilema de la tercera edad

Publicado en el diario BAE, El Argentino, 3 de Noviembre de 2008.

http://www.elargentino.com/nota-13178-El-dilema-de-la-tercera-edad.html

http://www.lmneuquen.com.ar/suplementos/2008/11/9/793.php

Autor: Pablo Kornblum

En los últimos años, el mundo desarrollado ha planteado un gran dilema estructural: el como solventar una envejecida población creciente. Esto se debe principalmente a que en las últimas décadas, los avances en la medicina y los sistemas de seguridad social han permitido aumentar la expectativa de vida de los ciudadanos del primer mundo.

El dilema comenzó a ser discutido cuando estos países se encontraron con una población activa decreciente para solventar a esta población pasiva creciente. Ante esta situación, se han planteado diversas soluciones, todas de difícil concreción y un alto costo político: ya sea elevar el número de inmigrantes, aumentar impuestos, incrementar los niveles de producción y productividad, o retrasar la edad jubilatoria, entre otros. Pero aunque las discusiones son arduas, los países desarrollados tienen algo en claro: la situación de sus mayores es una cuestión social y no un problema de rentabilidad económica. Por lo tanto, las soluciones deben provenir por parte del Estado y no del mercado.

La situación de los países subdesarrollados difiere a la del primer mundo. Por un lado, las falencias socio-económicas imposibilitan el crecimiento de la longevidad, como así también fortalecen la sustentabilidad de la tasa de natalidad por la falta de educación y políticas públicas de procreación responsable. Pero el aspecto positivo que implica la estabilidad de la relación entre ciudadanos activos/pasivos, se contrapone con las cuestiones centrales a resolver para los países del tercer mundo: el como mejorar los indicadores de la población activa en relación al trabajo, la educación y la producción; en definitiva, en como proveerle herramientas a esta clase productiva para poder solventar económicamente al sector pasivo.

Dentro de este contexto, nos encontramos conque la ola neoliberal propagada por el mundo en la década del 90?, llevó a que algunos de sus mejores alumnos, todos ellos países del subdesarrollo, implementarán el sistema de capitalización. Siguiendo los lineamientos del consenso de Washington, cada individuo tenía derecho a capitalizar el dinero que le era propio, por lo que no era ético ni eficiente permitir que el Estado socialice los aportes obtenidos por cada ciudadano durante su vida laboral.

El dilema que surge es que para capitalizar un monto de dinero suficiente que le permita a los aportantes vivir los últimos años de su vida con dignidad, deben ocurrir dos situaciones fundamentales. Por un lado, a nivel estatal, debe existir una cierta estabilidad de las variables macroeconómicas, como así también una institucionalidad sólida y transparente (bajas tasas de inflación, eficiente administración gubernamental, etc.). Por el otro, los aportantes deben tener una vida laboral constante con salarios dignos. Por citar un ejemplo, la capitalización de aportantes que solo trabajaron de manera registrada por salarios de subsistencia la mitad de su vida activa, no será lo suficientemente rentable para que puedan recibir una jubilación o pensión que les permita disfrutar de una digna calidad de vida durante su vejez.

Los Estados más desarrollados comprendieron este concepto, y aunque se encuentren mejor preparados para enfrentar la idea de la capitalización individual, la inestabilidad de la globalización financiera internacional en el largo plazo ha vetado toda posibilidad de instaurar el sistema fronteras hacia adentro. Pero como en tantas industrias y servicios corporativos transnacionales, el proteccionismo interior se ha traducido en liberalismo exterior.

Para citar un ejemplo conocido, el gobierno Español regula los intereses de Telefónica dentro de la península ibérica, contrariamente a su política exterior donde defiende con rigor la rentabilidad corporativa ante los gobiernos del mundo. Lo mismo ha ocurrido con las AFJP. Con la ayuda de los gobiernos de sus casas matrices, las mismas han realizado acuerdos con las elites de los países del tercer mundo para que permitieran que se haga realidad un sistema que sería inviable política y económicamente en el mundo desarrollado.     
         
Para concluir, podemos decir que la crisis financiera global confirma las ineficiencias de un sistema de capitalización que solo brinda previsibilidad, solidez y rentabilidad en las épocas de bonanza. Solo el Estado, con un proyecto serio y sustentable a largo plazo, posee las herramientas, la información y el manejo de las variables macroeconómicas para el diseño de un sistema que asegure una digna calidad de vida para todos los jubilados y pensionados. Sobre todo para los millones de obreros y asalariados, que en un mundo cada vez más desigual y con crisis recurrentes, tienen poco o nada para capitalizar. 

La continuidad de un proceso

Publicado en el diario BAE, 28 de Octubre de 2008.

Autor: Pablo Kornblum

El domingo pasado, el partido del presidente Lula obtuvo resultados diversos en el ballotage que eligió a los alcaldes en las principales ciudades del país. En San Pablo, el actual alcalde, Gilberto Kassab, del conservador partido Demócrata (DEM), recibió 61% de los votos válidos, frente a 39% de la candidata del PT, Marta Suplicy. En cambio, en Belo Horizonte, Marcio Lacerda, del Partido Socialista pero aliado al PT, se imponía con el 59%. En Río de Janeiro en tanto, por un margen muy apretado, Eduardo Paes (PMDB), aliado allí al oficialismo petista, lideró la elección con 51% de los votos sobre Fernando Gabeira, un ex guerrillero ahora del Partido Verde, con 49%.

A pesar de que la lectura de estas elecciones puede bifurcarse en dos escenarios diferentes, uno con un PT más fortalecido y otro con una mayoría opositora de izquierdas  con posibilidades de ser gobierno en las próximas elecciones, la pregunta que se realizan muchos analistas es si realmente podremos observar un cambio de paradigma en la estructura socio-económica del Brasil. La respuesta, si nos sumergimos en la historia reciente del Brasil, probablemente sea negativa.

Las políticas industrialistas que impulsaron los militares en las décadas de 1960 y 1970, sentaron las bases económicas del país. A pesar de contar con una estructura socio-económica desigual, los fundamentos macroeconómicos fueron lo suficientemente sólidos para que las elites brasileñas dejen sentado a nivel internacional la importancia de Brasil, ya sea tanto como potencia regional, como así también como productor y proveedor de materias primas a nivel internacional.

Con el retorno a la democracia, las bases de la política económica no cambiaron.  Las malas administraciones y la corrupción gubernamental, solo alimentaron la necesidad de un cambio de rumbo, aunque el destino era incierto ante un mundo que vivía un proceso de crisis estructural.
Muchos creyeron que el cambio había llegado con la victoria electoral de Fernando Henrique Cardoso, que con un pasado brillante como teórico de la izquierda latinoamericana, traería consigo las banderas del cambio radical. Pero no fue así: su gobierno aceptó el juego internacional de las políticas neoliberales de moda, aunque siempre respetando y defendiendo las necesidades de los industriales y terratenientes del Brasil. Las clases trabajadoras, una vez más, quedaron postergadas.

Pero tuvieron su revancha. En los albores del siglo XXI, el obrero metalúrgico Luis Ignacio Lula da Silva se convertía en el primer presidente representativo de los trabajadores del Brasil. Su pasado como sindicalista defensor de los derechos de la clase obrera, logró unificar a las fuerzas de izquierda a través de su Partido de los Trabajadores, alimentando la esperanza de inclusión social y eliminación de la pobreza en todo el territorio nacional.

Pero el tiempo no logró limar las asperezas de las distintas facciones que habían llevado al PT al poder. A la izquierda radical no le alcanzó el incremento de las políticas sociales que mejoraron los indicadores de calidad de vida de las masas; ellos esperaban una reforma de 180° que cambie la relación de fuerzas entre las clases sociales del Brasil. Esta situación nunca ocurrió. Lula mantuvo, por un lado, sus lazos económicos internacionales a través de una política diplomática de excelencia. Pero además, también profundizó el poder de las clases dominantes domésticas a través de la continuidad de las mismas políticas que en las últimas décadas le dieron vigor a las variables macroeconómicas y a las fuerzas productivas del Brasil.

¿Qué pasará de aquí en más, tanto en Brasil como en la región?
Con o sin el PT en el poder, es muy poco probable que observemos cambios ya sea tanto en las políticas de largo plazo, como en la estructura socio-económica y de poder del gigante Sudamericano. La izquierda ha llegado siempre al poder con un discurso tendiente a la confrontación ideológica, pero una vez conquistado el mismo y aunque las políticas gubernamentales han variado desde el espectro más liberal hasta intervenciones más populistas, nunca se han producido cambios en el status quo o en las políticas desarrollistas de largo plazo.

Esta situación trae cierta previsibilidad a la región. Salvó hechos puntuales coyunturales que pueden afectar a las políticas de corto plazo, los países sudamericanos conocen y aprecian la estabilidad macroeconómica que brinda la potencia regional. Por lo tanto, se puede planificar una política bilateral sin temor a encontrarse con sorpresas de tipo cambiario, financieras o comerciales. Si a esto le sumamos una diplomacia que mezcla cordialidad, defensa de los intereses regionales, y liderazgo explicativo de la problemática latinoamericana (desigualdad social, necesidad de liberación comercial de materias primas, deuda externa, etc.), los vecinos sudamericanos podemos dormir tranquilos: el gigante brasileño tiene más aspectos positivos que negativos para ofrecer. 

Sombrías perspectivas para una paz duradera

Publicado en el diario El Cronista Comercial, 10 de Octubre de 2008.

Autor: Pablo Kornblum

El conflicto entre Rusia y Georgia observado el mes de Agosto pasado nos ha retrotraído a tiempos no tan lejanos. La consecuente retirada georgiana de los territorios de Osetia del Sur y Abjazia ante la clara demostración de poder ruso, nos obliga a focalizar la mirada en la fragilidad de la paz internacional y sus repercusiones en el mediano y largo plazo.

Haciendo un poco de historia, desde los comienzos de los Estados-Nación hasta las primeras fases de la Revolución industrial y el incipiente desarrollo del sistema capitalista, la dominación de los Estados más fuertes sobre los más débiles y sus colonias, les permitían a los primeros satisfacerse a su conveniencia de los recursos humanos y naturales necesarios para fortalecer sus economías y engrandecer aún más sus dominios.
En los últimos años, nos hemos encontrado con que la pseudo-debilidad de los Estados Unidos y su consecuente descrédito político y militar a nivel internacional, impensado para muchos luego de la caída del muro de Berlín solo dos décadas atrás, ha llevado a que Estados populosos, con un pasado de gloria y un creciente poderío económico, hayan decidido tomar un rol activo y volver a convertirse en actores de peso en el escenario mundial.  

Entre los ejemplos más acabados, nos encontramos con China e India. Estos países han crecido a tasas sin precedentes en las últimas décadas, diversificando y expandiendo sus inversiones en los cinco continentes, y a su vez  acompañando este proceso con un incremento exponencial de su poderío militar basado en la magnitud de sus fuerzas armadas y una importante mejora tecnológica. 
Irán presenta un caso similar. Un Estado dogmático basado en su riqueza petrolera, que se balancea políticamente entre la democracia y la teocracia según su conveniencia coyuntural, ha centrado su poderío en el desarrollo de energía nuclear que podría ser utilizada en la creación de ojivas atómicas, con el objetivo último de ser el poder referente en la región. 
Tampoco podemos olvidarnos de Rusia. Después del derrumbe soviético y la desastrosa política económica aplicada en los años 90´, el ex-presidente Putín decidió realizar un cambio de rumbo y el Estado volvió a tomar las riendas de la economía y la diplomacia en los albores de esta década, desarrollando y expandiendo sus posibilidades económicas-energéticas y militares sobre una región que su pueblo y sus gobernantes todavía la sienten con un dejo de pertenencia. 

En la actualidad, nos encontramos dentro del contexto mundial más desfavorable de las últimas décadas. La escasez de fuentes de energía y de alimentos ha provocado tensiones en las diferentes regiones del globo. Además, los graves problemas relacionados con la estructural concentración de la riqueza y su consecuente ampliación de la brecha entre ricos y pobres, la inmigración desmedida y descontrolada, el encarecimiento de los servicios de salud, y la falta de oportunidades educativas y laborales que se vienen profundizando en casi todos los Estados del planeta, potencian los efectos negativos y dejan a muchos gobiernos incapaces de maniobrar e impotentes ante el intento de realizar políticas que resultan ineficaces para brindar una mínima calidad de vida digna para con sus habitantes.

Los Estados poderosos han comprendido esta situación e intentan entremezclar de manera confusa la diplomacia, los intereses morales, políticos y económicos. Esta cortina de humo nos permite, como los primeros síntomas vividos en épocas que parecían ya superadas, vislumbrar el fantasma del militarismo que retorna con fuerza a la escena internacional.   

Debate sobre ganadores y perdedores

Publicado en el diario BAE, 7 de Octubre de 2008.

Autor: Pablo Kornblum

Las elecciones en los EEUU se encuentran a la vuelta de la esquina y los candidatos presidenciales se encuentran en pleno debate, esforzándose para lograr sacar ventajas sobre una aleatoriedad de miedos y dudas que plantean los votantes.
Aunque los temas son diversos y las discusiones álgidas, podemos encontrar un patrón común sobre la totalidad del temario de ambos candidatos y partidos: ¿Quiénes son los más perjudicados de la crisis actual que vive la nación, y de la que no existen perspectivas de una salida airosa en el corto o mediano plazo?

Sin lugar a dudas, los más perjudicados son las clases medias y trabajadoras. Y aunque tradicionalmente los candidatos, partidos y debates se han centrado en un país unido que busca el beneficio para el conjunto de la sociedad norteamericana, la diferenciación en la aplicación de políticas pareciera que será clave para ganar las próximas elecciones del mes de noviembre.

Nos encontramos con una realidad innegable. Por un lado, la crisis financiera ha socavado los ahorros de muchos trabajadores que habían depositado su futuro en bancos insolventes; para peor, el actual salvataje financiero aprobado solo trasladará las pérdidas a sus hijos y nietos. Por otro lado, los soldados que pelean en Irak son parte de esa clase empobrecida que ven la guerra como la salida para lograr una residencia, conseguir un trabajo estable, o recibir una pensión para sus familias; esto sin dejar de lado el enorme y descontrolado gasto militar, muchas veces financiado por la transferencia de fondos proveniente de la cancelación de programas sociales gubernamentales.

En cuanto a los temas que no se encuentran en la picota, pero no por ello son menos importantes, los dilemas de la inmigración, los tratados de libre comercio, el aborto, y los programas sociales entre otros, también tienen implicancias altamente negativas sobre los sectores más necesitados. Las clases medias y trabajadoras ya sienten la competencia ardua con los inmigrantes por el trabajo que comienza a escasear, como así también por los puestos de trabajo que se mudan a economías más rentables por los bajos costos laborales. Y como se mencionó con anterioridad, la cancelación de muchos programas sociales ha llevado a la inaccesibilidad para millones de norteamericanos de una cada vez más costosa salud, solo para citar un ejemplo. Si a esto le sumamos la falta de recursos para los programas de educación, programación familiar y salud reproductiva, las perspectivas para una creciente y cada vez más necesitada y castigada clase media-trabajadora, son al menos, sombrías.              

Los candidatos parece que comprendieron la situación y están intentando seducir al electorado más castigado. En el debate de los vicepresidentes, Palin afirmó: «La gente tiene miedo, tiene miedo de no poder mandar más a los chicos al colegio, de no poder sacar más préstamos». El candidato a vicepresidente demócrata no dudo en responder, y describió uno a uno todos los recortes impositivos que propuso Bush, aprobó McCain y que beneficiaron a los más ricos. Biden prometió que esta situación cambiará si Obama es presidente. «No lo llamamos redistribución [del ingreso]. Lo llamamos justicia».
Después de la aprobación del rescate del sistema financiero por parte de la cámara de representantes, John McCain también se focalizó en el electorado más castigado afirmando que el rescate debe «ayudar a las clases medias y no a Wall Street». Sin quedarse atrás, Obama instó al gobierno que ?estructure la compra de estos activos de una forma que proteja a quienes pagan impuestos». Su referencia era obvia: a diferencia del sistema financiero y los grandes flujos de capital que eluden impuestos utilizando artimañas contables y fiscales, las clases trabajadoras soportan todo el peso de los impuestos que sobrellevan cada día en la economía real.

A un mes de la contienda electoral, ningún candidato ha sacado una ventaja definitiva. Las viejas épocas de guerra fría, de los enemigos externos en común, del efecto derrame de la bonanza económica, y de las pensiones y jubilaciones de todos los norteamericanos girando a través de la ruleta rusa de Wall Street y el mundo financiero, parecen no convencer más al pensamiento del votante medio norteamericano. Comprender esas especificidades y focalizarse en ellas, puede ser la clave para sacar la ventaja definitiva. El cumplimiento o no de estas promesas electorales una vez terminadas las elecciones, será otra historia. 

Nueva versión de Guerra Fría en Sudamérica

Publicado en el diario BAE, 23 de Septiembre de 2008.

Autor: Pablo Kornblum

Unos días atrás, el presidente Chávez confirmó que en el próximo mes de noviembre, Rusia y Venezuela realizarán en el Caribe un ejercicio militar conjunto inédito, para el que vendrán mil militares rusos y cuatro barcos, entre ellos la nave con capacidad nuclear llamada «Pedro El Grande», con capacidad para lanzar hasta 500 misiles. Mientras tanto, Evo Morales lanzaba una alianza con Moscú. «Siento que hemos perdido dos años y medio al no profundizar las relaciones con Rusia», dijo al sellar un acuerdo con el gigante energético ruso Gazprom y la francesa Total para la exploración de nuevas reservas de gas y petróleo en Bolivia, con inversiones por 4.500 millones de dólares.

La caída del muro de Berlín y el ?Fin de la Historia? de Fukuyama, nunca hubieran dejado entrever que menos de dos décadas después, la doctrina Monroe del control norteamericano en Sudamérica se encontraría enterrada en los libros de historia.  

Apenas entrados los años 90´, EEUU intentó completar el histórico dominio político y militar en la región con la concreción de la Alianza para el Libre Comercio de las Américas (ALCA). Pero su propuesta cayó en el peor momento: El neoliberalismo propuesto desde Washington a través del Fondo Monetario Internacional estaba destruyendo gran parte de las economías domésticas y regionales; y solo unos años más tarde, el voto popular ya comenzaba a reflejar este malestar a través de importantes cambios en la región.

Chávez en Venezuela, Morales en Bolivia, Lula en Brasil y Kirchner en Argentina llegaron al poder y decidieron dar vuelta la página: desde su postura progresista, buscaron insertarse en el esquema de la globalización entendiendo que una solución bilateral ?carnal? con los EEUU no iba a resolver las graves problemáticas domésticas de la región. 

Hoy en día, el mix entre el proceso de integración regional y el desarrollo de vínculos multilaterales sin exclusión, han logrado que las fronteras sudamericanas se abran al mundo para la entrada de las grandes potencias.
En este sentido, Rusia, después del derrumbe soviético y la desastrosa política económica aplicada en los años 90´, decidió realizar un cambio de rumbo y el Estado volvió a tomar las riendas de la economía y la diplomacia en los albores de esta década, desarrollando y expandiendo sus posibilidades económicas-energéticas y militares. Primero sobre la región que su pueblo y sus gobernantes todavía sienten con un dejo de pertenencia, como son los ex satélites de la Unión Soviética; y ahora, en diversas regiones del mundo donde nunca habían tenido una presencia física importante con anterioridad, como es el caso de América del Sur.

En este contexto, EEUU busca retener a sus bastiones en la región, con Colombia como eje principal y con ciertos importantes acuerdos comerciales con los gobiernos de Chile y Perú. Mientras tanto, Rusia, con la chapa ideológica y militar que le brinda su historia, intenta aprovechar los nichos políticos y económicos que se encuentran cada vez más distantes de las políticas norteamericanas.

¿Qué consecuencias puede tener esta situación a futuro?
La problemática nos indica que los ojos y la preocupación actual de los EEUU esta puesta en su grave crisis económica y financiera, las elecciones presidenciales del próximo mes de Noviembre, y el desenlace de su fallida intervención militar en Medio Oriente.

Mientras tanto, el ?intruso? Ruso avanza en la región. En un nuevo mundo donde reina la escasez de recursos y la inestabilidad diplomática, los rusos saben que el mejor posicionamiento en el tablero internacional puede ser clave para cualquier negociación futura con los EEUU y el resto de las potencias surgidas luego del declive norteamericano.  

Las implicancias de cualquier diferencia política, económica o militar que pueda surgir, ya sea tanto en el corto como en el mediano plazo, voltearán automáticamente la mirada de los EEUU hacia el sur. Y seguramente, en una región históricamente tan convulsionada política e ideológicamente, cualquier desenlace se potenciará hasta consecuencias impredecibles. Quien dice, inclusive en una nueva ?guerra fría?. Pero ahora, en el patio de casa.

Amistades peligrosas

Publicado en el diario BAE, 9 de Septiembre de 2008.

Autor: Pablo Kornblum

El viudo de Benazir Bhutto, Alí Zardari, ha sido proclamado nuevo presidente de
Pakistán. El marido de la ex premier asesinada, resultó ganador de la elección parlamentaria del sábado pasado con el 91% de los votos. A pesar de que la mayoría de la gente no lo ve con buenos ojos por su pasado polémico, su fama de corrupto y sus estrechas relaciones con los EE.UU., muchos se preguntan como repercutirá su elección sobre la lucha contra el terrorismo internacional y la estabilidad regional.

Los Paquistaníes han sufrido, en las últimas décadas, regímenes dictatoriales corruptos, ilegítimos, e incapaces de brindar una calidad de vida digna para con la mayoría de sus habitantes. Sus gobernantes no pueden esconder una realidad que a simple vista refleja una ineficaz distribución de la riqueza y la falta de una democracia sólida y transparente. 

Pero siete años atrás, este país musulmán de ubicación estratégica en el continente asiático, pasó a ser una estrella dentro del escenario internacional. Después de los atentados del 11 de Septiembre y la invasión de EEUU a Afganistán, el régimen dictatorial de Pervez Musharraf  dejo de ser solo un actor de importancia regional con una historia de disputas militares y religiosas de medianas consecuencias para la diplomacia mundial, para convertirse en un aliado incondicional de los EEUU en la lucha contra el retrógrado, sub-desarrollado y desacreditado régimen de los Talibanes en Afganistán.

La lucha contra el terrorismo mundial se concentraba en sus fronteras y Musharraf se encontró ante una oportunidad histórica para legitimar su gobierno y acceder a los beneplácitos económicos y militares que implica una alianza con los EEUU. En ese momento, muy pocos se cuestionaron esta relación de los EEUU con un país que ameritaba, por su fallida institucionalidad democrática y escaso desarrollo social, estar más cercano a países enemigos de los valores norteamericanos que a sus tradicionales aliados occidentales.

Hoy en día, la situación se ha revertido 180°. Las aventuras guerreras de los EEUU alrededor del mundo han fracasado y son altamente ilegitimadas por la mayoría de la comunidad internacional. Por otro lado, el desarrollo atómico derivado del conflicto con la India y Afganistán, ha llevado a que el foco de las políticas gubernamentales se centren en la carrera armamentista en lugar de buscar el desarrollo del sistema productivo doméstico. Ambas situaciones terminaron siendo potenciadas por la adversa coyuntura internacional en la que el mundo se encuentra inmerso en la actualidad, donde el gobierno no ha tenido respuestas al deterioro socio-económico que representan los sostenidos incrementos de los precios energéticos y de alimentos.

Para el presidente electo, un cambio de rumbo es necesario. La historia ha enseñado que Estados que solo se han focalizado en incrementar su potencial militar, han dejado de lado las necesidades básicas de su pueblo. Este ha sido el caso de la URSS, que sin abandonar hasta los últimos momentos de la guerra fría su carrera armamentista, terminó implosionando al propio régimen comunista. Por otro lado, también se debe tener en cuenta que aquellos países que se han concentrado solo en cultivar y desarrollar relaciones bilaterales, terminaron erosionando los intereses de la mayoría de los sectores domésticos. Varios países latinoamericanos pueden dar fe de su estructural dependencia de los EEUU y sus consecuencias negativas muchas veces irreversibles para una gran cantidad de sectores socio-económicos.

¿Qué medidas debe tomar el presidente electo? Aunque parezca paradójico, la clave podría ser imitar el proyecto de su enemigo y vecino país, la India. Con una política doméstica focalizada en el desarrollo de polos tecnológicos en industrias diversas y su consecuente incremento del mercado interno, sumado a su reciente inserción internacional a través de fuertes inversiones y la exportación de servicios diversificados en los cinco continentes, han convertido a la India en una potencia respetada a nivel internacional.

Este crecimiento interno con foco internacional, seguramente proveerá mejores resultados para una población cansada de políticas que favorecen a una minoría de grupos concentrados embebidos de corrupción; o de una relación bilateral con los EEUU, que no solo es considerado por su población como un país enemigo de los musulmanes, sino que además va en contra de una multilateralidad que parece ser el destino final del mundo globalizado.
En definitiva, el contexto positivo que se vivió siete años atrás ha sido malgastado y se ha revertido hasta llegar a este presente oscuro y sin perspectivas. Está en manos de Zardari y su gobierno dar vuelta la historia y quién dice, encontrarnos en un futuro no muy lejano otra vez dentro de un ciclo con una perspectiva positiva para todos los paquistaníes.

La mejor defensa es el ataque

Publicado en el diario BAE, 25 de Agosto de 2008.

Autor: Pablo Kornblum

En las últimas semanas, John McCain ha ganado terreno y algunas encuestas ya le dan una leve ventaja sobre Barak Obama. Por otra parte, el candido demócrata presentó el sábado a su candidato a vicepresidente, el senador por Delaware Joe Biden. Ante esta situación nos podemos preguntar: ¿Cuáles son las estrategias tomarán ambos candidatos en esta última etapa de la campaña?

Hay una situación inobjetable. El partido del candidato republicano vive la peor situación económica y diplomática de las últimas décadas. McCain lo ha entendido: sabe que muchas de sus ideas, como las relacionadas con la economía y la política exterior, se asemejan a las del descreído actual presidente George W. Bush. Otras, como las relacionadas con el aborto o la inmigración, se acercan demasiado al pensamiento demócrata y podrían causar un resquebrajamiento dentro de su partido, lo que conduciría inevitablemente a la pérdida de la elección. Por lo tanto, los asesores de su partido han dado una vuelta de tuerca y ahora plantean una estrategia mucho más redituable: La de atacar a su rival en lugar de resaltar las capacidades y fortalezas propias para gobernar la Nación.

Después de su ?verano preelectoral?, Obama comenzó a sentir los coletazos de su pasividad y el desgaste de su larga contienda intrapartidaria. Por lo que elección de Biden como vicepresidente es una muestra de cambio de estrategia: A partir de este momento, su campaña atacará y contraatacará los embates republicanos. Citando el ejemplo más claro, lo primero que hizo Biden apenas recibió su designación fue burlarse de la entrevista que el candidato republicano John McCain dio a Político, un diario del Congreso, en la que dijo que no recordaba cuántas casas y condominios tiene. Además, aseveró que McCain no está en condiciones de saber lo que los estadounidenses discuten en sus cocinas cuando comen, ya que «A él lo que le preocupa es en cuál de las 7 cocinas que tiene se va a sentar esta noche».

Ahora bien, ¿Cuáles son los principales focos de ataque del candidato republicano?
Por un lado, McCain destaca la inexperiencia de su contrincante. Para la sociedad norteamericana, la experiencia es un valor fundamental y necesario para cumplir el rol presidencial. Los republicanos saben que atacar la inexperiencia de Obama es algo difícil de refutar. El candidato demócrata, de tan solo 47 años, no tiene en su currículum el patriotismo y la valentía que dejan las guerras; como así tampoco el conocimiento que brindan los años de gestión y los difíciles pasillos de Washington.
Obama quiso acallar estos reclamos y con la elección de Biden, trae al escenario a un hombre de 65 años, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores y uno de los pesos pesados de la política exterior de EE.UU. En Washington es conocido por su locuacidad, su ironía y su capacidad argumentativa (algo que algunos llaman arrogancia e imprudencia verbal), y se le admira el temperamento para mantenerse amable incluso en los momentos más tensos.    

El otro argumento fuerte del candidato republicano comenzó con el fructífero discurso de Obama en Berlín, ante más de 100.000 personas y que todos los analistas han considerado un éxito de gran impactó visual y diplomático. McCain, inmediatamente luego del discurso, declaró en los medios que a Obama le importaba más la felicidad y el apoyo de los alemanes que los intereses de los ciudadanos norteamericanos. Y acentuó su falta de patriotismo, indicando que es demasiado intelectual y se encuentra muy lejos del pensamiento y las necesidades del estadounidense medio. En este sentido, y a diferencia de Obama que no brindó precisiones sobre su posición, dio como ejemplo su decisión de levantar la existente prohibición de exploración off-shore. De esta manera se podría aumentar la producción y la oferta de crudo, con la consecuente baja de precios de la nafta y el alivio en los bolsillos de la clase media y trabajadora norteamericana.       
Para contrarrestar estos ataques, Biden le provee a Obama un muy buen contacto con los trabajadores. El actual senador por Delaware toma todos los días el tren para volver a su casa y no duda en sentarse a tomar una cerveza en un bar con un grupo de obreros. Como Obama lo ha presentado, ?Biden es un hombre de Estado con un juicio profundo que no ha olvidado sus orígenes humildes ni ha perdido su esencial decencia».

A dos meses de las elecciones, la pasividad ya es parte del pasado. Atacar las debilidades del otro y ofrecer propuestas concretas será la clave para conquistar a un multifacético, impredecible y sorprendentemente interesado electorado norteamericano. Los candidatos ya saben lo que deben hacer de aquí en más. Solo habrá que esperar un final que, por ahora, permanece abierto e incierto.