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Latinoamérica avizora estabilidad con el segundo periodo de Obama

http://www.eldeber.com.bo/especiales/EEUU/nota.php?id=121107023438

Pablo Kornblum – CAEI (Centro Argentino de Estudios Internacionales)

La región no es prioridad para EEUU. Obama ganó y no va cambiar su relación con América Latina. Ninguno de los dos candidatos se había dirigido hacia la cuestión latinoamericana con énfasis. Es más, lo que hay que destacar es que América Latina ha sido dejada de lado en estas elecciones. Por supuesto, Obama y Romney tienen visiones diferentes. Obama tiene una mirada un poco más pragmática hacia la región; con ese pragmatismo buscó facilidades para negociar. Esto lo ha conseguido con gobiernos de dirección política de libre mercado, como Chile y aun Brasil. No se busca cambiar el status quo actual de las relaciones y trata de sacar las ventajas que sean posibles de una región que hoy no es prioridad para ellos. Si Romney ganaba, quizás se habría retomado la división del escenario político remarcando quienes son ‘enemigos’ y quienes son países ‘amigos’, que hubo con Bush. En ese sentido, uno podría identificar como claros enemigos de una administración republicana a Venezuela, Bolivia y Ecuador. EEUU está muy ocupado con Oriente Medio y la guerra y con su relativa pérdida de poder geopolítico mundial frente a un escenario de multilateralismo creciente

El déficit comercial, un escollo más para el gobierno de Obama

Publicado en el diario BAE, 15 de Febrero de 2011.

Autor: Pablo Kornblum

La situación de Estados Unidos no mejora. El déficit de su balanza comercial aumentó un 32,8% en 2010 y alcanzó los 497.824 millones de dólares, según informó el Departamento de Comercio Norteamericano. Este contexto adverso nos lleva a analizar una serie de variables que van más allá de una política comercial ineficiente.

Por un lado, tal como es propuesto por los Organismos Internacionales, los Mercados y los Bancos Centrales, una balanza comercial y de pagos superavitaria debe ser una meta de todos los gobiernos – aunque difícilmente se cumpla en un mundo comercial de suma cero -. Sin embargo, el consenso del régimen internacional hacia el “déficit 0” parece no mellar en el ideario de los sucesivos gobiernos norteamericanos. Lo interesante es que las presiones internacionales – con los PIGS como caso emblemático -, no parecen incidir en el margen de maniobra norteamericano, probablemente debido a que los flujos internacionales de origen norteamericano o con profundos intereses en la estabilidad sistémica (sobre todo en relación a las implicancias que pueden ocasionar cambios bruscos en la moneda norteamericana) no desean atacar a la influyente gran superpotencia mundial. En definitiva, nunca más certero el dicho que indica “has lo que yo digo, pero no lo que yo hago”.   

En el mismo sentido, cerrar la brecha externa y fortalecer la balanza comercial requiere la voluntad política para lograr un incremento en las exportaciones o una disminución de las importaciones. Disminuir las importaciones significaría, principalmente, reducir fuertemente el consumo de bienes importados, en particular los artículos provenientes de China. En este sentido, el déficit comercial de Estados Unidos con China en 2010 se incrementó en un 20,3%, alcanzando los 273.066 millones de dólares. Este escalofriante dato equivale al 43% de todo el saldo negativo en el intercambio estadounidense de bienes en 2010.

Sin embargo, en un momento político donde el gobierno ha perdido fuertemente su legitimidad, promover un cambio paradigmático para con el motor vital de la sociedad norteamericana podría significar un suicidio político. Por lo tanto, el objetivo del presidente Obama se centra en incrementar los saldos exportables. Aunque durante el año 2010 las exportaciones se expandieron el 16,6% y alcanzaron los 1,83 billones de dólares, lejos está la meta gubernamental en el cual las exportaciones sumen cerca de 3,14 billones de dólares para el 2015. Para ello, se requeriría que crezcan a una tasa del 15% anual; objetivo difícil de lograr en un contexto económico y geopolítico mundial tan inestable.

Más aún, incrementar los saldos exportables no solo implica debilitar aún más el ya alicaído dólar; también requiere aumentar la competitividad vía mejoras en la productividad e innovación. En este sentido, el gobierno norteamericano debe prestar atención a otro síntoma de alerta: a diferencia del incremento en las importaciones de bienes de consumo, las importaciones de bienes de capital disminuyeron en 469 millones de dólares en Diciembre del año pasado, acentuando la tendencia interanual decreciente. En este sentido, los impactos negativos en cuanto a la inversión y sus derivaciones en términos de competitividad internacional, no son un buen augurio para el gobierno de Obama.

Por último, debemos recalcar que el alza de los precios del petróleo también ayudó a ampliar el déficit comercial en el 2010, ya que el precio promedio del barril subió a 74,66 dólares desde los 56,93 en el 2009. Para citar solo un ejemplo, las compras de productos vinculados a la energía subieron desde 25.220 millones de dólares en noviembre a 29.200 millones en diciembre. Pero eso no es todo. En el último mes del año las importaciones de alimentos y forraje se elevaron en 191 millones de dólares, para alcanzar un récord histórico de 8.030 millones. Esto implica que la economía norteamericana no ha estado salvaguardada de la tendencia global creciente de los precios de los commodities. En un país tan densamente poblado y sumamente interconectado a nivel nacional, la dependencia de los recursos agrícolas y energéticos para movilizar los factores productivos, bienes y servicios, debe ser un tema central dentro de la agenda presente y futura del gobierno.

En definitiva, el gobierno de Obama encuentra en el rojo de la balanza comercial una serie de profundos frentes estructurales con los que debe lidiar. Mientras las respuestas escasean, el mercado no tardó en reaccionar: el Viernes pasado, apenas se conoció la noticia, el S&P 500 perdió un 0,25%, el Nasdaq un 0,23%, mientras que el Dow Jones retrocedió un 0,21%. En este sentido, un cambio positivo de expectativas de los consumidores y el sector empresario es una condición primaria necesaria – aunque insuficiente- para torcer el rumbo actual. Porque mientras el ejecutivo no demuestre un programa sólido de política económica de largo plazo, se aleja la posibilidad de sentar las bases hacía un verdadero modelo sustentable dentro del complejo mundo actual.

El sinceramiento como único camino hacia un mundo inclusivo

Publicado en el diario BAE, 08 de Febrero de 2011.

Autor: Pablo Kornblum

El XI Foro Social Mundial (FSM) ha comenzado en Dakar, Senegal, con el objetivo de debatir alternativas a un contexto global marcado por una profunda crisis del sistema neoliberal. El mismo se lleva a cabo solo unas semanas después de concluido el Foro Económico Mundial de Davos, donde los grupos empresarios más significativos a nivel internacional se dieron cita para discutir, según su óptica, las problemáticas mundiales en materia económica.  

Para delinear un punto de dialogo justo entre estos dos Foros antagónicos, es interesante poder encontrar algunos temas de interés común. Para comenzar, la destrucción de nuestra naturaleza no reconoce fronteras ni clases sociales. El mundo es uno solo y los fenómenos climáticos golpean tanto a ricos como a pobres. Despojarse de cualquier tipo de responsabilidad individual escudado en las todavía difusas cargas colectivas, ya no es excusa para aquellos grandes contaminantes del medio ambiente global. 

Por otro lado, el Foro de Davos promueve la democratización del sistema, reforzando la libre y justa competencia promulgada por los padres de la teoría liberal económica. Sin embargo, la concentración de la riqueza derivada especialmente de los monopolios fomentados por los Lobbys y los grupos de interés – entremezclando muchas veces la falta de eficiencia con prácticas corruptas -, contradicen las bases teóricas sobre las que se asientan muchos reconocidos gurúes del ámbito internacional. 

En el mismo sentido, la teoría de la libre movilidad de los factores productivos parece haber quedado en los anales de los libros de historia. La globalización es solo para el capital físico y financiero; mientras las presiones de los excluidos, parias de un sistema que no los contiene social ni econonómicamente bajo ningún ámbito nacional, continúan incrementándose día a día. Como lo indicó el presidente Morales en su discurso durante la inauguración del FSM, “»hay políticas para expulsar a los pobres, pero no políticas para expulsar a los ricos». En consecuencia, las tensiones sociales resultantes enrarecen el clima social e impactan directamente sobre la inseguridad y la violencia, afectando a todos los grupos sociales sin discriminación alguna.

En otro punto de análisis, la actual situación estructural conllevará, más temprano que tarde, a un mundo donde reinará la escasez de aquellos bienes imprescindibles como los alimentos y el agua – un importante tema a debatir en el FSM será la soberanía alimentaria-. Los primeros afectados serán los más pobres; sin embargo, las consecuencias posteriores serán una fuerza de trabajo que mermará en su productividad y afectará los intereses de empresarios que requieren de un capital humano preparado – recordemos que en la actualidad todavía existen 759 millones de personas mayores analfabetas en el mundo – para enfrentar un mundo cada vez más competitivo.  

La exclusión y la recesión también afectan a los grupos de interés. El crecimiento de las nuevas potencias económicas emergentes ha salvaguardado los peores efectos de la crisis del desarrollo, desviando la atención y los intereses de producción y venta hacia los nuevos mercados emergentes. Sin embargo, en un mundo de desigualdades crecientes en todas las regiones, los efectos sobre el consumo terminarán impactando negativamente en toda la cadena de producción corporativa global. Como lo indica la integrante del Consejo del Foro Social Europeo, la italiana Rafaella Bolini, “Tenemos que tener otro modelo de producción y de consumo para recrear un sistema sustentable».

Finalmente, los líderes mundiales fomentan, al menos en su discursiva, la autodeterminación de los pueblos y la necesidad de fomentar políticas endógenas específicas de acuerdo a los requerimientos de cada Estado-Nación. En este sentido, el mismo representante del Foro del Tercer Mundo, Bernard Founou-Tchigoua, ha destacado la celebración del FSM en Dakar como vía «para que se hable de que los africanos pueden pensar por sí mismos y hacerse su propio destino». Sin embargo, cuando los intereses concentrados corren peligro o los mercados se encuentran cerca del derrumbe – como pasa actualmente en la crisis de los PIGS-, los líderes mundiales, los Organismos Internacionales (el más claro ejemplo es el FMI), y las calificadoras de riesgo globales son los primeros en “aconsejar” y dictaminar cuales son las políticas más convenientes para el futuro de los pueblos del mundo.  

En definitiva, la profundización del sistema ha reavivado la lucha de clases; principalmente debido a los enormes intereses particulares cortoplacistas que ciegan cualquier atisbo de construcción colectiva de largo plazo. Solo un sinceramiento de todos los actores, sobre todos los más poderosos y responsables, será el único camino que podrá llevar a un equilibrio donde reine la justicia económica y una digna calidad de vida para todos.

Los intereses internacionales priman sobre el futuro de los egipcios

Publicado en el diario BAE, 01 de Febrero de 2011.

Autor: Pablo Kornblum

Cuando el entonces presidente egipcio Anuar El Sadat era asesinado 30 años atrás, su vicepresidente Hosni Mubarak, sentado junto a él en el palco del ataque, resultó prácticamente ileso. Aunque sospechado de complicidad con el magnicidio, el todavía hoy presidente Mubarak ha rechazado permanentemente las acusaciones bajo el paraguas protector de los Estados Unidos. Para aquellos que conocen la historia de las dictaduras latinoamericanas, las similitudes abruman.

Siguiendo la misma línea de análisis, la histórica política norteamericana de no intromisión militar pero bajo el sustento del apoyo económico en pro de sus objetivos, se han visto traducidos en los 1.500 millones de dólares que recibe Egipto anualmente por parte de los Estados Unidos como asistencia al ejército. El objetivo,  reforzar a las fuerzas de seguridad para reprimir cualquier tipo de radicalismo islámico en Egipto – en especial sobre la mayor fuerza política opositora, los Hermanos Musulmanes- , y tener bajo control al resto de la región. Como contraparte, Mubarak ha dado siempre muestras claras de lealtad. Para citar solo algunos ejemplos, 35.000 soldados egipcios (el tercer contingente más numeroso después de Estados Unidos y Reino Unido) fueron los primeros en desembarcar en Kuwait durante la Primera Guerra del Golfo. Por otro lado, Egipto forma parte regular de las diversas operaciones de la ONU para el mantenimiento de la paz y la asistencia militar en Timor Oriental, Sierra Leona y Liberia.

Sin embargo, la ayuda económica no concluye en el Ministerio de Defensa – por lo menos en teoría-. En este sentido, los Estados Unidos, a través de su Agencia para el Desarrollo Internacional, ha provisto 25.000 millones de dólares de ayuda para el desarrollo egipcio entre 1975 y 2002. Por su parte, la Unión Europea tampoco se queda atrás: la colaboración de la Comisión Europea ha ascendido a más de 1.000 millones de euros desde 1995, incluyendo la existencia de un Acuerdo de Asociación desde 2004 y varios acuerdos de cooperación firmados en Octubre del año pasado por un monto cercano a los 800 millones de euros. Sin embargo, de desarrollo económico, político e institucional, poco y nada se ha observado hasta la actualidad.

Esta situación ha desembocado en la consolidación de ciertos movimientos de protesta, surgidos fundamentalmente a partir del descontento de trabajadores del sector textil, que han extendido sus demandas de salarios más elevados y mejores condiciones de vida a exigencias de participación política. Sus peticiones son compartidas por una amplia base de la población, sobre todo a partir de los efectos de la crisis económica global en el país y su posicionamiento como paraíso turístico y proveedor de mano de obra a bajo costo. Este nuevo contexto macroeconómico realimenta un círculo vicioso de baja tecnologización y especialización productiva, conllevando a una fuerte dependencia externa y una limitada sustentabilidad en el largo plazo.  Por lo tanto, en un país estructuralmente retrasado donde no se han vislumbrado cambios significativos en la calidad de vida de las mayorías, el pedido a gritos de cambio no debería sorprender a nadie. En este sentido, los requerimientos democráticos son solo el sinónimo de un primer paso hacia una libertad de expresión que permita abrir los caminos hacia la conquista de los objetivos sociales y económicos deseados por décadas.
 
Sin embargo, la claridad de lo expuesto pareciera no implicar tipo de reconocimiento o arrepentimiento alguno por parte del “democrático y respetuoso de los derechos humanos” mundo Occidental. Por un lado, la Casa Blanca ha emitido un comunicado oficial la semana pasada, en el cual «el presidente ha reiterado su oposición a la violencia y ha pedido contención, como así también ha apoyado los derechos universales como los derecho de reunión, asociación y expresión pacíficos..”. Una triste dialéctica que se contradice con el informe de la prestigiosa Comisión de Investigación del Consejo de Europa, quien ha ratificado que El Cairo ha sido un centro privilegiado de los programas coordinados por la CIA luego de los atentados de 2001, por el cual detenidos ilegalmente de todo el mundo eran transportados a Egipto para ser sometidos a torturas e interrogatorios extrajudiciales. Por otro lado y según EUobserver, 18 estados miembros de la UE vendieron armas a Egipto por valor de 75,7 millones de euros en 2009. Las consecuencias son palpables: los vehículos y el material antidisturbios que el régimen usa estos días contra la población es en su mayoría material proveniente de países de la UE.

En definitiva, la realidad egipcia nos muestra una vez más un sistema internacional donde la falsedad sale a la luz a través de ingenuas contradicciones. Lamentablemente, los que terminan sufriendo una vez más son los pueblos pobres del mundo que observan cada vez más alejada la posibilidad de lograr un verdadero avance para con su desarrollo político, económico y social.

Estonia se une al Euro dentro de un mar de controversias

Publicado en el diario BAE, 04 de Enero de 2011.

Autor: Pablo Kornblum

El comienzo de 2011 no ha sido un año nuevo más para la política internacional. A partir del 1ro de Enero, Estonia se convirtió en la primera república ex soviética que se unió al Euro, conformando así en 17 los países que comparten la moneda común europea.

Para lograr la aceptación, el gobierno estonio aplicó en los últimos años duros planes de ajuste para cumplir con los criterios macroeconómicos exigidos por Bruselas, los cuales casi ningún país de la Eurozona cumple hoy en día. El gobierno estonio despidió a miles de funcionarios y redujo los salarios del sector público un 10%. Además, retrasó la edad de jubilación de 63 a 65 años, subió el IVA del 18 al 20% y aprobó una reforma laboral que no grava el despido. Estas medidas han podido ser puestas en marcha debido a 18 años de un modelo neoliberal que ha arrasado cualquier atisbo de resistencia civil para con los derechos económicos garantizados (mínimos o insuficientes, pero seguros), obtenidos durante el período soviético.

Las cuentas públicas de Estonia ahora están saneadas: 1,7% de déficit público, 1,3% de inflación y 7,2% de deuda pública para un país que busca asimilarse a los modelos más desarrollados de los países nórdicos: economías centradas en las nuevas tecnologías y con foco en una especialización que derive en incrementos constantes de los saldos exportables. En este sentido, el ministro de Economía, Juhan Parts, dijo la semana pasada que la adhesión al euro conllevará muchas ventajas que se complementan con esta visión macro y microeconómica que persigue el gobierno estonio: «Nuestro comercio exterior se hace en un 80% con la UE. El mercado común es ventajoso para nosotros. Permite a las empresas estonias vender sus productos más fácilmente y crear empleos».

Sin embargo, este nuevo camino ha generado una serie de incertidumbres en gran parte de la población. Por un lado, los nacionalistas que celebraron la creación de la corona estonia en 1992, observan impávidos la pérdida de un símbolo de su soberanía. Esta discusión no es un tema menor en un país donde la cuestión nacional todavía se debate a flor de piel luego de la caída de la Unión Soviética y enmarcado en un contexto global de multilateralidad creciente.

Por otro lado, la situación a nivel regional también se ha puesto sobre el tapete. Muchos se preguntan por qué hay que unirse a una zona monetaria jaqueada por la crisis de la deuda, donde lo vivenciado por los PIGS ha puesto de manifiesto las peores fragilidades sistémicas. El mismo gobernador del banco central polaco, Marek Belka, indicó el mes pasado que “Hay más riesgos de estar dentro de la eurozona que de estar fuera”. Tal como los polacos o los húngaros, muchos estonios hubieran preferido la cautela antes de avanzar con determinación hacia una eurozona mellada por las inestabilidades y la falta de objetivos comunes.

Sobre este aspecto, la política de derechos y obligaciones que implica la mancomunidad también ha potenciado la susceptibilidad de gran parte de la población. A pesar de los beneficios que se pueden obtener dada la mayor fluidez en la interrelación económica, existe el temor real que Estonia deba contribuir con su propio capital para futuros planes de rescate, desbalanceando sus cuentas públicas y promoviendo su propia quiebra financiera. Los estonios bien comprenden que la socialización de las ganancias no puede estar asociada a una individualización de las pérdidas dentro del actual contexto macroeconómico de la Unión Europea. 

Finalmente, la cuestión geopolítica no es menor. Como la teoría lo indica, hay actores que por sus dimensiones (ya sea geográficas, demográficas o de recursos), no tienen capacidad de influir en las variables económicas o políticas internacionales. Este es el caso de Estonia, un pequeño país de 1,3 millones de personas, que aunque quiere mostrarse cada día más occidental ante los ojos del escenario internacional, es todavía altamente dependiente de los suministros energéticos que le compra al gigante ruso.

Para concluir, podemos observar que poco pareció importarle al gobierno estonio los efectos negativos expresados en los temores de su población. El imán de la europeización pareciera haber atraído más a los políticos que el cuidado y desarrollo nacional, económico y social de su pueblo. Lo extraño es que no será el único: a pesar de sufrir los coletazos de la crisis europea, los gobiernos de sus vecinos Letones (disminución del salario promedio en un 8,3% y reducción de 3,5% del PBI en 2010) y Lituanos (18,3% de desempleo en 2010) también esperan con ansias lograr unirse al Euro en el 2014, sepultando en el recuerdo de los libros de historia sus pasados soviéticos.

En definitiva, el mundo diseñado por los Organismos Internacionales de Crédito, los gurúes económicos y los intereses corporativos parecen haber cooptado una verdad absoluta que desdibuja los reales objetivos finales. Un claro ejemplo es la estimación del Fondo Monetario Internacional para con Estonia, al declarar que el paso al euro acelerará el crecimiento del 0,15% al 1,0% por año en las próximas dos décadas. Si se hará realidad y a quien beneficiará, pareciera ser un tema secundario para los gobernantes del ahora europeizado país báltico.

La dialéctica y los intereses divergentes de la Eurozona

Publicado en el diario BAE, 21 de Diciembre de 2010.

Autor: Pablo Kornblum

El Viernes pasado, los jefes de Estado de la Unión Europea reunidos en Bruselas intentaron enviar una señal de unidad a los mercados al transformar en permanente el fondo de rescate para la moneda única, dotado de un billón de dólares, que expiraba en 2013. A su vez y tal como deseaba Berlín, quedó institucionalizada su exigencia de que el fondo sea utilizado solamente para “casos extremos”. Sin embargo, nos podemos preguntar cuando un caso es extremo; y cuando es extremo, para quien lo es realmente.

En este sentido, la actual crisis refleja una realidad poco discutida por el sistema económico y político internacional: los Estados-Nación incluyen un conjunto de actores con intereses cada vez más diversos, en un marco de recursos escasos y de crisis moral. Solo para citar un ejemplo, al mismo tiempo que días atrás la Ministra francesa de Economía, Christine Lagarde, aseguraba que los europeos están «determinados y comprometidos» a «defender el euro y la zona monetaria”, la organización Europea NutriAction emitía un informe en el cual indicaba que 600.000 personas mayores de 65 años en Portugal sufren hambre o están desnutridos, mientras que el 27% de los 10 millones de portugueses no tiene nada que comer al menos un día al mes.

Pero todo tiene un motivo. Esta situación ha sido provocada por las heterogeneidades intrínsecas derivadas de las desigualdades del sistema capitalista, conllevando a que la lucha de poder entre las elites económicas/políticas y las clases trabajadoras sea de una asimetría sin precedentes: Terciarizaciones a mercados periféricos, disminución del Gasto Público/Social y fuertes disminuciones al salario real en sus diversas variantes (devaluaciones, incrementos de impuestos regresivos, inmigración, aumentos de la edad jubilatoria, etc.), son sus principales exponentes.

En el mismo sentido, podemos afirmar que la lógica de funcionamiento de la economía de post-guerra se ha quebrado. Hasta hace algunas décadas, el ámbito de referencia principal de las empresas eran los espacios nacionales, lugar donde se celebraban los acuerdos entre capital y trabajo, y sobre el cual el Estado proyectaba su poder de intervención y regulación. Con las nuevas condiciones, los empresarios ganaron muchos grados de libertad para elegir sus emplazamientos, forzando a una creciente competencia entre los Estados para retenerlos por medio de concesiones especiales dirigidas a fortalecer las ganancias empresarias a través de reducciones impositivas, una mayor liberalización de los mercados, programas de apoyo y subsidios, legislación más flexible, etc. Ahora bien, esta competencia generó un costo fiscal importante, obligando a reducir otros gastos, especialmente en materia de seguridad social e inversión en infraestructura.

Además, cabe destacar que para terminar con la crisis, los gobiernos parecen haber decidido utilizar las ineficaces viejas recetas neoclásicas emuladas por los Organismos Multilaterales y las calificadoras de riesgo, los cuales además realizan declaraciones grandilocuentes pero vacías de contenido estructural. Solo para citar algunos ejemplos, la semana pasada la agencia Moody’s rebajó drásticamente la calificación para la deuda de Irlanda, diciendo además que podría recortar la nota de Grecia y España. Standard & Poor’s dijo además que podría recortar la calificación de la deuda de Bélgica si la incapacidad del país para formar un gobierno amenaza el déficit y las metas de reducción de deuda. Mientras que el FMI advirtió que Irlanda podría no cumplir con su objetivo de reducción del déficit para 2015 y se enfrentará a graves adversidades que podrían impedir que salde la deuda internacional contraída tras su rescate.

Podemos observar entonces que esta forma de amenazas no tiene otro destinatario que salvar a la macroeconomía financiera para brindarle estabilidad y previsibilidad a los grupos empresarios que, cautelosos y expectantes, temen que su rentabilidad/recursos corran algún tipo de riesgos. Para los trabajadores y excluidos, el único mensaje es la espera paciente de la recuperación económica y un efecto derrame que raramente llega con la fuerza necesaria a todos los destinatarios. 

En definitiva, las inequidades en la distribución global de la riqueza conllevan a que cada día más, en el otrora mundo denominado desarrollado, las clases trabajadoras, los pobres y los excluidos se vean arrinconados dentro de un marco socio-económico que provee un margen de maniobra escaso y sin soluciones estructurales. Esta situación nos indica que si los gobiernos no logran nivelar y consensuar un plano ético y político de dialogo, difícilmente se podrá lograr la inmediata redistribución de la riqueza tan necesaria para aquellos que, indefectiblemente, no tienen tiempo para esperar los falsos milagros macroeconómicos provenientes de inexistentes nacionalismos/regionalismos fomentados por los grupos concentrados de interés.

La crisis Europea, más allá de la simple coyuntura

Publicado en el diario BAE, 07 de Diciembre de 2010.

Autor: Pablo Kornblum

Nadie duda que las declaraciones de los últimos días han atentado fuertemente contra el espíritu mancomunado de los idearios de la Unión Europea. En una cena celebrada el 28 de Octubre en Bruselas durante la última cumbre de la UE, la jefa del gobierno Alemán, Angela Merkel, le comentó al primer ministro griego, Giorgios Papandreu que “..si en esta especie de club es en lo que se está convirtiendo el euro, quizás Alemania debería irse”. En este sentido, Alemania, base y motor de la Unión Europea, no desea cumplir la función de padre de hijos desobedientes. Para citar solo un ejemplo, Merkel quiere que la UE apruebe un sistema de sanciones automáticas para los países que no controlen sus cuentas públicas, que incluiría, para comenzar, la retirada del derecho al voto.

Por otro lado, en un aparte con la prensa durante su participación en la XX Cumbre Iberoamericana que se celebró en Mar del Plata, el Primer Ministro Portugués, José Sócrates, consideró que los movimientos bruscos en los mercados, como los que últimamente pusieron bajo presión a los títulos de la deuda portuguesa, tienen “su origen en la desconfianza de los mercados por la permanente crisis, especialmente ligados a la situación en Irlanda”. Evidentemente, Portugal pretende desligarse completamente de la problemática irlandesa para evitar ahuyentar aún más a los ya desconfiados acreedores.

Finalmente, el director del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Khan, manifestó la semana pasada su preocupación sobre el estado de salud económica de algunos países europeos, que a su juicio “están al borde del precipicio, como Grecia e Irlanda”. Evitando cualquier tipo de diplomacia positiva para con los mercados, sus declaraciones solo lograron potenciar las inestabilidades institucionales que pueden acarrear a estos países al colapso financiero y a una depresión económica sin precedentes en las últimas décadas.

¿Estamos vivenciando el fracaso del Euro y la Unión Europea? Como toda relación entre diversos actores (en este casos los Estados-Nación miembros), la misma se compone de los deberes y derechos necesarios para sacar lo mejor del proyecto en común, como así también para evitar caer en errores que puedan crear desbalances sobre los cuales se puedan desmoronar las bases del acuerdo. Los beneficios de las economías de escala, la ampliación de los mercados domésticos y el aprovechamiento del capital humano colectivo, debían ser acompañados por tasas de interés convergentes a una inflación moderada, déficit fiscales cautelosos y una deuda externa controlada por una sólida e inteligente política comercial y financiera.

Sin embargo, el rédito político doméstico derivado del influjo de capitales, el boom de la construcción y la dinamización de los servicios tecnológicos, financieros y turísticos, sustentados bajo el paraguas del beneplácito estímulo de los Organismos Internacionales e Intra-Regionales que solo vislumbraban un futuro próspero, ocultaban las falencias sistémicas y el incumplimiento de las reglas/deberes nacionales. En este sentido, la pérdida de competitividad de economías con un tipo de cambio cuasi anclado y sobrevaluado, el gasto público y los influjos de capital procíclicos que incrementaban los niveles inflacionarios, sumado a las desigualdades intrínsecas crecientes derivadas especialmente de las terciarizaciones y la libre movilidad del factor trabajo, aumentaron las tensiones sociales y mellaron sobre las expectativas positivas de los mercados.

Este contexto conlleva a que el peso de las responsabilidades políticas comience a sobrepasar holgadamente a las decisiones de cooperación y buena voluntad promulgadas en los primeros pasos de la Unión; para lo cual, el sistema pareciera retornar a un realismo donde el proteccionismo, la guerra de divisas a nivel global y los juegos de suma cero, muestran a las claras los intereses divergentes de los diversos Estados-Nación.

En definitiva, el futuro otrora promisorio de la Unión Europea parece por el momento no encausarse hacia un final feliz. Mientras la falta de regulaciones económicas y financieras sean moneda corriente a nivel intra e interestatal, el capitalismo concentrado se encuentre fuera del marco de los Estados-Nación, y las políticas económicas interregionales (tipo de cambio, balanza comercial, productividad) sigan atentando contra los ya golpeados Estados de Bienestar, la situación económica de millones de europeos no mejorará. Mientras tanto, la posibilidad de controlar los estallidos sociales latentes nos muestran los limites de hasta donde se puede sostener un Modelo Europeo que, inexorablemente, sufre los constantes embates de una globalización neoliberal depredadora.

El futuro económico regional luego del triunfo de Rousseff

Publicado en el diario BAE, 02 de Noviembre de 2010.

http://prensa.cancilleria.gov.ar/noticia.php?id=21308224

Autor: Pablo Kornblum

Luego de la victoria del pasado Domingo por parte de la candidata del Partido de los Trabajadores (PT), Dilma Rousseff, la continuidad de las políticas económicas aplicadas durante los últimos ocho años parecen estar aseguradas por cuatro años más. En este sentido, la dinámica actual genera nuevos desafíos y oportunidades para una región que vivencia un momento histórico único para la realidad latinoamericana.    
 
Para comenzar, podemos afirmar que los modelos progresistas de América Latina han fortalecido los mercados internos. Si a ello le agregamos la tendencia creciente de los precios de los commodities a nivel internacional, una mayor integración lograría concatenar recursos productivos y potenciar las economías de escala. Brasil, con un PBI que asciende a U$S 2,1 trillones y una tasa de crecimiento del 7,5% para el corriente año, sería el motor fundamental para arrastrar a los diferentes países de la región a un círculo virtuoso sustentable en el tiempo.

Por otro lado, el Brasil con enormes recursos naturales y productivos es un polo de atracción para los grandes inversores internacionales: la inversión extranjera directa (IED) supera este año los U$S 50.000 millones, sólo por debajo de China en el mundo emergente y la quinta en orden de importancia en el plano mundial. En este sentido, es fundamental aprovechar la posibilidad generada en un momento donde los ojos del mundo se posan en la región, mostrando todas las capacidades y potencialidades que ofrece América Latina. Sin embargo, esta posibilidad actual no ha sido gratuita, sino que se deriva de la histórica estructura socio-económica del sub-desarrollo. A diferencia de los países centrales, los cuales se encuentran en etapas posteriores de desarrollo y donde las políticas macroeconómicas tienen un impacto menor en cuanto a las posibilidades de crecimiento de la economía en su conjunto y el nivel de vida de sus habitantes, el salto cuantitativo y cualitativo de los países sudamericanos se condice con el retraso histórico de economías con mercados internos cautivos y deudas pendientes con grandes masas de la población excluidas.

Otro punto a aprovechar es el hecho que Brasil ya es uno de los grandes centros de formación de capital del sistema capitalista globalizado, con más de un 30% de sus empresas convertidas en transnacionales y con inversiones en el exterior que acumulan un stock de capital superior a los U$S 150.000 millones. Rousseff lo entiende y consolidará el deseo del presidente Lula de un Brasil potencia a nivel regional y mundial. Para los países de la región, será una inmejorable oportunidad de mostrar estabilidad para atraer inversiones brasileñas confiables, tanto estatales como privadas, de largo plazo. Un claro ejemplo ha sido el exitoso préstamo reciente de 342 millones de dólares a través del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), para colaborar en el desarrollo de un proyecto de generación hidroeléctrica en Nicaragua.

En el mismo sentido, la idea de fomentar los lazos de países en vías de desarrollo, con una historia geográfica-cultural y política común, tiene dos lecturas: A) por un lado, el deseo de un dialogo justo entre pares que tienen necesidades comunes pero quieren construir bases económicas sólidas para salir adelante. B) por el otro, evitar las relaciones económicas con países centrales, los cuales se encuentran en muchos casos viciados de soberbia y alejados de un crecimiento económico promisorio a futuro dado su nivel de desarrollo y la dinámica actual del sistema económico mundial. El estimular tratados regionales cuando el sistema multilateral se encuentra estancado en discusiones (más políticas que técnicas) que provocan retrasos y desestimulan las transacciones internacionales, sería sustancial, por ejemplo, para avanzar hacia una nueva moneda común regional que evite las devaluaciones competitivas, o para estimular la institucionalización de códigos comerciales comunes en toda la región.

Finalmente, no podemos dejar de recalcar que Brasil ha sido un ejemplo y su propio presidente Lula, expresándolo en un discurso hace unas semanas, se enorgullecía de ello: “…el que venga a Brasil podrá aprender cómo es que se hace política económica con seriedad, cómo se unen exportaciones con crecimiento económico, cómo se unen control de la inflación con distribución del ingreso…”. Para continuar en este camino, Rousseff comprende que en el actual contexto mundial, una integración regional apropiada será fundamental para las aspiraciones económicas, tanto domésticas como internacionales, del gigante sudamericano.  Es hora de que el resto de los países de la región imiten a Brasil y se unan de manera coordinada e inteligente, en un proyecto latinoamericano que permita avanzar hacia un próximo estadio de crecimiento y desarrollo sustentable.

La influencia del Partido Verde en el ballotage

Publicado en el diario BAE, 19 de Octubre de 2010.

Autor: Pablo Kornblum

El domingo pasado, la candidata presidencial del Partido Verde se expresó en relación al ballotage del próximo 31 de Octubre: “Creo que la posición de independencia es la mejor forma de contribuir con el pueblo brasileño”. Aunque su discurso apunta a la políticamente correcta racionalidad democrática de los electores – a pesar de que la falta de educación, capacidad de comprensión y accesibilidad a la información son parte de las deudas pendientes del Brasil -, la realidad indica que Marina Silva decidió seguir la lógica de quien tiene las máximas aspiraciones políticas: mantener la coherencia sin poner en cuestionamiento las indeclinables diferencias con los candidatos que participarán en la segunda vuelta electoral.

Habiendo pasado solo unos días de las elecciones, podemos afirmar que la candidata del Partido Verde obtuvo en la primera vuelta los votos de aquellos que no se conforman con cambios marginales. En este sentido, para Orjan Olsen, investigador político y consultor que trabajó en el equipo de Silva, la mitad de los 20 millones de votos que recibió Silva llegaron “del núcleo que deseaba un cambio en la manera de gobernar el país; no en lo económico, sino que reclama formas más transparentes, menos manipuladas por intereses políticos y que podría haber votado años atrás al PT y a su candidato Lula”.

Entre sus votantes se han encontrado, por un lado, los grupos ecologistas; ellos entienden que no existe una verdadera sustentabilidad medioambiental bajo las premisas del actual sistema económico capitalista global (recordemos que la dimisión de Silva se debió principalmente a sus diferencias con los proyectos comerciales e industriales que el ejecutivo tenía para con el Amazonas). También nos encontramos con los votantes evangelistas, los cuales desconfían de las liviandades observadas en los debates electorales de estos últimos días, ya que las temáticas – tales como el aborto – han sido tratadas desde posiciones confusas e inaceptables según su propia visión de lo que es una vida ética y moralmente aceptable. Finalmente tenemos a los votantes jóvenes, los más golpeados por el desempleo – no solo en Brasil sino a nivel internacional -, que descreen de los parciales beneficios coyunturales obtenidos durante el actual gobierno del presidente Lula, y observan en el largo plazo un horizonte desesperanzador.

Ante este contexto de disconformismo sistémico, el margen de error se amplia para los analistas políticos que buscan dilucidar hacia donde se trasladarán los votos del Partido Verde. En este sentido, la diferenciación de Silva ante la polarización que mostraba la eterna pelea del PT y el PSDB, y su rechazo a las coaliciones para alcanzar el poder y dominar el Congreso con partidos como el PMDB (centrista, aliado del PT) o el Dem (conservador, socio del PSDB), resultaron ser buena parte de su mayor capital electoral y un potenciador de la incertidumbre electoral.

En este aspecto, nos encontraremos con un escenario donde las convicciones políticas filtrarán votos que no llegarán a ninguno de los dos candidatos. También aparecerán los votantes que se decidirán por la que creen será la opción menos negativa/dañina para con los intereses de la Nación. Finalmente, nos encontraremos con aquellos que creen firmemente que eligiendo al candidato más distanciado a sus intereses, fortalecerán las chances futuras de lograr una mayor visibilidad política dentro del arco opositor y acrecentarán las posibilidades del Partido Verde de cara a las próximas elecciones.

La lógica ideológica y programática indicaría que el mayor caudal de votos de Silva debería dirigirse a la candidata del partido del cual ella militó durante prácticamente toda su vida política (expandiendo en la Amazonia la central sindical fundada por Lula), y de la cual tuvo responsabilidades ejecutivas, habiendo sido hasta el año 2008 Ministra de Medio Ambiente del actual gobierno. Sin embargo, el pragmatismo y la multiplicidad de variables que conviven hoy en día en las cada vez más heterogéneas sociedades modernas, conllevan a que la “caza de votos” por parte de Rousseff y Serra se encuentren con dificultades para encontrar el punto justo de efectividad en la conquista final del electorado verde.

Más aún, cuando las sociedades evolucionan y las expectativas de cambio de los votantes se tornan estructurales, lejos parecen encontrarse los partidos tradicionales de satisfacer las demandas con promesas coyunturales de mero tinte electoralista. Tal vez, la clave para triunfar se encuentra en comprender el fin último de la campaña de Silva: no poner en primer plano la orientación general del Estado para el Brasil que se proyecta como potencia emergente; sino más bien en las cuestiones más sencillas, aquellas destinadas a preservar lo que muchos consideran, el Brasil profundo.

Brasil, un mundo dentro de un mismo país

Publicado en el diario BAE, 5 de Octubre de 2010.

Autor: Pablo Kornblum

Finalmente, habrá ballotage en Brasil. Y de cara a la segunda vuelta el próximo 31 de Octubre, es interesante analizar como en un país estructuralmente heterogéneo, las desigualdades inter e intra regionales persistentes a lo largo del tiempo se han visto reflejadas en las decisiones de los votantes el domingo pasado.    

Para comenzar, hemos observado como el partido oficialista ha triunfado claramente en la región Nordeste. Caracterizada por populosa – clave en cuanto a las políticas de corto plazo de tinte cuantitativo del gobierno – y retrasada en casi todo su territorio, los programas sociales (como el programa Bolsa de Familia) y económicos (como el PAC I y el propuesto PAC II), han sacado de la pobreza extrema a millones de familias y consecuentemente, solidificaron la base electoral del PT y sus aliados a lo largo de la región: En los Estados de Bahía (60,83%), Sergipe (52,08%), Piauí (46,37%), Marañhao (50,08%) y Ceará (61,27%) – entre otros -, la victoria del partido de gobierno ha sido contundente.

En contraposición, la Región Norte no ha sido favorable al partido del presidente Lula. Extensa en kilómetros y alejada de los conglomerados industriales y los poderes decisorios, la misma es esquiva a un gobierno que puso énfasis en la clase obreras y en un mayor control/regulación gubernamental para con el Gasto Público. Si a ello le agregamos una activa pero ambigua política medioambiental – Marina Silva, la candidata del Partido Verde, obtuvo casi veinte millones de votos (19,33%) y será clave su posicionamiento de cara a la segunda vuelta -, los números de la derrota no sorprenden: en los Estados más grandes de la región, el PT solo obtuvo el 25,91% en Amazonas, el 36,04% en Pará, y el 18,17% en Rondonia.

Por otro lado, el gobierno ha obtenido victorias claves en los Estados costeros de la Región Sudeste, como son Río de Janeiro y Espíritu Santo (66,08% y 82,30% para el PT respectivamente). La inserción explosiva de Brasil en el mundo en esta última década, tanto a nivel comercial como financiero, sumado a la profundización de políticas que incentivan el turismo (incluyendo la realización de las Olimpíadas en Río de Janeiro en el año 2016), han sido el despegue para la inclusión de vastos sectores de la población – anteriormente marginados y con bajos niveles de escolarización/capacitación – a través de la creación empleos de mejor calidad; lo que posibilitó un mayor acceso al crédito (fomentado a su vez por una fuerte política pública crediticia) con implicancias directas en el aumento del poder de compra de capas históricamente empobrecidas que respondieron con un voto de apoyo al gobierno.  

Sin embargo, el resultado ha sido adverso en los Estados céntricos de la misma región. Las victorias opositoras en el Estado de San Pablo (50,63% del PSDB contra el 35,23% que obtuvo la lista oficial) y en Minas Gerais (62,72% del PSDB frente al 34,18% del PT) conllevan a una lectura donde las características históricas-estructurales juegan un rol fundamental. San Pablo (y en menor medida Minas Gerais) continúan siendo el motor económico del país industrial ideado hace décadas por diferentes gobiernos – tanto en procesos democráticos como dictatoriales -, logrando cierta estabilidad productiva que ha permitido sostener el nivel de empleo y mantener un colchón de contención social en las diversas coyunturas económicas. Aunque los cambios provocados por los diversos programas sociales nacionales han tenido un impacto positivo en las poblaciones más humilde de ambos Estados, debemos centrar el análisis en los cambios relativos (de menor impacto en este caso que en otros Estados y regiones del país) y no en términos absolutos.

La comprensión de este concepto es el pilar fundamental que debe guiar al candidato que gane el ballotage. Aunque la tasa de desempleo durante el primer semestre de 2010 se situó en 7,3%, y las familias brasileras que viven en situación de insuficiencia alimentaria disminuyeron del 46,7% en el período 2002-2003, al 35% en el período 2008-2009, las mejoras relativas son insuficientes para unas mayorías que todavía no acceden a salarios, infraestructura (viviendas, medios de transporte) y servicios esenciales (salud, educación) que se puedan correlacionar con un estándar de vida digno en una sociedad desarrollada. Los cambios marginales positivos durante la era Lula han sido necesarios pero no suficientes; mientras la discusión política se aleja cada vez más de cambios estructurales/radicales, más necesario aún será consolidar y profundizar los programas socio-económicos redistributivos y realmente inclusivos a largo plazo para lograr, en palabras del saliente presidente Lula, “un país decente para todos los Brasileros”.