Autor: Pablo Kornblum

Una contienda presidencial teñida de dramatismo socioeconómico y político

Revista veintitres internacional – Abril 2011

http://www.elargentino.com/nota-134759-medios-140-Un-cantante-en-la-presidencia.html

Autor: Pablo Kornblum

La primera vuelta electoral del 28 de Noviembre pasado en Haití, ha sido solo un ejemplo más de lo que representa la falta de transparencia y sustentabilidad democrática. Avalados por los Organismos Internacionales veedores del escrutinio, 12 de los 18 candidatos denunciaron la existencia de un «fraude masivo» orquestado desde el gobierno para asegurar la presencia del candidato Celestin en el ballotage, quien tiene una relación sentimental con la hija del actual presidente Rene Preval y era el único considerado para garantizar la continuidad de su partido, INITE, en el poder. El resultado: el presidente retiró a su candidato de la segunda vuelta, lo que dejó vía libre a Martelly para seguir peleando por la presidencia.

Con un férreo control internacional que pudo detectar algunas irregularidades y actos fraudulentos, finalmente el ballottage pudo ser llevado a cabo. El resultado provisional dio como ganador a Martelly con el 67,57% de los votos, frente al 31,74% obtenido por su rival, Mirlande Manigat. La ex primera dama, quien había focalizado su discurso electoral en el impulso a los programas de educación nacional como única vía para favorecer el crecimiento económico y la necesidad de permitir a la comunidad haitiana en el exilio, de la que ella misma formó parte, que participe de las decisiones importantes del país como un incentivo para motivar su regreso a la isla, no pudo convencer a la mayoría de la población que le brindó su voto de confianza al músico de fama nacional. Martelly, por su parte, construyó su plataforma política en base a su labor humanitaria como presidente de la Foundation Rose et Blanc, una institución fundada por él y su esposa en favor de los pobres y marginados del país, lo que le abrió las puertas a su consecuente selección como Embajador haitiano de Buena Voluntad para la protección del Medio Ambiente. Lanzado por el partido Repons Peyizan (Respuesta Campesina), el artista de 50 años considera que el principal problema de Haití es el económico, por lo que prometió que al llegar al poder su gobierno velará por la seguridad jurídica de su país para promover la llegada de inversiones extranjeras.

¿Con que país se encontrará Martelly el día de su asunción? Haití ocupa el puesto 149 en el Índice de Desarrollo Humano que elabora la ONU. La esperanza de vida al nacer es de 61 años, la renta per cápita ronda los mil dólares anuales, el 99% de sus habitantes vive del trabajo informal y más grave aún, el 80% de su población se encuentra en la extrema pobreza. Es el país que nos demuestra como el realismo internacional y los intereses foráneos concentrados han desarrollado su lado más oscuro. Es el país donde lo público y lo privado se entremezclan, donde la ética y la moral brillan por su ausencia, donde la ineficiencia y la ineficacia golpean a la población y potencian permanentemente el círculo vicioso de la pobreza y la marginación. Es el país donde la falta de educación cercena cualquier esperanza futura de dignidad.

En cuanto al contexto económico, la política económica nacional con base agrícola característica de la periferia ha sido totalmente contraproducente dados los recursos naturales y la geografía de la región. Por un lado, los suelos haitianos no se caracterizan por tener una gran productividad, ya que el país se encuentra inmerso en un territorio agreste y montañoso; a su vez, la dirección de los vientos se torna en permanente contraposición con el mejor aprovechamiento de las épocas de lluvia. Esta situación ha derivado en que la tierra ha sido más intensamente explotada; en un país que además cuenta con una históricamente densa población en las zonas rurales. Por otro lado, la falta de un marco de transformación hacia una economía industrial o de servicios, provocó que el deterioro de los términos de intercambio y la imposibilidad de crear un modelo institucional que facilite mejoras tecnológicas y de competitividad para encontrar nichos de mercados globales de exportación, hayan mellado sobre cualquier de atisbo de creación de un modelo endógeno generador de valor agregado y riqueza.

En cuanto a la dinámica institucional, la histórica política doméstica solo se limitó a ser un complemento cómplice para con la destrucción del país y la perpetuidad de las desigualdades y la pobreza extrema. En este sentido, la dictadura de Francois Duvalier y posteriormente de su hijo Jean Claude, la cual se extendió desde 1957 hasta 1986, sobrevivió mediante el terror y un control social derivado del analfabetismo generalizado. A diferencia de la también brutal dictadura dominicana de Trujillo, donde el saqueó a las arcas estatales se transformó parcialmente en inversión para el desarrollo del país (infraestructura, logística, construcciones), los Duvalier se limitaron a depositar los recursos haitianos en bancos extranjeros. En este aspecto, no es descabellado trazar un paralelismo diferenciador entre la última dictadura brasileña de tinte industrial, exportadora y macroeconómicamente viable; con la endeudada, inestable e antiproductiva dictadura militar Argentina de 1976-1983. 

Tampoco se vislumbró un cambio estructural con el dos veces elegido presidente (y dos veces derrocado), Jean-Bertrand Aristide. El ex sacerdote líder creó un movimiento que sacudió a la dictadura de Duvalier a través de la permanente defensa de los pobres y sus derechos. Sin embargo, sus detractores afirman que lideró un gobierno corrupto, orquestó ataques violentos en contra de sus rivales políticos, y mostró la misma hambre de poder que quienes él mismo denunció. En tanto el actual presidente, Rene Preval, solo ha mostrado signos de un continuismo con mínimos e insuficientes avances en cuanto a la calidad institucionalidad del país. Sin cambios profundos tanto a nivel económico como político, solo quedará en su legado los suplicios de urgente ayuda internacional luego del terrible terremoto acaecido a principios de 2010 y el haber sido el primer presidente en la historia de Haití en terminar su mandato.

Con la mirada a futuro, el pueblo haitiano sigue encontrando obstáculos para con el logro de mejoras sustanciales en su calidad de vida. Desde la arena internacional, la indiferencia de un mundo viciado de intereses y complejidades no genera expectativas de un cambio estructural. Estas elecciones han sido un claro ejemplo, donde el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, solo se atrevió a mencionar que las elecciones deben “aportar estabilidad y el nuevo presidente debe dirigir la reconstrucción del país tras las tremendas tragedias ocurridas durante el año anterior”, contrariamente a la necesidad de cambios radicales urgentes y en un país donde las deudas socio-económicas no son coyunturales sino históricas. En el ámbito doméstico, difícilmente Martelly, con estrechos lazos militares – incluyendo un reciente apoyo al dictador Duvalier- y sin experiencia ni conocimiento técnico para con la gestión, ponga en marcha un proceso que incluya una férrea institucionalidad democrática y un desarrollo pleno de las capacidades económicas, productivas y sociales de toda la población.

En definitiva, los objetivos de lograr una verdadera autonomía nacional, recuperar la sustentabilidad de los recursos naturales, y regenerar un Estado eficiente librado de vicios de corrupción, son los únicos que permitirán crear el marco cualitativo necesario para lograr un desarrollo socio-económico y político democrático y profundamente equitativo. La historia y presente de los haitianos, lamentablemente, solo transforman estas ideas y expectativas en una utopía lejana.

Política Económica de Brasil Diciembre 2010 – Febrero 2011

Centro Argentino de Estudios Internacionales 

Observatorio de Brasil, Número 7, Año III, Verano Sur 2011

http://www.caei.com.ar/es/pfp/brasil/brasil7.pdf

Autor: Pablo Kornblum

El control de la inflación como acentuador de

un pragmatismo que crece al ritmo del PBI

de Brasil.

Las divisas y una férrea política para mantener la estabilidad

La inflación en Brasil sigue su tendencia alcista. El Banco Central corrigió la inflación de 2010 de un 5% a un 5,9%, mientras que para el 2011 pasó del 4,6% al 5% (mientras que en el año 2009 la inflación fue finalmente del 4,31%). Por otro lado, el IPCA amplio 15 (índice de precios al consumidor) se situó en febrero en el 0,97%, consolidando su permanente crecimiento (en enero fue de 0,76%). Es de destacar que una tasa de inflación controlada de menos de un dígito es benigna (y necesaria) para un economía en constante crecimiento. Sin embargo, el contexto internacional y los intereses domésticos, conllevaron a que el gobierno de la presidente Rousseff decida realizar políticas endógenas de regulación y control.

Para ello, existen algunas variables que son clave para el gobierno. Podemos observar que en 2010, Brasil registró un superávit comercial de 20.278 millones de dólares; levemente inferior a los 25.275 millones de dólares de superávit comercial del año 2009, pero todavía lo suficientemente positivo para reforzar las capacidades de utilización de la política monetaria y cambiaria. El otro dato importante es que el balance comercial positivo se encuentra inmerso en una economía pujante: las exportaciones alcanzaron una cifra record en 2010, totalizando 201.916 millones de dólares; mientras las importaciones también fueron record, con 181.638 millones de dólares.

Otro punto importante ha sido el dólar. Al respecto, el real se continúo fortaleciendo en 2010 al 4,6%, prosiguiendo la tendencia creciente de 2009 (donde se había fortalecido un 34%). Ante la pérdida de competitividad derivada de políticas cambiarias exógenas (y no por inconvenientes de productividad endógena), el Ministro de Economía, Guido Mantega, ha sido preciso en sus declaraciones: “No permitiremos que el dólar se derrita. El Gobierno está listo para tomar medidas que van a impedir que prosiga esa valorización del real”. Por otro lado, la discursiva pública también desea generar conciencia en las expectativas de la población. En este sentido, el presidente del Banco Central, Alexandre Tombini, expresó: “El cambio fluctúa hacia los dos lados, de modo que ciudadanos y empresas deben tener mucha cautela cuando asumen compromisos en una moneda extranjera.”

Continua la tendencia positiva en el consumo y la producción nacional

La producción y el consumo continúan su tendencia positiva. En el mes de Diciembre, la venta de vehículos nuevos, nacionales e importados, creció un 30,5% interanual. En relación al incremento de la producción, un claro ejemplo ha sido el caso de la agricultura. En este sentido, el Ministro de la Cartera, Wagner Rossi, expresó: “Es casi seguro que alcancemos la mayor exportación agrícola y ganadera de la historia del país y con el mayor superávit en esa área”. El sector representa el 26% del PBI y el 42% de las exportaciones. Por el lado del consumo, el Ente Oficial de Turismo, Embratur, indicó que la entrada de divisas provenientes del turismo internacional en 2010 totalizó 5.919 mil millones de dólares, un 11,58% más que en 2009. El objetivo del gobierno es que el turista incremente su estadía y motorice una industria de consumo que crece año a año.

Por otro lado, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) informó que la economía brasileña consolidó su recuperación y creció un 7,7% en 2010; debido principalmente a la fuerte expansión del empleo y la demanda interna. En el mismo sentido, el Ministerio de Trabajo expresó que se alcanzó un record histórico con la creación de nuevos puestos de empleo formal, alcanzado los 2.544.457 nuevos empleos en los once primeros meses de 2010, un 7,7% más que en todo 2009.

Una política exterior activa a nivel global

Los primeros pasos de la presidenta Rousseff en cuanto a la política exterior no parecen diferir mucho de su predecesor Da Silva. En este aspecto,el Ministro de Economía, Guido Mantega, se reunió en el mes de Diciembre con su par portugués, Fernando Teixeira dos Santos. Luego del encuentro, el Ministro lusitano expresó que Brasil podría adquirir títulos en las próximas emisiones de deuda pública portuguesa, los cuales estarían a disposición de “entidades gubernamentales, inversores, empresarios o cualquiera que esté interesado”. Esta noticia refuerza el deseo de posicionar a Brasil como actor económico y político internacional de relevancia, en este caso mostrando una clara señal histórica de altruismo para con la madre patria, además de proveer una connotación internacionalista todavía más relevante. El hecho de que un país de una región estructuralmente subdesarrollada y carente, provea de una ayuda económica real a un país que se encuentra inmerso en una región desarrollada económica e institucionalmente, refuerza las bases de un cambio paradigmático en la arena internacional.  

Por otro lado, el Primer Ministro de Corea del Sur, Kim Hwang-Sik le expresó a la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, el interés de su país en negociar un acuerdo de libre comercio con el MERCOSUR. En este sentido, la posibilidad de iniciar una verdadera cooperación Sur-Sur será fundamental para complementar intereses en un marco de mayor respecto político que provea beneficios colectivos para ambas regiones. Por otro lado, es de destacar que un país importante como Singapur, inmerso en una región económica pujante, observe en América Latina una infinidad de potencialidades. Pero Singapur no es el único; la superpotencia China confirma el crecimiento de las relaciones interregionales. Un ejemplo es que el mayor consorcio eléctrico del gigante asiático, State Grid, invertirá 989 millones de dólares para la compra de siete empresas eléctricas brasileñas y sus líneas de transmisión.

En la búsqueda de una política económica sustentable

Las primeras medidas del gobierno de Rousseff han clarificado el rumbo de política económica de los próximos cuatro años de mandato: una economía mixta que refuerza el pragmatismo y el trabajo conjunto entre el Estado y el sector privado. Para citar un ejemplo, el Gobierno lanzó nuevas medidas para impulsar préstamos a largo plazo en bancas privadas. En este sentido, el Ministro de Economía declaró: “Queremos entrar a una nueva fase, por lo que el sector privado también tiene los medios para financiar al país en el largo plazo, para compartir esta responsabilidad con el BNDES”.

Por otro lado, el recorte presupuestario de U$S 30.000 millones también es una clara señal positiva al sector corporativo y financiero, eliminando cualquier fantasma de fundamentalismo ideológico. Las repercusiones positivas no se hicieron esperar: el director del FMI para América Latina, Nicolás Eyzaguirre, expresó que “la política de consolidación fiscal es una muy buena señal”. Por otra parte, las consecuencias del recorte, previstas por el gobierno, ya impactan en la economía real. En este sentido, se espera una desaceleración de la economía brasileña desde un nivel del 7,5% en 2010, a un 4,5% para el corriente año 2011.

Finalmente, las señales de política macroeconómica para paliar los requerimientos sociales han sido necesarias pero no suficientes: el aumento del 6,86% para el salario mínimo aprobado por el senado (el cual equivaldrá a 326 dólares por mes), no despierta ningún atisbo de cambio estructural a largo plazo que conlleve, definitivamente, al logro de una sociedad verdaderamente equitativa a igualitaria.

Cuba y la necesidad de adaptarse al paradigma actual

Publicado en Stratfor, el 9 de Marzo de 2011.

Autor: Pablo Kornblum

http://www.stratfor.com/other_voices/20110309-cuba-and-need-adapt-current-paradigm

El anuncio fue sorprendente. A finales del año pasado, el Gobierno Cubano propuso eliminar 500.000 empleos estatales para el mes de Abril de 2011, a los que luego se agregarían otros 500.000 en un período de 5 años, lo que representaría un 20% del total de la fuerza de trabajo de la isla. Las medidas también incluyen 291 proyectos de lineamientos con las correcciones necesarias para que la economía transite por «el camino del control, la disciplina e institucionalización», como así también la paulatina desaparición de la libreta de abastecimiento – de un costo de alrededor de mil millones de dólares anuales -, que distribuye desde la década de 1960 una canasta básica a precios subsidiados por el Estado para toda la población cubana.

Según lo expuesto por el primer mandatario, Raúl Castro, los cambios son necesarios para aumentar la baja productividad y producción de la isla. En este sentido, Castro no se equivoca. Realizando un simple análisis coyuntural, podemos observar que al bajo nivel de capital tecnológico  – derivado del bloqueo económico e ineficiencias domésticas que han acrecentado la falta de recursos (capital físico, herramientas, commodities) -, se le agrega la falta de incentivos para una población que vive bajo el lema del constante sacrificio para un futuro promisorio que tarda en llegar.

Sin embargo, la escasez de estímulos y la baja capacidad productiva no son una cuestión novedosa, sino que provienen de un histórico proceso estructural. Por un lado, la caída del bloque socialista, especialmente de la Unión Soviética, concluyó un período donde los desequilibrios macroeconómicos y las necesidades de consumo eran cubiertas desde el exterior. Cuba ha tenido que adaptarse a las nuevas reglas macroeconómicas de la globalización, en el cual el superávit fiscal, la competitividad y el desarrollo de recursos exportables con alto valor agregado son objetivos necesarios para lograr estabilidad y un proceso virtuoso de crecimiento y desarrollo sustentable. Inmerso en una globalización neoliberal de demografía creciente y recursos escasos, el modelo cubano no tiene otra alternativa que alinearse a la dinámica sistémica.

El otro punto importante es la expansión del proceso globalizador y el poder de los medios de comunicación. La imposibilidad del gobierno cubano de filtrar información sobre la creación productiva moderna de bienes y servicios compuestos por tecnología de punta y alta dosis de creatividad, ha conllevado a que el “efecto demostración” penetre profundamente en los poros de una ciudadanía ávida de bienes materiales que le permitan mejorar su calidad de vida. En consonancia, el contexto descripto potencia el fenómeno de la desigualdad, inexistente en la utopía socialista, pero que ha mellado fuertemente en el entramado social cubano. La diferencia entre los que pueden acceder a las divisas (vía familiares en los Estados Unidos o empleos en la industria del turismo) y los que no, arremeten contra las bases e ideales de una sociedad justa y basada en los valores de la educación y el capital intelectual.

Por lo tanto, podemos observar que los errores que condujeron a las ineficiencias domésticas, sumados a un contexto internacional adverso, han acorralado en cierto modo al régimen comunista. Sin embargo, el gobierno cubano sabe que cualquier cambio proactivo debe ser cauteloso. Una apertura descontrolada y sin una planificación eficaz puede ser contraproducente para el mantenimiento del status-quo. Un pueblo que solo ha conocido un estatismo centralizado como único sistema de vida, se encuentra expectante pero lógicamente temeroso ante cambios experimentales y novedosos, lo que puede potenciar efectos desestabilizadores impulsados desde adentro del país o a través de intereses exógenos.

Por ello, el régimen ha tomado algunas medidas que permitan proteger la estabilidad política. Por un lado, ha decidido fomentar solo el cuentapropismo, enmarcando a los trabajadores expulsados del sector estatal en un mercado competitivo de baja rentabilidad que evite el desarrollo de las fases superiores del capitalismo monopólico. Por otro lado, en un marco de solemne prudencia, el presidente Castro admitió esta semana que los planes de recorte han sido dilatados para suavizar el impacto del ajuste, mientras afirmaba la necesidad de “flexibilizar” los procesos de la reforma. Finalmente, la compleja situación internacional ha conllevado a una evaluación profunda de las tendencias económicas y geopolíticas mundiales – el más claro ejemplo es la actual situación socio-política y económica de Libia -, para evitar dar pasos en falso que potencien el efecto contagio.

En este aspecto de la política exterior, la influyente visión estadounidense ha sido reflejada por el secretario de Estado Adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental, Arturo Valenzuela, quien ha señalado que los cambios económicos anunciados por Cuba suponen un «giro importante» que podría contribuir a que el país salga de «su estancamiento». Sin embargo, entender esta situación como una apertura económica y política sería un grave error. El gobierno cubano esta intentando, simplemente, allanar el mejor camino para la supervivencia de un socialismo inmerso en un cada día más complejo mundo capitalista.

España enfrenta el más difícil proceso de transformación

Revista veintitres internacional – Febrero 2011

http://www.elargentino.com/nota-128706-medios-140-El-dificil-proceso-de-transformacion.html

Autor: Pablo Kornblum

España ha sido, por siglos, una de las grandes potencias mundiales. Sin embargo, su persistente proceso de acumulación feudal y extractivo, conllevó a que los anales del siglo XIX lo hayan encontrado relegado ante las nuevas potencias del escenario internacional. Con la multiplicación de procesos productivos derivados de una sólida base industrialista, Gran Bretaña, Alemana y los Estados Unidos habían logrado una hegemonía económica que sentaría las bases para su posterior expansión geopolítica. El salto cualitativo político e institucional de las potencias Occidentales solo llegaría luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial, pero el avance hacia un capitalismo competitivo y desarrollado ya estaba en marcha. 

España llevó a cabo el proceso inverso. Por décadas, la dictadura Franquista, con un comportamiento periférico y dependiente, continuó estancando al país en base a una economía agraria limitada de concatenamientos productivos y valor agregado. Peor aún, el sistema político dictatorial solo coartaba libertades y concentraba el poder en una elite inmutable ante la necesidad de cambio del status-quo económico. Solo la muerte de su líder provocó la caída de un régimen ya exhausto, cediendo paso a un Pacto de la Moncloa que se convirtió en una gran reforma institucional paradigmática para toda la humanidad.

Lo lógica del imperioso orden previo al progreso prevaleció, por lo que la transformación económica fue lenta hasta que las bases políticas se solidificarán. Sin embargo, menos de 15 años después, el naciente modelo neoliberal encontró a España como uno de los principales beneficiados de los enormes flujos de capital, acelerando el crecimiento económico en base al pujante desarrollo de los sectores de las finanzas, las telecomunicaciones y el turismo. La “revolución productiva” derivada de una transformación económica focalizada en el dinamismo de los servicios, sentaría luego las bases para la posterior exponencial expansión económica: Un sistema bancario con abundante liquidez para solventar la industria de la construcción y el consumo suntuario, motorizando las cadenas de valor de una vigorosa economía.

Lamentablemente, las mieles de la bonanza no son eternas en un mundo cambiante que requiere de constante adaptación; más difícil aún en un contexto de derechos políticos y económicos adquiridos. En este sentido, la globalización capitalista es sumamente disciplinadora. Superávit fiscal junto con altos niveles de productividad y competitividad son los requerimientos necesarios (aunque no suficientes) para evitar los descalabros macroeconómicos y fomentar una planificación adecuada para lograr un crecimiento con desarrollo económico sustentable.

Pero los “deberes” no se hicieron y el colapso llegó; tanto el flanco doméstico como el externo debilitaron a un gobierno falto de regulaciones y prevención. Adoptar un régimen monetario rígido significaba un compromiso firme con la estabilidad de precios y el respeto de los contratos adquiridos; sin embargo, el rédito político obstaculizó cualquier intento de frenar el excesivo consumo privado de un individualismo creciente -la deuda de las familias asciende a 900.000 millones de euros-; como así también atisbo alguno de juzgamiento para con los abultados márgenes de rentabilidad empresarial derivados mayoritariamente de un capitalismo financiero desacoplado de la economía real. Por lo tanto el déficit, que no había sido otra cosa que el ahorro externo que decidió volcarse a España para financiar su expansión económica, dio lugar a una elevada e incontenible deuda externa.

Las consecuencias están a la vista. Por un lado, los bancos españoles ya han sufrido un primer tsunami proveniente de los 420.000 millones de Euros que les debe la industria de la construcción (representa el 18% del PBI Español). Este año la crisis se profundizará, ya que se espera una segunda oleada: la imposibilidad de repago de las deudas hipotecarias y crediticias a consecuencia de la creciente desocupación (20,8% de la población económicamente activa). Los primeros desempleados de la crisis están cerca de agotar el subsidio, por lo que reforzarán el círculo vicioso recesivo de la falta de crédito, consumo e inversión. En el mismo sentido, la formación bruta de capital fijo (-3%) seguirá teniendo un comportamiento peor que los otros componentes del PBI, principalmente debido al severo ajuste del sector inmobiliario que no se verá compensado por el estancamiento en el índice de inversión en bienes de equipamiento.

Por otro lado, la Balanza de Pagos, ha sido deficitaria en 2010 en 35.987 millones de euros. Un Euro sobrevaluado inmerso en una economía de alto consumo, ha sido más influyente que los estímulos conservadores consecuentes de la retracción económica (la economía española cerró el año 2010 con un retroceso del PBI en un 0,1%). A ello debemos agregarle el incremento del precio de los commodities (en especial los del petróleo), que también influirá en un aumento en el nivel de importaciones.

El gasto público creciente, más allá de cualquier discusión ética, también es una realidad. Solo para citar un ejemplo, en 1977 había 700.000 funcionarios públicos, mientras que en la actualidad ya superan largamente los tres millones de trabajadores estatales. La enorme estructura burocrática confluye con un marco económico en constante crecimiento, pero es de difícil manutención bajo una coyuntura crítica como la actual. Según un informe del Ejecutivo comunitario, se prevé que el déficit público será del 6,4% del PBI en 2011, principalmente debido a que se estima que el crecimiento del PIB será de solo el 0,7% para el corriente año.

Finalmente, en un sistema cada vez más desigual, la desaprensión y la falta de expectativas de los 4.700.000 de desocupados han conllevado a una crispación creciente en la puja de intereses. Eso es lo que busca desesperadamente evitar el gobierno de Zapatero. Para ello, desea volver a las fuentes que tanto éxito han dado; un nuevo “Pacto de la Moncloa” que logre un acuerdo nacional entre todos los actores socio-económicos, bajo un marco de unidad inmerso en una gran alianza socio-productiva entre el Estado, el sector empresarial y los trabajadores.

El problema del PSOE es que el mundo de hoy no es el mismo que cuatro décadas atrás. Por un lado, el empresariado se ha transnacionalizado, con objetivos que van más allá de los intereses nacionales. En este sentido, los análisis indican que los beneficios empresariales seguirán recuperándose durante el 2011, sobre todo las empresas con mayor expansión en Latinoamérica y Asia, cuyos ingresos no se encuentran sujetos en su totalidad a la recesión española.

Por otro lado, en un marco de gran apreciación del Euro, la competencia con potencias emergentes con demostrada capacidad en las áreas de infraestructura, tecnología y capital humano, es cada vez mayor. A ello debemos agregarle la dependencia en términos de política monetaria, que deriva inevitablemente en constantes ofrecimientos y concesiones para con los mercados globales con el mero objeto de mantener la estabilidad y la confianza. Por ahora, se encuentran lejos del objetivo: en el último año, el spread del bono español a 10 años frente a su par alemán se ha ampliado en unos 200 puntos básicos, como prueba fehaciente de la desconfianza que todavía reina en los mercados para con la situación española. Para citar solo un ejemplo, pocos creen que el gobierno socialista pueda reducir el déficit público del 12% al 3% en un período de 3 años. Por lo tanto, los sacrificios de los empleados públicos que ya han sido castigados con un descenso del 5% en sus salarios, por ahora han sido en vano.

Para concluir, una cooperación intra e internacional verdadera parece ser la única salida, aunque por ahora es solo una utopía. A nivel doméstico, el PP indicó que el acuerdo «son solo palabras», insistiendo en que el mismo conllevará implicancias negativas para los derechos de los pensionistas y los trabajadores (ya se ha acordado aumentar la edad jubilatoria hasta los 67 años). En cuanto a la política exterior, Zapatero reclamó recientemente a Alemania que tome una posición más activa ante la crisis regional, además de declarar que Alemania y Francia «tienen que impulsar una unión económica más perfecta» mientras recordaba que «todos los países» ayudan a Irlanda y a Grecia, por lo que espera “hagan lo mismo con España”. Exponer culpabilidades exógenas solo desnuda las fragilidades sistémicas, elude responsabilidades propias y propaga un marco de desconfianza política, económica y comercial entre los miembros del bloque. 

En definitiva, hemos observado que la caída ha sido profunda luego de una construcción económica y política exitosa pero asentado en bases frágiles para el complejo mundo actual. ¿Será este un nuevo punto de inflexión histórico para España? La respuesta es incierta. Solo podemos afirmar que mientras no se analicen las verdaderas causas y se evite determinar las consecuentes responsabilidades, la tendencia hacia la inequidad distributiva y la pobreza creciente difícilmente pueda revertirse. En el mientras tanto, millones de españoles sufren expectantes un cambio de rumbo en sus vidas.

El déficit comercial, un escollo más para el gobierno de Obama

Publicado en el diario BAE, 15 de Febrero de 2011.

Autor: Pablo Kornblum

La situación de Estados Unidos no mejora. El déficit de su balanza comercial aumentó un 32,8% en 2010 y alcanzó los 497.824 millones de dólares, según informó el Departamento de Comercio Norteamericano. Este contexto adverso nos lleva a analizar una serie de variables que van más allá de una política comercial ineficiente.

Por un lado, tal como es propuesto por los Organismos Internacionales, los Mercados y los Bancos Centrales, una balanza comercial y de pagos superavitaria debe ser una meta de todos los gobiernos – aunque difícilmente se cumpla en un mundo comercial de suma cero -. Sin embargo, el consenso del régimen internacional hacia el “déficit 0” parece no mellar en el ideario de los sucesivos gobiernos norteamericanos. Lo interesante es que las presiones internacionales – con los PIGS como caso emblemático -, no parecen incidir en el margen de maniobra norteamericano, probablemente debido a que los flujos internacionales de origen norteamericano o con profundos intereses en la estabilidad sistémica (sobre todo en relación a las implicancias que pueden ocasionar cambios bruscos en la moneda norteamericana) no desean atacar a la influyente gran superpotencia mundial. En definitiva, nunca más certero el dicho que indica “has lo que yo digo, pero no lo que yo hago”.   

En el mismo sentido, cerrar la brecha externa y fortalecer la balanza comercial requiere la voluntad política para lograr un incremento en las exportaciones o una disminución de las importaciones. Disminuir las importaciones significaría, principalmente, reducir fuertemente el consumo de bienes importados, en particular los artículos provenientes de China. En este sentido, el déficit comercial de Estados Unidos con China en 2010 se incrementó en un 20,3%, alcanzando los 273.066 millones de dólares. Este escalofriante dato equivale al 43% de todo el saldo negativo en el intercambio estadounidense de bienes en 2010.

Sin embargo, en un momento político donde el gobierno ha perdido fuertemente su legitimidad, promover un cambio paradigmático para con el motor vital de la sociedad norteamericana podría significar un suicidio político. Por lo tanto, el objetivo del presidente Obama se centra en incrementar los saldos exportables. Aunque durante el año 2010 las exportaciones se expandieron el 16,6% y alcanzaron los 1,83 billones de dólares, lejos está la meta gubernamental en el cual las exportaciones sumen cerca de 3,14 billones de dólares para el 2015. Para ello, se requeriría que crezcan a una tasa del 15% anual; objetivo difícil de lograr en un contexto económico y geopolítico mundial tan inestable.

Más aún, incrementar los saldos exportables no solo implica debilitar aún más el ya alicaído dólar; también requiere aumentar la competitividad vía mejoras en la productividad e innovación. En este sentido, el gobierno norteamericano debe prestar atención a otro síntoma de alerta: a diferencia del incremento en las importaciones de bienes de consumo, las importaciones de bienes de capital disminuyeron en 469 millones de dólares en Diciembre del año pasado, acentuando la tendencia interanual decreciente. En este sentido, los impactos negativos en cuanto a la inversión y sus derivaciones en términos de competitividad internacional, no son un buen augurio para el gobierno de Obama.

Por último, debemos recalcar que el alza de los precios del petróleo también ayudó a ampliar el déficit comercial en el 2010, ya que el precio promedio del barril subió a 74,66 dólares desde los 56,93 en el 2009. Para citar solo un ejemplo, las compras de productos vinculados a la energía subieron desde 25.220 millones de dólares en noviembre a 29.200 millones en diciembre. Pero eso no es todo. En el último mes del año las importaciones de alimentos y forraje se elevaron en 191 millones de dólares, para alcanzar un récord histórico de 8.030 millones. Esto implica que la economía norteamericana no ha estado salvaguardada de la tendencia global creciente de los precios de los commodities. En un país tan densamente poblado y sumamente interconectado a nivel nacional, la dependencia de los recursos agrícolas y energéticos para movilizar los factores productivos, bienes y servicios, debe ser un tema central dentro de la agenda presente y futura del gobierno.

En definitiva, el gobierno de Obama encuentra en el rojo de la balanza comercial una serie de profundos frentes estructurales con los que debe lidiar. Mientras las respuestas escasean, el mercado no tardó en reaccionar: el Viernes pasado, apenas se conoció la noticia, el S&P 500 perdió un 0,25%, el Nasdaq un 0,23%, mientras que el Dow Jones retrocedió un 0,21%. En este sentido, un cambio positivo de expectativas de los consumidores y el sector empresario es una condición primaria necesaria – aunque insuficiente- para torcer el rumbo actual. Porque mientras el ejecutivo no demuestre un programa sólido de política económica de largo plazo, se aleja la posibilidad de sentar las bases hacía un verdadero modelo sustentable dentro del complejo mundo actual.

El sinceramiento como único camino hacia un mundo inclusivo

Publicado en el diario BAE, 08 de Febrero de 2011.

Autor: Pablo Kornblum

El XI Foro Social Mundial (FSM) ha comenzado en Dakar, Senegal, con el objetivo de debatir alternativas a un contexto global marcado por una profunda crisis del sistema neoliberal. El mismo se lleva a cabo solo unas semanas después de concluido el Foro Económico Mundial de Davos, donde los grupos empresarios más significativos a nivel internacional se dieron cita para discutir, según su óptica, las problemáticas mundiales en materia económica.  

Para delinear un punto de dialogo justo entre estos dos Foros antagónicos, es interesante poder encontrar algunos temas de interés común. Para comenzar, la destrucción de nuestra naturaleza no reconoce fronteras ni clases sociales. El mundo es uno solo y los fenómenos climáticos golpean tanto a ricos como a pobres. Despojarse de cualquier tipo de responsabilidad individual escudado en las todavía difusas cargas colectivas, ya no es excusa para aquellos grandes contaminantes del medio ambiente global. 

Por otro lado, el Foro de Davos promueve la democratización del sistema, reforzando la libre y justa competencia promulgada por los padres de la teoría liberal económica. Sin embargo, la concentración de la riqueza derivada especialmente de los monopolios fomentados por los Lobbys y los grupos de interés – entremezclando muchas veces la falta de eficiencia con prácticas corruptas -, contradicen las bases teóricas sobre las que se asientan muchos reconocidos gurúes del ámbito internacional. 

En el mismo sentido, la teoría de la libre movilidad de los factores productivos parece haber quedado en los anales de los libros de historia. La globalización es solo para el capital físico y financiero; mientras las presiones de los excluidos, parias de un sistema que no los contiene social ni econonómicamente bajo ningún ámbito nacional, continúan incrementándose día a día. Como lo indicó el presidente Morales en su discurso durante la inauguración del FSM, “»hay políticas para expulsar a los pobres, pero no políticas para expulsar a los ricos». En consecuencia, las tensiones sociales resultantes enrarecen el clima social e impactan directamente sobre la inseguridad y la violencia, afectando a todos los grupos sociales sin discriminación alguna.

En otro punto de análisis, la actual situación estructural conllevará, más temprano que tarde, a un mundo donde reinará la escasez de aquellos bienes imprescindibles como los alimentos y el agua – un importante tema a debatir en el FSM será la soberanía alimentaria-. Los primeros afectados serán los más pobres; sin embargo, las consecuencias posteriores serán una fuerza de trabajo que mermará en su productividad y afectará los intereses de empresarios que requieren de un capital humano preparado – recordemos que en la actualidad todavía existen 759 millones de personas mayores analfabetas en el mundo – para enfrentar un mundo cada vez más competitivo.  

La exclusión y la recesión también afectan a los grupos de interés. El crecimiento de las nuevas potencias económicas emergentes ha salvaguardado los peores efectos de la crisis del desarrollo, desviando la atención y los intereses de producción y venta hacia los nuevos mercados emergentes. Sin embargo, en un mundo de desigualdades crecientes en todas las regiones, los efectos sobre el consumo terminarán impactando negativamente en toda la cadena de producción corporativa global. Como lo indica la integrante del Consejo del Foro Social Europeo, la italiana Rafaella Bolini, “Tenemos que tener otro modelo de producción y de consumo para recrear un sistema sustentable».

Finalmente, los líderes mundiales fomentan, al menos en su discursiva, la autodeterminación de los pueblos y la necesidad de fomentar políticas endógenas específicas de acuerdo a los requerimientos de cada Estado-Nación. En este sentido, el mismo representante del Foro del Tercer Mundo, Bernard Founou-Tchigoua, ha destacado la celebración del FSM en Dakar como vía «para que se hable de que los africanos pueden pensar por sí mismos y hacerse su propio destino». Sin embargo, cuando los intereses concentrados corren peligro o los mercados se encuentran cerca del derrumbe – como pasa actualmente en la crisis de los PIGS-, los líderes mundiales, los Organismos Internacionales (el más claro ejemplo es el FMI), y las calificadoras de riesgo globales son los primeros en “aconsejar” y dictaminar cuales son las políticas más convenientes para el futuro de los pueblos del mundo.  

En definitiva, la profundización del sistema ha reavivado la lucha de clases; principalmente debido a los enormes intereses particulares cortoplacistas que ciegan cualquier atisbo de construcción colectiva de largo plazo. Solo un sinceramiento de todos los actores, sobre todos los más poderosos y responsables, será el único camino que podrá llevar a un equilibrio donde reine la justicia económica y una digna calidad de vida para todos.

Los intereses internacionales priman sobre el futuro de los egipcios

Publicado en el diario BAE, 01 de Febrero de 2011.

Autor: Pablo Kornblum

Cuando el entonces presidente egipcio Anuar El Sadat era asesinado 30 años atrás, su vicepresidente Hosni Mubarak, sentado junto a él en el palco del ataque, resultó prácticamente ileso. Aunque sospechado de complicidad con el magnicidio, el todavía hoy presidente Mubarak ha rechazado permanentemente las acusaciones bajo el paraguas protector de los Estados Unidos. Para aquellos que conocen la historia de las dictaduras latinoamericanas, las similitudes abruman.

Siguiendo la misma línea de análisis, la histórica política norteamericana de no intromisión militar pero bajo el sustento del apoyo económico en pro de sus objetivos, se han visto traducidos en los 1.500 millones de dólares que recibe Egipto anualmente por parte de los Estados Unidos como asistencia al ejército. El objetivo,  reforzar a las fuerzas de seguridad para reprimir cualquier tipo de radicalismo islámico en Egipto – en especial sobre la mayor fuerza política opositora, los Hermanos Musulmanes- , y tener bajo control al resto de la región. Como contraparte, Mubarak ha dado siempre muestras claras de lealtad. Para citar solo algunos ejemplos, 35.000 soldados egipcios (el tercer contingente más numeroso después de Estados Unidos y Reino Unido) fueron los primeros en desembarcar en Kuwait durante la Primera Guerra del Golfo. Por otro lado, Egipto forma parte regular de las diversas operaciones de la ONU para el mantenimiento de la paz y la asistencia militar en Timor Oriental, Sierra Leona y Liberia.

Sin embargo, la ayuda económica no concluye en el Ministerio de Defensa – por lo menos en teoría-. En este sentido, los Estados Unidos, a través de su Agencia para el Desarrollo Internacional, ha provisto 25.000 millones de dólares de ayuda para el desarrollo egipcio entre 1975 y 2002. Por su parte, la Unión Europea tampoco se queda atrás: la colaboración de la Comisión Europea ha ascendido a más de 1.000 millones de euros desde 1995, incluyendo la existencia de un Acuerdo de Asociación desde 2004 y varios acuerdos de cooperación firmados en Octubre del año pasado por un monto cercano a los 800 millones de euros. Sin embargo, de desarrollo económico, político e institucional, poco y nada se ha observado hasta la actualidad.

Esta situación ha desembocado en la consolidación de ciertos movimientos de protesta, surgidos fundamentalmente a partir del descontento de trabajadores del sector textil, que han extendido sus demandas de salarios más elevados y mejores condiciones de vida a exigencias de participación política. Sus peticiones son compartidas por una amplia base de la población, sobre todo a partir de los efectos de la crisis económica global en el país y su posicionamiento como paraíso turístico y proveedor de mano de obra a bajo costo. Este nuevo contexto macroeconómico realimenta un círculo vicioso de baja tecnologización y especialización productiva, conllevando a una fuerte dependencia externa y una limitada sustentabilidad en el largo plazo.  Por lo tanto, en un país estructuralmente retrasado donde no se han vislumbrado cambios significativos en la calidad de vida de las mayorías, el pedido a gritos de cambio no debería sorprender a nadie. En este sentido, los requerimientos democráticos son solo el sinónimo de un primer paso hacia una libertad de expresión que permita abrir los caminos hacia la conquista de los objetivos sociales y económicos deseados por décadas.
 
Sin embargo, la claridad de lo expuesto pareciera no implicar tipo de reconocimiento o arrepentimiento alguno por parte del “democrático y respetuoso de los derechos humanos” mundo Occidental. Por un lado, la Casa Blanca ha emitido un comunicado oficial la semana pasada, en el cual «el presidente ha reiterado su oposición a la violencia y ha pedido contención, como así también ha apoyado los derechos universales como los derecho de reunión, asociación y expresión pacíficos..”. Una triste dialéctica que se contradice con el informe de la prestigiosa Comisión de Investigación del Consejo de Europa, quien ha ratificado que El Cairo ha sido un centro privilegiado de los programas coordinados por la CIA luego de los atentados de 2001, por el cual detenidos ilegalmente de todo el mundo eran transportados a Egipto para ser sometidos a torturas e interrogatorios extrajudiciales. Por otro lado y según EUobserver, 18 estados miembros de la UE vendieron armas a Egipto por valor de 75,7 millones de euros en 2009. Las consecuencias son palpables: los vehículos y el material antidisturbios que el régimen usa estos días contra la población es en su mayoría material proveniente de países de la UE.

En definitiva, la realidad egipcia nos muestra una vez más un sistema internacional donde la falsedad sale a la luz a través de ingenuas contradicciones. Lamentablemente, los que terminan sufriendo una vez más son los pueblos pobres del mundo que observan cada vez más alejada la posibilidad de lograr un verdadero avance para con su desarrollo político, económico y social.

La Europa que se viene: Entre las diferencias y la incertidumbre

Revista veintitres internacional – Enero 2011

http://www.elargentino.com/nota-123544-medios-140-Tiempo-de-cambios-en-la-Eurozona.html

Autor: Pablo Kornblum

Algunos desean entrar, otros tratan de encontrar la receta mágica para mantenerse en pie. La mayoría solo busca diferenciarse, mientras intentan disimular sus intereses encontrados. Parece extraño pero no lo es. Esto es la Eurozona hoy: realidades y objetivos nacionales diferenciados, en un marco de incertidumbres domésticas que se condicen con un contexto de desigualdades y puja de intereses crecientes. 

Comencemos con aquellos que quieren ser parte de la Eurozona. A partir del 1ro de Enero de este año, Estonia se convirtió en la primera república ex soviética que se unió al Euro. Para lograr la aceptación, el gobierno estonio aplicó en los últimos años duros planes de ajuste para cumplir con los criterios macroeconómicos exigidos por Bruselas (los cuales casi ningún país de la Eurozona cumple hoy en día). Para ello, el gobierno estonio despidió a miles de funcionarios y redujo los salarios del sector público un 10%. Además, retrasó la edad de jubilación de 63 a 65 años, subió el IVA del 18 al 20% y aprobó una reforma laboral que no grava el despido. Estas medidas han podido ser puestas en marcha como consecuencia de 18 años de un modelo neoliberal que ha arrasado cualquier atisbo de resistencia civil para con los derechos económicos garantizados (mínimos o insuficientes, pero seguros), obtenidos durante el período soviético.

Las cuentas públicas de Estonia ahora están saneadas: 1,7% de déficit público, 1,3% de inflación y 7,2% de deuda pública para un país que busca asimilarse a los modelos más desarrollados de los países nórdicos: economías centradas en las nuevas tecnologías y con foco en una especialización que derive en incrementos constantes de los saldos exportables. En este sentido, su ministro de Economía, Juhan Parts, reafirmó el mes pasado que la adhesión al euro conllevará muchas ventajas que se complementan con esta visión macro y microeconómica que persigue el gobierno estonio: “Nuestro comercio exterior se hace en un 80% con la UE. El mercado común es ventajoso para nosotros. Permite a las empresas estonias vender sus productos más fácilmente y crear empleos”.

Los bajos salarios domésticos, la estabilidad institucional occidental, y el padrinazgo que ofrecen los países más representativos del bloque cierran el círculo virtuoso de una economía que tiene mucho por ganar y poco que perder. Este contexto altamente positivo a simple vista, ha conllevado a que el imán de la europeización atraiga a otros Estados en situación similar: a pesar de sufrir los coletazos de la crisis europea, los gobiernos de sus vecinos Letones (disminución del salario promedio en un 8,3% y reducción de 3,5% del PBI en 2010) y Lituanos (18,3% de desempleo en 2010) también esperan con ansias lograr unirse al Euro en el 2014, sepultando en el recuerdo de los libros de historia sus pasados soviéticos.

Por otro lado, Alemania, padre y motor de la Unión, trata de ordenar y mantener a flote el  bastión en el que cimienta su poderío internacional. A diferencia de Estonia, que aplicó recetas neoliberales para lograr ser parte de la Europa desarrollada, Alemania recurrió, paradójicamente, a políticas opuestas para salir de la actual, inesperada para muchos, crisis del desarrollo. Sus empresas invirtieron durante la crisis para mejorar sus tecnologías y recurrieron a mecanismos como el “desempleo parcial” para no despedir a sus trabajadores, reduciendo en muchos casos la producción pero incentivando la formación continua de los asalariados. Además, la reducción de salarios estuvo siempre acompañada por una política gubernamental que pagaba la diferencia para complementar los ingresos de los trabajadores. En definitiva, el gobierno Alemán logró poner en marcha los amortiguadores necesarios para poder seguir adelante con las políticas económicas que tanto rédito le han dado en estas últimas décadas: el manejo del Euro, su capacidad de exportación de productos de alta gama ante una fuerte demanda de las potencias emergentes y su desarrollado mercado interno – la robusta demanda doméstica conllevo a que la tasa de desempleo bajará del 7,4% en 2009 al 6,8% del 2010 -. Esta situación le ha permitido, en medio de la fuerte tempestad económica que azota la región, cerrar el año 2010 con un crecimiento en su PBI del 3,4%, una tasa récord desde la reunificación alemana que empuja al conjunto de una Eurozona que se encuentra estancada en un crecimiento promedio en torno al 1%.

La situación de España y Portugal puede denominarse de una desesperación contradictoria: la dialéctica de pertenecer o no a la Eurozona parece depender de la coyuntura y la conveniencia política. Por un lado, el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero evitó un salvataje financiero por parte de la UE y el FMI, tal como ocurrió con Grecia e Irlanda. La solución, acudir a China como compradora masiva de bonos de la deuda pública española (ya se ha incrementado más de ocho veces en los últimos dos años, donde pasó de 5136 millones de euros en 2008 a 43.146 millones en la actualidad). Poco importó que durante la negociación apareciera el reclamo Chino para lograr el levantamiento del embargo de armas impuesto por Europa tras la represión del régimen a los sectores que se manifestaron en favor de la apertura democrática del país en 1989. Los derechos humanos universales, tan mentados por el gobierno socialista español, parecen haber pasado a segundo plano cuando los acreedores y los grupos concentrados de poder reclaman. Sin embargo, no solo es una cuestión de dignidad internacional: los derechos humanos del casi 20% de desocupados que hoy en día se encuentran totalmente excluidos del mercado laboral español, también están siendo vapuleados y tampoco parecen ser prioridad del gobierno socialista.

Hundido por una deuda estimada a fines de 2010 en 185.000 millones de dólares (83,3% del PBI), Portugal sufre también débiles perspectivas de crecimiento potenciadas por el severo plan de ajuste del gobierno para recortar el déficit al 4,6% del PBI en 2011. En este sentido, tampoco es probable que logre pagar sus obligaciones financieras y por lo tanto, los países más representativos de la eurozona, como Alemania  y Francia, han aumentado la presión para que solicite un rescate a la Unión Europea y al Fondo Monetario Internacional. Poco importa la situación del pueblo portugués: los referentes del bloque parece que solo desean que la crisis no se propague más allá del ámbito de los PIGS, aunque la decisión sea costosa. En la intimidad, la mayoría de los Estados Europeos entiende que contribuir con el propio capital los futuros planes de rescate, podría desbalancear sus cuentas públicas y promover la propia quiebra financiera. Aunque no sea de manifiesto público, pocos desean observar como la socialización de las ganancias no se asocia a una individualización de las pérdidas dentro del actual contexto macroeconómico de la Unión Europea.

Por lo pronto, la desconfianza de los inversores en la salud económica de Portugal continúa, donde la situación se ha traducido en que las tasas de las obligaciones de Estado a 10 años del país se hayan disparado hasta el 7,16% en los primeros días del año, un nivel nunca visto desde el ingreso de Lisboa en la eurozona. En este sentido, a pocos miembros del gobierno de José Sócrates parece importarle hipotecar a las próximas generaciones con las crecientes tasas de interés de la deuda soberana portuguesa.

Por último, la situación Italiana no es menos desesperante. A nivel macroeconómico, la Bolsa italiana tuvo una pérdida neta del 11,94% en 2010. Peor aún, en los próximos tres años y según análisis de diversos institutos europeos, las proyecciones indican que Italia crecerá al ritmo del 1% anual. En cuanto a la microeconomía, las organizaciones de consumidores destacan que en el 2011 las familias sufrirán pérdidas por 1000 euros cada una, especialmente debido a los aumentos de precios de bienes y servicios populares. Por otro lado, la productividad de las pequeñas y medianas empresas se encuentra en franco descenso, en un país estancado económicamente por más de una década. Esta situación no debería sorprender a nadie: la rentabilidad empresaria se observa solo en sectores concentrados, enmarcados en un sistema que defiende sus privilegios y hace un culto de la viveza, la corrupción y la evasión impositiva.

Sin embargo, lo más grave pareciera ser las formas con las cuales el gobierno manifiesta las problemáticas económicas. Según declaraciones del propio Ministro de Economía, Giulio Tremonti, «Vivir en Italia es como vivir en un videojuego: aparece un monstruo, lo combates, lo vences, te relajas y enseguida aparece otro monstruo más fuerte que el primero». Podemos observar claramente que las causales de la crisis brillan por su ausencia, mientras que la explicación de la coyuntura podría ser convincente solo para un niño. La “vida real” de los italianos indica crecimiento de las desigualdades, incrementos en los niveles de pobreza y un aumento continúo de la desocupación. Para ellos no hay respuesta, ni virtual ni terrenal.

Para concluir, podemos afirmar que los gobiernos europeos parecen encontrarse en un laberinto que indica solo dos caminos de salida. Por un lado, la necesidad de realizar políticas estructurales domésticas para solucionar la crisis socio-económica. Por el otro, profundizar la salida cortoplacista fuera del ámbito Europeo. Ambas son necesarias y complementarias, aunque las adversidades y los efectos contrapuestos no son menores.

En cuanto a la salida exógena, incrementar las exportaciones a los mercados que más han crecido en los últimos años (los BRIC, por citar el ejemplo más claro), puede dinamizar las economías y proveer los ingresos tan necesarios para las deterioradas arcas estatales. Lo contradictorio es que parte de la solución se encuentra en las raíces mismas del problema: mayores tasas de ganancia, terciarizaciones a economías con tecnología creciente y bajos salarios, y una reconversión productiva que transfirió el valor agregado a las industrias de los países emergentes (Alemania es un claro ejemplo; desde la reunificación se ha producido un trasvase de empleados de la industria a los servicios – 59,5% en 1991 y 73,5% en la actualidad -), han sido causales principales en los que se asienta la crítica situación europea actual.

Sin embargo, la actual interdependencia generada puede, en algún momento, brindar  algún retorno positivo. Países emergentes con enormes capacidades industriales y agrícolas, pueden apoyar y sustentar financieramente a los países europeos en crisis. No por nada el gobierno Chino esta deseoso de financiar a la quebrada España. Pero cuidado: el evitar que se afecte el poder de compra de toda Europa de los productos fabricados en las diferentes regiones emergentes, es solo un objetivo; el tablero geopolítico internacional también esta en juego bajo un sistema donde la multipolaridad creciente impacta en la búsqueda y apropiación de los recursos en todo el planeta. 

Finalmente, la situación doméstica europea indica que la mayoría de los países se encuentran inmersos en un contexto donde prevalecen un grupo minoritario de empresarios ricos con enorme capacidad de locación de recursos y altas tasas de ganancias, en conjunto con una pobreza y desocupación creciente entre las clases medias y bajas. Estos exponentes de la latinoamericanización se pueden ven reflejados claramente en algunos ejemplos estadísticos. Según un informe del Instituto del Trabajo de la Universidad de Duisburgo, más de 6,5 millones de alemanes tienen un trabajo que no les permite salir de la pobreza. Mientras que en Italia, el Instituto Nacional de Estadísticas Italiano (Istat) reveló que para fines de 2010, la desocupación en los jóvenes alcanzó el 28,9%, un nivel histórico récord. Sería bueno que los gobernantes de la otrora Europa del bienestar se dieran cuenta de la gravedad de la situación antes que sea demasiado tarde, y realicen los cambios estructurales necesarios para lograr una verdadera redistribución de la riqueza dejando de lado las ambigüedades dialécticas que confunden a sus pueblos. Como las declaraciones del premier Sócrates en los primeros días del año, donde afirmó ante sus pares europeos que “esta haciendo los deberes para salir de la crisis”. Esperemos entonces que los deberes incluyan la mejora en las condiciones de vida de los millones de europeos que han entrado en un estadio de pobreza, bajo la angustia de un futuro incierto y carente de expectativas.

Un análisis escaso y tardío sobre la crisis de las inundaciones

Autor: Pablo Kornblum

No es novedoso lo que esta ocurriendo alrededor del mundo. El daño que el hombre le realiza diariamente a la naturaleza, en pos de explotar las riquezas naturales y económicas sin pensar en la sustentabilidad del medio ambiente en el que todos vivimos, ya comienza a mostrarnos su peor cara. Australia, Colombia y Brasil han sido testigos en las últimas semanas de temporales trágicos que han causado muerte y destrucción. Los gobiernos, en muchos casos ingenuamente atónitos por la situación, intentan infructuosamente atacar las consecuencias con una discursiva que parece olvidar por completo las causas y los factores de prevención.

Para comenzar, es interesante definir la palabra vulnerabilidad como “las características de una persona o grupo y el contexto que influencia su capacidad de anticipar, lidiar, resistir, y recuperarse de un impacto producido por un riesgo azaroso”. Aquellos que no pueden, por el contexto socio-económico adverso en el que habitan, realizar cualquier tipo de proyección preventiva o proactiva en el corto y largo plazo, son evidentemente los más vulnerables dentro de la cadena social y los que más necesitan de la ayuda gubernamental. En este sentido, hemos observado que cuando el Estado no realiza las políticas públicas acordes para evitar que los peores efectos se propaguen, los más pobres siempre son, directa o indirectamente, los que más sufren y los más perjudicados.

En este sentido, el mismo gobernador de la región carioca, Sergio Cabral, aseguró que hay zonas donde el «riesgo es muy grande» debido a las carencias medioambientales y de infraestructura de los barrios más humildes. Las fragilidades geográficas, la precariedad edilicia, y la falta de una política habitacional responsable – según el propio Carlos Minc, Secretario de Ambiente de Río de Janiero, “hubo un incentivo de varios prefectos (alcaldes o intendentes) para habitar zonas costeras inundables” -, conllevó a que el desastre natural derive en el peor de los escenarios: miles de personas perdieron los pocos bienes materiales con los que contaban. Por otro lado, también Adriana Caviedes, vocera de la Dirección de Gestión del Riesgo del Estado colombiano, graficó con claridad la situación provocada por las incesantes lluvias que se viven en su país desde hace meses: “Los deslizamientos de tierra y barro no entienden de obstáculos y acabaron con todo a su paso. Miles de colombianos escaparon con lo puesto, lo perdieron todo”.

La situación descripta dista mucho de compararse con la pérdida de un empleo temporal o la carencia de un bien puntual. El empezar de nuevo para aquellos que siempre han carecido de un capital físico y humano, puede acarrear consecuencias dolorosas para las futuras generaciones de sus familias que observan cada vez más alejada la posibilidad de escaparle al círculo vicioso de la pobreza. Peor aún, cuando observamos que los males se multiplican en el mundo subdesarrollado. A los 2,2 millones de «desplazados ambientales», debemos agregarle los 3 millones de colombianos que tuvieron que dejar sus hogares por la guerrilla, según cifras de la ONU. En total, suman más del 10% de la población del país cafetero.

Lo expuesto se enmarca en un contexto de respuestas tardías y dubitativas. La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, ordenó la liberación del equivalente a unos 400 millones de dólares para acciones de emergencia como la distribución de alimentos, medicamentos e instalación de hospitales de campaña. En este sentido, numerosas ciudades y poblaciones del Estado de Río de Janeiro han perdido en su totalidad los servicios de agua, electricidad y telecomunicaciones. Las reparaciones, con la venia de los subsidios estatales, le costarán millones de dólares a una macroeconomía que se verá fuertemente afectada y que le quitará importantes recursos estatales para aquellos sectores que más los necesitan, hayan sido afectados por el temporal o no. En un caso similar, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, prometió crear el «Fondo para la Estabilización, la Reconstrucción y el Desarrollo Económico, Social y Ambiental» para mitigar los efectos de la lluvia y devolverle la calidad de vida de los desplazados por las tormentas. Eso sí, nada se mencionó todavía de la falta de prevención, las causales y las responsabilidades que le atañen a cada sector.

Para concluir, el mundo desarrollado tampoco esta exento de los ocultamientos y mezquindades detrás de la catástrofe. Inexplicablemente, la primera ministra de Queensland, Anna Bligh, indicó que las 6.500 viviendas destruidas y los 200 mil afectados por las inundaciones en Australia, se debieron a que “»La madre naturaleza desencadenó una situación terrible”. El error en sus declaraciones es doblemente grave. No solo por desligar al ser humano de su responsabilidad en la agresión al medio ambiente, sino además por obviar la heterogeneidad de las culpabilidades; diferenciar quienes producen el mayor daño medioambiental y quienes son los más perjudicados, es también una función de los gobiernos que deben brindar soluciones de fondo ante la férrea oposición de los grupos concentrados de interés. Sin embargo, el castigo reciente de la naturaleza lanzó su advertencia: es hora de que los Estados tomen cartas en el asunto para prevenir de raíz y de forma proactiva, todos los males que el mismo ser humano produce.