Cuba y la necesidad de adaptarse al paradigma actual

Publicado en Stratfor, el 9 de Marzo de 2011.

Autor: Pablo Kornblum

http://www.stratfor.com/other_voices/20110309-cuba-and-need-adapt-current-paradigm

El anuncio fue sorprendente. A finales del año pasado, el Gobierno Cubano propuso eliminar 500.000 empleos estatales para el mes de Abril de 2011, a los que luego se agregarían otros 500.000 en un período de 5 años, lo que representaría un 20% del total de la fuerza de trabajo de la isla. Las medidas también incluyen 291 proyectos de lineamientos con las correcciones necesarias para que la economía transite por “el camino del control, la disciplina e institucionalización”, como así también la paulatina desaparición de la libreta de abastecimiento – de un costo de alrededor de mil millones de dólares anuales -, que distribuye desde la década de 1960 una canasta básica a precios subsidiados por el Estado para toda la población cubana.

Según lo expuesto por el primer mandatario, Raúl Castro, los cambios son necesarios para aumentar la baja productividad y producción de la isla. En este sentido, Castro no se equivoca. Realizando un simple análisis coyuntural, podemos observar que al bajo nivel de capital tecnológico  – derivado del bloqueo económico e ineficiencias domésticas que han acrecentado la falta de recursos (capital físico, herramientas, commodities) -, se le agrega la falta de incentivos para una población que vive bajo el lema del constante sacrificio para un futuro promisorio que tarda en llegar.

Sin embargo, la escasez de estímulos y la baja capacidad productiva no son una cuestión novedosa, sino que provienen de un histórico proceso estructural. Por un lado, la caída del bloque socialista, especialmente de la Unión Soviética, concluyó un período donde los desequilibrios macroeconómicos y las necesidades de consumo eran cubiertas desde el exterior. Cuba ha tenido que adaptarse a las nuevas reglas macroeconómicas de la globalización, en el cual el superávit fiscal, la competitividad y el desarrollo de recursos exportables con alto valor agregado son objetivos necesarios para lograr estabilidad y un proceso virtuoso de crecimiento y desarrollo sustentable. Inmerso en una globalización neoliberal de demografía creciente y recursos escasos, el modelo cubano no tiene otra alternativa que alinearse a la dinámica sistémica.

El otro punto importante es la expansión del proceso globalizador y el poder de los medios de comunicación. La imposibilidad del gobierno cubano de filtrar información sobre la creación productiva moderna de bienes y servicios compuestos por tecnología de punta y alta dosis de creatividad, ha conllevado a que el “efecto demostración” penetre profundamente en los poros de una ciudadanía ávida de bienes materiales que le permitan mejorar su calidad de vida. En consonancia, el contexto descripto potencia el fenómeno de la desigualdad, inexistente en la utopía socialista, pero que ha mellado fuertemente en el entramado social cubano. La diferencia entre los que pueden acceder a las divisas (vía familiares en los Estados Unidos o empleos en la industria del turismo) y los que no, arremeten contra las bases e ideales de una sociedad justa y basada en los valores de la educación y el capital intelectual.

Por lo tanto, podemos observar que los errores que condujeron a las ineficiencias domésticas, sumados a un contexto internacional adverso, han acorralado en cierto modo al régimen comunista. Sin embargo, el gobierno cubano sabe que cualquier cambio proactivo debe ser cauteloso. Una apertura descontrolada y sin una planificación eficaz puede ser contraproducente para el mantenimiento del status-quo. Un pueblo que solo ha conocido un estatismo centralizado como único sistema de vida, se encuentra expectante pero lógicamente temeroso ante cambios experimentales y novedosos, lo que puede potenciar efectos desestabilizadores impulsados desde adentro del país o a través de intereses exógenos.

Por ello, el régimen ha tomado algunas medidas que permitan proteger la estabilidad política. Por un lado, ha decidido fomentar solo el cuentapropismo, enmarcando a los trabajadores expulsados del sector estatal en un mercado competitivo de baja rentabilidad que evite el desarrollo de las fases superiores del capitalismo monopólico. Por otro lado, en un marco de solemne prudencia, el presidente Castro admitió esta semana que los planes de recorte han sido dilatados para suavizar el impacto del ajuste, mientras afirmaba la necesidad de “flexibilizar” los procesos de la reforma. Finalmente, la compleja situación internacional ha conllevado a una evaluación profunda de las tendencias económicas y geopolíticas mundiales – el más claro ejemplo es la actual situación socio-política y económica de Libia -, para evitar dar pasos en falso que potencien el efecto contagio.

En este aspecto de la política exterior, la influyente visión estadounidense ha sido reflejada por el secretario de Estado Adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental, Arturo Valenzuela, quien ha señalado que los cambios económicos anunciados por Cuba suponen un “giro importante” que podría contribuir a que el país salga de “su estancamiento”. Sin embargo, entender esta situación como una apertura económica y política sería un grave error. El gobierno cubano esta intentando, simplemente, allanar el mejor camino para la supervivencia de un socialismo inmerso en un cada día más complejo mundo capitalista.