Categoría: Publicaciones en Revistas Especializadas

Brasil va por más

Publicado en la Revista Debate, Febrero de 2012

http://www.debate.com.ar/2012/02/10/5026.phpPROS Y CONTRASEl director de Economía Internacional del Centro Argentino de Estudios Internacionales, Pablo Kornblum, dialoga con Debate acerca del deseo del ex presidente Lula, retomado por su sucesora Dilma Rousseff, de convertir a Brasil en potencia mundial.¿Cuál fue la estrategia brasileña? Para el especialista, la recuperación del aparato estatal, la articulación con el sector privado, una economía bastante diversificada, un poderoso mercado doméstico y una política exterior eficiente serían las claves del avance hacia el futuro.Además, entre otros factores importantes, se destaca el rol decisivo de la petrolera estatal Petrobras, el hecho de que el país se haya transformado en un polo de atracción para los grandes inversores privados, además de que el treinta por ciento de sus empresas sean consideradas en la actualidad “transnacionales”. Sólo en la Argentina, en los últimos años, capitales brasileños invirtieron 7.000 millones de dólares, a raíz de la compra de compañías locales. Entre las desventajas se encuentran, en palabras de Kornblum, “las inestabilidades intrínsecas del país en términos de gran inequidad o debilidades institucionales como la corrupción”.

La devaluación del Real, una muestra de fortaleza del Estado Brasileño

Publicado en Stratfor, el 16 de Diciembre de 2011.

Autor: Pablo Kornblum

http://www.stratfor.com/other_voices/20111216-devaluation-real-sign-brazil%E2%80%99s-strength

La moneda es uno de los símbolos más importantes que posee cualquier Estado de la tierra. Una divisa fortalecida implica un Estado con capacidades cuantitativas y cualitativas superadoras, las cuales generan una dinámica productiva endógena y una fortaleza comercial/financiera internacional diferenciadora. Bajo este contexto, se desarrolla una credibilidad de superioridad global que implica un poder de negociación/coerción superior, ante un escenario internacional de complejidad creciente y pujas de intereses interestatales yuxtapuestos.

Brasil, en su aspiración a llegar al estadío de potencia y actor decisorio en el escenario internacional, ha decidido fortalecer el valor de su moneda. En este sentido, desde la gran crisis internacional de 2008-2009, el Real se ha ido revaluando cíclicamente, pero con una clara tendencia apreciatoria. La fortaleza de la economía, sostenida por un fuerte influjo de capitales derivados de la depresión de los mercados internos del desarrollo en conjunción con altas tasas de interés domésticas, permitieron que la moneda brasileña, a fines del mes de Julio, se haya situado cercana a los 1,5 reales por dólar. Un techo histórico en su relación para con la divisa norteamericana.

Sin embargo, en un mundo cualitativamente cada vez más homogéneo (capital humano altamente calificado, tecnología de punta, etc.), la competencia económica se torna cada vez más ardua en todas las regiones del planeta, mimetizando las viejas dicotomías Norte/Sur o Desarrollo/Subdesarrollo al dejar obsoletas diferencias históricas del sistema capitalista global. Por lo tanto, la industria Brasileña, bastión económico y político de la estructura nacional, comenzó a perder mercados, tanto el doméstico (vía importaciones) como externos (baja competitividad de exportaciones), con otros países de amplia capacidad productiva sustentados en tipos de cambio altamente devaluados.

Ante esta situación, el gobierno brasileño decidió de manera vehemente, por lo menos momentáneamente, dejar de lado la estrategia de largo plazo y atacar la coyuntura. Se produjo entonces una devaluación forzada (cercana al 30% en pocos días), pero no sin antes advertir una ‘guerra de monedas’ desigual y denunciar la incapacidad de los países desarrollados para sanear sus economías que les permitan reabrir sus mercados de importación. La estrategia discursiva tiene un fin: demostrar en el escenario internacional que Brasil comprende la coyuntura, diagnostica responsabilidades y se encuentra dispuesto a ayudar.

Para concluir, mientras el gobierno brasileño ha vuelto a generar un tipo de cambio administrado adecuado para sus industrias más productivas, el gesto realizado demuestra un objetivo de presencia geopolítica activa y una férrea autodeterminación económica, lo cual le permite balancear una apreciación monetaria que estaba afectando su estructura socio-económica y productiva. Pero además y tal como lo indica el refrán, a veces hay que dar primero un paso hacia atrás para luego poder dar un gran salto hacia adelante. Las vicisitudes del escenario internacional requieren permanentemente de ello.

Uruguay and its battle against inflation

Publicado en Stratfor, el 6 de Julio de 2011.

Autor: Pablo Kornblum

http://www.stratfor.com/memberships/198614/other_voices/20110706-uruguay-and-its-battle-against-inflation

Uruguay y su combate contra la inflación

La palabra temor parece ser la más apropiada para describir la sensación que en estos últimos días circula en el Poder Ejecutivo Uruguayo. Es un temor que proviene directamente del status-quo del paradigma neoliberal, en el cual la inflación es lisa y llanamente uno de los peores males que cualquier economía se ve obligada a enfrentar.

La tendencia creciente de precios en Uruguay es evidente. En enero, en términos anuales la inflación fue de un 7,27%. En febrero aumentó a 7,67%; en marzo trepó a 8,17%, y en abril a 8,34%. La situación regional tampoco difiere mucho, lo que ha potenciado las tensiones inflacionarias. El último pronóstico de inflación de Brasil para este año ya se modificó de 5% a 5,7%, por lo que el mes pasado la Presidenta Dilma Rousseff expresó sobre su “inmensa preocupación” por la inflación, “la cual debe ser tratada inmediatamente”. Por otro lado, la Argentina no se queda atrás: con una inflación esperada superior al 30% anual, el fuerte incremento de precios es un tema central en la agenda electoral de cara al segundo semestre del año. 

Las causas del sobrecalentamiento de la economía parecen ser más benignas que adversas: una robusta demanda interna, un importante crecimiento del PBI (mientras la primera proyección de crecimiento para este año había sido del 4,5%, el primer trimestre ya arrojó una tasa del 6,8% respecto de un año atrás), un incremento de los precios de los commodities internacionales – de los cuales Uruguay tiene cierta relevancia como productor regional y global-, y una participación activa del Estado, sobre todo a través de un Gasto Público creciente.

Sin embargo, el incremento de precios actual involucra problemáticas de raíz, históricamente cíclicas en toda la región. Por un lado, la habitual concentración y capacidad de formar precios derivado de mercados monopólicos, conllevan permanentemente a un reacomodamiento de precios que maximizan una ya elevada rentabilidad, sobre todo cuando se convive en un contexto internacional de precios crecientes de los commodities. Por otro lado, la variable “expectativas” también genera permanentemente un condimento extra dentro de la cultura regional. Si a los primeros indicios de incrementos colectivos de salarios se le adicionan los aumentos de precios en los bienes y servicios de las PYMES que no quieren perder rentabilidad dentro la cadena de valor, el espiral inflacionario comienza inevitablemente su camino ascendente sino se toman las medidas contracíclicas necesarias.

La gran preocupación de las más altas esferas gubernamentales se relaciona con la pérdida de competitividad que daña la posibilidad de continuar con la senda de crecimiento sostenido; pero que además incluye una balanza comercial deficitaria y una fuga del tejido productivo hacia otros horizontes. La respuesta para frenar el alza en los precios ha ido en consonancia al mismo paradigma que propaga los miedos; la búsqueda primaria ha sido satisfacer el modelo neoliberal, con una política económica de tinte conservadora. Por lo tanto, la política monetaria contractiva ha sido la receta promulgada y a su vez esperada para saciar las expectativas de los mercados internacionales y los grupos concentrados locales.

En este sentido, las autoridades económicas del Uruguay anunciaron una nueva suba de la tasa de política monetaria (TPM), esta vez de 50 puntos básicos, para llevarla al 8% anual. Es la segunda suba del año, luego de que en marzo la incrementara en 100 puntos básicos, del 6,5 al 7,5 por ciento. Las primeras consecuencias serán, por un lado, el aumento del costo del crédito, lo que repercutirá en una baja en la demanda de crédito al consumo, y el consecuente enfriamiento de la economía. Por otro lado, al aumentar la tasa, crecen los rendimientos de diversos instrumentos financieros de deuda en la moneda local, por lo que la venta de dólares por la compra de los mismos provocará una baja en el tipo de cambio, lo que funciona comúnmente como un ancla para que la inflación se modere.

Aunque la respuesta parece haber sido adecuada, sin duda es insuficiente. Simplemente porque los objetivos e intereses finales deben tener un foco más amplio, sobre todo para el beneficio de las clases más humildes de la sociedad uruguaya. En este aspecto, la batería de políticas deberían incluir la profundización de las políticas redistributivas, el continuo apoyo a los proyectos de PYMES y Cooperativas, como así también el aumentar la participación activa del Estado en términos de subsidios y fomento de empréstitos para aprovechar los nichos de mercado regionales y globales, favorables en la actualidad a los productos agrícolas y los servicios financieros y tecnológicos – para los cuales Uruguay se encuentra en una posición privilegiada -. Si a ello le agregamos un necesario aumento exponencial de la producción de bienes y servicios – con implicancias directas sobre los beneficios colectivos de los más necesitados -, la estabilidad macroeconómica se complementaría con una mejora en la calidad de vida basada en un desarrollo sustentable. De esta manera, mientras la economía se torna más saludable para la mayoría del pueblo Uruguayo, solo quedaría resolver el manejo de los miedos como el gran desafío político del futuro.

El futuro del TLC entre la Unión Europea y el MERCOSUR

Publicado en Stratfor, el 4 de Mayo de 2011.

Autor: Pablo Kornblum

http://www.stratfor.com/other_voices/20110504-future-fta-between-european-union-and-mercosur

Entre el 2 y 6 de mayo próximo, Paraguay será sede del encuentro entre la Unión Europea y el MERCOSUR. Ambos bloques volverán a la mesa de dialogo para tratar de reflotar, una vez más, el Tratado de Libre Comercio (TLC). Por parte del MERCOSUR, el punto más importante a discutir es la desgravación arancelaria de la mayoría de los productos agrícolas que exporta la región, ya que existe un complejo y generoso sistema de subsidios, créditos blandos y medidas para-arancelarias que atentan contra el ingreso de los productos agropecuarios al mercado europeo. Por el lado de la Unión Europea, los principales requerimientos se centran en incrementar y favorecer la accesibilidad y el ingreso de bienes manufacturados europeos en Latinoamérica; aunque también existen requerimientos para con los bienes industriales y servicios, las compras gubernamentales, y los derechos de propiedad intelectual.

La historia de ambos bloques ha respetado la división internacional del trabajo y la dinámica Centro-Periferia: una América Latina proveedora de materias primas/alimentos, y una Europa Occidental industrialista y diversificada. En este contexto, los países latinoamericanos pasaron del colonialismo Europeo a la Doctrina Monroe, alternando modelos nacionalistas, proteccionistas y desregulacionistas. Bajo la atenta mirada de los Estados Unidos y con los ojos siempre puestos en los principales mercados, a mediados de la década de 1980’ se constituye el Mercosur, con la idea de acercar a los países de la región y lograr un mayor entendimiento en cuanto a las políticas económicas y comerciales intra-regionales. Sin embargo, la caída del comunismo y la apertura globalizadora de los años 1990’ marcaron una década enfundada en neoliberalismos nacionalistas altamente competitivos entre si y de claro sesgo anti-exportador (revaluación cambiaria, transformación productiva hacia los servicios y los flujos financieros, mercado-internismo creciente), estancando cualquier atisbo de fortalecimiento en las relaciones intra e interregionales. Hubo entonces que esperar hasta el Siglo XXI para que las relaciones entre los países del MERCOSUR y para con la Unión Europea tomen un verdadero impulso. Enmarcados en un giro ideológico progresista, el foco de discusión comenzó a centrarse en como lograr un crecimiento económico regional que pueda derivar en mayores ingresos estatales para ampliar los objetivos redistributivos tan necesarios en la geografía más desigual del planeta.

En un proceso de constante adaptabilidad y buscando incrementar permanentemente el margen de maniobra, la visión actual del MERCOSUR es la de fomentar y aprovechar el irreversible contexto de incrementos en los precios/demanda de las materias primas y los alimentos, derivado esencialmente del crecimiento demográfico global y la inclusión de los nuevos mercados emergentes. Las mejoras tecnológicas y de procesos, aunque lentificadas por las históricas carencias institucionales (falta de subsidios, permanentes ciclos macroeconómicos adversos, insuficiente ayuda y promoción gubernamental para con la búsqueda de nuevos mercados), han permitido aprovechar este nuevo contexto estructural internacional, acentuando y potenciando el posicionamiento regional como el principal proveedor mundial de la producción agrícola-ganadera.

La situación de la Unión Europea, en cambio, refleja una diversidad que confluye en un presente repleto de complejidades. Previo a la globalización neoliberal de la década de 1990’, Europa se encontraba tácitamente dividida entre países con vigorosos “Estados de Bienestar” (Alemania, Francia, Suecia), otros en pleno procesos de transformación económica y política (España, Portugal, Italia), y el resto bajo el ala de la antigua Unión Soviética (Polonia, Checoslovaquia, Hungría). Con el triunfo norteamericano y la vía libre hacia una totalitaria globalización económica y financiera, los victoriosos países capitalistas desarrollados europeos arrastraron al resto de sus vecinos regionales. Los avances hacia la homogeneización no fueron menores; sin embargo, los últimos años mostraron que las marcadas diferencias institucionales, culturales y socio-económicas que atentan contra los objetivos comunes, continúan inexpugnablemente vigentes.

La realidad del Siglo XXI potenció las tensiones nacionalistas, las diferencias sectoriales intra-nacionales y la puesta a prueba permanente de la estabilidad macroeconómica. La crisis global se ha ido transformando de coyuntural a estructural, donde la delicada sensibilidad social es puesta a prueba con cada decisión política. Los gobiernos, cautelosos, observan con recelo a los mercados financieros internacionales, mientras intentan satisfacer las demandas domésticas en un contexto de permanentes exigencias para con la protección de los bienes histórico-culturales, una diversidad productiva que pueda derivar en una verdadera sustentabilidad medio-ambiental, y una adecuada política de seguridad alimentaria que fortalezca la paz social. Los miedos a la apertura no son pocos: solo para citar un ejemplo, la liberalización comercial podría verse potenciada por una profundización de la teoría clásica liberal y el fomento por parte del MERCOSUR de la libre movilización de todos los factores productivos, incluyendo al factor trabajo. En este sentido, aunque la lógica teórica lo avale, sería utópico permitir la libre circulación y migración desde America hacia el viejo continente, ya que provocaría un suicidio político y una crisis social sin precedentes en el actual escenario Europeo.

En definitiva, es importante recalcar que más allá de los intereses particulares encontrados entre ambas regiones, un verdadero acuerdo cooperativo en pos de un desarrollo económico sustentable y complementario seria fructífero y contaría con el  aval de la más diversa pluralidad de las teorías clásicas del comercio internacional. En un mundo que defiende el status-quo y continúa avanzando hacia un proceso neoliberal (por lo menos de hecho), la apertura y desregulación son objetivos a nivel global. Todo avance en este sentido (reducción de aranceles, liberalización de mercados) difícilmente pueda volverse atrás, ya que además y por sobre todo, sería visualizado como un “retroceso proteccionista” para las elites económicas y financieras internacionales.

Sin embargo, la verdadera problemática para poder avanzar concretamente se encuentra en una fase previa. Mientras los dilemas intrínsecos continúen mellando fuertemente sobre las realidades nacionales e intrarregionales, no se podrán encontrar soluciones exógenas duraderas. Sin los factores institucionales resueltos, salarios dignos atados a la productividad y no las necesidades de competencia de mercado, y una verdadera democracia política y económica que provea una profunda equidad social, los dilemas internacionales quedaran supeditados a las problemáticas domésticas o a un segundo plano político. Los últimos años han sido testigos de ello: solo promesas y ningún avance entre dos posturas que continúan debatiendo bajo el paraguas de una pluralidad de intereses encontrados.

Una contienda presidencial teñida de dramatismo socioeconómico y político

Revista veintitres internacional – Abril 2011

http://www.elargentino.com/nota-134759-medios-140-Un-cantante-en-la-presidencia.html

Autor: Pablo Kornblum

La primera vuelta electoral del 28 de Noviembre pasado en Haití, ha sido solo un ejemplo más de lo que representa la falta de transparencia y sustentabilidad democrática. Avalados por los Organismos Internacionales veedores del escrutinio, 12 de los 18 candidatos denunciaron la existencia de un «fraude masivo» orquestado desde el gobierno para asegurar la presencia del candidato Celestin en el ballotage, quien tiene una relación sentimental con la hija del actual presidente Rene Preval y era el único considerado para garantizar la continuidad de su partido, INITE, en el poder. El resultado: el presidente retiró a su candidato de la segunda vuelta, lo que dejó vía libre a Martelly para seguir peleando por la presidencia.

Con un férreo control internacional que pudo detectar algunas irregularidades y actos fraudulentos, finalmente el ballottage pudo ser llevado a cabo. El resultado provisional dio como ganador a Martelly con el 67,57% de los votos, frente al 31,74% obtenido por su rival, Mirlande Manigat. La ex primera dama, quien había focalizado su discurso electoral en el impulso a los programas de educación nacional como única vía para favorecer el crecimiento económico y la necesidad de permitir a la comunidad haitiana en el exilio, de la que ella misma formó parte, que participe de las decisiones importantes del país como un incentivo para motivar su regreso a la isla, no pudo convencer a la mayoría de la población que le brindó su voto de confianza al músico de fama nacional. Martelly, por su parte, construyó su plataforma política en base a su labor humanitaria como presidente de la Foundation Rose et Blanc, una institución fundada por él y su esposa en favor de los pobres y marginados del país, lo que le abrió las puertas a su consecuente selección como Embajador haitiano de Buena Voluntad para la protección del Medio Ambiente. Lanzado por el partido Repons Peyizan (Respuesta Campesina), el artista de 50 años considera que el principal problema de Haití es el económico, por lo que prometió que al llegar al poder su gobierno velará por la seguridad jurídica de su país para promover la llegada de inversiones extranjeras.

¿Con que país se encontrará Martelly el día de su asunción? Haití ocupa el puesto 149 en el Índice de Desarrollo Humano que elabora la ONU. La esperanza de vida al nacer es de 61 años, la renta per cápita ronda los mil dólares anuales, el 99% de sus habitantes vive del trabajo informal y más grave aún, el 80% de su población se encuentra en la extrema pobreza. Es el país que nos demuestra como el realismo internacional y los intereses foráneos concentrados han desarrollado su lado más oscuro. Es el país donde lo público y lo privado se entremezclan, donde la ética y la moral brillan por su ausencia, donde la ineficiencia y la ineficacia golpean a la población y potencian permanentemente el círculo vicioso de la pobreza y la marginación. Es el país donde la falta de educación cercena cualquier esperanza futura de dignidad.

En cuanto al contexto económico, la política económica nacional con base agrícola característica de la periferia ha sido totalmente contraproducente dados los recursos naturales y la geografía de la región. Por un lado, los suelos haitianos no se caracterizan por tener una gran productividad, ya que el país se encuentra inmerso en un territorio agreste y montañoso; a su vez, la dirección de los vientos se torna en permanente contraposición con el mejor aprovechamiento de las épocas de lluvia. Esta situación ha derivado en que la tierra ha sido más intensamente explotada; en un país que además cuenta con una históricamente densa población en las zonas rurales. Por otro lado, la falta de un marco de transformación hacia una economía industrial o de servicios, provocó que el deterioro de los términos de intercambio y la imposibilidad de crear un modelo institucional que facilite mejoras tecnológicas y de competitividad para encontrar nichos de mercados globales de exportación, hayan mellado sobre cualquier de atisbo de creación de un modelo endógeno generador de valor agregado y riqueza.

En cuanto a la dinámica institucional, la histórica política doméstica solo se limitó a ser un complemento cómplice para con la destrucción del país y la perpetuidad de las desigualdades y la pobreza extrema. En este sentido, la dictadura de Francois Duvalier y posteriormente de su hijo Jean Claude, la cual se extendió desde 1957 hasta 1986, sobrevivió mediante el terror y un control social derivado del analfabetismo generalizado. A diferencia de la también brutal dictadura dominicana de Trujillo, donde el saqueó a las arcas estatales se transformó parcialmente en inversión para el desarrollo del país (infraestructura, logística, construcciones), los Duvalier se limitaron a depositar los recursos haitianos en bancos extranjeros. En este aspecto, no es descabellado trazar un paralelismo diferenciador entre la última dictadura brasileña de tinte industrial, exportadora y macroeconómicamente viable; con la endeudada, inestable e antiproductiva dictadura militar Argentina de 1976-1983. 

Tampoco se vislumbró un cambio estructural con el dos veces elegido presidente (y dos veces derrocado), Jean-Bertrand Aristide. El ex sacerdote líder creó un movimiento que sacudió a la dictadura de Duvalier a través de la permanente defensa de los pobres y sus derechos. Sin embargo, sus detractores afirman que lideró un gobierno corrupto, orquestó ataques violentos en contra de sus rivales políticos, y mostró la misma hambre de poder que quienes él mismo denunció. En tanto el actual presidente, Rene Preval, solo ha mostrado signos de un continuismo con mínimos e insuficientes avances en cuanto a la calidad institucionalidad del país. Sin cambios profundos tanto a nivel económico como político, solo quedará en su legado los suplicios de urgente ayuda internacional luego del terrible terremoto acaecido a principios de 2010 y el haber sido el primer presidente en la historia de Haití en terminar su mandato.

Con la mirada a futuro, el pueblo haitiano sigue encontrando obstáculos para con el logro de mejoras sustanciales en su calidad de vida. Desde la arena internacional, la indiferencia de un mundo viciado de intereses y complejidades no genera expectativas de un cambio estructural. Estas elecciones han sido un claro ejemplo, donde el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, solo se atrevió a mencionar que las elecciones deben “aportar estabilidad y el nuevo presidente debe dirigir la reconstrucción del país tras las tremendas tragedias ocurridas durante el año anterior”, contrariamente a la necesidad de cambios radicales urgentes y en un país donde las deudas socio-económicas no son coyunturales sino históricas. En el ámbito doméstico, difícilmente Martelly, con estrechos lazos militares – incluyendo un reciente apoyo al dictador Duvalier- y sin experiencia ni conocimiento técnico para con la gestión, ponga en marcha un proceso que incluya una férrea institucionalidad democrática y un desarrollo pleno de las capacidades económicas, productivas y sociales de toda la población.

En definitiva, los objetivos de lograr una verdadera autonomía nacional, recuperar la sustentabilidad de los recursos naturales, y regenerar un Estado eficiente librado de vicios de corrupción, son los únicos que permitirán crear el marco cualitativo necesario para lograr un desarrollo socio-económico y político democrático y profundamente equitativo. La historia y presente de los haitianos, lamentablemente, solo transforman estas ideas y expectativas en una utopía lejana.

Cuba y la necesidad de adaptarse al paradigma actual

Publicado en Stratfor, el 9 de Marzo de 2011.

Autor: Pablo Kornblum

http://www.stratfor.com/other_voices/20110309-cuba-and-need-adapt-current-paradigm

El anuncio fue sorprendente. A finales del año pasado, el Gobierno Cubano propuso eliminar 500.000 empleos estatales para el mes de Abril de 2011, a los que luego se agregarían otros 500.000 en un período de 5 años, lo que representaría un 20% del total de la fuerza de trabajo de la isla. Las medidas también incluyen 291 proyectos de lineamientos con las correcciones necesarias para que la economía transite por «el camino del control, la disciplina e institucionalización», como así también la paulatina desaparición de la libreta de abastecimiento – de un costo de alrededor de mil millones de dólares anuales -, que distribuye desde la década de 1960 una canasta básica a precios subsidiados por el Estado para toda la población cubana.

Según lo expuesto por el primer mandatario, Raúl Castro, los cambios son necesarios para aumentar la baja productividad y producción de la isla. En este sentido, Castro no se equivoca. Realizando un simple análisis coyuntural, podemos observar que al bajo nivel de capital tecnológico  – derivado del bloqueo económico e ineficiencias domésticas que han acrecentado la falta de recursos (capital físico, herramientas, commodities) -, se le agrega la falta de incentivos para una población que vive bajo el lema del constante sacrificio para un futuro promisorio que tarda en llegar.

Sin embargo, la escasez de estímulos y la baja capacidad productiva no son una cuestión novedosa, sino que provienen de un histórico proceso estructural. Por un lado, la caída del bloque socialista, especialmente de la Unión Soviética, concluyó un período donde los desequilibrios macroeconómicos y las necesidades de consumo eran cubiertas desde el exterior. Cuba ha tenido que adaptarse a las nuevas reglas macroeconómicas de la globalización, en el cual el superávit fiscal, la competitividad y el desarrollo de recursos exportables con alto valor agregado son objetivos necesarios para lograr estabilidad y un proceso virtuoso de crecimiento y desarrollo sustentable. Inmerso en una globalización neoliberal de demografía creciente y recursos escasos, el modelo cubano no tiene otra alternativa que alinearse a la dinámica sistémica.

El otro punto importante es la expansión del proceso globalizador y el poder de los medios de comunicación. La imposibilidad del gobierno cubano de filtrar información sobre la creación productiva moderna de bienes y servicios compuestos por tecnología de punta y alta dosis de creatividad, ha conllevado a que el “efecto demostración” penetre profundamente en los poros de una ciudadanía ávida de bienes materiales que le permitan mejorar su calidad de vida. En consonancia, el contexto descripto potencia el fenómeno de la desigualdad, inexistente en la utopía socialista, pero que ha mellado fuertemente en el entramado social cubano. La diferencia entre los que pueden acceder a las divisas (vía familiares en los Estados Unidos o empleos en la industria del turismo) y los que no, arremeten contra las bases e ideales de una sociedad justa y basada en los valores de la educación y el capital intelectual.

Por lo tanto, podemos observar que los errores que condujeron a las ineficiencias domésticas, sumados a un contexto internacional adverso, han acorralado en cierto modo al régimen comunista. Sin embargo, el gobierno cubano sabe que cualquier cambio proactivo debe ser cauteloso. Una apertura descontrolada y sin una planificación eficaz puede ser contraproducente para el mantenimiento del status-quo. Un pueblo que solo ha conocido un estatismo centralizado como único sistema de vida, se encuentra expectante pero lógicamente temeroso ante cambios experimentales y novedosos, lo que puede potenciar efectos desestabilizadores impulsados desde adentro del país o a través de intereses exógenos.

Por ello, el régimen ha tomado algunas medidas que permitan proteger la estabilidad política. Por un lado, ha decidido fomentar solo el cuentapropismo, enmarcando a los trabajadores expulsados del sector estatal en un mercado competitivo de baja rentabilidad que evite el desarrollo de las fases superiores del capitalismo monopólico. Por otro lado, en un marco de solemne prudencia, el presidente Castro admitió esta semana que los planes de recorte han sido dilatados para suavizar el impacto del ajuste, mientras afirmaba la necesidad de “flexibilizar” los procesos de la reforma. Finalmente, la compleja situación internacional ha conllevado a una evaluación profunda de las tendencias económicas y geopolíticas mundiales – el más claro ejemplo es la actual situación socio-política y económica de Libia -, para evitar dar pasos en falso que potencien el efecto contagio.

En este aspecto de la política exterior, la influyente visión estadounidense ha sido reflejada por el secretario de Estado Adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental, Arturo Valenzuela, quien ha señalado que los cambios económicos anunciados por Cuba suponen un «giro importante» que podría contribuir a que el país salga de «su estancamiento». Sin embargo, entender esta situación como una apertura económica y política sería un grave error. El gobierno cubano esta intentando, simplemente, allanar el mejor camino para la supervivencia de un socialismo inmerso en un cada día más complejo mundo capitalista.

España enfrenta el más difícil proceso de transformación

Revista veintitres internacional – Febrero 2011

http://www.elargentino.com/nota-128706-medios-140-El-dificil-proceso-de-transformacion.html

Autor: Pablo Kornblum

España ha sido, por siglos, una de las grandes potencias mundiales. Sin embargo, su persistente proceso de acumulación feudal y extractivo, conllevó a que los anales del siglo XIX lo hayan encontrado relegado ante las nuevas potencias del escenario internacional. Con la multiplicación de procesos productivos derivados de una sólida base industrialista, Gran Bretaña, Alemana y los Estados Unidos habían logrado una hegemonía económica que sentaría las bases para su posterior expansión geopolítica. El salto cualitativo político e institucional de las potencias Occidentales solo llegaría luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial, pero el avance hacia un capitalismo competitivo y desarrollado ya estaba en marcha. 

España llevó a cabo el proceso inverso. Por décadas, la dictadura Franquista, con un comportamiento periférico y dependiente, continuó estancando al país en base a una economía agraria limitada de concatenamientos productivos y valor agregado. Peor aún, el sistema político dictatorial solo coartaba libertades y concentraba el poder en una elite inmutable ante la necesidad de cambio del status-quo económico. Solo la muerte de su líder provocó la caída de un régimen ya exhausto, cediendo paso a un Pacto de la Moncloa que se convirtió en una gran reforma institucional paradigmática para toda la humanidad.

Lo lógica del imperioso orden previo al progreso prevaleció, por lo que la transformación económica fue lenta hasta que las bases políticas se solidificarán. Sin embargo, menos de 15 años después, el naciente modelo neoliberal encontró a España como uno de los principales beneficiados de los enormes flujos de capital, acelerando el crecimiento económico en base al pujante desarrollo de los sectores de las finanzas, las telecomunicaciones y el turismo. La “revolución productiva” derivada de una transformación económica focalizada en el dinamismo de los servicios, sentaría luego las bases para la posterior exponencial expansión económica: Un sistema bancario con abundante liquidez para solventar la industria de la construcción y el consumo suntuario, motorizando las cadenas de valor de una vigorosa economía.

Lamentablemente, las mieles de la bonanza no son eternas en un mundo cambiante que requiere de constante adaptación; más difícil aún en un contexto de derechos políticos y económicos adquiridos. En este sentido, la globalización capitalista es sumamente disciplinadora. Superávit fiscal junto con altos niveles de productividad y competitividad son los requerimientos necesarios (aunque no suficientes) para evitar los descalabros macroeconómicos y fomentar una planificación adecuada para lograr un crecimiento con desarrollo económico sustentable.

Pero los “deberes” no se hicieron y el colapso llegó; tanto el flanco doméstico como el externo debilitaron a un gobierno falto de regulaciones y prevención. Adoptar un régimen monetario rígido significaba un compromiso firme con la estabilidad de precios y el respeto de los contratos adquiridos; sin embargo, el rédito político obstaculizó cualquier intento de frenar el excesivo consumo privado de un individualismo creciente -la deuda de las familias asciende a 900.000 millones de euros-; como así también atisbo alguno de juzgamiento para con los abultados márgenes de rentabilidad empresarial derivados mayoritariamente de un capitalismo financiero desacoplado de la economía real. Por lo tanto el déficit, que no había sido otra cosa que el ahorro externo que decidió volcarse a España para financiar su expansión económica, dio lugar a una elevada e incontenible deuda externa.

Las consecuencias están a la vista. Por un lado, los bancos españoles ya han sufrido un primer tsunami proveniente de los 420.000 millones de Euros que les debe la industria de la construcción (representa el 18% del PBI Español). Este año la crisis se profundizará, ya que se espera una segunda oleada: la imposibilidad de repago de las deudas hipotecarias y crediticias a consecuencia de la creciente desocupación (20,8% de la población económicamente activa). Los primeros desempleados de la crisis están cerca de agotar el subsidio, por lo que reforzarán el círculo vicioso recesivo de la falta de crédito, consumo e inversión. En el mismo sentido, la formación bruta de capital fijo (-3%) seguirá teniendo un comportamiento peor que los otros componentes del PBI, principalmente debido al severo ajuste del sector inmobiliario que no se verá compensado por el estancamiento en el índice de inversión en bienes de equipamiento.

Por otro lado, la Balanza de Pagos, ha sido deficitaria en 2010 en 35.987 millones de euros. Un Euro sobrevaluado inmerso en una economía de alto consumo, ha sido más influyente que los estímulos conservadores consecuentes de la retracción económica (la economía española cerró el año 2010 con un retroceso del PBI en un 0,1%). A ello debemos agregarle el incremento del precio de los commodities (en especial los del petróleo), que también influirá en un aumento en el nivel de importaciones.

El gasto público creciente, más allá de cualquier discusión ética, también es una realidad. Solo para citar un ejemplo, en 1977 había 700.000 funcionarios públicos, mientras que en la actualidad ya superan largamente los tres millones de trabajadores estatales. La enorme estructura burocrática confluye con un marco económico en constante crecimiento, pero es de difícil manutención bajo una coyuntura crítica como la actual. Según un informe del Ejecutivo comunitario, se prevé que el déficit público será del 6,4% del PBI en 2011, principalmente debido a que se estima que el crecimiento del PIB será de solo el 0,7% para el corriente año.

Finalmente, en un sistema cada vez más desigual, la desaprensión y la falta de expectativas de los 4.700.000 de desocupados han conllevado a una crispación creciente en la puja de intereses. Eso es lo que busca desesperadamente evitar el gobierno de Zapatero. Para ello, desea volver a las fuentes que tanto éxito han dado; un nuevo “Pacto de la Moncloa” que logre un acuerdo nacional entre todos los actores socio-económicos, bajo un marco de unidad inmerso en una gran alianza socio-productiva entre el Estado, el sector empresarial y los trabajadores.

El problema del PSOE es que el mundo de hoy no es el mismo que cuatro décadas atrás. Por un lado, el empresariado se ha transnacionalizado, con objetivos que van más allá de los intereses nacionales. En este sentido, los análisis indican que los beneficios empresariales seguirán recuperándose durante el 2011, sobre todo las empresas con mayor expansión en Latinoamérica y Asia, cuyos ingresos no se encuentran sujetos en su totalidad a la recesión española.

Por otro lado, en un marco de gran apreciación del Euro, la competencia con potencias emergentes con demostrada capacidad en las áreas de infraestructura, tecnología y capital humano, es cada vez mayor. A ello debemos agregarle la dependencia en términos de política monetaria, que deriva inevitablemente en constantes ofrecimientos y concesiones para con los mercados globales con el mero objeto de mantener la estabilidad y la confianza. Por ahora, se encuentran lejos del objetivo: en el último año, el spread del bono español a 10 años frente a su par alemán se ha ampliado en unos 200 puntos básicos, como prueba fehaciente de la desconfianza que todavía reina en los mercados para con la situación española. Para citar solo un ejemplo, pocos creen que el gobierno socialista pueda reducir el déficit público del 12% al 3% en un período de 3 años. Por lo tanto, los sacrificios de los empleados públicos que ya han sido castigados con un descenso del 5% en sus salarios, por ahora han sido en vano.

Para concluir, una cooperación intra e internacional verdadera parece ser la única salida, aunque por ahora es solo una utopía. A nivel doméstico, el PP indicó que el acuerdo «son solo palabras», insistiendo en que el mismo conllevará implicancias negativas para los derechos de los pensionistas y los trabajadores (ya se ha acordado aumentar la edad jubilatoria hasta los 67 años). En cuanto a la política exterior, Zapatero reclamó recientemente a Alemania que tome una posición más activa ante la crisis regional, además de declarar que Alemania y Francia «tienen que impulsar una unión económica más perfecta» mientras recordaba que «todos los países» ayudan a Irlanda y a Grecia, por lo que espera “hagan lo mismo con España”. Exponer culpabilidades exógenas solo desnuda las fragilidades sistémicas, elude responsabilidades propias y propaga un marco de desconfianza política, económica y comercial entre los miembros del bloque. 

En definitiva, hemos observado que la caída ha sido profunda luego de una construcción económica y política exitosa pero asentado en bases frágiles para el complejo mundo actual. ¿Será este un nuevo punto de inflexión histórico para España? La respuesta es incierta. Solo podemos afirmar que mientras no se analicen las verdaderas causas y se evite determinar las consecuentes responsabilidades, la tendencia hacia la inequidad distributiva y la pobreza creciente difícilmente pueda revertirse. En el mientras tanto, millones de españoles sufren expectantes un cambio de rumbo en sus vidas.

La Europa que se viene: Entre las diferencias y la incertidumbre

Revista veintitres internacional – Enero 2011

http://www.elargentino.com/nota-123544-medios-140-Tiempo-de-cambios-en-la-Eurozona.html

Autor: Pablo Kornblum

Algunos desean entrar, otros tratan de encontrar la receta mágica para mantenerse en pie. La mayoría solo busca diferenciarse, mientras intentan disimular sus intereses encontrados. Parece extraño pero no lo es. Esto es la Eurozona hoy: realidades y objetivos nacionales diferenciados, en un marco de incertidumbres domésticas que se condicen con un contexto de desigualdades y puja de intereses crecientes. 

Comencemos con aquellos que quieren ser parte de la Eurozona. A partir del 1ro de Enero de este año, Estonia se convirtió en la primera república ex soviética que se unió al Euro. Para lograr la aceptación, el gobierno estonio aplicó en los últimos años duros planes de ajuste para cumplir con los criterios macroeconómicos exigidos por Bruselas (los cuales casi ningún país de la Eurozona cumple hoy en día). Para ello, el gobierno estonio despidió a miles de funcionarios y redujo los salarios del sector público un 10%. Además, retrasó la edad de jubilación de 63 a 65 años, subió el IVA del 18 al 20% y aprobó una reforma laboral que no grava el despido. Estas medidas han podido ser puestas en marcha como consecuencia de 18 años de un modelo neoliberal que ha arrasado cualquier atisbo de resistencia civil para con los derechos económicos garantizados (mínimos o insuficientes, pero seguros), obtenidos durante el período soviético.

Las cuentas públicas de Estonia ahora están saneadas: 1,7% de déficit público, 1,3% de inflación y 7,2% de deuda pública para un país que busca asimilarse a los modelos más desarrollados de los países nórdicos: economías centradas en las nuevas tecnologías y con foco en una especialización que derive en incrementos constantes de los saldos exportables. En este sentido, su ministro de Economía, Juhan Parts, reafirmó el mes pasado que la adhesión al euro conllevará muchas ventajas que se complementan con esta visión macro y microeconómica que persigue el gobierno estonio: “Nuestro comercio exterior se hace en un 80% con la UE. El mercado común es ventajoso para nosotros. Permite a las empresas estonias vender sus productos más fácilmente y crear empleos”.

Los bajos salarios domésticos, la estabilidad institucional occidental, y el padrinazgo que ofrecen los países más representativos del bloque cierran el círculo virtuoso de una economía que tiene mucho por ganar y poco que perder. Este contexto altamente positivo a simple vista, ha conllevado a que el imán de la europeización atraiga a otros Estados en situación similar: a pesar de sufrir los coletazos de la crisis europea, los gobiernos de sus vecinos Letones (disminución del salario promedio en un 8,3% y reducción de 3,5% del PBI en 2010) y Lituanos (18,3% de desempleo en 2010) también esperan con ansias lograr unirse al Euro en el 2014, sepultando en el recuerdo de los libros de historia sus pasados soviéticos.

Por otro lado, Alemania, padre y motor de la Unión, trata de ordenar y mantener a flote el  bastión en el que cimienta su poderío internacional. A diferencia de Estonia, que aplicó recetas neoliberales para lograr ser parte de la Europa desarrollada, Alemania recurrió, paradójicamente, a políticas opuestas para salir de la actual, inesperada para muchos, crisis del desarrollo. Sus empresas invirtieron durante la crisis para mejorar sus tecnologías y recurrieron a mecanismos como el “desempleo parcial” para no despedir a sus trabajadores, reduciendo en muchos casos la producción pero incentivando la formación continua de los asalariados. Además, la reducción de salarios estuvo siempre acompañada por una política gubernamental que pagaba la diferencia para complementar los ingresos de los trabajadores. En definitiva, el gobierno Alemán logró poner en marcha los amortiguadores necesarios para poder seguir adelante con las políticas económicas que tanto rédito le han dado en estas últimas décadas: el manejo del Euro, su capacidad de exportación de productos de alta gama ante una fuerte demanda de las potencias emergentes y su desarrollado mercado interno – la robusta demanda doméstica conllevo a que la tasa de desempleo bajará del 7,4% en 2009 al 6,8% del 2010 -. Esta situación le ha permitido, en medio de la fuerte tempestad económica que azota la región, cerrar el año 2010 con un crecimiento en su PBI del 3,4%, una tasa récord desde la reunificación alemana que empuja al conjunto de una Eurozona que se encuentra estancada en un crecimiento promedio en torno al 1%.

La situación de España y Portugal puede denominarse de una desesperación contradictoria: la dialéctica de pertenecer o no a la Eurozona parece depender de la coyuntura y la conveniencia política. Por un lado, el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero evitó un salvataje financiero por parte de la UE y el FMI, tal como ocurrió con Grecia e Irlanda. La solución, acudir a China como compradora masiva de bonos de la deuda pública española (ya se ha incrementado más de ocho veces en los últimos dos años, donde pasó de 5136 millones de euros en 2008 a 43.146 millones en la actualidad). Poco importó que durante la negociación apareciera el reclamo Chino para lograr el levantamiento del embargo de armas impuesto por Europa tras la represión del régimen a los sectores que se manifestaron en favor de la apertura democrática del país en 1989. Los derechos humanos universales, tan mentados por el gobierno socialista español, parecen haber pasado a segundo plano cuando los acreedores y los grupos concentrados de poder reclaman. Sin embargo, no solo es una cuestión de dignidad internacional: los derechos humanos del casi 20% de desocupados que hoy en día se encuentran totalmente excluidos del mercado laboral español, también están siendo vapuleados y tampoco parecen ser prioridad del gobierno socialista.

Hundido por una deuda estimada a fines de 2010 en 185.000 millones de dólares (83,3% del PBI), Portugal sufre también débiles perspectivas de crecimiento potenciadas por el severo plan de ajuste del gobierno para recortar el déficit al 4,6% del PBI en 2011. En este sentido, tampoco es probable que logre pagar sus obligaciones financieras y por lo tanto, los países más representativos de la eurozona, como Alemania  y Francia, han aumentado la presión para que solicite un rescate a la Unión Europea y al Fondo Monetario Internacional. Poco importa la situación del pueblo portugués: los referentes del bloque parece que solo desean que la crisis no se propague más allá del ámbito de los PIGS, aunque la decisión sea costosa. En la intimidad, la mayoría de los Estados Europeos entiende que contribuir con el propio capital los futuros planes de rescate, podría desbalancear sus cuentas públicas y promover la propia quiebra financiera. Aunque no sea de manifiesto público, pocos desean observar como la socialización de las ganancias no se asocia a una individualización de las pérdidas dentro del actual contexto macroeconómico de la Unión Europea.

Por lo pronto, la desconfianza de los inversores en la salud económica de Portugal continúa, donde la situación se ha traducido en que las tasas de las obligaciones de Estado a 10 años del país se hayan disparado hasta el 7,16% en los primeros días del año, un nivel nunca visto desde el ingreso de Lisboa en la eurozona. En este sentido, a pocos miembros del gobierno de José Sócrates parece importarle hipotecar a las próximas generaciones con las crecientes tasas de interés de la deuda soberana portuguesa.

Por último, la situación Italiana no es menos desesperante. A nivel macroeconómico, la Bolsa italiana tuvo una pérdida neta del 11,94% en 2010. Peor aún, en los próximos tres años y según análisis de diversos institutos europeos, las proyecciones indican que Italia crecerá al ritmo del 1% anual. En cuanto a la microeconomía, las organizaciones de consumidores destacan que en el 2011 las familias sufrirán pérdidas por 1000 euros cada una, especialmente debido a los aumentos de precios de bienes y servicios populares. Por otro lado, la productividad de las pequeñas y medianas empresas se encuentra en franco descenso, en un país estancado económicamente por más de una década. Esta situación no debería sorprender a nadie: la rentabilidad empresaria se observa solo en sectores concentrados, enmarcados en un sistema que defiende sus privilegios y hace un culto de la viveza, la corrupción y la evasión impositiva.

Sin embargo, lo más grave pareciera ser las formas con las cuales el gobierno manifiesta las problemáticas económicas. Según declaraciones del propio Ministro de Economía, Giulio Tremonti, «Vivir en Italia es como vivir en un videojuego: aparece un monstruo, lo combates, lo vences, te relajas y enseguida aparece otro monstruo más fuerte que el primero». Podemos observar claramente que las causales de la crisis brillan por su ausencia, mientras que la explicación de la coyuntura podría ser convincente solo para un niño. La “vida real” de los italianos indica crecimiento de las desigualdades, incrementos en los niveles de pobreza y un aumento continúo de la desocupación. Para ellos no hay respuesta, ni virtual ni terrenal.

Para concluir, podemos afirmar que los gobiernos europeos parecen encontrarse en un laberinto que indica solo dos caminos de salida. Por un lado, la necesidad de realizar políticas estructurales domésticas para solucionar la crisis socio-económica. Por el otro, profundizar la salida cortoplacista fuera del ámbito Europeo. Ambas son necesarias y complementarias, aunque las adversidades y los efectos contrapuestos no son menores.

En cuanto a la salida exógena, incrementar las exportaciones a los mercados que más han crecido en los últimos años (los BRIC, por citar el ejemplo más claro), puede dinamizar las economías y proveer los ingresos tan necesarios para las deterioradas arcas estatales. Lo contradictorio es que parte de la solución se encuentra en las raíces mismas del problema: mayores tasas de ganancia, terciarizaciones a economías con tecnología creciente y bajos salarios, y una reconversión productiva que transfirió el valor agregado a las industrias de los países emergentes (Alemania es un claro ejemplo; desde la reunificación se ha producido un trasvase de empleados de la industria a los servicios – 59,5% en 1991 y 73,5% en la actualidad -), han sido causales principales en los que se asienta la crítica situación europea actual.

Sin embargo, la actual interdependencia generada puede, en algún momento, brindar  algún retorno positivo. Países emergentes con enormes capacidades industriales y agrícolas, pueden apoyar y sustentar financieramente a los países europeos en crisis. No por nada el gobierno Chino esta deseoso de financiar a la quebrada España. Pero cuidado: el evitar que se afecte el poder de compra de toda Europa de los productos fabricados en las diferentes regiones emergentes, es solo un objetivo; el tablero geopolítico internacional también esta en juego bajo un sistema donde la multipolaridad creciente impacta en la búsqueda y apropiación de los recursos en todo el planeta. 

Finalmente, la situación doméstica europea indica que la mayoría de los países se encuentran inmersos en un contexto donde prevalecen un grupo minoritario de empresarios ricos con enorme capacidad de locación de recursos y altas tasas de ganancias, en conjunto con una pobreza y desocupación creciente entre las clases medias y bajas. Estos exponentes de la latinoamericanización se pueden ven reflejados claramente en algunos ejemplos estadísticos. Según un informe del Instituto del Trabajo de la Universidad de Duisburgo, más de 6,5 millones de alemanes tienen un trabajo que no les permite salir de la pobreza. Mientras que en Italia, el Instituto Nacional de Estadísticas Italiano (Istat) reveló que para fines de 2010, la desocupación en los jóvenes alcanzó el 28,9%, un nivel histórico récord. Sería bueno que los gobernantes de la otrora Europa del bienestar se dieran cuenta de la gravedad de la situación antes que sea demasiado tarde, y realicen los cambios estructurales necesarios para lograr una verdadera redistribución de la riqueza dejando de lado las ambigüedades dialécticas que confunden a sus pueblos. Como las declaraciones del premier Sócrates en los primeros días del año, donde afirmó ante sus pares europeos que “esta haciendo los deberes para salir de la crisis”. Esperemos entonces que los deberes incluyan la mejora en las condiciones de vida de los millones de europeos que han entrado en un estadio de pobreza, bajo la angustia de un futuro incierto y carente de expectativas.

La crisis de los PIGS y los falsos intereses comunes

Revista veintitres internacional – Diciembre 2010

http://www.elargentino.com/nota-118594-medios-120-La-crisis-del-euro.html

Autor: Pablo Kornblum

A principios de la década de 1990’ se presentaron algunos hechos fundamentales que cambiaron radicalmente la vida de los PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España). La ola globalizadora, potenciada luego de la caída del Muro de Berlín, encontró su desarrollo máximo a nivel regional luego de la firma del Tratado de Maastricht (1992), donde se terminó de establecer los pasos a seguir para lograr una Unión Monetaria, para luego dar paso a la concreción de un Mercado Común con la liberalización de los flujos de capitales y la libre movilidad de personas. La calificación para ingresar como miembros era sencilla: solo obligaba a alinear las tasas de inflación e interés, lograr un déficit fiscal no mayor al 3% del PBI y evitar que la deuda pública exceda el 60% del PBI.

Por otro lado, la integración regional requería esfuerzos pero vislumbraba un futuro próspero. Al apoyo de las potencias europeas a través del conocimiento/experiencia, la estabilidad institucional y la fortaleza económica, se le agregó la posibilidad de obtener subsidios de compensación y acceder a tasas de interés más bajas que las que podían conseguir con sus respectivas monedas nacionales. La bonanza provista por los flujos de capital domésticos e intra-regionales deslumbró rápidamente a los gobernantes de turno, los cuales aprovecharon la coyuntura para combinar el rédito electoral con el beneplácito de los Organismos Internacionales.

Ya hacia fines del siglo XX, las burbujas especulativas parecían no mellar en el ideario de los miembros de la Unión Europea. Las crisis del Sudeste Asiático, Rusia o América Latina pertenecían a regiones con las típicas fragilidades del subdesarrollo, incluyendo graves problemas institucionales y económicos estructurales que se encontraban, supuestamente, fuera del espectro del modelo Europeo Occidental del desarrollo. Las estadísticas lo reflejaban con claridad: la bonanza en las áreas de la construcción, los servicios tecnológicos/financieros y los desarrollos turísticos multiplicaban positivamente los indicadores económicos. Si a ello le agregamos la externalizacion difusa de la problemática de la pobreza derivada de la libre movilidad del factor trabajo dentro de la Eurozona, la relación Ingresos/Gastos de los PIGS se fue incrementando aún más.

Pero lamentablemente, los milagros económicos no existen y el transcurso del siglo XXI fue desnudando lentamente las fragilidades sistémicas. La falta de regulaciones conllevó a préstamos para inversiones en carteras de alto riesgo. La competitividad se vio resentida debido a los bajos costos de los países emergentes embebidos en un marco de mayor productividad (incremento de los mercados internos, mejoras tecnológicas y de infraestructura, multilateralidad creciente). Además, la falta de una política monetaria autónoma y un gasto gubernamental creciente, alejaban cada día más los indicadores económicos de los requisitos acordados en el Tratado de Maastrich: para el año 2010, la Deuda Pública de Irlanda llegó al 61,1% del PBI y el Déficit fiscal se sitúo en el 14,7%; en tanto que para Portugal, la situación no es muy diferente: 83,7% y 8,3% respectivamente. Por otro lado, mientras que las tasas de interés del Banco Europeo convergían a la baja con las alemanas, la paridad del poder adquisitivo del Euro se diferenciaba cada vez más entre los distintos países, de acuerdo con sus respectivas tasas de inflación. Entre 1997 y 2009 el nivel general de precios aumentó en Irlanda el 39,9% y en Portugal el 34,7%, mientras que en Alemania solo un 19,2% y en Francia un 22%. De este modo, se abarataron las importaciones y aumentaron los déficits externos de los europeos en general y los PIGS en particular.  Finalmente, los costos productivos y salariales crecientes de un Euro fortalecido en una región con altos niveles históricos de desarrollo socio-económico, comenzaron a provocar efectos negativos inversos a los vividos en una primera etapa de la integración.

Para enmarcar este contexto, el gran derrumbe económico y financiero desatado en el año 2008 sentó un precedente político importante de post-guerra: las crisis económicas podían doblegar al mundo desarrollado y sus correspondientes “Estados de Bienestar”. Los miedos sistémicos retrotrajeron a los flujos financieros hacia decisiones conservadoras y expectativas cautelosas. Los Organismos económicos y políticos internacionales se acordaban tardíamente de la importancia del cumplimiento de las reglas y la regulación. Mientras que los gobiernos, desesperados por contener las tensiones sociales desatadas por la gran crisis y potenciada por las fragilidades previamente mencionadas, buscaban infructuosamente una receta mágica que ayude a solucionar la grave problemática.

Para enfrentar este contexto adverso, los gobiernos de Portugal e Irlanda decidieron utilizar las viejas recetas neoclásicas emuladas por los Organismos Multilaterales, aquellos que nunca terminaron de admitir culpabilidad alguna de las crisis nacionales y regionales de las últimas décadas. Como mencionó el presidente de uno de los principales sindicatos de Irlanda hace algunas semanas, Jack O’Connor, el nuevo plan es «una hoja de ruta hacia la edad de piedra…». La pregunta lógica de porqué volver a políticas recesivas de corto plazo y socialmente dañinas en el largo plazo, parece contener una simple respuesta: la problemática es de tinte global y sistémico, lo que implica respuestas de cambios estructurales políticamente inviables para un mundo íntimamente interrelacionado a nivel económico y extremadamente respetuoso de las formalidades diplomáticas.

¿Continuarán los PIGS y el resto de los países de la Unión Europea proponiendo medidas de ajuste ortodoxo hiriendo de muerte a un Estado de Bienestar en decadencia? ¿Seguirán los intereses de los grupos concentrados desviando el foco de atención en nombre de un realismo político patriótico?

Probablemente, la respuesta sea afirmativa y se asiente en dos pilares fundamentales. Por un lado, la homogeneización económica internacional derivada de la nueva multipolaridad, conlleva a una situación donde la Unión Europea no solo compite fuertemente con los Estados Unidos y Japón, sino también con el BRIC, el Sudeste Asiático y América Latina. Esta situación implica que países como Irlanda y Portugal tengan la difícil misión de realizar políticas económicas con gran impacto en la productividad para lograr un salto cualitativo de competitividad dinámica sustentable a nivel doméstico, como así también la activación de todos los mecanismos necesarios para fortalecer la diplomacia comercial a través de las especificidades de mercado y con foco en el capital físico/humano y los recursos naturales.

Por otro lado, las heterogeneidades intrínsecas derivadas de las desigualdades del sistema capitalista no detienen su marcha, conllevando a que la lucha de poder entre las elites económicas/políticas y las clases trabajadoras sea de una asimetría sin precedentes: Terciarizaciones a mercados periféricos, disminución del Gasto Público/Social y fuertes disminuciones al salario real en sus diversas variantes (devaluaciones, incrementos de impuestos regresivos, inmigración, aumentos de la edad jubilatoria, etc.). En este sentido, Portugal recortará en 2011 los gastos en salarios y sueldos del servicio público en un 5%, subirá el IVA del 21 al 23%, aumentará los impuestos sobre la renta y reducirá la ayuda social. Irlanda, por su parte, proyecta eliminar 24.750 empleos públicos (el 8%), reducir las prestaciones de bienestar social y pensiones, e impondrá nuevos impuestos a las propiedades y al agua. En total, se propone reducir en 13.300 millones de dólares el gasto público y recaudar 6700 millones de dólares en impuestos adicionales entre 2011 y 2014.

Podemos observar entonces que la lógica de funcionamiento de la economía de post-guerra se ha quebrado. Hasta hace pocos años, el ámbito de referencia principal de las empresas eran los espacios nacionales, lugar donde se celebraban los acuerdos entre capital y trabajo, y sobre el que el Estado proyectaba su poder de intervención y regulación. Con las nuevas condiciones, los empresarios ganaron muchos grados de libertad para elegir sus emplazamientos, forzando a una creciente competencia entre los Estados para retenerlos por medio de concesiones especiales dirigidas a fortalecer las ganancias empresarias a través de reducciones impositivas, una mayor liberalización de los mercados, programas de apoyo y subsidios, legislación más flexible, etc. Ahora bien, esta competencia generó un costo fiscal importante, obligando a reducir otros gastos, especialmente en materia de seguridad social e inversión en infraestructura. Por lo tanto, mientras los costos de la competencia ahora recaen sobre la población y el trabajo, las grandes corporaciones procuran mejorar su posición en los mercados internacionales a fin de compensar con exportaciones crecientes las constreñidas demandas internas. Para los grandes grupos económicos europeos, la llamada globalización se convirtió en una alternativa al clima de depresión interna provocado por las políticas neoliberales. Lo que es más grave aún es que las políticas contractivas actuales de los gobiernos europeos potencian esta situación recesiva, disminuyendo la demanda y contrayendo aún más economías que, como Irlanda y Portugal, ya han retrocedido en su PBI un -7,1% y -2,7% respectivamente el año pasado.

Peor aún, las noticias de los últimos días nos indican que la socialización de las deudas continúa su marcha. A pesar de las críticas opositoras, el premier Irlandés Cowen salió a defender como pudo el “bailout” o rescate de 85.000 millones de euros de la Unión Europea y el FMI, lo que implicará mayor deuda futura para rescatar al sistema financiero y no al sistema productivo. En este sentido, el gobierno irlandés parece olvidar la premisa de que en una economía sana los flujos de capital deben ser solo un medio para servir a la economía real, y no la inversa a costa de los otros sectores generadores de bienes y servicios. Siguiendo esta línea de análisis, se debe recalcar que los rescates tienen un trasfondo detrás de la buena voluntad y reciprocidad regional: las grandes potencias de la Unión Europea, como Alemania y Francia, tienen grandes intereses creados ya que muchos de sus fondos y bancos de inversión que han puesto importantes sumas de dinero en la época del boom económico, no podrían resistir un colapso financiero de los PIGS.

Por otro lado, el gobierno irlandés se apresta a inyectar centenares de millones de euros como capital en sus bancos, en una virtual nacionalización del AIB y el Bank of Ireland, que fueron los que más créditos otorgaron durante los años del boom del “Tigre Celta”. Tal cual ocurrió a principios de la década de 1980’ cuando se nacionalizó la deuda privada en la Argentina, los accionistas y Organismos Internacionales también entienden a los Estados-Nación como los únicos deudores tangibles y punibles, desasociando las responsabilidades de quienes contrajeron la deuda con los de la ciudadanía en su conjunto que injustamente debe cargar con ella.

En cuanto a los mercados domésticos, los bonos portugueses a 10 años ya ofrecen más de un 7% mientras que Alemania – la referencia en Europa – los coloca a poco más del 2,5%. La gravedad de esta situación no solo implica la potenciación de la deuda futura, sino que además impacta directamente en el incremento de las tasas de interés reales, retrayendo cualquier posibilidad de las Pymes y los particulares de tomar créditos para la producción y el consumo. Si a ello le agregamos la contracción de la demanda doméstica tanto por parte del sector privado (la desocupación en Irlanda se sitúa en el 12%, mientras que en Portugal yo llegó al 10%) como la derivada de la disminución del gasto gubernamental, las posibilidades de un rebote económico positivo son cada vez más escasas. En este sentido, el comisario de Asuntos Económicos de la UE, Olli Rehn, declaró que el plan es «una importante contribución a la estabilización de las finanzas públicas irlandesas». Demasiada estabilidad para una economía que se encuentra estancada y con tensiones sociales crecientes.

Finalmente, en los últimos días los ministros de Finanzas de la UE avanzaron en discusiones para hacer permanente el por ahora provisional fondo de 750.000 millones aprobado el mes de Mayo pasado para rescatar a los miembros del euro antes de que tuvieran que declarar un default. El miedo a otra crisis derivada de las ineficiencias, el temor a los mercados y los perjuicios a los intereses de ciertas elites, parecen tener más preponderancia que las políticas públicas proactivas, firmes e inclusivas.
 
Para concluir, hemos evidenciado que tanto desde una perspectiva global a través de las relaciones interestatales, como a través de los desarrollos intrínsecos de los Estados-Nación, las inequidades en la distribución global de la riqueza conllevan a que cada día más, en el otrora mundo denominado desarrollado, las clases trabajadoras, los pobres y los excluidos se vean arrinconados dentro de un marco socio-económico que provee un margen de maniobra escaso y sin soluciones estructurales. Por otro lado, la actual crisis de los PIGS refleja una realidad poco discutida por el sistema económico y político internacional: los Estados-Nación incluyen un conjunto de actores con intereses cada vez más diversos, en un marco de recursos escasos y de crisis moral. Solo para citar un ejemplo, al mismo tiempo que días atrás la Ministra francesa de Economía, Christine Lagarde, aseguraba que los europeos están «determinados y comprometidos» a «defender el euro y la zona monetaria”, la organización Europea NutriAction emitía un informe en el cual indicaba que 600.000 personas mayores de 65 años en Portugal sufren hambre o están desnutridos, mientras que el 27% de los 10 millones de portugueses no tiene nada que comer al menos un día al mes. Esta situación nos demuestra que si los gobiernos no logran nivelar y consensuar un plano ético y político de dialogo, difícilmente se podrá lograr la inmediata redistribución de la riqueza tan necesaria para aquellos que, indefectiblemente, no tienen tiempo para esperar los falsos milagros macroeconómicos provenientes de inexistentes nacionalismos/regionalismos fomentados por los grupos concentrados de interés.

Política Económica de Brasil Junio 2010 – Agosto 2010

Centro Argentino de Estudios Internacionales 

Observatorio de Brasil, Número 5, Año I, Invierno Sur 2010

http://www.caei.com.ar/es/pfp/brasil/brasil5.pdf

Autor: Pablo Kornblum

Un avance internacional diferenciado dentro

un marco de solidez doméstica y expectativas

positivas crecientes.

Enfrentar el escenario internacional con una discursiva apoyada en hechos concretos

Las palabras del presidente Lula da Silva durante el evento “10 Michelín Challenge Bibendum”, no pueden pasar desapercibidas: “Ellos, que tantas veces vinieron aquí a darnos lecciones de moral, podrían venir humildemente a aprender cómo es que se hace política económica con seriedad, cómo se unen exportaciones con crecimiento económico, cómo se unen control de la inflación con distribución del ingreso”. Lo curioso pareciera no ser tanto la diferenciación del modo en el cual Brasil ha sorteado la coyuntura – a diferencia de la crisis desatada en los países centrales- , sino el expresarlo de manera tan tajante. Esta expresión de confianza no debe ser tomada como un signo de soberbia: más bien como un desafío para un país que exclama mayor participación y poder de decisión en la arena internacional.

Por otro lado, no debemos olvidar que el actual crecimiento económico es también viable, más allá de las adecuadas políticas macro y microeconómicas aplicadas por el actual gobierno, por la histórica estructura socio-económica del Brasil. Los países centrales se encuentran en etapas posteriores de desarrollo, en las cuales las políticas macroeconómicas tienen un impacto menor en cuanto a las posibilidades de crecimiento de la economía en su conjunto y el nivel de vida de sus habitantes. A diferencia de estos, el salto cuantitativo y cualitativo del país sudamericano se condice con el retraso histórico de una economía con un mercado interno cautivo y deudas pendientes con grandes masas de la población excluidas. Esta situación también se puede visualizar en otros  países subdesarrollados con creciente presencia y potencial en las próximas décadas, como es el caso de los restantes países del BRIC. Mientras el Producto Bruto Interno de Brasil creció un 9% en el primer trimestre de 2010 con respecto al primer trimestre de 2009, la India creció el 8,6%, Rusia el 4,5% y China el 11,9%.

Más allá de una diplomacia activa en la discursiva presidencial, el gobierno brasileño también lo demuestra con hechos. Además de conceder un préstamo de 342 millones de dólares a través del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) para colaborar con el desarrollo de un proyecto de generación hidroeléctrica en Nicaragua, cerca del 90% de los 250.000 millones de dólares que componen las reservas internacionales – un record que superó en un 25% a las reservas que había un año atrás – se utilizaron para la adquisición de títulos del Gobierno norteamericano, acciones en diferentes bancos extranjeros, y préstamos para el Fondo Monetario Internacional. En este sentido, el trasfondo de realismo que genera la tenencia de deuda pública norteamericana y la inserción brasileña en los organismos multilaterales, despejan cualquier tipo de duda sobre los objetivos diplomáticos a nivel geopolítico y financiero internacional.

Finalmente, las políticas activas hacia terceros Estados no se limitan a la diplomacia; también hacen eco fronteras adentro del país. Para citar un ejemplo, el Gobierno endureció las limitaciones a la compra de tierras por parte de extranjeros. El Procurador General de la República, Luis Lucena Adams, declaró que “No vamos a excluir la participación extranjera, pero queremos preservar el control nacional en la posesión de tierras. Las compañías se tendrán que adaptar y cooperar más con empresas locales”. Por lo tanto, mientras el gobierno busca sacar provecho y avanzar en sus objetivos dentro de un marco de diplomacia consensuada en los foros internacionales, la política enmarcada en el proyecto de autosustentabilidad es clara y firme: Brasil, y no los intereses foráneos, mantendrán el dominio de los recursos naturales del país en beneficio de sus propios ciudadanos. 

El preciso balance de una inteligente política económica doméstica

En cuanto a la política económica doméstica, es importante destacar el complemento de las ideas de largo plazo con una política económica que saque provecho de la coyuntura. En este sentido, el Ministro de Trabajo y Empleo, Carlos Lupi, expresó que además del crecimiento de la economía, “los economistas tienen que analizar dos factores que impulsan la economía: la Copa del Mundo y las elecciones. Ellos afectan fuertemente la generación de empleo”. Un claro ejemplo es el acuerdo firmado por el presidente para invertir más de 3.500 millones de dólares para obras en aeropuertos y puertos que se utilizarán en el mundial de fútbol 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016. Este concepto es fundamental, sobre todo en una región latinoamericana donde las problemáticas de la coyuntura suelen llevarse toda la atención y no permiten poner en marcha planes estructurales de largo plazo.

Otro tema importante han sido las declaraciones del Ministro de Economía Guido Mantega en el marco de una reunión del G-20 desarrollada en Toronto, Canadá, donde manifestó su oposición a implementar un impuesto global a la banca como proponen Gran Bretaña o Francia. El mismo indicó que “No cabe aplicar un único impuesto para el sector financiero”. La experiencia histórica indica que es necesario poseer flexibilidad técnica y tener siempre a mano un abanico de opciones de política económica para enfrentar las diversas coyunturas y las especificidades domésticas adversas. En este sentido, el propósito recaudador pondrá en alerta a los grandes grupos de interés concentrados internacionales; los cuales, en algunos casos, querrán diseñar procesos de elusión que deben ser inteligentemente contrarrestados por la efectividad de la política gubernamental brasileña.  

Por otro lado, el miedo provocado por una historia repleta de inestabilidades no ha sido un tema menor durante todo el gobierno del PT. En la actualidad y con un crecimiento económico sostenido, el temor a un brote inflacionario regresa a escena. En este sentido, el Ministro de Economía se manifestó en torno al crecimiento de la economía de Brasil: “Prefiero un poco menos de crecimiento (en 2011) y mantener el equilibrio macroeconómico”. “Después de este fuerte año que estamos teniendo, debe haber un ajuste el próximo año. Creo que 5,5 por ciento es una tasa posible”. Por otro lado, el presidente Lula también se pronunció sobre el tema: “A todos nos gustaría que las tasas caigan mucho más, y lo harán” (…) “Pero la reducción debe ser realizada en forma responsable, de modo que no descuidemos la inflación”. A consecuencia, el Banco Central elevó la tasa de interés en 50 puntos base, llevándola a un 10,75 por ciento anual. Esta fue la tercer alza consecutiva de las tasas desde abril, aunque fue de menor magnitud que las dos primeras modificaciones (de 0,75 por ciento cada una). Cabe recalcar que Brasil cuenta con una ventaja: la inflación estructural que suele visualizarse en los países de la región (derivada principalmente en cuellos de botella productivos y monopolios formadores de precios), parece no ser parte de la actual coyuntura de acuerdos socio-productivos entre los diversos actores políticos, económicos y sociales.

Finalmente, en un mundo inestable con demandas crecientes, las autoridades de Brasil apuestan fuertemente a la autosustentabilidad – a través de un mix de inversión privada junto al control y regulación del sector público -, apoyado en la enorme cantidad de recursos naturales explotables. Un ejemplo es el anuncio realizado por la petrolera OGX en relación al descubrimiento de entre 10 y 15 billones de metros cúbicos de gas natural en el estado de Maranhao, que serían suficientes para abastecer la cuarta parte de la demanda nacional por cuarenta años. Por otro lado, el Director del Departamento de biocombustibles del Ministerio de Minas y Energía, Ricardo Dornelles, animó a los países latinoamericanos a que apuesten por la producción de biocombustibles para reforzar así la seguridad alimentaria de la región. En este sentido, queda claro que los recursos no renovables y la seguridad alimentaria no son temas exclusivos de un país o una región; sino que son una problemática mundial que debe ser tratada por todos los gobiernos del planeta con la mayor de las responsabilidades.

Datos alentadores que fortalecen las políticas sociales gubernamentales

Para concluir, podemos afirmar que los datos de índole social siguen siendo alentadores. Por un lado y según un informe del Instituto Brasilero de Geografía y Estadística (IBGE), el porcentaje de familias brasileras que vive en situación de insuficiencia alimentaria disminuyó del 46,7% en el período 2002-2003, al 35% en el período 2008-2009. Por otro lado, el Ministro de Trabajo y Empleo, Carlos Lupi, dio a conocer que en lo transcurrido de 2010 se crearon 1.260.368 empleos. Esta situación se condice con los datos de la tasa de desempleo durante el primer semestre de 2010, que se situó en el 7,3%, lo que representa un descenso del 1,3% respecto a los primeros seis meses del año pasado (8,6%).

Otro punto importante a recalcar es la estabilidad de precios. El índice de precios al consumidor IPCA se ubicó en el 0% durante el mes de julio, luego de retroceder 0,43 por ciento respecto al mes anterior. La teoría económica indica que la inflación castiga más a los asalariados, los cuales observan sus sueldos erosionarse dado su retraso en relación a los precios. En contraposición, una coyuntura como la actual, favorable en relación a mayores niveles de empleo y producción, deriva en incrementos salariales con implicancias positivas en los niveles de vida dentro de un contexto de estabilidad de precios.

Más importante aún es el programa Río Estado Digital, ya que se ha instalado conexión Wi-Fi gratuita en la favela más grande de Brasil (“Rocinha») en la ciudad de Río de Janeiro. La educación y el conocimiento son pilares fundamentales en el futuro de muchos niños en condiciones desfavorables, ya que la información y las capacidades que podrán adquirir de ahora en más les brindarán una mayor cantidad de herramientas para poder salir adelante en un mercado de trabajo cada vez más competitivo. Pero además, un mejor acceso a la información, en complemento con mayores y mejores niveles de escolarización, permitirán un mayor entendimiento del contexto en el que viven y los cambios que deberían llevar a cabo para mejorar su calidad de vida.   

Para concluir, es interesante destacar el estudio realizado por el Centro de Estudios Sociales de la Fundación Getulio Vargas, en el cual se expresa que en 2014 solo un 8 por ciento de los brasileros formará parte de la clase más baja, lo cual implicaría una reducción de la pobreza a la mitad en cuatro años. No se puede negar que las expectativas positivas en las que se ve envuelta la economía brasileña hoy inyectan esperanza y estimulan la inversión, la producción y el crecimiento del mercado interno. Pero este contexto debe ser interpretado con cautela: por un lado, las expectativas y la previsibilidad se encuentran ligadas a una continuidad que dependerá en gran parte en los resultados de las próximas elecciones presidenciales; por el otro, la reducción de la pobreza es siempre positiva pero no suficiente: el desarrollo implica además mejoras sustanciales a nivel de infraestructura, buenas condiciones laborales y educativas, junto con posibilidades concretas para lograr un desarrollo profesional y personal que puedan satisfacer los deseos y expectativas de la población. Esta concepción abarcativa y realista de lo que debería ser una calidad de vida digna, se encuentra muy alejada de un índice que simplemente refleja un nivel de salarios superior al umbral de la pobreza.