Categoría: Publicaciones en Diarios

Desintegración Política vs. Integración Económica: ¿Qué prevalecerá?

Publicado en el diario EL CRONISTA COMERCIAL, 22 de Abril de 2008.

Autor: Pablo Kornblum

La ola globalizadora de las últimas décadas ha penetrado con fuerza en todas las regiones del planeta.  Los diversos Estados se encuentran altamente interconectados económicamente a través del comercio de bienes y servicios, los flujos financieros, y cada vez en mayor medida a través de los migrantes; los mismos cumplen un rol fundamental tanto en las economías que los acogen, como con las remesas remitidas a sus países de origen.

Siguiendo este concepto, la apertura de los mercados promovidos por la expansión del sistema capitalista internacional, nos ha inmerso en un modelo anglo-occidental de producción y consumo que ha derivado en la homogeneización de las culturas más diversas y disímiles a un grado nunca visto anteriormente en la historia de la humanidad. Por otro lado, a pesar de la Macdonalización de las tendencias de consumo, la terciarización de los servicios tecnológicos, o la estandarización de los procesos productivos, la adaptación a esta nueva etapa de la economía mundial no ha podido ser  trasladada a ciertos patrones históricos, políticos y culturales.

Desde sus comienzos como comunidades autóctonas e autosuficientes, cada uno de los grupos que en la actualidad buscan su independencia ha transitado por una variedad de procesos políticos a lo largo de cientos de años de historia. Vascos, Chechenos y Kosovares persiguen un mismo objetivo con sus diferentes matices y capacidades. El culminar la lucha con la creación de un Estado que conjugue su cultura, lengua, religión y costumbres, pareciera ser un derecho inalienable que ningún otro Estado o grupo étnico puede cuestionar u obstruir.  
Ahora bien ¿como se contrapone este deseo separatista y de una clara diferenciación étnico-político, con la abrumadora homogeneización económica mundial? ¿Cuál de los dos efectos prevalecerá en el largo plazo?   

Para poder vislumbrar una respuesta clara, tendríamos que pensar en la sustentabilidad de ambas opciones en el tiempo. Por un lado, cada reclamo autonómico esta basado en siglos de historia como comunidad; una unión cultural, religiosa y de valores que perdurarán en el tiempo. Cuando la fortaleza del grupo (tanto en cantidad como calidad) es grande, la lucha ha sido incesante, y su problemática ha sido expuesta ante los ojos de la comunidad internacional toda; el cesar en la búsqueda de su objetivo no parece ser una opción válida.
Por el otro, la globalización económica ya esta mostrando contradicciones y requerirá una revisión que balancee sus efectos positivos y negativos. Las políticas económicas no tienen un arraigo en la razón de ser de un Estado-Nación, como podrían ser el espacio geográfico, la cultura, o la historia en común. A nivel internacional, las mismas son simplemente herramientas utilizadas por los diversos Estados que determinan de alguna manera su posición dentro del mercado global. Los flujos económicos globales y la inserción de cada Estado en la cultura económica de la globalización, son en definitiva cuestiones coyunturales que pueden reflejar cambios en el tiempo.

Para finalizar y tomando el ejemplo de los grupos independentistas, ¿podemos afirmar que las estructuras político-organizacionales que se han mantenido en pie durante tantos siglos, serán las que perduren más allá de un ciclo o una tendencia económica homogeneizadora? Aunque pareciera ser así, no podríamos afirmarlo; en definitiva, nos encontramos con dos niveles de análisis diferentes. Y como observamos en la actualidad, no solo puede ser que ambos niveles no se contrapongan; sino que hasta han logrado convivir pacíficamente.  

Ganadores y perdedores en la carrera electoral

Publicado en el diario BAE, 22 de Abril de 2008.

Autor: Pablo Kornblum

Hillary Clinton mencionó recientemente que ?Obama esta en condiciones de vencer a McCain, pero yo estoy mejor preparada?. Por estos días, las internas demócratas continúan en Pennsylvania y muchos ya se preguntan quienes saldrán fortalecidos en esta larga carrera electoral. Ante este contexto nos preguntamos: ¿Cuales son los pros y contras en relación a cada uno de los respectivos partidos?

Comenzando por el Partido Demócrata, entre los aspectos positivos de la interna podemos mencionar que se viene observando una discusión profunda entre ambos contendientes, que sin lugar a duda, está sentando un precedente histórico dentro de lo que son las elecciones norteamericanas. Los votantes se encuentran bien informados sobre las posiciones demócratas en cada uno de los diversos tópicos que le interesan a la ciudadanía; además se le agrega ese plus adicional de información que los ciudadanos apartidarios no están recibiendo de parte de los Republicanos, dado que la interna de la que ha salido vencedor el senador McCain, ha sido menos extensa y reñida en cuanto a la diversidad de posiciones.
Por otro lado y si nos referimos exclusivamente a los votantes demócratas, se puede decir que las coincidencias de pensamiento entre los mismos suele reforzarse en el largo plazo; si a esto se le suma el gradual incremento en la fluidez de un dialogo que se va acentuando durante la extensa campaña, el consenso que logrará el ganador de la interna evitará que se filtren votos que puedan llegar a dirigirse hacia el Partido Republicano.

Como aspectos negativos, estudios confirman que después de cierto grado de discusión permanente, la información agregada al votante medio no aporta calidad sino más bien confusión; como así también puede llegar a desviar la atención desde temas que son centrales hacia otros más irrelevantes. Por otro lado, el desgaste de recursos económicos y humanos probablemente llevará a que la curva de tensión del candidato demócrata tienda claramente a declinar, relegándolo sin fuerzas en el momento de la definición final ante el candidato republicano.
 
Desde la óptica Republicana, los colaboradores de McCain ya están buscando, por un lado, fortalecer la posición de su candidato realizando alianzas con determinados grupos y sectores políticos, económicos y sociales. Además, cuentan con el tiempo suficiente para diagramar tácticas que busquen consolidar las fortalezas de su campaña; como así también encontrar los puntos débiles de los candidatos demócratas que permitan conquistar los votos de los indecisos.

En cuanto a las debilidades del candidato republicano, podemos resaltar principalmente dos cuestiones. Por un lado y desde una visión neoconservadora, McCain no se encuentra dentro de los parámetros de un ?buen republicano?. Dado que su posición sobre temas claves no parece variar en el tiempo (probablemente ya pensando en la contienda presidencial con los demócratas, donde los indecisos tienden a pertenecer al centro del espectro político), McCain puede encontrarse en una situación que podemos denominar de ?pérdida-pérdida?, donde no solo perdería los votos de los indecisos que finalmente se inclinarán hacia el Partido Demócrata, sino también la de muchos Republicanos que no verían con buenos ojos su acercamiento y concordancia a ideas progresistas que históricamente se acercan al ideario demócrata.    
 
El otro punto importante que no podemos dejar de referir es la crisis económica norteamericana que pareciera no tener freno. La falta de soluciones por parte del Partido Republicano, en el poder hacer ocho años, no solo le quita rédito político; también deja a McCain en una encrucijada ante cada declaración sobre su política económica en caso de ser electo presidente, ya que cada definición puede herir susceptibilidades tanto por parte de los indecisos como de los republicanos.

¿Que pasará de aquí en más hasta el día en que se elija al próximo presidente de los Estados Unidos? Lo único que podemos afirmar es que la gran exposición y debate que los ciudadanos norteamericanos han encontrado durante el actual proceso electoral, los ha provisto de cuantiosa y variada información para debatir y analizar cuales son las mejores opciones para sus intereses personales y de su país. La apertura en la discusión y la profundización de opiniones diversas, le brinda al ciudadano medio norteamericano, muchas veces con creencias firmes y cerradas, la posibilidad de juzgar y encontrar las soluciones más acertadas a las problemáticas domésticas e internacionales. Esas soluciones que como sabemos, por la posición y la influencia de los Estados Unidos en el mundo, también determinarán gran parte de los destinos de toda la humanidad.

En búsqueda del poder perdido

Publicado en el diario BAE, 7 de Abril de 2008.

Autor: Pablo Kornblum

Muchos especialistas en historia militar opinan que Alemania comenzó a perder la segunda guerra mundial una vez que movilizó sus tropas hacia el Este y se decidió a invadir la Unión Soviética. Si algo estaba seguro Stalin, es que defendería la ?tierra madre? hasta las últimas consecuencias. Ucrania y Georgia representan, en la visión de Moscú, una parte integral de la Ex – Unión Soviética y se encuentran arraigados en el corazón de los dirigentes y el pueblo ruso. Por lo tanto, su inclusión dentro de la OTAN implicaría mucho más que una simple estrategia militar de ayuda mutua.

Pero el orgullo cultural y la racionalidad histórica no son la única respuesta que deja entrever Moscú. Ante un hipotético caso de que ambos países sean admitidos como miembros plenos de la alianza, las bases militares que podría instalar la OTAN en Ucrania y Georgia no solo implicarían tener al enemigo alojado en casa: Tal como ocurre en Kosovo (aunque nos encontremos ante una eventual problemática distinta), la capacidad de implosión estaría latente. La autodestrucción y el derrumbe de la Unión Soviética han sido un duro golpe para los rusos; pensar en la posibilidad de un ataque ?desde adentro? solo conllevaría a un retroceso del poder político internacional ganado en la era Putin. Y ante una cambiante realidad en la situación geopolítica internacional, es imposible poder determinar de antemano si Moscú podrá tener una tercera oportunidad para resurgir.

Por otro lado, podemos ver que la situación de Washington no difiere mucho de la de Moscú. Aunque en la actualidad el contexto multilateral y los medios que poseen ambos países son diferentes (a diferencia del plano bilateral con el que se vivía durante la guerra fría), el fin de ambos Estados es similar: Compensar las problemáticas en otras áreas claves de su interés, manteniendo o acrecentando su influencia en la esfera geopolítica internacional.

Para Estados Unidos, aumentar el poder de la OTAN, organización paradójicamente creada en plena guerra fría para contener el avance soviético y donde todavía detenta el mayor poder e influencia, significa obtener un mejor posicionamiento y mayor control del espacio mundial a través de la expansión de diversas bases militares en el corazón de Europa. La concreción de sus requerimientos implicaría un contrapunto en relación a la crisis económica doméstica y la hasta ahora más que negativa experiencia en Irak.       
Rusia tampoco puede negar su problemática: El crecimiento de las desigualdades y las dificultades económicas de la mayoría de su población, sumado a los inclaudicables deseos secesionistas Kosovares, son factores que vienen siendo acarreados desde hace años y que sin lugar a dudas debilitan la estructura interna del Estado. En contraposición y tal como lo mencionamos con anterioridad, no se puede negar el poder político internacional recuperado por Moscú durante la era Putin: El incremento del poderío militar (incluyendo la recomposición de ciertas alianzas claves con países árabes), y un considerable aumento del control macroeconómico con políticas focalizadas en los oleoductos y gasoductos regionales, son, para muchos analistas, los puntos más salientes de la gestión de un presidente que se encuentra a meses de terminar su mandato.

Ahora bien, si planteamos que Washington y Moscú están tratando de recuperar el poder perdido y obtener, como en décadas pasadas, el mote de superpotencias, es porque otros Estados se han apropiado de parte de ese poder. Ante un escenario de juego de suma cero, las nuevas potencias económicas y militares (como lo son India e China), junto con la fortaleza regional reflejada en la estabilidad socio-económica de las democracias europeas (sobre todo a través del desarrollo de mercados e instituciones políticas comunes eficaces), nos llevan a focalizar nuestra reflexión en un proceso multilateral donde el poder se encuentra esparcido de manera difusa dentro de la arena internacional.

Hoy en día sería irreal hablar de dos potencias que deciden los destinos del mundo. Las discusiones que hemos observado dentro del ámbito de la OTAN en los últimos días son un claro ejemplo: Con decisión propia, las potencias Europeas han balanceado su posición. Por un lado, han apoyado la idea de los Estados Unidos de instalar el escudo antimisiles en Polonia y la República Checa. En contraposición, le han brindado un importante guiño a Moscú vetando la idea norteamericana de permitir que la Alianza Militar llegué a las fronteras Rusas.
En definitiva, el mundo ya no se asemeja a un partido de tenis donde solo dos rivales en cancha se pasan la pelota de un lado al otro tratando de vencerse; actualmente, nos encontramos con un tablero de ajedrez donde una diversidad de piezas, con distintas características y funciones, intentan reacomodarse constantemente para sacar el máximo provecho. Mientras tanto, los Estados Unidos y Rusia hacen su juego e intentan recuperar el prestigio perdido.

El voto hispano que afecta a toda una región

Publicado en el diario BAE, 4 de Marzo de 2008.

Autor: Pablo Kornblum

Los Estados Unidos es un país conformado por un crisol de razas y culturas. Desde los principios de su historia y durante los diferentes procesos históricos, inmigrantes provenientes de los cinco continentes han tenido una importante relevancia en la historia política, económica y social del país, haciendo de la inmigración un factor fundamental para el crecimiento y desarrollo de la Nación.

Cuando nos referimos a la comunidad Latina, existe un motivo que la distingue y la hace única en relación a los otros grupos de inmigrantes. Por su número, ubicación geográfica e importancia económica, los Latinoamericanos, a diferencia de otros grupos, no solo influyen en los asuntos domésticos; tanto sus decisiones como las políticas gubernamentales aplicadas sobre ellos, tienen implicancias que van más allá de las fronteras norteamericanas.

En las próximas semanas, las primarias republicanas y demócratas llegarán a los Estados del sur, y la pelea de los candidatos por el voto hispano será clave para la obtención de delegados que luego elegirán a su próximo representante para los comicios presidenciales del próximo mes de Noviembre. En este sentido, ¿Qué implicancias puede tener una decisiva participación del voto Hispano? ¿Como podrán verse afectadas las relaciones de los Estados Unidos con el resto de los gobiernos Centroamericanos?     

Para la mayoría de los países de Centroamérica, las remesas se encuentran entre las tres primeras fuentes de ingreso. La constancia e intensidad de las mismas son claves para el desarrollo económico y social de cada uno de los Estados de la región. Por otro lado, sus gobiernos saben que cualquier cambio de política norteamericana que afecte a sus ciudadanos radicados en los Estados Unidos, indefectiblemente tendrá consecuencias sobre cada una de sus respectivas naciones.

Sin embargo, parecería ser poco (o por lo menos es lo que ha sucedido hasta estos días) lo que sus decisiones políticas puedan afectar. Con excepción de Méjico, que por su poderío económico (tanto a nivel empresarial como por su disponibilidad de mano de obra) puede influenciar sobre el poderoso país del Norte, el resto de los países, por su escasa importancia en la arena internacional, solo se han dedicado a observar en un estado de pasividad casi absoluta, las decisiones de política regional de cada uno de los gobiernos norteamericanos de turno a lo largo de las últimas décadas.

Ahora bien, ¿Pueden los gobiernos de la región ser más que meros espectadores? La respuesta sería positiva si se pudiera lograr que los mismos aplicaran políticas activas para con sus conciudadanos que residen en los Estados Unidos; ellos pueden ser los que posean la capacidad de realizar importantes cambios que beneficien a sus países de origen. Esto se debe a que la mayoría de los latinoamericanos tiene un fuerte sentido de pertenencia, siendo además muy apegado a sus orígenes y a su cultura. Por otro lado, no debemos olvidar que gran parte de los emigrantes tiene familia que permanece en Centroamérica, siendo estas económicamente dependientes de ellos en la mayoría de los casos.
Tenemos entonces dos puntos centrales en los que los diversos gobiernos de la región se deben centrar. Por un lado, si los mismos aplicarán políticas que logren efectos positivos en los indicadores socio-económicos y en las condiciones de vida de sus familiares, como así también mejoras institucionales que provoquen una mayor seguridad jurídica, la confianza de los emigrantes en sus países de origen aumentará, y esto conllevará a un aumento en las remesas e inversiones por parte de los mismos. 
Desde otra perspectiva, si los emigrantes observan que sus gobiernos de origen promueven políticas que mejoran la fluidez de los canales bilaterales (tanto de flujos financieros como de personas), además de que la cuestión migratoria se traslade al tope de la agenda diplomática, se generará un incentivo que derivará en una automática presión de los grupos hispanos para que el gobierno triunfador de las próximas elecciones norteamericanas vuelva a enfocarse en la problemática regional como un todo (desde aspectos migratorios, pasando por los comerciales y económico-financieros, hasta los estructurales-institucionales).

En definitiva, ¿podemos esperar efectos positivos para los países de la región de estas elecciones? Lo que queda claro es que la presencia de la comunidad hispana está ganando terreno en importancia en muchas de las variables claves que afectan a la mayor superpotencia del mundo. Extrañamente para los Realistas, mucho dependerá de este actor no estatal el futuro de las relaciones entre los Estados Unidos y el resto de los países de la región. Contradictoriamente, aquellos que por la incapacidad de sus propios gobiernos tuvieron que marcharse en el pasado buscando una calidad de vida digna, hoy pueden ser los responsables de las mejoras significativas que sus países de origen necesitan de cara al futuro.   

Realidades de las migraciones en el Mercosur

Publicado en el diario EL CRONISTA COMERCIAL, 18 de Febrero de 2008.

Autor: Pablo Kornblum

La compleja realidad migratoria ha sido escasamente tratada dentro de la agenda principal de las reuniones del MERCOSUR, ya que otros temas (muchas veces con razón) tienen la prioridad o la urgencia en cuanto a las problemáticas de nuestra región. Por otro lado, vemos que otras regiones más desarrolladas del planeta (como son la Unión Europea o Norteamérica), ya se encuentran lidiando con una situación que continuará mientras las disparidades en la calidad de vida de las poblaciones permanezcan. Ahora bien, ¿Cuál ha sido y es actualmente la situación en los países de nuestra región? ¿Qué políticas migratorias individuales o en conjunto deben ser tomadas? 

El Mercosur tiene una importante traba endógena en lo referido a las migraciones masivas. En este sentido, ningún país esta lo suficientemente desarrollado ni promete mejoras sustanciales en la calidad de vida como para atraer a miles de ciudadanos de los otros países del bloque. Igualmente, la historia indica que desde hace más de un siglo que existen las migraciones interestatales en nuestra región, y que en la mayoría de los casos, los flujos han partido desde los países con mercados más pequeños hacia los más grandes (Uruguayos y Paraguayos hacia Argentina, o Paraguayos que han emigrado al Brasil), ya que allí los migrantes encuentran mayores posibilidades de empleo. El otro factor que ha fomentado las migraciones ha sido las diferencias en los tipos de cambio y la fortaleza/debilidad de las monedas. Sin ir más lejos, durante el período de convertibilidad en la Argentina de la década pasada, miles de ciudadanos Paraguayos cruzaron las fronteras para trabajar en la industria de la construcción y el empleo doméstico, remitiendo dólares y de esta manera permitiendo que familias enteras puedan subsistir en su tierra natal. 

Hoy en día la situación no ha variado en demasía. Los inmigrantes de los países del bloque siguen siendo uno de los grupos poblacionales más vulnerables. La mayoría realiza los empleos menos calificados y sufre los mayores abusos discriminatorios al momento relacionarse con el resto de los grupos sociales y los diversos actores gubernamentales. Ya sea porque los países emisores se focalizan en problemáticas de mayor envergadura, o porque los gobernantes de países receptores saben que la mayoría de los inmigrantes son indocumentados y no votan (además de que el tratamiento y apoyo a temas que conciernen a estos grupos minoritarios no suele acarrear rédito político por parte de la comunidad local), los inmigrantes se encuentran huérfanos de políticas públicas que les proporcionen la contención social y jurídica necesaria para la adaptación al medio local; como así tampoco una planificación de desarrollo personal a mediano y largo plazo (esto es, que involucre la inserción definitiva en el país de adopción o el regreso a su lugar de origen).   

Un importante primer paso será, con mayor educación, lograr derribar y eliminar definitivamente las barreras étnicas y raciales. Además, es de suma importancia la comprensión y difusión de los datos estadísticos fehacientes que desmitifican a los inmigrantes como causales de la desocupación. Luego, la creación de secretarias o agencias en cada uno de los países del bloque dedicadas a las implicancias de la inmigración domésticas e internacionales, conllevará per ser una agenda bilateral para el tratamiento continuo de la problemática. Finalmente, las políticas que promuevan el bienestar y la igualdad de derechos con los ciudadanos nativos, traerán una sustancial mejora en la calidad de vida de los inmigrantes y sus familias en los países de origen; además de una mejora en las relaciones entre gobiernos que ven a sus ciudadanos cuidados y respetados más allá de sus fronteras. Ese cuidado que de haberse producido con anterioridad dentro de sus fronteras, hubiera sido una eficaz barrera preventiva a la emigración originaria.

La economía como primer paso hacia la estabilidad internacional

Publicado en el diario EL CRONISTA COMERCIAL, 9 de Enero de 2008.

Autor: Pablo Kornblum

En una época donde estamos viviendo el resurgimiento de las tensiones interestatales por factores que parecían ya haber sido olvidados (como los conflictos étnicos, religiosos, ideológicos y hasta territoriales), las cuestiones relacionadas a la economía internacional parecen haber quedado desconectadas y abstraidas de la inestabilidad provocada por la fragilidad de la Pax Americana, el resurgimiento de las antiguas potencias dormidas, y la democratización de un sistema internacional que ha llevado a paises otrora olvidados a querer ganar mayores espacios en la arena internacional.

¿Pueden las relaciones económicas internacionales generar efectos positivos que brinden una mayor estabilidad al sistema internacional?
Si observamos los efectos negativos provocados por una realidad diametralmente opuesta, podremos sacar algunas conclusiones.
Por un lado, los aranceles y subsidios a la agricultura de los paises desarrollados crean un recelo y una tendencia a la obstrucción de otros temas de vital importancia por parte de los países en desarrollo.
También observamos que el embargo norteamericano a Cuba no permite un dialogo que busque una decisión concensuada a futuro. Un caso similar es el bloqueo que impone Israel a los flujos financieros dirijidos a la Autoridad Nacional Palestina. Las causas son diferentes (unos alegan nulidad de democracia y derechos humanos, los otros financiamiento al terrorismo), pero el resultado, el empeoramiento de la calidad de vida de los habitantes y el deterioro de las relaciones diplomáticas, es el mismo.
En el mismo sentido, es pertinente mencionar las devaluaciones competitivas que se observan en las series históricas entre Argentina y Brasil, los dos socios mayoritarios del MERCOSUR, que desgastan los acuerdos políticos del bloque; como así también el desgaste de la relación Chino-Americana con la regulación del Yuan por parte del gobierno Asiático.   
Finalmente, no se puede dejar de mencionar la autodefensiva ?carrera hacia abajo?, en el cual muchos gobiernos del África o del Sudeste Asiático reducen sus estándares laborales y ambientales para preservar o mejorar la competitividad de sus economías en el mercado internacional, obstruyendo de esta manera acuerdos regionales y deteriorando las relaciones entre los países vecinos.

Si todas estas situaciones se revirtieran, ¿encontrariamos una solución al alto nivel de tensión y agresividad que vivimos en la actualidad?
Todas las teorías económicas concuerdan que un mayor volumen de comercio justo y acuerdos de política económica entre los estados es positivo para todas las partes. Y si los actores estatales entienden que se verán favorecidos, las acciones se repetirán. Comerciar implica dialogar con el otro, tratar de entenderlo, intercambiar ideas y conocer sus necesidades. Es una oportunidad para ponerse a un mismo nivel, hablar el mismo ?idioma?. El hecho de encontrar en la economía un primer punto de encuentro y acuerdo positivo para los interactuantes, a pesar de que no exista una correlación directa con el resto de los factores, proseguirá en muchos casos de un dialogo constructivo que derivará en la ampliación de la agenda a otros temas de vital importancia para la comunidad internacional. 
El primer acercamiento enfocado en un tema puntual no será la solución definitiva. Pero en mayor o menor medida, sus implicancias colaborarán para lograr un mundo más estable y seguro, aunque este no sea el fín de la economía en cuestión

Dependencia y Autonomía en el siglo XXI

Publicado en el diario BAE, 20 de Diciembre de 2007.

Autor: Pablo Kornblum

Desde los principios de nuestra historia como país, la base de la economía nacional ha sido el campo. Tal es así que hasta las primeras décadas del siglo XX, la exportación agrícola-ganadera representó casi la totalidad del PBI Argentino. Años más tarde, una política focalizada en la sustitución de importaciones y el desarrollismo pudo ser promovida en gran medida por los diversos organismos que administraban los excedentes producidos por el campo.  Más cerca en el tiempo y con la llegada de la apertura y la liberalización de la economía, el campo se fue acomodando a los cambios estructurales (especialmente en pro de los servicios y en detrimento de la industria), manteniéndose a la vanguardia de la economía nacional. Hoy en día, nadie puede negar que gran parte del superávit fiscal y la financiación del consumo interno tienen un causal preponderante: las retenciones a las exportaciones del sector agrícola.

¿Ha sido conveniente el haberse focalizado en el campo? Si observamos retrospectivamente, luego de la Revolución Industrial y con la conformación del Sistema Capitalista Internacional, los precios de los productos agrícola-ganaderos han sido siempre funcionales a los países más industrializados y desarrollados del planeta (salvo en algunos períodos de excepción como fueron las dos grandes guerras mundiales). Tal es así que los mismos siempre han tenido valores muy por debajo de los bienes de capital, los insumos industriales o los servicios financieros. Por lo tanto y rememorando a los teóricos de la dependencia y su explicación sobre los deterioros en los términos de intercambio, deberíamos sostener que la elección no fue la correcta. O por lo menos esto era lo que parecía ser hasta ahora.

Hoy en día la situación ha cambiado. Las últimas décadas han mostrado un sostenido crecimiento demográfico a nivel global, a lo que se le ha sumado un proceso de aceleramiento debido a la entrada al mercado de consumo de millones de habitantes pertenecientes a las economías emergentes de la India o China. Como consecuencia de este incremento en la demanda de alimentos, los precios internacionales de los mismos han aumentado a niveles sin precedentes. Por lo tanto pareciera ser que, conciente o inconcientemente, el haber dirigido nuestras miradas siempre al campo ha dado finalmente resultado. Pero en realidad: ¿cual es la mejor opción para el país?

Con la recuperación del sector industrial del último lustro, se ha abierto el paso hacia un camino alternativo. El crecimiento del sector no solo ha repercutido positivamente en el mercado interno, sino que ya ha dado signos de exportación con alto valor agregado. Este cambio significativo ha sido un importante primer paso dentro de los cambios estructurales necesarios para lograr una economía balanceada positivamente que promueva un desarrollo sostenido y equitativo para todos los sectores. Para concluir, se podría decir que de esta manera se comienza a evitar la doble dependencia: por un lado, la del sector agrícola-ganadero de ser siempre el principal impulsor de la economía argentina; y por el otro, la que se obtiene al lograr una mayor autonomía ante las variaciones coyunturales de los términos de intercambio.     

Las migraciones: ¿Posibles futuros desencadenantes de conflictos interestatales?

Publicado en el diario EL CRONISTA COMERCIAL, 7 de Diciembre de 2007.

Autor: Pablo Kornblum

Con los actuales sucesos de violencia en Francia, otra vez el dilema de la inmigración vuelve a salir del tapete para situarse en la primera plana de la política doméstica e internacional. Ante esta situación de alta complejidad y difícil solución, nos podemos realizar la siguiente pregunta: ¿Son las migraciones un posible desencadenante de conflictos interestatales?

En las últimas décadas se viene observando un aumento de las desigualdades en referencia a los niveles de desarrollo interestatales. Estados con una alta tecnologización, fuertes instituciones democráticas y sólidas variables macroeconómicas, se diferencian cada vez más de los países más atrasados del planeta.
Cuando la globalización tecnológica desnuda estas realidades de opulencia en millares de pantallas de televisión de países tercermundistas, los sueños e ilusiones de miles de africanos o latinoamericanos que intentan diariamente cruzar las fronteras para escapar del infierno que significan la desidia estructural y el indefectible círculo vicioso de la pobreza se ven, indefectiblemente, cristalizados.
Por otro lado: ¿Cual es la respuesta del mundo desarrollado? Muchos franceses dirían que la invasión de Europeos Orientales es una de las principales causas del desempleo de sus hijos y el congelamiento de sus salarios. Sin ir más lejos, los mismos españoles culpan a los inmigrantes latinoamericanos y africanos por el renacimiento de algunas de las ya olvidadas ?enfermedades sociales?, como son la delicuencia y la violencia sectaria.
Ante esta tensa situación y la imposibilidad de los propios gobiernos de los países desarrollados de resolver los dilemas domésticos, no nos extrañaría que sus gobernantes retomen a aquellos teóricos que indican que la mejor receta para resolver el descontento interno es la búsqueda de un enemigo externo claramente visible. Las culpas y exigencias por parte de los países desarrollados hacia los sub-desarrollados para que estos últimos generen políticas que eviten las olas de emigrantes podrían, en un futuro no muy lejano, pasar de ser de simples llamados de atención diplomáticos a posibilidades reales de conflictos de mayor intensidad.

No podemos negar que los países sub-desarrollados tienen, por un lado, un sinnúmero de inconvenientes estructurales (ya sea tanto a nivel doméstico institucional como así también por su posición dentro del sistema capitalista internacional) para evitar la emigración. Pero por otro lado, también hay una conveniencia (muchas veces no explicitada), para no realizar ningún tipo de políticas de retención para con sus ciudadanos. La sola disminución del gasto público en seguros de desempleo o el flujo importante de remesas con su consecuente impacto positivo en el PBI, son solo algunos ejemplos de porqué los dilemas de la inmigración son barridos debajo de las alfombras gubernamentales de los países menos desarrollados.

¿Será viable o probable un entendimiento a futuro? Para que esto ocurra, seguramente las mejoras en los indicadores económicos de los países sub-desarrollados serán fundamentales. A su vez, las mismas deberán ser complementadas con desarrollos institucionales y diplomáticos favorables para todos. Como contrapartida, solo queda esperar la colaboración y el entendimiento de los países desarrollados, ya sea tanto a nivel político como comercial. De esta manera, ambas partes se podrán focalizar en la finalidad última que tienen todos los Estados: el como mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos.