Autor: Pablo Kornblum

Política Económica de Brasil Septiembre 2010 – Noviembre 2010

Centro Argentino de Estudios Internacionales 

Observatorio de Brasil, Número 6, Año II, Primavera Sur 2010

http://www.caei.com.ar/es/pfp/brasil/brasil6.pdf

Autor: Pablo Kornblum

Tipo de cambio, auto-sustentabilidad y
nacionalismo para un Brasil en continuo
crecimiento.

      El escenario local, sin mayores cambios en un ambiente típicamente electoral

Previo a las elecciones presidenciales, el gobierno del Presidente Lula decidió no realizar modificaciones en términos de política económica que puedan perjudicar a su candidata Rousseff. Por lo tanto, se mantuvo la tasa básica para los tipos de interés en 10,75%. Este concepto nos focaliza una vez más la necesidad de reforzar los vínculos políticos cuando analizamos las decisiones de los gobiernos en materia económica.

Por otro lado, con expectativas más que positivas durante el final de la gestión del presidente Lula, la economía de Brasil acumuló un crecimiento del 8,9% en el primer semestre de 2010, el mayor para el mismo período en los últimos 14 años. Además, el índice de desocupación en las seis principales regiones metropolitanas fue de 6,2% en septiembre; el más bajo desde 2002.

En la misma tendencia favorable, el empleo en la industria registró en julio un crecimiento del 0,3% frente a junio y un 5,4% respecto a julio de 2009; acumulando un alza del 2,9% en 2010. Un claro ejemplo han sido las 2,72 millones de unidades de vehículos producidos entre Enero y Agosto de este año, un 17,3% más que en igual período del año pasado. Este crecimiento en el sector que genera más valor agregado se condice con los 2.4 millones de empleos formales creados entre los meses de Enero y Octubre de 2010.

Las materias primas y alimentos, clave para el futuro

Por otro lado, Brasil no quiere perder el tren de la creciente demanda internacional de alimentos. Para atender una tendencia mundial que parece no detenerse (por lo menos por la necesidad de los BRICs en el corto plazo), los 148 millones de toneladas de cereales, leguminosas y oleaginosas (un 10,9% más que 2009) sostienen este contexto favorable para los países exportadores de materias primas. En contraposición, la consecuente tendencia incremental acarrea efectos domésticos negativos. Por ello, el Comité de Política Monetaria (COPOM) advirtió que podría elevar la tasa de interés si un incremento en los precios de los alimentos se propaga a otros bienes.

Sin embargo, la diversificación entre alimentos y recursos energéticos parecen ser una prioridad del gobierno, a pesar de las controversias generadas con los grupos ambientalistas y sectores políticos que critican la sustentabilidad de las políticas del PT. Mientras los grupos opositores toman como referencia el aumento de las importaciones de trigo en un 20% interanual entre enero y septiembre de 2010 (llegando a las 5 millones de toneladas) debido a la mala calidad en las cosechas domésticas por un exceso de lluvias; el Director General de la Agencia Nacional de Petróleo, Haroldo Lima, declaró que el etanol y el biodiesel continúan siendo una prioridad para el gobierno Brasileño. Reforzando este concepto, indicó que “No queremos transformarnos en una víctima más de la enfermedad del petróleo…”, lo que implica la poca probabilidad de encontrarnos con cambios estructurales de política energética en el corto/mediano plazo.

Para finalizar, no es menor destacar la elevación del 2% al 6% del impuesto sobre Operaciones Extranjeras (IOF), que recae sobre las inversiones foráneas en la renta fija. También se debe recalcar que el incremento no se aplicará a la renta variable, la bolsa, o las inversiones extranjeras directas. La importancia del gobierno para con la nacionalización de los recursos naturales implica evitar que los mismos caigan en manos foráneas donde puedan generarse conflictos futuros con terceros Estados (sobre todo en el área de alimentos). Pero por otro lado, el gobierno no desea descuidar e incentiva al capital productivo extranjero (no golondrina) a invertir en proyectos que generen rentabilidad – lo que no se contradice con lo anteriormente expuesto, pero si pone límites que protegen los intereses nacionales en estas áreas sensibles para el futuro económico-político y medio ambiental del país -.

Las devaluaciones competitivas y el cuidado del Real

Las devaluaciones competitivas, un tema complejo con aristas globales, parece no condecirse con las políticas de aumentos de productividad y producción generadas por el gobierno Brasileño. En este sentido, el gobierno brasileño busca tomar medidas para contener la apreciación del real y evitar la pérdida de competitividad con otros países. En palabras del Ministro de Economía, Guido Mantega: “Estamos atentos. No podemos permitir que otras monedas artificialmente desvalorizadas nos ganen espacio”. Asimismo, Mantega pidió “que en la reunión del G20 que haremos en Seúl (…) los líderes podamos discutir la cuestión cambiaria e intentar algún tipo de acuerdo para organizar esa disputa, que al final de cuentas es una disputa comercial”.

Sin embargo, en el corto plazo ya el gobierno ha vivenciado una tendencia en la revalorización del real (desde finales de junio el real se ha fortalecido más de un 7%). Como consecuencia, Brasil acumuló en los diez primeros meses de 2010 un superávit comercial de 14.627 millones de dólares, un 35% menos que en el mismo período de 2009. En este sentido, las importaciones entre enero y octubre sumaron 148.613 millones de dólares, un 43,8% más que en el mismo período del año pasado; mientras que las exportaciones, se incrementaron solo un 29,7% para llegar a los 163.310 millones de dólares.

Por lo expuesto, la reacción por parte de la cartera de Economía no se hizo esperar, autorizando ilimitadamente la compra de dólares para evitar la sobrevaluación de la moneda Brasileña. Al mismo tiempo y para tranquilizar a los mercados, el Ministro Guido Mantega declaró que “Si entra un exceso de dólares en el país vamos a comprar todo (…) Tenemos dinero para enfrentar alguna eventual entrada de recursos con la capitalización de Petrobrás”. Mientras tanto y como primera medida, el Gobierno autorizó al Tesoro Nacional a comprar alrededor de 5.500 millones de dólares extra en el mercado local.

Fortaleciendo el MERCOSUR

Finalmente, más allá del acuerdo puntual firmado por Argentina y Brasil en el marco de cooperación tecnológica en materia de software y administración de nombres de dominios de Internet, esta propuesta específica muestra avances importantes para consolidar una relación que derive, más temprano que tarde, en una política económica común definitiva (comercio con moneda propia, códigos aduaneros comunes, política comercial justa y equitativa, etc.). En la misma dirección, el Ministro de Agricultura, Wagner Rossi, se reunió con su par argentino, Julio Domínguez, para acordar una estrategia comercial para vender agroalimentos a China, Japón y Corea. Rossi y Domínguez declararon al respecto: “Tenemos que dejar de competir, juntos somos muy fuertes… si entre nosotros competimos el precio siempre cae”. Es interesante entonces reflexionar que para comenzar una política proactiva en conjunto, se tiene que terminar definitivamente con la denominada “carrera hacia abajo”, donde la competencia entre socios solo beneficia a terceros y perjudica a los pueblos que observan en la devaluación salarial, la flexibilización laboral o la eliminación de protecciones medio-ambientales, la errónea decisión de la dañina competencia defensiva entre países hermanos.

Estonia se une al Euro dentro de un mar de controversias

Publicado en el diario BAE, 04 de Enero de 2011.

Autor: Pablo Kornblum

El comienzo de 2011 no ha sido un año nuevo más para la política internacional. A partir del 1ro de Enero, Estonia se convirtió en la primera república ex soviética que se unió al Euro, conformando así en 17 los países que comparten la moneda común europea.

Para lograr la aceptación, el gobierno estonio aplicó en los últimos años duros planes de ajuste para cumplir con los criterios macroeconómicos exigidos por Bruselas, los cuales casi ningún país de la Eurozona cumple hoy en día. El gobierno estonio despidió a miles de funcionarios y redujo los salarios del sector público un 10%. Además, retrasó la edad de jubilación de 63 a 65 años, subió el IVA del 18 al 20% y aprobó una reforma laboral que no grava el despido. Estas medidas han podido ser puestas en marcha debido a 18 años de un modelo neoliberal que ha arrasado cualquier atisbo de resistencia civil para con los derechos económicos garantizados (mínimos o insuficientes, pero seguros), obtenidos durante el período soviético.

Las cuentas públicas de Estonia ahora están saneadas: 1,7% de déficit público, 1,3% de inflación y 7,2% de deuda pública para un país que busca asimilarse a los modelos más desarrollados de los países nórdicos: economías centradas en las nuevas tecnologías y con foco en una especialización que derive en incrementos constantes de los saldos exportables. En este sentido, el ministro de Economía, Juhan Parts, dijo la semana pasada que la adhesión al euro conllevará muchas ventajas que se complementan con esta visión macro y microeconómica que persigue el gobierno estonio: «Nuestro comercio exterior se hace en un 80% con la UE. El mercado común es ventajoso para nosotros. Permite a las empresas estonias vender sus productos más fácilmente y crear empleos».

Sin embargo, este nuevo camino ha generado una serie de incertidumbres en gran parte de la población. Por un lado, los nacionalistas que celebraron la creación de la corona estonia en 1992, observan impávidos la pérdida de un símbolo de su soberanía. Esta discusión no es un tema menor en un país donde la cuestión nacional todavía se debate a flor de piel luego de la caída de la Unión Soviética y enmarcado en un contexto global de multilateralidad creciente.

Por otro lado, la situación a nivel regional también se ha puesto sobre el tapete. Muchos se preguntan por qué hay que unirse a una zona monetaria jaqueada por la crisis de la deuda, donde lo vivenciado por los PIGS ha puesto de manifiesto las peores fragilidades sistémicas. El mismo gobernador del banco central polaco, Marek Belka, indicó el mes pasado que “Hay más riesgos de estar dentro de la eurozona que de estar fuera”. Tal como los polacos o los húngaros, muchos estonios hubieran preferido la cautela antes de avanzar con determinación hacia una eurozona mellada por las inestabilidades y la falta de objetivos comunes.

Sobre este aspecto, la política de derechos y obligaciones que implica la mancomunidad también ha potenciado la susceptibilidad de gran parte de la población. A pesar de los beneficios que se pueden obtener dada la mayor fluidez en la interrelación económica, existe el temor real que Estonia deba contribuir con su propio capital para futuros planes de rescate, desbalanceando sus cuentas públicas y promoviendo su propia quiebra financiera. Los estonios bien comprenden que la socialización de las ganancias no puede estar asociada a una individualización de las pérdidas dentro del actual contexto macroeconómico de la Unión Europea. 

Finalmente, la cuestión geopolítica no es menor. Como la teoría lo indica, hay actores que por sus dimensiones (ya sea geográficas, demográficas o de recursos), no tienen capacidad de influir en las variables económicas o políticas internacionales. Este es el caso de Estonia, un pequeño país de 1,3 millones de personas, que aunque quiere mostrarse cada día más occidental ante los ojos del escenario internacional, es todavía altamente dependiente de los suministros energéticos que le compra al gigante ruso.

Para concluir, podemos observar que poco pareció importarle al gobierno estonio los efectos negativos expresados en los temores de su población. El imán de la europeización pareciera haber atraído más a los políticos que el cuidado y desarrollo nacional, económico y social de su pueblo. Lo extraño es que no será el único: a pesar de sufrir los coletazos de la crisis europea, los gobiernos de sus vecinos Letones (disminución del salario promedio en un 8,3% y reducción de 3,5% del PBI en 2010) y Lituanos (18,3% de desempleo en 2010) también esperan con ansias lograr unirse al Euro en el 2014, sepultando en el recuerdo de los libros de historia sus pasados soviéticos.

En definitiva, el mundo diseñado por los Organismos Internacionales de Crédito, los gurúes económicos y los intereses corporativos parecen haber cooptado una verdad absoluta que desdibuja los reales objetivos finales. Un claro ejemplo es la estimación del Fondo Monetario Internacional para con Estonia, al declarar que el paso al euro acelerará el crecimiento del 0,15% al 1,0% por año en las próximas dos décadas. Si se hará realidad y a quien beneficiará, pareciera ser un tema secundario para los gobernantes del ahora europeizado país báltico.

La dialéctica y los intereses divergentes de la Eurozona

Publicado en el diario BAE, 21 de Diciembre de 2010.

Autor: Pablo Kornblum

El Viernes pasado, los jefes de Estado de la Unión Europea reunidos en Bruselas intentaron enviar una señal de unidad a los mercados al transformar en permanente el fondo de rescate para la moneda única, dotado de un billón de dólares, que expiraba en 2013. A su vez y tal como deseaba Berlín, quedó institucionalizada su exigencia de que el fondo sea utilizado solamente para “casos extremos”. Sin embargo, nos podemos preguntar cuando un caso es extremo; y cuando es extremo, para quien lo es realmente.

En este sentido, la actual crisis refleja una realidad poco discutida por el sistema económico y político internacional: los Estados-Nación incluyen un conjunto de actores con intereses cada vez más diversos, en un marco de recursos escasos y de crisis moral. Solo para citar un ejemplo, al mismo tiempo que días atrás la Ministra francesa de Economía, Christine Lagarde, aseguraba que los europeos están «determinados y comprometidos» a «defender el euro y la zona monetaria”, la organización Europea NutriAction emitía un informe en el cual indicaba que 600.000 personas mayores de 65 años en Portugal sufren hambre o están desnutridos, mientras que el 27% de los 10 millones de portugueses no tiene nada que comer al menos un día al mes.

Pero todo tiene un motivo. Esta situación ha sido provocada por las heterogeneidades intrínsecas derivadas de las desigualdades del sistema capitalista, conllevando a que la lucha de poder entre las elites económicas/políticas y las clases trabajadoras sea de una asimetría sin precedentes: Terciarizaciones a mercados periféricos, disminución del Gasto Público/Social y fuertes disminuciones al salario real en sus diversas variantes (devaluaciones, incrementos de impuestos regresivos, inmigración, aumentos de la edad jubilatoria, etc.), son sus principales exponentes.

En el mismo sentido, podemos afirmar que la lógica de funcionamiento de la economía de post-guerra se ha quebrado. Hasta hace algunas décadas, el ámbito de referencia principal de las empresas eran los espacios nacionales, lugar donde se celebraban los acuerdos entre capital y trabajo, y sobre el cual el Estado proyectaba su poder de intervención y regulación. Con las nuevas condiciones, los empresarios ganaron muchos grados de libertad para elegir sus emplazamientos, forzando a una creciente competencia entre los Estados para retenerlos por medio de concesiones especiales dirigidas a fortalecer las ganancias empresarias a través de reducciones impositivas, una mayor liberalización de los mercados, programas de apoyo y subsidios, legislación más flexible, etc. Ahora bien, esta competencia generó un costo fiscal importante, obligando a reducir otros gastos, especialmente en materia de seguridad social e inversión en infraestructura.

Además, cabe destacar que para terminar con la crisis, los gobiernos parecen haber decidido utilizar las ineficaces viejas recetas neoclásicas emuladas por los Organismos Multilaterales y las calificadoras de riesgo, los cuales además realizan declaraciones grandilocuentes pero vacías de contenido estructural. Solo para citar algunos ejemplos, la semana pasada la agencia Moody’s rebajó drásticamente la calificación para la deuda de Irlanda, diciendo además que podría recortar la nota de Grecia y España. Standard & Poor’s dijo además que podría recortar la calificación de la deuda de Bélgica si la incapacidad del país para formar un gobierno amenaza el déficit y las metas de reducción de deuda. Mientras que el FMI advirtió que Irlanda podría no cumplir con su objetivo de reducción del déficit para 2015 y se enfrentará a graves adversidades que podrían impedir que salde la deuda internacional contraída tras su rescate.

Podemos observar entonces que esta forma de amenazas no tiene otro destinatario que salvar a la macroeconomía financiera para brindarle estabilidad y previsibilidad a los grupos empresarios que, cautelosos y expectantes, temen que su rentabilidad/recursos corran algún tipo de riesgos. Para los trabajadores y excluidos, el único mensaje es la espera paciente de la recuperación económica y un efecto derrame que raramente llega con la fuerza necesaria a todos los destinatarios. 

En definitiva, las inequidades en la distribución global de la riqueza conllevan a que cada día más, en el otrora mundo denominado desarrollado, las clases trabajadoras, los pobres y los excluidos se vean arrinconados dentro de un marco socio-económico que provee un margen de maniobra escaso y sin soluciones estructurales. Esta situación nos indica que si los gobiernos no logran nivelar y consensuar un plano ético y político de dialogo, difícilmente se podrá lograr la inmediata redistribución de la riqueza tan necesaria para aquellos que, indefectiblemente, no tienen tiempo para esperar los falsos milagros macroeconómicos provenientes de inexistentes nacionalismos/regionalismos fomentados por los grupos concentrados de interés.

La crisis de los PIGS y los falsos intereses comunes

Revista veintitres internacional – Diciembre 2010

http://www.elargentino.com/nota-118594-medios-120-La-crisis-del-euro.html

Autor: Pablo Kornblum

A principios de la década de 1990’ se presentaron algunos hechos fundamentales que cambiaron radicalmente la vida de los PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España). La ola globalizadora, potenciada luego de la caída del Muro de Berlín, encontró su desarrollo máximo a nivel regional luego de la firma del Tratado de Maastricht (1992), donde se terminó de establecer los pasos a seguir para lograr una Unión Monetaria, para luego dar paso a la concreción de un Mercado Común con la liberalización de los flujos de capitales y la libre movilidad de personas. La calificación para ingresar como miembros era sencilla: solo obligaba a alinear las tasas de inflación e interés, lograr un déficit fiscal no mayor al 3% del PBI y evitar que la deuda pública exceda el 60% del PBI.

Por otro lado, la integración regional requería esfuerzos pero vislumbraba un futuro próspero. Al apoyo de las potencias europeas a través del conocimiento/experiencia, la estabilidad institucional y la fortaleza económica, se le agregó la posibilidad de obtener subsidios de compensación y acceder a tasas de interés más bajas que las que podían conseguir con sus respectivas monedas nacionales. La bonanza provista por los flujos de capital domésticos e intra-regionales deslumbró rápidamente a los gobernantes de turno, los cuales aprovecharon la coyuntura para combinar el rédito electoral con el beneplácito de los Organismos Internacionales.

Ya hacia fines del siglo XX, las burbujas especulativas parecían no mellar en el ideario de los miembros de la Unión Europea. Las crisis del Sudeste Asiático, Rusia o América Latina pertenecían a regiones con las típicas fragilidades del subdesarrollo, incluyendo graves problemas institucionales y económicos estructurales que se encontraban, supuestamente, fuera del espectro del modelo Europeo Occidental del desarrollo. Las estadísticas lo reflejaban con claridad: la bonanza en las áreas de la construcción, los servicios tecnológicos/financieros y los desarrollos turísticos multiplicaban positivamente los indicadores económicos. Si a ello le agregamos la externalizacion difusa de la problemática de la pobreza derivada de la libre movilidad del factor trabajo dentro de la Eurozona, la relación Ingresos/Gastos de los PIGS se fue incrementando aún más.

Pero lamentablemente, los milagros económicos no existen y el transcurso del siglo XXI fue desnudando lentamente las fragilidades sistémicas. La falta de regulaciones conllevó a préstamos para inversiones en carteras de alto riesgo. La competitividad se vio resentida debido a los bajos costos de los países emergentes embebidos en un marco de mayor productividad (incremento de los mercados internos, mejoras tecnológicas y de infraestructura, multilateralidad creciente). Además, la falta de una política monetaria autónoma y un gasto gubernamental creciente, alejaban cada día más los indicadores económicos de los requisitos acordados en el Tratado de Maastrich: para el año 2010, la Deuda Pública de Irlanda llegó al 61,1% del PBI y el Déficit fiscal se sitúo en el 14,7%; en tanto que para Portugal, la situación no es muy diferente: 83,7% y 8,3% respectivamente. Por otro lado, mientras que las tasas de interés del Banco Europeo convergían a la baja con las alemanas, la paridad del poder adquisitivo del Euro se diferenciaba cada vez más entre los distintos países, de acuerdo con sus respectivas tasas de inflación. Entre 1997 y 2009 el nivel general de precios aumentó en Irlanda el 39,9% y en Portugal el 34,7%, mientras que en Alemania solo un 19,2% y en Francia un 22%. De este modo, se abarataron las importaciones y aumentaron los déficits externos de los europeos en general y los PIGS en particular.  Finalmente, los costos productivos y salariales crecientes de un Euro fortalecido en una región con altos niveles históricos de desarrollo socio-económico, comenzaron a provocar efectos negativos inversos a los vividos en una primera etapa de la integración.

Para enmarcar este contexto, el gran derrumbe económico y financiero desatado en el año 2008 sentó un precedente político importante de post-guerra: las crisis económicas podían doblegar al mundo desarrollado y sus correspondientes “Estados de Bienestar”. Los miedos sistémicos retrotrajeron a los flujos financieros hacia decisiones conservadoras y expectativas cautelosas. Los Organismos económicos y políticos internacionales se acordaban tardíamente de la importancia del cumplimiento de las reglas y la regulación. Mientras que los gobiernos, desesperados por contener las tensiones sociales desatadas por la gran crisis y potenciada por las fragilidades previamente mencionadas, buscaban infructuosamente una receta mágica que ayude a solucionar la grave problemática.

Para enfrentar este contexto adverso, los gobiernos de Portugal e Irlanda decidieron utilizar las viejas recetas neoclásicas emuladas por los Organismos Multilaterales, aquellos que nunca terminaron de admitir culpabilidad alguna de las crisis nacionales y regionales de las últimas décadas. Como mencionó el presidente de uno de los principales sindicatos de Irlanda hace algunas semanas, Jack O’Connor, el nuevo plan es «una hoja de ruta hacia la edad de piedra…». La pregunta lógica de porqué volver a políticas recesivas de corto plazo y socialmente dañinas en el largo plazo, parece contener una simple respuesta: la problemática es de tinte global y sistémico, lo que implica respuestas de cambios estructurales políticamente inviables para un mundo íntimamente interrelacionado a nivel económico y extremadamente respetuoso de las formalidades diplomáticas.

¿Continuarán los PIGS y el resto de los países de la Unión Europea proponiendo medidas de ajuste ortodoxo hiriendo de muerte a un Estado de Bienestar en decadencia? ¿Seguirán los intereses de los grupos concentrados desviando el foco de atención en nombre de un realismo político patriótico?

Probablemente, la respuesta sea afirmativa y se asiente en dos pilares fundamentales. Por un lado, la homogeneización económica internacional derivada de la nueva multipolaridad, conlleva a una situación donde la Unión Europea no solo compite fuertemente con los Estados Unidos y Japón, sino también con el BRIC, el Sudeste Asiático y América Latina. Esta situación implica que países como Irlanda y Portugal tengan la difícil misión de realizar políticas económicas con gran impacto en la productividad para lograr un salto cualitativo de competitividad dinámica sustentable a nivel doméstico, como así también la activación de todos los mecanismos necesarios para fortalecer la diplomacia comercial a través de las especificidades de mercado y con foco en el capital físico/humano y los recursos naturales.

Por otro lado, las heterogeneidades intrínsecas derivadas de las desigualdades del sistema capitalista no detienen su marcha, conllevando a que la lucha de poder entre las elites económicas/políticas y las clases trabajadoras sea de una asimetría sin precedentes: Terciarizaciones a mercados periféricos, disminución del Gasto Público/Social y fuertes disminuciones al salario real en sus diversas variantes (devaluaciones, incrementos de impuestos regresivos, inmigración, aumentos de la edad jubilatoria, etc.). En este sentido, Portugal recortará en 2011 los gastos en salarios y sueldos del servicio público en un 5%, subirá el IVA del 21 al 23%, aumentará los impuestos sobre la renta y reducirá la ayuda social. Irlanda, por su parte, proyecta eliminar 24.750 empleos públicos (el 8%), reducir las prestaciones de bienestar social y pensiones, e impondrá nuevos impuestos a las propiedades y al agua. En total, se propone reducir en 13.300 millones de dólares el gasto público y recaudar 6700 millones de dólares en impuestos adicionales entre 2011 y 2014.

Podemos observar entonces que la lógica de funcionamiento de la economía de post-guerra se ha quebrado. Hasta hace pocos años, el ámbito de referencia principal de las empresas eran los espacios nacionales, lugar donde se celebraban los acuerdos entre capital y trabajo, y sobre el que el Estado proyectaba su poder de intervención y regulación. Con las nuevas condiciones, los empresarios ganaron muchos grados de libertad para elegir sus emplazamientos, forzando a una creciente competencia entre los Estados para retenerlos por medio de concesiones especiales dirigidas a fortalecer las ganancias empresarias a través de reducciones impositivas, una mayor liberalización de los mercados, programas de apoyo y subsidios, legislación más flexible, etc. Ahora bien, esta competencia generó un costo fiscal importante, obligando a reducir otros gastos, especialmente en materia de seguridad social e inversión en infraestructura. Por lo tanto, mientras los costos de la competencia ahora recaen sobre la población y el trabajo, las grandes corporaciones procuran mejorar su posición en los mercados internacionales a fin de compensar con exportaciones crecientes las constreñidas demandas internas. Para los grandes grupos económicos europeos, la llamada globalización se convirtió en una alternativa al clima de depresión interna provocado por las políticas neoliberales. Lo que es más grave aún es que las políticas contractivas actuales de los gobiernos europeos potencian esta situación recesiva, disminuyendo la demanda y contrayendo aún más economías que, como Irlanda y Portugal, ya han retrocedido en su PBI un -7,1% y -2,7% respectivamente el año pasado.

Peor aún, las noticias de los últimos días nos indican que la socialización de las deudas continúa su marcha. A pesar de las críticas opositoras, el premier Irlandés Cowen salió a defender como pudo el “bailout” o rescate de 85.000 millones de euros de la Unión Europea y el FMI, lo que implicará mayor deuda futura para rescatar al sistema financiero y no al sistema productivo. En este sentido, el gobierno irlandés parece olvidar la premisa de que en una economía sana los flujos de capital deben ser solo un medio para servir a la economía real, y no la inversa a costa de los otros sectores generadores de bienes y servicios. Siguiendo esta línea de análisis, se debe recalcar que los rescates tienen un trasfondo detrás de la buena voluntad y reciprocidad regional: las grandes potencias de la Unión Europea, como Alemania y Francia, tienen grandes intereses creados ya que muchos de sus fondos y bancos de inversión que han puesto importantes sumas de dinero en la época del boom económico, no podrían resistir un colapso financiero de los PIGS.

Por otro lado, el gobierno irlandés se apresta a inyectar centenares de millones de euros como capital en sus bancos, en una virtual nacionalización del AIB y el Bank of Ireland, que fueron los que más créditos otorgaron durante los años del boom del “Tigre Celta”. Tal cual ocurrió a principios de la década de 1980’ cuando se nacionalizó la deuda privada en la Argentina, los accionistas y Organismos Internacionales también entienden a los Estados-Nación como los únicos deudores tangibles y punibles, desasociando las responsabilidades de quienes contrajeron la deuda con los de la ciudadanía en su conjunto que injustamente debe cargar con ella.

En cuanto a los mercados domésticos, los bonos portugueses a 10 años ya ofrecen más de un 7% mientras que Alemania – la referencia en Europa – los coloca a poco más del 2,5%. La gravedad de esta situación no solo implica la potenciación de la deuda futura, sino que además impacta directamente en el incremento de las tasas de interés reales, retrayendo cualquier posibilidad de las Pymes y los particulares de tomar créditos para la producción y el consumo. Si a ello le agregamos la contracción de la demanda doméstica tanto por parte del sector privado (la desocupación en Irlanda se sitúa en el 12%, mientras que en Portugal yo llegó al 10%) como la derivada de la disminución del gasto gubernamental, las posibilidades de un rebote económico positivo son cada vez más escasas. En este sentido, el comisario de Asuntos Económicos de la UE, Olli Rehn, declaró que el plan es «una importante contribución a la estabilización de las finanzas públicas irlandesas». Demasiada estabilidad para una economía que se encuentra estancada y con tensiones sociales crecientes.

Finalmente, en los últimos días los ministros de Finanzas de la UE avanzaron en discusiones para hacer permanente el por ahora provisional fondo de 750.000 millones aprobado el mes de Mayo pasado para rescatar a los miembros del euro antes de que tuvieran que declarar un default. El miedo a otra crisis derivada de las ineficiencias, el temor a los mercados y los perjuicios a los intereses de ciertas elites, parecen tener más preponderancia que las políticas públicas proactivas, firmes e inclusivas.
 
Para concluir, hemos evidenciado que tanto desde una perspectiva global a través de las relaciones interestatales, como a través de los desarrollos intrínsecos de los Estados-Nación, las inequidades en la distribución global de la riqueza conllevan a que cada día más, en el otrora mundo denominado desarrollado, las clases trabajadoras, los pobres y los excluidos se vean arrinconados dentro de un marco socio-económico que provee un margen de maniobra escaso y sin soluciones estructurales. Por otro lado, la actual crisis de los PIGS refleja una realidad poco discutida por el sistema económico y político internacional: los Estados-Nación incluyen un conjunto de actores con intereses cada vez más diversos, en un marco de recursos escasos y de crisis moral. Solo para citar un ejemplo, al mismo tiempo que días atrás la Ministra francesa de Economía, Christine Lagarde, aseguraba que los europeos están «determinados y comprometidos» a «defender el euro y la zona monetaria”, la organización Europea NutriAction emitía un informe en el cual indicaba que 600.000 personas mayores de 65 años en Portugal sufren hambre o están desnutridos, mientras que el 27% de los 10 millones de portugueses no tiene nada que comer al menos un día al mes. Esta situación nos demuestra que si los gobiernos no logran nivelar y consensuar un plano ético y político de dialogo, difícilmente se podrá lograr la inmediata redistribución de la riqueza tan necesaria para aquellos que, indefectiblemente, no tienen tiempo para esperar los falsos milagros macroeconómicos provenientes de inexistentes nacionalismos/regionalismos fomentados por los grupos concentrados de interés.

La crisis Europea, más allá de la simple coyuntura

Publicado en el diario BAE, 07 de Diciembre de 2010.

Autor: Pablo Kornblum

Nadie duda que las declaraciones de los últimos días han atentado fuertemente contra el espíritu mancomunado de los idearios de la Unión Europea. En una cena celebrada el 28 de Octubre en Bruselas durante la última cumbre de la UE, la jefa del gobierno Alemán, Angela Merkel, le comentó al primer ministro griego, Giorgios Papandreu que “..si en esta especie de club es en lo que se está convirtiendo el euro, quizás Alemania debería irse”. En este sentido, Alemania, base y motor de la Unión Europea, no desea cumplir la función de padre de hijos desobedientes. Para citar solo un ejemplo, Merkel quiere que la UE apruebe un sistema de sanciones automáticas para los países que no controlen sus cuentas públicas, que incluiría, para comenzar, la retirada del derecho al voto.

Por otro lado, en un aparte con la prensa durante su participación en la XX Cumbre Iberoamericana que se celebró en Mar del Plata, el Primer Ministro Portugués, José Sócrates, consideró que los movimientos bruscos en los mercados, como los que últimamente pusieron bajo presión a los títulos de la deuda portuguesa, tienen “su origen en la desconfianza de los mercados por la permanente crisis, especialmente ligados a la situación en Irlanda”. Evidentemente, Portugal pretende desligarse completamente de la problemática irlandesa para evitar ahuyentar aún más a los ya desconfiados acreedores.

Finalmente, el director del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Khan, manifestó la semana pasada su preocupación sobre el estado de salud económica de algunos países europeos, que a su juicio “están al borde del precipicio, como Grecia e Irlanda”. Evitando cualquier tipo de diplomacia positiva para con los mercados, sus declaraciones solo lograron potenciar las inestabilidades institucionales que pueden acarrear a estos países al colapso financiero y a una depresión económica sin precedentes en las últimas décadas.

¿Estamos vivenciando el fracaso del Euro y la Unión Europea? Como toda relación entre diversos actores (en este casos los Estados-Nación miembros), la misma se compone de los deberes y derechos necesarios para sacar lo mejor del proyecto en común, como así también para evitar caer en errores que puedan crear desbalances sobre los cuales se puedan desmoronar las bases del acuerdo. Los beneficios de las economías de escala, la ampliación de los mercados domésticos y el aprovechamiento del capital humano colectivo, debían ser acompañados por tasas de interés convergentes a una inflación moderada, déficit fiscales cautelosos y una deuda externa controlada por una sólida e inteligente política comercial y financiera.

Sin embargo, el rédito político doméstico derivado del influjo de capitales, el boom de la construcción y la dinamización de los servicios tecnológicos, financieros y turísticos, sustentados bajo el paraguas del beneplácito estímulo de los Organismos Internacionales e Intra-Regionales que solo vislumbraban un futuro próspero, ocultaban las falencias sistémicas y el incumplimiento de las reglas/deberes nacionales. En este sentido, la pérdida de competitividad de economías con un tipo de cambio cuasi anclado y sobrevaluado, el gasto público y los influjos de capital procíclicos que incrementaban los niveles inflacionarios, sumado a las desigualdades intrínsecas crecientes derivadas especialmente de las terciarizaciones y la libre movilidad del factor trabajo, aumentaron las tensiones sociales y mellaron sobre las expectativas positivas de los mercados.

Este contexto conlleva a que el peso de las responsabilidades políticas comience a sobrepasar holgadamente a las decisiones de cooperación y buena voluntad promulgadas en los primeros pasos de la Unión; para lo cual, el sistema pareciera retornar a un realismo donde el proteccionismo, la guerra de divisas a nivel global y los juegos de suma cero, muestran a las claras los intereses divergentes de los diversos Estados-Nación.

En definitiva, el futuro otrora promisorio de la Unión Europea parece por el momento no encausarse hacia un final feliz. Mientras la falta de regulaciones económicas y financieras sean moneda corriente a nivel intra e interestatal, el capitalismo concentrado se encuentre fuera del marco de los Estados-Nación, y las políticas económicas interregionales (tipo de cambio, balanza comercial, productividad) sigan atentando contra los ya golpeados Estados de Bienestar, la situación económica de millones de europeos no mejorará. Mientras tanto, la posibilidad de controlar los estallidos sociales latentes nos muestran los limites de hasta donde se puede sostener un Modelo Europeo que, inexorablemente, sufre los constantes embates de una globalización neoliberal depredadora.

El futuro económico regional luego del triunfo de Rousseff

Publicado en el diario BAE, 02 de Noviembre de 2010.

http://prensa.cancilleria.gov.ar/noticia.php?id=21308224

Autor: Pablo Kornblum

Luego de la victoria del pasado Domingo por parte de la candidata del Partido de los Trabajadores (PT), Dilma Rousseff, la continuidad de las políticas económicas aplicadas durante los últimos ocho años parecen estar aseguradas por cuatro años más. En este sentido, la dinámica actual genera nuevos desafíos y oportunidades para una región que vivencia un momento histórico único para la realidad latinoamericana.    
 
Para comenzar, podemos afirmar que los modelos progresistas de América Latina han fortalecido los mercados internos. Si a ello le agregamos la tendencia creciente de los precios de los commodities a nivel internacional, una mayor integración lograría concatenar recursos productivos y potenciar las economías de escala. Brasil, con un PBI que asciende a U$S 2,1 trillones y una tasa de crecimiento del 7,5% para el corriente año, sería el motor fundamental para arrastrar a los diferentes países de la región a un círculo virtuoso sustentable en el tiempo.

Por otro lado, el Brasil con enormes recursos naturales y productivos es un polo de atracción para los grandes inversores internacionales: la inversión extranjera directa (IED) supera este año los U$S 50.000 millones, sólo por debajo de China en el mundo emergente y la quinta en orden de importancia en el plano mundial. En este sentido, es fundamental aprovechar la posibilidad generada en un momento donde los ojos del mundo se posan en la región, mostrando todas las capacidades y potencialidades que ofrece América Latina. Sin embargo, esta posibilidad actual no ha sido gratuita, sino que se deriva de la histórica estructura socio-económica del sub-desarrollo. A diferencia de los países centrales, los cuales se encuentran en etapas posteriores de desarrollo y donde las políticas macroeconómicas tienen un impacto menor en cuanto a las posibilidades de crecimiento de la economía en su conjunto y el nivel de vida de sus habitantes, el salto cuantitativo y cualitativo de los países sudamericanos se condice con el retraso histórico de economías con mercados internos cautivos y deudas pendientes con grandes masas de la población excluidas.

Otro punto a aprovechar es el hecho que Brasil ya es uno de los grandes centros de formación de capital del sistema capitalista globalizado, con más de un 30% de sus empresas convertidas en transnacionales y con inversiones en el exterior que acumulan un stock de capital superior a los U$S 150.000 millones. Rousseff lo entiende y consolidará el deseo del presidente Lula de un Brasil potencia a nivel regional y mundial. Para los países de la región, será una inmejorable oportunidad de mostrar estabilidad para atraer inversiones brasileñas confiables, tanto estatales como privadas, de largo plazo. Un claro ejemplo ha sido el exitoso préstamo reciente de 342 millones de dólares a través del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), para colaborar en el desarrollo de un proyecto de generación hidroeléctrica en Nicaragua.

En el mismo sentido, la idea de fomentar los lazos de países en vías de desarrollo, con una historia geográfica-cultural y política común, tiene dos lecturas: A) por un lado, el deseo de un dialogo justo entre pares que tienen necesidades comunes pero quieren construir bases económicas sólidas para salir adelante. B) por el otro, evitar las relaciones económicas con países centrales, los cuales se encuentran en muchos casos viciados de soberbia y alejados de un crecimiento económico promisorio a futuro dado su nivel de desarrollo y la dinámica actual del sistema económico mundial. El estimular tratados regionales cuando el sistema multilateral se encuentra estancado en discusiones (más políticas que técnicas) que provocan retrasos y desestimulan las transacciones internacionales, sería sustancial, por ejemplo, para avanzar hacia una nueva moneda común regional que evite las devaluaciones competitivas, o para estimular la institucionalización de códigos comerciales comunes en toda la región.

Finalmente, no podemos dejar de recalcar que Brasil ha sido un ejemplo y su propio presidente Lula, expresándolo en un discurso hace unas semanas, se enorgullecía de ello: “…el que venga a Brasil podrá aprender cómo es que se hace política económica con seriedad, cómo se unen exportaciones con crecimiento económico, cómo se unen control de la inflación con distribución del ingreso…”. Para continuar en este camino, Rousseff comprende que en el actual contexto mundial, una integración regional apropiada será fundamental para las aspiraciones económicas, tanto domésticas como internacionales, del gigante sudamericano.  Es hora de que el resto de los países de la región imiten a Brasil y se unan de manera coordinada e inteligente, en un proyecto latinoamericano que permita avanzar hacia un próximo estadio de crecimiento y desarrollo sustentable.

Política Económica de Brasil Junio 2010 – Agosto 2010

Centro Argentino de Estudios Internacionales 

Observatorio de Brasil, Número 5, Año I, Invierno Sur 2010

http://www.caei.com.ar/es/pfp/brasil/brasil5.pdf

Autor: Pablo Kornblum

Un avance internacional diferenciado dentro

un marco de solidez doméstica y expectativas

positivas crecientes.

Enfrentar el escenario internacional con una discursiva apoyada en hechos concretos

Las palabras del presidente Lula da Silva durante el evento “10 Michelín Challenge Bibendum”, no pueden pasar desapercibidas: “Ellos, que tantas veces vinieron aquí a darnos lecciones de moral, podrían venir humildemente a aprender cómo es que se hace política económica con seriedad, cómo se unen exportaciones con crecimiento económico, cómo se unen control de la inflación con distribución del ingreso”. Lo curioso pareciera no ser tanto la diferenciación del modo en el cual Brasil ha sorteado la coyuntura – a diferencia de la crisis desatada en los países centrales- , sino el expresarlo de manera tan tajante. Esta expresión de confianza no debe ser tomada como un signo de soberbia: más bien como un desafío para un país que exclama mayor participación y poder de decisión en la arena internacional.

Por otro lado, no debemos olvidar que el actual crecimiento económico es también viable, más allá de las adecuadas políticas macro y microeconómicas aplicadas por el actual gobierno, por la histórica estructura socio-económica del Brasil. Los países centrales se encuentran en etapas posteriores de desarrollo, en las cuales las políticas macroeconómicas tienen un impacto menor en cuanto a las posibilidades de crecimiento de la economía en su conjunto y el nivel de vida de sus habitantes. A diferencia de estos, el salto cuantitativo y cualitativo del país sudamericano se condice con el retraso histórico de una economía con un mercado interno cautivo y deudas pendientes con grandes masas de la población excluidas. Esta situación también se puede visualizar en otros  países subdesarrollados con creciente presencia y potencial en las próximas décadas, como es el caso de los restantes países del BRIC. Mientras el Producto Bruto Interno de Brasil creció un 9% en el primer trimestre de 2010 con respecto al primer trimestre de 2009, la India creció el 8,6%, Rusia el 4,5% y China el 11,9%.

Más allá de una diplomacia activa en la discursiva presidencial, el gobierno brasileño también lo demuestra con hechos. Además de conceder un préstamo de 342 millones de dólares a través del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) para colaborar con el desarrollo de un proyecto de generación hidroeléctrica en Nicaragua, cerca del 90% de los 250.000 millones de dólares que componen las reservas internacionales – un record que superó en un 25% a las reservas que había un año atrás – se utilizaron para la adquisición de títulos del Gobierno norteamericano, acciones en diferentes bancos extranjeros, y préstamos para el Fondo Monetario Internacional. En este sentido, el trasfondo de realismo que genera la tenencia de deuda pública norteamericana y la inserción brasileña en los organismos multilaterales, despejan cualquier tipo de duda sobre los objetivos diplomáticos a nivel geopolítico y financiero internacional.

Finalmente, las políticas activas hacia terceros Estados no se limitan a la diplomacia; también hacen eco fronteras adentro del país. Para citar un ejemplo, el Gobierno endureció las limitaciones a la compra de tierras por parte de extranjeros. El Procurador General de la República, Luis Lucena Adams, declaró que “No vamos a excluir la participación extranjera, pero queremos preservar el control nacional en la posesión de tierras. Las compañías se tendrán que adaptar y cooperar más con empresas locales”. Por lo tanto, mientras el gobierno busca sacar provecho y avanzar en sus objetivos dentro de un marco de diplomacia consensuada en los foros internacionales, la política enmarcada en el proyecto de autosustentabilidad es clara y firme: Brasil, y no los intereses foráneos, mantendrán el dominio de los recursos naturales del país en beneficio de sus propios ciudadanos. 

El preciso balance de una inteligente política económica doméstica

En cuanto a la política económica doméstica, es importante destacar el complemento de las ideas de largo plazo con una política económica que saque provecho de la coyuntura. En este sentido, el Ministro de Trabajo y Empleo, Carlos Lupi, expresó que además del crecimiento de la economía, “los economistas tienen que analizar dos factores que impulsan la economía: la Copa del Mundo y las elecciones. Ellos afectan fuertemente la generación de empleo”. Un claro ejemplo es el acuerdo firmado por el presidente para invertir más de 3.500 millones de dólares para obras en aeropuertos y puertos que se utilizarán en el mundial de fútbol 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016. Este concepto es fundamental, sobre todo en una región latinoamericana donde las problemáticas de la coyuntura suelen llevarse toda la atención y no permiten poner en marcha planes estructurales de largo plazo.

Otro tema importante han sido las declaraciones del Ministro de Economía Guido Mantega en el marco de una reunión del G-20 desarrollada en Toronto, Canadá, donde manifestó su oposición a implementar un impuesto global a la banca como proponen Gran Bretaña o Francia. El mismo indicó que “No cabe aplicar un único impuesto para el sector financiero”. La experiencia histórica indica que es necesario poseer flexibilidad técnica y tener siempre a mano un abanico de opciones de política económica para enfrentar las diversas coyunturas y las especificidades domésticas adversas. En este sentido, el propósito recaudador pondrá en alerta a los grandes grupos de interés concentrados internacionales; los cuales, en algunos casos, querrán diseñar procesos de elusión que deben ser inteligentemente contrarrestados por la efectividad de la política gubernamental brasileña.  

Por otro lado, el miedo provocado por una historia repleta de inestabilidades no ha sido un tema menor durante todo el gobierno del PT. En la actualidad y con un crecimiento económico sostenido, el temor a un brote inflacionario regresa a escena. En este sentido, el Ministro de Economía se manifestó en torno al crecimiento de la economía de Brasil: “Prefiero un poco menos de crecimiento (en 2011) y mantener el equilibrio macroeconómico”. “Después de este fuerte año que estamos teniendo, debe haber un ajuste el próximo año. Creo que 5,5 por ciento es una tasa posible”. Por otro lado, el presidente Lula también se pronunció sobre el tema: “A todos nos gustaría que las tasas caigan mucho más, y lo harán” (…) “Pero la reducción debe ser realizada en forma responsable, de modo que no descuidemos la inflación”. A consecuencia, el Banco Central elevó la tasa de interés en 50 puntos base, llevándola a un 10,75 por ciento anual. Esta fue la tercer alza consecutiva de las tasas desde abril, aunque fue de menor magnitud que las dos primeras modificaciones (de 0,75 por ciento cada una). Cabe recalcar que Brasil cuenta con una ventaja: la inflación estructural que suele visualizarse en los países de la región (derivada principalmente en cuellos de botella productivos y monopolios formadores de precios), parece no ser parte de la actual coyuntura de acuerdos socio-productivos entre los diversos actores políticos, económicos y sociales.

Finalmente, en un mundo inestable con demandas crecientes, las autoridades de Brasil apuestan fuertemente a la autosustentabilidad – a través de un mix de inversión privada junto al control y regulación del sector público -, apoyado en la enorme cantidad de recursos naturales explotables. Un ejemplo es el anuncio realizado por la petrolera OGX en relación al descubrimiento de entre 10 y 15 billones de metros cúbicos de gas natural en el estado de Maranhao, que serían suficientes para abastecer la cuarta parte de la demanda nacional por cuarenta años. Por otro lado, el Director del Departamento de biocombustibles del Ministerio de Minas y Energía, Ricardo Dornelles, animó a los países latinoamericanos a que apuesten por la producción de biocombustibles para reforzar así la seguridad alimentaria de la región. En este sentido, queda claro que los recursos no renovables y la seguridad alimentaria no son temas exclusivos de un país o una región; sino que son una problemática mundial que debe ser tratada por todos los gobiernos del planeta con la mayor de las responsabilidades.

Datos alentadores que fortalecen las políticas sociales gubernamentales

Para concluir, podemos afirmar que los datos de índole social siguen siendo alentadores. Por un lado y según un informe del Instituto Brasilero de Geografía y Estadística (IBGE), el porcentaje de familias brasileras que vive en situación de insuficiencia alimentaria disminuyó del 46,7% en el período 2002-2003, al 35% en el período 2008-2009. Por otro lado, el Ministro de Trabajo y Empleo, Carlos Lupi, dio a conocer que en lo transcurrido de 2010 se crearon 1.260.368 empleos. Esta situación se condice con los datos de la tasa de desempleo durante el primer semestre de 2010, que se situó en el 7,3%, lo que representa un descenso del 1,3% respecto a los primeros seis meses del año pasado (8,6%).

Otro punto importante a recalcar es la estabilidad de precios. El índice de precios al consumidor IPCA se ubicó en el 0% durante el mes de julio, luego de retroceder 0,43 por ciento respecto al mes anterior. La teoría económica indica que la inflación castiga más a los asalariados, los cuales observan sus sueldos erosionarse dado su retraso en relación a los precios. En contraposición, una coyuntura como la actual, favorable en relación a mayores niveles de empleo y producción, deriva en incrementos salariales con implicancias positivas en los niveles de vida dentro de un contexto de estabilidad de precios.

Más importante aún es el programa Río Estado Digital, ya que se ha instalado conexión Wi-Fi gratuita en la favela más grande de Brasil (“Rocinha») en la ciudad de Río de Janeiro. La educación y el conocimiento son pilares fundamentales en el futuro de muchos niños en condiciones desfavorables, ya que la información y las capacidades que podrán adquirir de ahora en más les brindarán una mayor cantidad de herramientas para poder salir adelante en un mercado de trabajo cada vez más competitivo. Pero además, un mejor acceso a la información, en complemento con mayores y mejores niveles de escolarización, permitirán un mayor entendimiento del contexto en el que viven y los cambios que deberían llevar a cabo para mejorar su calidad de vida.   

Para concluir, es interesante destacar el estudio realizado por el Centro de Estudios Sociales de la Fundación Getulio Vargas, en el cual se expresa que en 2014 solo un 8 por ciento de los brasileros formará parte de la clase más baja, lo cual implicaría una reducción de la pobreza a la mitad en cuatro años. No se puede negar que las expectativas positivas en las que se ve envuelta la economía brasileña hoy inyectan esperanza y estimulan la inversión, la producción y el crecimiento del mercado interno. Pero este contexto debe ser interpretado con cautela: por un lado, las expectativas y la previsibilidad se encuentran ligadas a una continuidad que dependerá en gran parte en los resultados de las próximas elecciones presidenciales; por el otro, la reducción de la pobreza es siempre positiva pero no suficiente: el desarrollo implica además mejoras sustanciales a nivel de infraestructura, buenas condiciones laborales y educativas, junto con posibilidades concretas para lograr un desarrollo profesional y personal que puedan satisfacer los deseos y expectativas de la población. Esta concepción abarcativa y realista de lo que debería ser una calidad de vida digna, se encuentra muy alejada de un índice que simplemente refleja un nivel de salarios superior al umbral de la pobreza.    

El legado de Lula

Revista veintitres internacional – Septiembre 2010

Autor: Pablo Kornblum

http://www.elargentino.com/nota-110428-El-legado-de-Lula.html

Hasta el 1ro de Enero de 2003, día en que Lula da Silva recibió la banda presidencial, habían coexistido históricamente dos tipos de país. Por un lado, el Brasil dinámico, industrial, exportador de commodities, inteligente en la diplomacia y con una admirable capacidad de timonear las fluctuaciones macroeconómicas en un mar de inestabilidades regionales. Por el otro, el Brasil estático, con una estructura productiva socio-económicamente rígida, una brecha social/racial inamovible sustentada desde las elites, y un esquema centro-periferia interestadual funcional a los intereses foráneos y a los grupos concentrados.  

No había sido difícil mantener el esquema. Un futuro repleto de placeres en la divinidad del más allá, la lucha contra el “maléfico” comunismo o la necesidad de ajustes y sacrificios por el bien de la nación, eran la dialéctica preferida para mantener el control social. Hasta que cierto día, la maduración democrática y el cansancio de unas mayorías empobrecidas, llevaron a que las cúpulas militares, el gran empresariado industrial y la oligarquía terrateniente cedieran el paso a aquel obrero metalúrgico de origen humilde que desde hacia dos décadas aspiraba ser el presidente del país más grande de Sudamérica.

Sorpresivamente para algunos, Lula comprendió el contexto histórico en el que se encontraba; un momento único que no podía ser desaprovechado, que desperdiciado podría dar lugar a los sectores más conservadores a evitar para siempre una segunda oportunidad. Por lo que la dialéctica revolucionaria le dejo lugar al pragmatismo, la humildad se amoldó a un discurso inteligente, y la flexibilidad del dialoguismo permitió consensos clasistas de corto y largo plazo, sin descuidar las raíces ni los objetivos finales que le habían permitido acceder a la primera magistratura.

La claridad fue la mejor presentación para sus previamente temerosos opositores políticos. La política económica, de neto corte keynesiano, mostró un notable incremento del gasto y la inversión pública a través de una activa participación estatal (entre las cuales se encontraron diversas políticas sociales, educativas y de infraestructura). Se facilito el crédito para la producción y el consumo, a la vez que se reducían las tasas de interés e incrementaban los préstamos por parte de los bancos públicos para aumentar la adquisición de bienes de capital. Además, se comenzaron a otorgar tasas especiales para la exportación, extensión de los beneficios fiscales a más empresas, e incentivos para la innovación tecnológica. Todo esto contextualizado y regulado dentro de megaplanes de obras públicas como el denominado PAC (Programa de Aceleración del Crecimiento), el cual tendrá una segunda versión en el que se estima se invertirán 550.000 millones de dólares para su desarrollo el año venidero.
 
Por otro lado, del miedo al descontrol macroeconómico, siempre latente por parte de los gurues neoliberales, se pasó a una calma solidez. Un superávit comercial creciente – en 2009 fue de 25,348 millones de dólares -, un PBI que se espera crecerá alrededor de un 7% este año (después de haber sorteado con dignidad la crisis financiera mundial desatada en 2008), y el estricto control de la inflación a través de una fuerte regulación de las tasas de interés (incluyendo tres aumentos este año para evitar el recalentamiento de la economía), han sido algunas de las variables positivas que muestra con orgullo el gobierno. En este sentido, los vaivenes causados por las cíclicas recesiones e inflaciones estructurales que suelen visualizarse en los países de la región (derivadas principalmente de los cuellos de botella productivos y monopolios formadores de precios), parecen no ser parte de la actual coyuntura de acuerdos socio-productivos entre los diversos actores políticos, económicos y sociales. Ello se observa también con claridad en el trabajo conjunto entre el gobierno y el sector privado. Uno de los más renombrados ejemplos ha sido la creación de Nova Braskem, la mayor compañía petroquímica de América y la octava mayor del mundo, que tendrá como principales socios a la estatal Petrobrás y a la empresa privada Odebrecht.

Pero las mieles de la bonanza coyuntural no enceguecieron a los ideólogos del modelo; el presidente Lula ha dejado bien en claro que quería un Brasil sustentable en el largo plazo. Por ello, el desarrollo y la explotación de los recursos naturales no solo sirvieron como generador de divisas, sino también como un bastión de autosustentabilidad futura; en este sentido, el gobierno ha puesto el foco en los recursos no renovables y la seguridad alimentaria como problemáticas centrales. Por otro lado, la emisión de bonos de deuda con vencimiento en 2041 por 1250 millones de dólares en el mercado estadounidense y europeo, consolidó la independencia y previsibilidad del país ante los ojos del mundo. Para redondear la sustentabilidad del modelo, la geopolítica no puede ser dejada de lado dentro de un contexto de planeamiento estratégico. Para citar un ejemplo, el acuerdo de cooperación en materia de defensa con Francia, más allá de los beneficios económicos derivados de la tecnología y el conocimiento adquirido, consolidan definitivamente a Brasil como la potencia militar de la región latinoamericana. El gobierno del presidente Lula ha comprendido que es imposible formar una potencia económica sin convertirse previamente en una potencia militar en la cual respaldarse.

Pero para sorpresa de muchos, el presidente no quedo conforme con la solidez del crecimiento y desarrollo doméstico, sino que además quiso sustentarlo bajo el paraguas de un Brasil potencia a nivel regional y mundial. Para ello tomó una serie de medidas inéditas para la política exterior y la diplomacia Brasilera. La adquisición de deuda pública norteamericana, la inserción brasileña en los organismos multilaterales – incluyendo importantes aportes al programa de Nuevos Acuerdos de Crédito (NAB) del FMI -, y el fomento de una nueva arquitectura multilateral para buscar una alternativa al dólar como moneda de referencia, son solo algunos de los objetivos logrados durante los últimos años.

Para lograr este posicionamiento, Lula demostró una firmeza que fue apañada por su apego a las reglas de los organismos internacionales y al respeto por la autonomía jurisdiccional. Este pragmatismo internacional se vio reflejado en varias oportunidades: los quince acuerdos cooperación en materia energética y petrolera con el gobierno de Venezuela; las sanciones comerciales (con el respaldo de la  OMC) contra una gran variedad de productos provenientes de Estados Unidos – debido a la no eliminación de subsidios aduaneros ilegales para con sus granjeros -; o el estimular tratados bilaterales cuando el sistema multilateral se encuentra estancado en discusiones (más políticas que técnicas) que provocan retrasos y desestimulan las transacciones internacionales, dan cuenta de ello. En este sentido, la idea de fomentar los lazos con países en vías de desarrollo tiene dos lecturas: A) por un lado, el deseo de un dialogo justo entre pares que tienen necesidades comunes pero quieren construir bases económicas sólidas para salir adelante. B) por el otro, evitar las relaciones económicas con países occidentales, los cuales se encuentran en muchos casos viciados de soberbia y alejados de un crecimiento económico promisorio a futuro dado su nivel de desarrollo y la dinámica actual del sistema económico mundial.

Por lo expuesto, podemos afirmar que el gobierno del presidente Lula logró su cometido. La rentabilidad empresarial, tanto de los industriales como los grandes exportadores agrícolas, percibió una sustancial mejora durante sus dos períodos de gobierno. Pero por sobre todo, su base política vivenció en carne propia una sensible mejora en su calidad de vida. Las estadísticas lo refuerzan: mientras la tasa de desempleo durante el primer semestre de 2010 se situó en el 7,3%, el Instituto Brasilero de Geografía y Estadística (IBGE) indicó que las familias brasileras que viven en situación de insuficiencia alimentaria disminuyeron del 46,7% en el período 2002-2003, al 35% en el período 2008-2009. Más importante aún, cabe resaltar la profundización de los diversos programas de enseñanza formal e informar. Para citar un ejemplo, el Programa Río Estado Digital, que provee conexión Wi-Fi gratuita en la favela más grande de Brasil (“Rocinha»), no solo brinda educación y capacitación fundamental para un mercado de trabajo cada vez más competitivo; sino que además, el mayor y mejor acceso a la información permiten que los más humildes adquieran un mayor entendimiento del contexto en el que viven y los cambios que deberían llevar a cabo – sean estos plausibles o no en el corto/mediano plazo – para mejorar su calidad de vida.

Sin embargo, falta mucho por hacer y el ganador del ballotage del próximo 31 de Octubre tendrá que desafiar una historia todavía adversa para la mayoría de los brasileros. Por un lado, no debemos olvidar que el actual crecimiento económico es también viable por la histórica estructura socio-económica del Brasil. El salto cuantitativo y cualitativo del país sudamericano se condice con el retraso histórico de una economía con un mercado interno cautivo y deudas pendientes con grandes masas de la población excluidas. Por otro lado, el concepto de desarrollo implica además mejoras sustanciales a nivel de infraestructura, buenas condiciones laborales y educativas, y posibilidades concretas para lograr un desarrollo profesional y personal que puedan satisfacer los deseos y expectativas de la población. Mientras Brasil se encuentra actualmente décimo en términos de su Producto Bruto Interno (fuente FMI), el Índice de Desarrollo Humano que realiza el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo -que mide variables como la educación, la esperanza de vida, la tasa de alfabetización y la calidad de vida en 179 países-, indica que todavía Brasil ocupa el puesto número setenta. Finalmente, el próximo presidente deberá centrar su análisis en términos absolutos, evitando descansar en una cómoda política de mejoras relativas. Los cambios marginales positivos intra-sistémicos obtenidos durante la era Lula, han sido necesarios pero no suficientes; mientras la discusión política se aleja cada vez más de cambios estructurales/radicales, más necesario aún será consolidar y profundizar los programas socio-económicos redistributivos y realmente inclusivos a largo plazo para lograr, en palabras del saliente presidente Lula, “un país decente para todos los Brasileros”. 

La influencia del Partido Verde en el ballotage

Publicado en el diario BAE, 19 de Octubre de 2010.

Autor: Pablo Kornblum

El domingo pasado, la candidata presidencial del Partido Verde se expresó en relación al ballotage del próximo 31 de Octubre: “Creo que la posición de independencia es la mejor forma de contribuir con el pueblo brasileño”. Aunque su discurso apunta a la políticamente correcta racionalidad democrática de los electores – a pesar de que la falta de educación, capacidad de comprensión y accesibilidad a la información son parte de las deudas pendientes del Brasil -, la realidad indica que Marina Silva decidió seguir la lógica de quien tiene las máximas aspiraciones políticas: mantener la coherencia sin poner en cuestionamiento las indeclinables diferencias con los candidatos que participarán en la segunda vuelta electoral.

Habiendo pasado solo unos días de las elecciones, podemos afirmar que la candidata del Partido Verde obtuvo en la primera vuelta los votos de aquellos que no se conforman con cambios marginales. En este sentido, para Orjan Olsen, investigador político y consultor que trabajó en el equipo de Silva, la mitad de los 20 millones de votos que recibió Silva llegaron “del núcleo que deseaba un cambio en la manera de gobernar el país; no en lo económico, sino que reclama formas más transparentes, menos manipuladas por intereses políticos y que podría haber votado años atrás al PT y a su candidato Lula”.

Entre sus votantes se han encontrado, por un lado, los grupos ecologistas; ellos entienden que no existe una verdadera sustentabilidad medioambiental bajo las premisas del actual sistema económico capitalista global (recordemos que la dimisión de Silva se debió principalmente a sus diferencias con los proyectos comerciales e industriales que el ejecutivo tenía para con el Amazonas). También nos encontramos con los votantes evangelistas, los cuales desconfían de las liviandades observadas en los debates electorales de estos últimos días, ya que las temáticas – tales como el aborto – han sido tratadas desde posiciones confusas e inaceptables según su propia visión de lo que es una vida ética y moralmente aceptable. Finalmente tenemos a los votantes jóvenes, los más golpeados por el desempleo – no solo en Brasil sino a nivel internacional -, que descreen de los parciales beneficios coyunturales obtenidos durante el actual gobierno del presidente Lula, y observan en el largo plazo un horizonte desesperanzador.

Ante este contexto de disconformismo sistémico, el margen de error se amplia para los analistas políticos que buscan dilucidar hacia donde se trasladarán los votos del Partido Verde. En este sentido, la diferenciación de Silva ante la polarización que mostraba la eterna pelea del PT y el PSDB, y su rechazo a las coaliciones para alcanzar el poder y dominar el Congreso con partidos como el PMDB (centrista, aliado del PT) o el Dem (conservador, socio del PSDB), resultaron ser buena parte de su mayor capital electoral y un potenciador de la incertidumbre electoral.

En este aspecto, nos encontraremos con un escenario donde las convicciones políticas filtrarán votos que no llegarán a ninguno de los dos candidatos. También aparecerán los votantes que se decidirán por la que creen será la opción menos negativa/dañina para con los intereses de la Nación. Finalmente, nos encontraremos con aquellos que creen firmemente que eligiendo al candidato más distanciado a sus intereses, fortalecerán las chances futuras de lograr una mayor visibilidad política dentro del arco opositor y acrecentarán las posibilidades del Partido Verde de cara a las próximas elecciones.

La lógica ideológica y programática indicaría que el mayor caudal de votos de Silva debería dirigirse a la candidata del partido del cual ella militó durante prácticamente toda su vida política (expandiendo en la Amazonia la central sindical fundada por Lula), y de la cual tuvo responsabilidades ejecutivas, habiendo sido hasta el año 2008 Ministra de Medio Ambiente del actual gobierno. Sin embargo, el pragmatismo y la multiplicidad de variables que conviven hoy en día en las cada vez más heterogéneas sociedades modernas, conllevan a que la “caza de votos” por parte de Rousseff y Serra se encuentren con dificultades para encontrar el punto justo de efectividad en la conquista final del electorado verde.

Más aún, cuando las sociedades evolucionan y las expectativas de cambio de los votantes se tornan estructurales, lejos parecen encontrarse los partidos tradicionales de satisfacer las demandas con promesas coyunturales de mero tinte electoralista. Tal vez, la clave para triunfar se encuentra en comprender el fin último de la campaña de Silva: no poner en primer plano la orientación general del Estado para el Brasil que se proyecta como potencia emergente; sino más bien en las cuestiones más sencillas, aquellas destinadas a preservar lo que muchos consideran, el Brasil profundo.