Política Económica de Brasil Marzo 2010 – Mayo 2010

Centro Argentino de Estudios Internacionales 

Observatorio de Brasil, Número 4, Año I, Otoño Sur 2010

http://www.caei.com.ar/es/pfp/brasil/brasil4.pdf

Autor: Pablo Kornblum

Políticas económicas activas para una

salida estabilizada hacia el crecimiento

económico. Un programa de desarrollo

para afirmar el rol de potencia mundial

en el largo plazo.

Medidas del gobierno que generan confianza en el sector corporativo transnacional

No hay duda que Brasil ya es visto por el sector privado corporativo transnacional como la gran potencia regional y un decisor de peso en la arena internacional. En este sentido, no solo el pensamiento se ve traducido en las palabras de los presidentes de 3M o de la Generalitat Valenciana cuando remarcan que Brasil será el futuro motor económico de Sudamérica y una de las cinco economías del siglo XXI; sino que también y sobre todo, se ve plasmado en hechos concretos, como los 530 millones de Euros que el grupo
francés de vehículos PSA Peugeot Citroën invertirá en Brasil hasta 2012 para desarrollar nuevos autos, la decisión de la Ford Motor Company de aumentar a 4.500 millones de reales (2.528 millones de dólares) su plan de inversiones en Brasil hasta el año 2015, o el anunció de Telefónica de destinar a Brasil el 20 por ciento de su inversión total para 2010, desembolsando para el gigante sudamericano un total de 3.500 millones de reales (1540 millones de euros) para el corriente año.Esta confianza de las grandes empresas multinacionales sobre el futuro de Brasil conlleva grandes beneficios, como ser el primer país de testeo en donde se realizarán las principales inversiones para muchas de estas corporaciones de alcance mundial. Pero por otro lado, también el poder y la trascendencia generan responsabilidades. Si Brasil no demuestra la solidez ni cumple con las expectativas de rentabilidad que han puesto en el país los inversores, la situación puede tornarse contraproducente; incluyendo la fuga de
capitales, el corte en la cadena productiva de las Pymes proveedoras de bienes y servicios, o la recesión provocada por la escasez de liquidez.

Retomando el punto anterior, uno de los puntales en los cuales se basa esta confianza es la política de superávit comercial permanente que busca el país a través de un sector privado exportador dinámico, más aún en la difícil situación internacional actual que conlleva a que la penetración sobre los nichos de mercado se torne dificultosa. Por ello es interesante el paquete de incentivos para ampliar las exportaciones que informo el Ministro de Hacienda, Guido Mantenga, en el mes de Marzo. Las medidas contemplan una
extensión de los beneficios fiscales a más empresas, dado que anteriormente para acceder a los mismos se requería exportar un 60 por ciento del total de la producción y ahora este monto se reducirá al 40 por ciento.El desarrollo de ideas novedosas para tratar de que empresas sin posibilidad o voluntad de exportar tengan el incentivo de hacerlo, reforzará sin dudas la generación de divisas para la economía brasileña.

Otro tema importante relacionado es el respeto hacia la justicia comercial internacional y las decisiones de los Organismos Internacionales. Para citar un ejemplo, solo luego de haber sido autorizado por la Organización Mundial del Comercio, el Gobierno Brasileño anunció sanciones comerciales contra una gran variedad de productos provenientes de Estados Unidos – medida que se tomó luego que el país norteamericano no eliminara los subsidios aduaneros ilegales a sus granjeros -. No solo el empresariado corporativo observa el poder político y la independencia de las importaciones/exportaciones para con el país más poderoso de la tierra, sino que también fomenta un apego a las reglas que provee previsibilidad a los ojos del mundo.

El último punto generador de confianza es la estabilidad. En este sentido, el Banco Central decidió mantener estable hasta último momento (en 8,75 por ciento anual) la tasa básica que rige los tipos de interés en el país, a pesar de las tensiones inflacionarias acumuladas en los primeros meses del año – un alza del 1,54 por ciento entre enero y febrero, probablemente derivado del despegue económico que ya se vislumbro en el
último trimestre de 2009 (2%) -, demostrando discrecionalidad en la utilización de la política monetaria solo para acompañar los vaivenes del ciclo económico. Recién el 28 de Abril, el Comité de Política Monetaria (COPOM) del Banco Central, aumentó la tasa referencial de interés en 75 puntos básicos para llevarla al 9,50 por ciento. La decisión, que se tomó en forma unánime, representa la primera modificación de la tasa en dos años. El COPOM informó que la decisión da “seguimiento al proceso de ajustes de las condiciones monetarias al escenario prospectivo de la economía, para asegurar la convergencia de la inflación con la trayectoria de metas”.

El escenario internacional: Un continuismo del pragmatismo multilateral

Otro tema a destacar ha sido el intenso trabajo del gobierno de Brasil para vitalizar y promover las relaciones económicas bilaterales con diversos países del mundo. Para comenzar, podemos mencionar el hecho que el presidente Lula de Silva manifestó que Brasil y Jordania pueden lograr una asociación económica con la colaboración del sector privado en el marco de un foro empresarial jordano-brasileño reunido en Amman.
Además, el primer mandatario se comprometió con su par bielorruso, Alexander Lukashenko, a intensificar las relaciones bilaterales para fortalecer el intercambio comercial –que en 2009 alcanzó los 1300 millones de dólares- y de esta manera posibilitar diversos acuerdos. Si a ello le agregamos el dialogo con su homólogo libanés, Michel Sleiman, al que le manifestó su deseo que el Líbano recupere su lugar como plataforma y
puerta privilegiada de acceso a las inversiones brasileñas en el mundo árabe, nos encontramos con un escenario interesante de análisis.

Por un lado, Brasil estimula la idea de avanzar hacia tratados bilaterales cuando el sistema multilateral se encuentra en recesión o estancado en discusiones (más políticas que técnicas) que provocan retrasos, desestimulan las transacciones internacionales y seguramente derivarán en una crisis aún más profunda. Por otro lado, la idea de fomentar los lazos con países en vías de desarrollo tiene dos lecturas: A) el deseo de un dialogo justo entre pares que tienen necesidades comunes pero quieren construir bases económicas sólidas para salir adelante. B) Evitar las relaciones económicas con países occidentales viciados de soberbia y sin un futuro con tasas de crecimiento importantes (su nivel de desarrollo y la dinámica actual del sistema mundial los conlleva a un bajo crecimiento estructural), que realza la idea del gobierno de Lula de buscar otros horizontes. Más aún, en el caso de la visita a China del Viceministro de Energía, André Amado, donde se
propuso establecer una cooperación trilateral junto a países africanos para el cultivo y desarrollo de bioetanol,Brasil se destaca por su proactividad para generar y fortalecer los vínculos, como así también por su posición como intermediario y actor principal en las gestiones – en este caso Brasil desarrollaría la tecnología, China aportará capital y los países africanos involucrados, tierras de cultivo -.

En definitiva, lo mencionado anteriormente refuerza el trabajo de la diplomacia Brasileña en los últimos años: Brasil no quiere ser un actor más en el escenario internacional y lo demuestra con un pragmatismo sólido pero sin apresuramientos. Y esto se ve reflejado en varios frentes. En la Asamblea anual del BID celebrada en Cancún en el mes de Marzo, por ejemplo, se mencionó que nos encontramos con una América Latina más
fuerte en la que Brasil afianza su liderazgo. Por otro lado, se celebró la II Cumbre del Grupo BRIC (Brasil, Rusia, India y China), en la cual ejerció de anfitrión Lula da Silva y donde se reiteró la necesidad de una nueva arquitectura multilateral y la voluntad de buscar una alternativa al dólar como moneda de referencia. Si a ello le agregamos que Brasil aportará 286 millones de dólares al FMI para colaborar con los esfuerzos para
contener la crisis en Grecia; y que el Banco Mundial acordó aumentar el poder de votación de los países en desarrollo en un 3,13 por ciento – donde Brasil junto a México han sido los Estados latinoamericanos que más aumentaron su peso -, la situación de Brasil a futuro como actor de peso en el mundo parece continuar por un camino sin fisuras.

En la búsqueda de soluciones estructurales para las problemáticas coyunturales

El 26 de Mayo, el director gerente del FMI, Dominique Stauss-Kahn, sostuvo que Brasil ha enfrentado la crisis mundial en forma correcta, pero alertó sobre el posible “recalentamiento” económico en los próximos meses: “Ha llegado la hora en que el Gobierno brasileño debe comenzar a retirar los estímulos a la economía” (…) a fin de “evitar que la situación actual pueda provocar un nivel excesivamente elevado de crecimiento” y desate un proceso inflacionario.

Para contrarrestar los efectos negativos provocados por los factores endógenos y exógenos de cualquier ciclo económico, la respuesta de Brasil para con su política económica doméstica se aleja de los condicionamientos/consejos de los Organismos Internacionales y, basado en las experiencias que los países latinoamericanos han vivenciado en las ultimas décadas, decide atacar a su manera las rigideces estructurales que potencian la suba de precios y dañan a las clases más desprotegidas.

En este sentido, las mejoras en infraestructura para aumentar la producción y a consecuencia la autodependencia, son claves para el corto, mediano y largo plazo. Para ello, el gobierno ha tomado una serie de medidas de fondo. Por un lado, la empresa EDP Renováveis Brasil ha iniciado la construcción de su tercer parque eólico en Tramandai, Estado de Río Grande do Sul. El parque tendrá la capacidad de generación de
energía eólica suficiente para abastecer a una ciudad de 20.000 habitantes. Además, el presidente Lula da Silva anunció que lanzará un segundo megaplan de obras públicas llamado Programa de Aceleración del Crecimiento II (PACII), estimado en 550.000 millones de dólares y que se desarrollará en el periodo 2011 – 2014, teniendo como destino a la población más pobre. Y Según el Plan Decenal de Expansión de Energía
Eléctrica (PED), Brasil, dependiente actualmente de la importación de derivados líquidos del petróleo, en 2014 no sólo será autosuficiente sino que pasará a exportar dichos productos.

La creación de industrias de base, junto con el aumento de la producción de commodities para el desarrollo autosustentable, también será clave para revertir el déficit exterior acumulado de 49.000 millones de dólares previsto para el 2010, que justamente es mayor al estimado previamente en gran parte por el aumento de las importaciones necesarias para mantener/aumentar la actividad económica. Si a ello le agregamos la búsqueda de un comercio intraregional con moneda local (como ya ocurre con Argentina y con la reciente
propuesta del 11 de Abril al electo presidente de Chile, Sebastián Piñera) donde se eliminarán costos innecesarios de conversión cambiaria que podrán ser destinados al aparato productivo, el paquete de medidas aborda y entrelaza todas las variables que envuelven al sistema de producción como un todo.

En definitiva, Brasil parece no dejar nada al libre albedrío. El coqueteo con el capital corporativo transnacional, la decisión de actuar proactivamente en todos los frentes del escenario internacional, y una política económica endógena con énfasis en la integración latinoamericana, son la clara muestra de ello.

La Latinoamericanización Francesa

Publicado en el diario BAE, 20 de Julio de 2010.

Autor: Pablo Kornblum

En el año 2005, Clichy–sous–Bois, un suburbio cerca de París, vivió una serie de enfrentamientos donde una enorme cantidad de automóviles fueron incendiados. La furia había estallado por la muerte accidental de dos adolescentes de origen musulmán que, creyéndose perseguidos por la policía, se escondieron en un local donde había un transformador eléctrico y murieron electrocutados. En ese momento, el desempleo entre los franceses originarios se ubicaba en 9,2%, mientras que el desempleo entre los franceses de origen extranjero era del 14%. Por otro lado, mientras que para los graduados universitarios el desempleo era del 5%, para los graduados universitarios descendientes de nacionales del norte de África era del 26,5%.

Dos años más tarde, la violencia se traslado a Villiers–Le–Bel, en la región de Val d’Oise. Hubo otra vez autos incendiados, locales destruidos y decenas de heridos luego de que dos jóvenes que circulaban en una moto murieron cuando chocaron contra un patrullero. En aquella ocasión, ya no quedaron dudas que la creciente desigualdad social entre los habitantes de los suburbios pobres, en general hijos de inmigrantes musulmanes con enormes problemas para la integración, era la causa principal de la furia. Finalmente, unos días atrás las tensiones se trasladaron a una barriada pobre de la ciudad de Grenoble, donde ardieron automóviles y comercios en protesta por la muerte de un joven acribillado por la policía en una confusa persecución después de un robo.

Sin embargo, esta situación no puede entenderse como aislada ni exclusiva de un grupo social en particular. Podemos observar que en cuanto al desempleo, el segmento poblacional más castigado por la desocupación son los jóvenes entre los 15 y los 24 años, con una tasa del 24,6%. A ello le podemos agregar que Francia registró casi 2.700.000 de personas sin empleo en el mes de Mayo pasado, situando el índice de desempleo en 9,9% (0,5% más que en el mismo mes del año anterior); un nivel exorbitante para el país desde el fin de la 2da post-guerra mundial. Finalmente, un informe divulgado por el Ministerio de Economía el mes pasado señalo además que los habitantes más afectados por el desempleo son los mayores de 50 años.

Por otro lado, existen también otros sectores perjudicados. En este sentido, el gobierno del presidente Sarkozy, al intentar reducir a la mitad el déficit público – que llega al 6% del PBI – quiere implementar una política clara y concisa: recortar empleos estatales, pensiones, subsidios por desempleo, deducciones fiscales e inversiones gubernamentales, potenciando negativamente una coyuntura donde la recesión no esta cambiando las expectativas del sector privado. A esto debemos añadir que el pasado 24 de junio, más de un millón de franceses salieron a las calles de las principales ciudades para protestar contra la reforma jubilatoria que llevaría la edad jubilatoria de los 60 a 62 años, atentando contra los derechos conseguidos por las clases trabajadoras a lo largo de la historia sindical del país.

A este contexto altamente negativo, debemos agregarle que la Comisión contra el Racismo y la Intolerancia del Consejo de Europa (ECRI), afirmó la semana pasada que la crisis económica ha expandido el racismo en Europa, pues las poblaciones locales culpan a los inmigrantes de sus problemas. «A menudo se atribuye a los inmigrantes, refugiados y solicitantes de asilo la responsabilidad del deterioro de las condiciones de seguridad, desempleo y los déficits en sistemas sanitarios. Como consecuencia, las comunidades quedan estigmatizadas», sostiene el documento.

En definitiva, extranjeros, descendientes de árabes, trabajadores adultos, el sector pasivo, jóvenes universitarios o sin calificación, y asalariados de toda índole, sufren cada vez más los avatares económicos de un espiral negativo que se intensifica con el tiempo. En un proceso adverso con tintes sistémicos globales, las crisis económicas derivan en tensiones políticas y sociales, golpeando con dureza a cada vez mayores capas de la sociedad e incrementando la brecha con una minoría enriquecida y con fuertes vinculaciones políticas.

El caso L’Oreal es un ejemplo de esta situación. Mientras que el país se encuentra sumergido en políticas de ajuste y en plena reducción de todas las esferas estatales, el mismo gobierno que promueve la austeridad se ve envuelto en escuchas que implican desde el financiamiento ilegal a la UMP (el partido de gobierno), hasta un eventual conflicto de intereses del ministro y tesorero de la UMP, Eric Woerth, colaborador íntimo del presidente Francés.

Como ha sido tan característico en la historia latinoamericana, Francia se encuentra en la actualidad en un proceso de inequidades y corrupción que hasta hace poco tiempo, parecía ajeno a países europeos con importantes grados de desarrollo. Sin embargo y más allá de cualquier dinámica global adversa, las experiencias de los países “tercermundistas” no parecen mellar en las veleidades ideológicas irrefutables que promocionan los gobernantes franceses. El ejemplo más claro es que mientras gran parte de los países latinoamericanos entendieron que la base de todas las problemáticas son las desigualdades y la falta de oportunidades, en Francia los programas sociales son recortados y reemplazados por la represión contra grupos desfavorecidos que, expresándose de modos y formas diferentes, reclaman mejoras sustanciales en su calidad de vida.

En definitiva, si Francia no cambia de postura, probablemente solo nos encontraremos con una implosión sistémica; hasta que el gobierno encuentre un nuevo punto de partida basado en una política inteligente y sustentable en el largo plazo. Mientras tanto, millones de franceses sufren y esperan un cambio. 

Elecciones Mexicanas: Entre las contradicciones y la superficialidad

Publicado en el diario BAE, 06 de Julio de 2010.

Autor: Pablo Kornblum

http://www.uba.ar/popup/index.php?id=51576

Más allá de los resultados del Domingo pasado, donde el Partido Revolucionario Institucional (PRI) se impuso en la mayoría de los Estados donde se elegía gobernador, las elecciones mexicanas han mostrado una vez más las dos falencias más graves que puede tener un proceso político democrático, y que alejan a México de aquellos países que quieren lograr una solidez institucional definitiva que vele por mejorar la calidad de vida de su población tan necesitada.

El primer gran dilema es la contradicción que han encontrado sus ciudadanos al observar como dos partidos políticos de ideología totalmente opuesta, como son el Partido de Acción Nacional (PAN) – de una clara tendencia derechista y conservadora – y el Partido de la Revolución Democrática (PRD) – que abarca diferentes vertientes de la izquierda progresista -, han llevado a cabo alianzas electoralistas para vencer al histórico PRI.
Un proceso político regular implicaría que cada partido plasme sus ideales en su plataforma política, para luego poder explayarla y explicarla con detenimiento en los diferentes medios de comunicación. De este modo, podrá seducir a los votantes que se sientan representados por ese ideario político. Pero si el partido donde posan sus esperanzas, teje una alianza espuria con un partido de un tinte ideológico y político totalmente opuesto, las políticas que sus votantes desean ver plasmadas probablemente nunca se llevarán a cabo.
Las bases de un partido representan su razón de ser, su vida política. En un país donde las promesas electoralistas son pocas veces llevadas a cabo, más difícil aún será lograr que se ejecuten luego de que los políticos partidarios hayan creado compromisos y forjado intereses que atentan contra las ideas que sus votantes apoyaron.     

El otro punto fundamental ha sido la superficialidad y la coyunturalidad de las discusiones pre-electorales. Sin restarle importancia a la problemática de la violencia, las chicanas políticas o las discusiones sobre los indicadores macroeconómicos, se observa claramente que los dilemas estructurales no son tratados con la seriedad y la profundidad que se requiere. Más aún, unas elecciones de tinte legislativo, municipal y estadual, como las vividas el pasado Domingo, deberían focalizar su espectro en las problemáticas microeconómicas de las últimos eslabones de la cadena productiva, los programas sociales gubernamentales para las poblaciones más necesitadas, y el fortalecimiento de la legislación vigente para la protección de los ciudadanos más carentes y débiles.

México es un país donde existe una pobreza generalizada y una anarquía dirigencial que conlleva a la profundización de las estructuras de poder económico y político concentradas ajenas a las mayorías necesitadas. Las derivaciones históricas de la desigualdad, la corrupción y la pauperización en los niveles de vida de los estratos más humildes, solo pueden tener lugar en un ambiente macro-despersonalizado contenido dentro de un escenario de descreimiento para con el cambio, la falta de educación generalizada, y una telaraña de intereses que mantienen el status-quo como una simple continuidad de lo que siempre se ha vivido.

Las elecciones del domingo pasado parecen no haber quebrado este patrón histórico. La discusión política se volvió a centrar en las guerras entre los carteles que erosionan la imagen de México y alejan las inversiones extranjeras del país, la reducción del gasto público y la elevación de impuestos provocados por la contracción de la economía mexicana del 6,5% el año pasado, las presiones de los inversores para la aprobación de reformas como la flexibilización del mercado laboral, y una mayor apertura en las normas sobre la inversión extranjera en el sector energético que controla el Estado – sobre todo debido a que por la falta de nuevos proyectos petrolíferos la producción petrolera en México se redujo notablemente en los últimos años -. 

En definitiva y por lo tanto, las esperanzas de la ciudadanía se deberán volver a centrar en factores coyunturales que deriven en mejoras graduales sin consecuencias directas positivas sobre las especificidades estructurales. Los grandes y verdaderos cambios, por lo pronto, deberán esperar; por lo menos, hasta las próximas elecciones.

El moderno nacionalismo impregnado en las elecciones Belgas

Publicado en el diario BAE, 15 de Junio de 2010.

Autor: Pablo Kornblum

Históricamente, las luchas nacionalistas han sido concebidas como aquellas emprendidas por una población que mantiene una identidad cultural basada en la lengua, la religión, la etnia y la historia y que, por efectos de conquistas o colonizaciones, quedaron bajo el dominio de un Estado con el que no comparten esa identidad cultural. Son las naciones que durante siglos, han buscado convertirse en un Estado. Pero desde mediados del siglo XX y en los albores del XXI, han aparecido grupos independentistas cuyos movimientos se basan en la emancipación política y económica, bien porque se sienten dominados o explotados, o bien porque existe un sentimiento de superioridad frente al Estado al que pertenecen.

El domingo pasado, este sentimiento de superioridad quedo en evidencia. La Nueva Alianza Flamenca (NVA) independentista consiguió la victoria con el 29% de los votos en la región flamenca (60% de la población y más de dos tercios de la economía belga). Y el líder de la NVA, Bart de Wever, brindó un discurso post-electoral con una mirada que refuerza el nacionalismo económico de la región de Flandes: «Tiendo la mano a los francófonos, pero hay que acometer cuanto antes la reforma del estado, las cosas no pueden ser así. Existen demasiadas diferencias entre flamencos y valones, es hora de hablar de muchas cosas».

Las crisis económicas europeas no han sido ajenas a los votantes Flamencos. El efecto contagio y las cargas colectivas que implican una responsabilidad conjunta como Nación, conllevan a una profundización de las ideas separatistas, al potenciar y entremezclar las causales económicas con las que no lo son. En este sentido, De Weber exige el fin de la seguridad social única –los flamencos pagarían con sus fuertes ingresos su precioso estado del bienestar y los francófonos tendrían que recortar gastos brutalmente –, para que el país se convierta en una confederación como último paso hacia la independencia de Flandes.

Esta situación no es extraña a los ojos europeos de las últimas décadas. El Partido Nacionalista Vasco y la Liga del Norte Italiana llevan adelante un ideario similar. Sus regiones son ricas; pero en lugar de buscar la manera de transmitir sus conocimientos y colaborar con las otras regiones más desfavorecidas, tienen la creencia que las otras jurisdicciones que forman el Estado-Nación no son lo suficientemente aptas ni poseen las condiciones adecuadas para generar riqueza. Los cambios necesarios no parecen ser posibles para los grupos separatistas: constantemente sacan a relucir las diferencias históricas, culturales y hasta lingüísticas para explicar los fracasos de sus con-nacionales. 
En este sentido, Bélgica esta viviendo esta situación de carencia/debilidad institucional de desintegración nacional, a lo que se le suma un endeudamiento fuera de control que conlleva a una crisis de difícil resolución, preocupando a los decisores políticos y económicos de todo el viejo continente.

Los inversores, que se encuentran en una situación de cautela excepcional dadas las incertidumbres de la coyuntura Europea, tornan su mirada hacia otros horizontes. Sin ir más lejos, la semana pasada el ‘Financial Times’ bautizó a Bélgica como la «Grecia del Norte», por su nivel de deuda pública y privada – la deuda pública equivalente al 100% del PBI – , cuando al mismo tiempo el Tesoro belga colocaba sus bonos con dificultad a un interés medio punto por encima de la semana anterior, y mientras Standard & Poor’s cambiaba la perspectiva de inversión en Bruselas a «negativa».

Las grandes potencias de la región tampoco desean que la presidencia de la Unión Europea quede en manos de un Estado con dificultades para el autocontrol, generando una inestabilidad aún mayor a las discrepancias actuales de los países lideres. Bélgica asume el 1 de julio la presidencia de la Unión Europea y lo hará, previsiblemente, sin gobierno. La partición de Bélgica sería un golpe muy duro de superar para la UE, que continua lidiando con los avatares provocados por sus “indisciplinados” miembros y que ponen en tela de juicio la idea de una Unión Europea homogénea y unida.

Finalmente, observamos que tal como los grupos extremistas violentos pierden su espacio y dejan lugar a partidos políticos que representan las mismas ideas pero de modo más racional y tolerante – por ello el NVA le ha dado al separatismo «la imagen de respetabilidad» que le falta al Vlaams Belang, el partido de extrema derecha -, las diferencias socio-culturales que generan rispideces o tensiones también han sido reemplazadas por una indiferencia no cooperativa. Por ello los flamencos culpan pero a su vez se desentienden de los Francófonos pobres del Sur. Por lo tanto, podemos afirmar entonces que las cosas han cambiado y que, aunque en la actualidad los medios son diferentes, los fines parecen ser los mismos. 

La seguridad volvió a primar en las elecciones Colombianas

Autor: Pablo Kornblum

La previa de las elecciones colombianas del domingo pasado ya reflejaba las ambiguas y confusas declaraciones sobre la seguridad nacional, tema central sobre el que se adhieren y ramifican todo el resto de las problemáticas que ha tenido Colombia a lo largo de las últimas décadas.

Juan Manuel Santos, candidato oficialista y continuista de las políticas del actual presidente Álvaro Uribe, señaló la semana pasada que “va a acabar con las FARC con el apoyo de todos los colombianos, con el ejercicio legítimo de la fuerza y con la Constitución en la mano”. Habría que preguntarse si la mayoría de los integrantes de las FARC no son colombianos, o si el uso de la fuerza puede considerarse legitimo en cualquiera de sus formas.

Por otro lado, el principal opositor, profesor universitario y dos veces alcalde de la capital, Antanas Mockus, se había referido a su deseo de relacionarse con las FARC desde una visión filosófica-romántica: “donde hay confianza hay comunicación, donde hay comunicación hay transparencia, donde hay transparencia hay solidaridad, y entonces la violencia se hace obsoleta”. Pero tampoco brindó una respuesta concisa sobre la forma y los términos en los que se iba a efectivizar este dialogo con la guerrilla más antigua y poderosa de la región.

Finalmente, las elecciones mostraron una aplastante victoria de Santos (alrededor de los 25 puntos de ventaja) con más de 6,6 millones de votos contra un poco más de 3 millones de Mockus, aunque no haya alcanzado para el 50% que le hubiera dado la victoria en primera vuelta.

Podemos afirmar entonces que la política de seguridad democrática ha triunfado desde la visión más reaccionaria de una sociedad derechizada. En este sentido, poco sirvió la transparencia idealizada en el uso de los recursos públicos, la lucha contra el desempleo y la pobreza (el desempleo llegó al 12% y la economía, según se prevé, crecerá sólo un 2% este año), o la eficiencia administrativa demostrada por Mockus en su gestión gubernamental. Tampoco un contexto regional ideológicamente opuesto al gobierno oficialista (donde gobiernos de Centro-Izquierda han mostrado interesantes mejoras en el campo social a través de un desarrollo endógeno), o la relación bilateral con su vecino y uno de los principales socios comerciales, Venezuela, donde su presidente Hugo Chávez declaró que podría haber una guerra con Colombia si Santos ganaba las elecciones. 

Esta situación nos lleva a pensar que la violencia histórica divisionista pareciera encontrarse por encima de las problemáticas socio-económicas estructurales colombianas. Es preferible entonces alejarse de Chávez por su afinidad con las FARC antes que reestablecer las relaciones comerciales a través de un dialogo fraterno con Venezuela para generar divisas. Como así también es mejor la mano dura de un caudillo a una verdadera democracia inclusiva que permita entender las raíces de las necesidades de los diversos grupos sociales. 

La problemática de seguridad y la situación socio-económica son situaciones interdependientes, pero a su vez deben tratarse como pares y atacarse de manera simultánea, y no como condiciones derivadas la una de la otra de manera inconexa con fines electoralistas. Para ello se deben entender las bases de los problemas y definir soluciones complementarias que la sociedad toda entienda como racionales y pragmáticas. Aunque Santos aclame por la ayuda divina – ya que declaró en el momento de emitir su voto que solo quiere “Que se cumpla la voluntad de Dios y la voluntad del pueblo” -, los colombianos requieren de respuestas concretas para combatir un miedo estructural que ha mellado en las mentes de toda la ciudadanía y que no permiten mirar hacia delante para lograr un futuro con crecimiento y desarrollo sustentable.

Por lo pronto, Santos concurrirá al ballottage del 20 de junio casi sin la necesidad de armar alianzas. El efecto aluvional del 46,5% de los votos que obtuvo lo deja en una posición inmejorable para obtener los 3,5 puntos que le restan para consagrarse presidente: Sólo con parte del 10,1% de Germán Vargas Lleras, al fin y al cabo un uribista, podrá alcanzar la presidencia. Lo que sí podemos afirmar es que en definitiva, los únicos que salieron satisfechos y tranquilos con los resultados del domingo han sido los grandes inversionistas: Santos es un amigo del libre mercado y de las políticas pro-empresariales. Ya no deberán lidiar con el fantasma de Mockus, que en su último discurso antes de la contienda, abogó por aumentar los impuestos para contener el alto déficit fiscal que tiene el país.

Más democracia y racionalidad en las elecciones Uruguayas

Publicado en el diario BAE, 11 de Mayo de 2010.

Autor: Pablo Kornblum

En la primera elección tras el ascenso de Mujica al poder, se inauguró el domingo pasado un nuevo sistema electoral que creó 89 alcaldías en localidades de más de 5.000 habitantes de todo el país. La Ley de Descentralización, impulsada por el ex presidente Tabaré Vázquez (2004-2010), creó este tercer nivel de administración, más local, y que se encuentra por debajo del intendente (jefe del gobierno municipal). Por lo tanto, unos 2,5 millones de uruguayos estuvieron habilitados para escoger a 19 intendentes, 89 alcaldes, 589 ediles y 356 concejales en todo el territorio uruguayo.

Lo interesante de esta elección han sido los cuestionamientos – especialmente desde el arco opositor – sobre las formas y los objetivos de la misma, en lugar de discutir las plataformas políticas en si. En este sentido y como punto más saliente, se cuestionó extrañamente el porqué de este proceso de mayor descentralización política. Sin embargo, esta claro que aunque los regímenes unitarios y centralizados se jactan de diseñar proyectos macroestructuralmente sólidos y sustentables en el tiempo, dejan de lado las especificidades micro y la flexibilidad necesaria para atender las problemáticas coyunturales del pueblo.

El segundo punto en cuestión se focalizó en la enorme cantidad de cargos electivos que supuestamente “marean” y confunden a la mayor parte del electorado. Lo que no reparan es que en contraposición, la elección directa representativa evita lidiar con las “listas sábana” y la evasión de las responsabilidades políticas. Una sociedad madura requiere de compromisos: en este sentido, las estructuras partidarias verticalistas serán más responsables al verse afectadas directamente y de manera más visible por las políticas ejecutadas a todo nivel.

El último tema se relacionaba con la asiduidad y el cansancio que provocó a la ciudadanía tener que concurrir a las urnas en cinco ocasiones en menos de un año (elecciones legislativas, ejecutivas nacionales e internas partidarias). No parece muy afortunado plantear que los pueblos se encuentren “desgastados” para ejercer su derecho democrático; más aún, en un país donde los requerimientos populares fueron acallados en largos periodos de la historia, la posibilidad de expresar los deseos políticos deberían ser momentos de esperanza, reflexión y zozobra para todos los uruguayos.

Finalmente, un párrafo aparte merece el resultado de la elección. El oficialismo, reciente triunfador en las elecciones presidenciales, retuvo los departamentos más importantes  (Montevideo, Canelones, Florida, Maldonado, Rocha, Treinta y Tres, Salto y Paysandú; los cuales representan 73% de la población y 81% del PIB), reforzando la idea de continuidad y apoyo a las políticas realizadas por el Frente Amplio desde su llegada al poder en los albores de este siglo XXI.

Lo interesante y paradójico es el contexto internacional en la que estuvo inmersa esta contienda electoral. Mientras la Unión Europea, abarcativa, populosa y económicamente poderosa, reclama un ajuste salvaje para con los más necesitados – sin ningún tipo de reflexión ni miramientos sobre los verdaderos culpables de la crisis – y continua utilizando las viejas recetas de resultados macroeconómicos inciertos pero socialmente destructivos; del otro lado del Océano Atlántico los uruguayos eligieron otro camino. Un pueblo atento y racional que proclamó una vez más la necesidad de un mayor y mejor Estado que promueva el bienestar y la justicia social.

Será que cada pueblo tiene su momento histórico para reflexionar sobre su pasado y entender su presente. Uruguay ha demostrado el domingo pasado haber encontrado su norte. Como lo expresa la electa jefa comunal de Montevideo, Ana Olivera, la primera mujer comunista a cargo de la intendencia: «Pensar que el mundo es transformable y que todos tenemos derecho a vivir bien». Es hora entonces de aprender del ejemplo uruguayo, volver a repasar la historia, y continuar por el verdadero camino que definitivamente cambie y mejore los destinos de la inmensa cantidad de pobres que sobreviven día a día en todas las latitudes.

La crisis alimentaria no se encuentra en boca de todos

 Publicado en el diario BAE, 27 de Abril de 2010.

Autor: Pablo Kornblum

Parece poco creíble que a esta altura del siglo XXI tengamos que estar hablando de escasez alimentaria y hambrunas endémicas a nivel mundial. Es que las mismas no son problemáticas novedosas; más bien conviven con la humanidad desde su existencia. Por lo que no podemos hablar de una civilización inmadura o inexperta; sino que debemos entender los intereses creados en una arena internacional cada vez más interrelacionada y compleja.

Un primer enfoque nos sitúa en una población mundial que ha crecido exponencialmente en las últimas décadas, con una necesidad cada vez mayor en cuanto a alimentos y agua potable para satisfacer los requerimientos de todos los seres humanos. Un segundo punto que complementa el anterior, implica además un aumento en la cantidad de personas que ingresaron al mercado de consumo. Aunque las mejoras en la calidad de vida de las poblaciones de muchos países en desarrollo hayan sido relativas y parciales (China, India, el Sudeste Asiático, etc.), esta situación conllevó a incrementos sustanciales en la demanda de alimentos. Finalmente, la falta de desarrollo social y económico de países históricamente subdesarrollados y atrasados, afectan especialmente a los índices nutricionales y de calidad de vida de sus poblaciones. Latinoamérica es un claro ejemplo de ello. Un informe de la FAO de 2008, indica que el 10% de la población de América Latina y el Caribe padece hambre en una región que produce un 40% más de los alimentos que necesita para abastecerse.

Este contexto se complejiza con los diversos actores e intereses existentes a nivel internacional. Por un lado, las grandes corporaciones transnacionales entendieron que el ensanchamiento del mercado de consumidores derivaría en un consecuente aumento en las ganancias para los oferentes. La compra de grandes extensiones de tierra para producir alimentos a gran escala es un negocio cada vez más rentable para los que puedan conquistar los mercados de millones de consumidores.  Por ejemplo, en los Estados Unidos los mayores productores de cultivos genéticamente modificados, Cargill, ADM y el competidor Zen Noh, controlan entre ellos un 81% de todas las exportaciones de maíz y un 65% de todas las exportaciones de soja.

Por otro lado, nos encontramos con las diversas Cámaras Empresariales y Sindicatos que velan por sus intereses particulares. En muchos casos nos referimos a productores locales y trabajadores que, por cuestiones coyunturales que pueden convertirse en estructurales, pierden competitividad en el mercado global. Estos Lobbys deben lidiar con los gobiernos nacionales, presionando para que los mismos defiendan sus intereses ante los diversos Organismos Internacionales (llámese FMI, OMC, etc.).

En este sentido, los gobiernos nacionales no solo tienen que tratar de evitar políticas exógenas que puedan dañar su estabilidad domestica (ajustes, aperturas comerciales indiscriminadas, etc.), sino que además deben lidiar con una serie de contradicciones entre sus prioridades. La falta de políticas distributivas acordes, ineficacia en la asignación presupuestaria, inacción en políticas de subsidios para aumentos de capital/productividad, y una balanza comercial inestable que no permite el acceso pleno a los mercados internacionales de alimentos, son solo algunos de los inconvenientes más comunes de los países menos desarrollados. Un claro ejemplo ha sido la crisis del año 2008, donde los precios del arroz y del trigo subieron un 130% y 141%  respectivamente en un periodo de 6 meses, desatando graves disturbios sociales en países pobres como Indonesia, Mauritania o Haití.

Ante esta realidad compleja, podemos identificar algunas tendencias que parecen difíciles de revertirse. En primer término, nos encontramos con una revalorización de los productos alimentarios con su consecuente interés y concentración en manos de monopolios y oligopolios trasnacionales. Por otro lado, nuevos y existentes Lobbys se refuerzan y multiplican para proteger sus intereses en una era globalizadora cada vez más competitiva. Finalmente, tenemos dos tipos de Estados. Los inoperantes, negligentes o desinteresados que afectan el presente de sus ciudadanos, pero también condenan el futuro de sus naciones al no tener en cuenta los gastos crecientes en salud y las mermas en la productividad de sociedades desnutridas. Los otros, concientes que el deterioro de los términos de intercambio para los alimentos es parte de un pasado que probablemente nunca regrese, intentan realizar políticas activas a nivel nacional e internacional para poder abastecer a sus poblaciones. China es el gran ejemplo: Solo el 10% de su tierra es cultivable y ha buscado en la Argentina a un socio para la provisión de aceite de soja. Pero esta es solo una política coyuntural del gobierno Chino; en el futuro no muy lejano, podría autoabastecerse de soja de su producción en las 3 millones de hectáreas adquiridas en África. 

Por lo pronto, lograr una justicia alimentaria a través de una racionalidad global pareciera ser cada vez más difícil. Intereses creados, interrelaciones complejas y crisis recurrentes, parecen ser obstáculos inexpugnables para poder cambiar una historia dolorosa para cientos de millones de personas alrededor del mundo.