Categoría: Opinión

Un análisis escaso y tardío sobre la crisis de las inundaciones

Autor: Pablo Kornblum

No es novedoso lo que esta ocurriendo alrededor del mundo. El daño que el hombre le realiza diariamente a la naturaleza, en pos de explotar las riquezas naturales y económicas sin pensar en la sustentabilidad del medio ambiente en el que todos vivimos, ya comienza a mostrarnos su peor cara. Australia, Colombia y Brasil han sido testigos en las últimas semanas de temporales trágicos que han causado muerte y destrucción. Los gobiernos, en muchos casos ingenuamente atónitos por la situación, intentan infructuosamente atacar las consecuencias con una discursiva que parece olvidar por completo las causas y los factores de prevención.

Para comenzar, es interesante definir la palabra vulnerabilidad como “las características de una persona o grupo y el contexto que influencia su capacidad de anticipar, lidiar, resistir, y recuperarse de un impacto producido por un riesgo azaroso”. Aquellos que no pueden, por el contexto socio-económico adverso en el que habitan, realizar cualquier tipo de proyección preventiva o proactiva en el corto y largo plazo, son evidentemente los más vulnerables dentro de la cadena social y los que más necesitan de la ayuda gubernamental. En este sentido, hemos observado que cuando el Estado no realiza las políticas públicas acordes para evitar que los peores efectos se propaguen, los más pobres siempre son, directa o indirectamente, los que más sufren y los más perjudicados.

En este sentido, el mismo gobernador de la región carioca, Sergio Cabral, aseguró que hay zonas donde el «riesgo es muy grande» debido a las carencias medioambientales y de infraestructura de los barrios más humildes. Las fragilidades geográficas, la precariedad edilicia, y la falta de una política habitacional responsable – según el propio Carlos Minc, Secretario de Ambiente de Río de Janiero, “hubo un incentivo de varios prefectos (alcaldes o intendentes) para habitar zonas costeras inundables” -, conllevó a que el desastre natural derive en el peor de los escenarios: miles de personas perdieron los pocos bienes materiales con los que contaban. Por otro lado, también Adriana Caviedes, vocera de la Dirección de Gestión del Riesgo del Estado colombiano, graficó con claridad la situación provocada por las incesantes lluvias que se viven en su país desde hace meses: “Los deslizamientos de tierra y barro no entienden de obstáculos y acabaron con todo a su paso. Miles de colombianos escaparon con lo puesto, lo perdieron todo”.

La situación descripta dista mucho de compararse con la pérdida de un empleo temporal o la carencia de un bien puntual. El empezar de nuevo para aquellos que siempre han carecido de un capital físico y humano, puede acarrear consecuencias dolorosas para las futuras generaciones de sus familias que observan cada vez más alejada la posibilidad de escaparle al círculo vicioso de la pobreza. Peor aún, cuando observamos que los males se multiplican en el mundo subdesarrollado. A los 2,2 millones de «desplazados ambientales», debemos agregarle los 3 millones de colombianos que tuvieron que dejar sus hogares por la guerrilla, según cifras de la ONU. En total, suman más del 10% de la población del país cafetero.

Lo expuesto se enmarca en un contexto de respuestas tardías y dubitativas. La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, ordenó la liberación del equivalente a unos 400 millones de dólares para acciones de emergencia como la distribución de alimentos, medicamentos e instalación de hospitales de campaña. En este sentido, numerosas ciudades y poblaciones del Estado de Río de Janeiro han perdido en su totalidad los servicios de agua, electricidad y telecomunicaciones. Las reparaciones, con la venia de los subsidios estatales, le costarán millones de dólares a una macroeconomía que se verá fuertemente afectada y que le quitará importantes recursos estatales para aquellos sectores que más los necesitan, hayan sido afectados por el temporal o no. En un caso similar, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, prometió crear el «Fondo para la Estabilización, la Reconstrucción y el Desarrollo Económico, Social y Ambiental» para mitigar los efectos de la lluvia y devolverle la calidad de vida de los desplazados por las tormentas. Eso sí, nada se mencionó todavía de la falta de prevención, las causales y las responsabilidades que le atañen a cada sector.

Para concluir, el mundo desarrollado tampoco esta exento de los ocultamientos y mezquindades detrás de la catástrofe. Inexplicablemente, la primera ministra de Queensland, Anna Bligh, indicó que las 6.500 viviendas destruidas y los 200 mil afectados por las inundaciones en Australia, se debieron a que “»La madre naturaleza desencadenó una situación terrible”. El error en sus declaraciones es doblemente grave. No solo por desligar al ser humano de su responsabilidad en la agresión al medio ambiente, sino además por obviar la heterogeneidad de las culpabilidades; diferenciar quienes producen el mayor daño medioambiental y quienes son los más perjudicados, es también una función de los gobiernos que deben brindar soluciones de fondo ante la férrea oposición de los grupos concentrados de interés. Sin embargo, el castigo reciente de la naturaleza lanzó su advertencia: es hora de que los Estados tomen cartas en el asunto para prevenir de raíz y de forma proactiva, todos los males que el mismo ser humano produce.

Brasil – Comercio Exterior

Publicada en Diarío La Nación (Argentina) el 12-10-2010

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1313939

Con 25 millones de ciudadanos fuera de la pobreza desde 2003 y 30 millones que pasaron a formar parte de una clase media altamente consumista, Brasil, la mayor economía del Cono Sur y la octava mundial, está viviendo, para muchos, el mejor momento de su historia.

Y, sin dudas, esta transformación no es sólo un dato para la Argentina. Durante los primeros ocho meses de 2010, el 30% del aumento de las exportaciones argentinas (crecieron un 22%) se explica por el aumento de las ventas externas a Brasil, principal destino de nuestras exportaciones y país para el que la Argentina es el tercer vendedor luego de los Estados Unidos y China.

¿Qué puede esperar la Argentina, cuya economía está fuertemente ligada al desempeño de su vecino país, luego del ballottage? Dilma Rousseff o José Serra no son lo mismo en términos políticos, pero muchos apuestan a que la dinámica del crecimiento continúe más allá de los tintes políticos.

«Durante el gobierno de Cardoso, Brasil inició un proceso de reformas estructurales que cambiaron su identidad estratégica y su perfil productivo. Ambos inescindibles y de naturaleza estructural. Lula los hizo viables gracias a una exitosa asociación con el capital privado nacional y a un perdurable romance con el capital extranjero. Sea Rousseff o Serra la cabeza del ejecutivo poco podrán modificar del rumbo del Brasil emergente», apunta convencido Juan Recce, director ejecutivo del Centro Argentino de Estudios Internacionales (CAEI).

Según Miguel Angel Broda, el Producto Bruto Interno de Brasil crecería 7,3% en 2010 y 4,5% en 2011, aunque con ciertos desafíos por resolver en el futuro. «La economía brasileña tiene presiones estructurales: altos impuestos y apreciación de su moneda que lo ubican entre los países más caros del mundo, con un sector público sobredimensionado e ineficaz», explicó. Desde 2002, la inversión extranjera directa pasó de US$ 26.463 millones a 30.875 millones. Pero este gran flujo de inversiones presiona al real hacia su apreciación, lo que genera una amenaza para la competitividad de sus exportaciones y de su industria nacional.

En los últimos tres meses, el real se fortaleció un 4,8% frente al dólar y, de alguna forma, el gobierno se convirtió en una víctima de su propio éxito, al conseguir un mayor ingreso de capitales, pero una revalorización de su moneda al mismo tiempo.

Para el economista Camilo Tiscornia, ése es uno de los grandes desafíos de Brasil: «Al igual que otros emergentes, Brasil tiene que resolver la revaluación de su moneda. La clave es ganar competitividad con más inversión privada y reduciendo el gasto público».

Por otro lado, uno de los principales objetivos para la economía brasileña es hacer sustentable su crecimiento, hoy fuertemente dependiente de sus exportaciones y en especial de sus ventas externas de commodities, que significan el 70% de sus exportaciones. De hecho, más de la mitad (56%) del índice de acciones de la Bolsa de San Pablo, el Bovespa, se compone de empresas productoras de commodities, que venden al mercado asiático. Sólo las dos firmas petrolera y minera, Petrobras y Vale, representan más del 25% del índice.

Aprovechar oportunidades
El fuerte aumento de sus exportaciones reflejó factores exógenos que tienen que ver con el favorable contexto internacional que fortaleció los mercados de las commodities agrícolas y metálicos, pero fue también el resultado de aprovechar las oportunidades como estrategia de desarrollo promovida por el Estado y por los grupos empresarios que buscaron el mercado externo como una opción permanente de ingresos. Además, las políticas de incentivo a la renta y el combate a la pobreza a través del programa Bolsa Familia generaron un mayor impulso de la demanda interna, sumado al crédito al consumo. Así, el mercado interno está surgiendo como otra fuerza que dinamiza el crecimiento.

Y aquí es donde la clase media, que hoy alcanza a más del 50% de un país de 193 millones de personas, juega un rol estratégico como principal destinatario de la producción. La expansión de la clase media fue una de las obsesiones del gobierno de Lula para quien Brasil no será un país soberano y libre hasta que su población no esté en condiciones de votar y pensar.

En 2008, Brasil se transformó en el segundo exportador mundial de alimentos, después de Estados Unidos, sobre la base de un esfuerzo de 20 años de innovación tecnológica en los estados centrales de Mato Grosso, Goiás y Paraná. Entonces, la producción agropecuaria se extendió hacia el Nordeste en los estados de Bahía, Piauí y Maranhao, donde hoy se encuentra una de las últimas reservas de tierras fértiles aún no utilizadas.

Como resultado, hoy Brasil se sitúa entre los tres mayores productores mundiales de carne bovina y su producción de granos cubre 47,3 millones de hectáreas. A través de la Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuaria (Embrapa) se desarrollaron variedades de alta calidad nutricional, adaptadas a las necesidades de los agricultores y con gran resistencia a plagas. Esto permitió que Brasil aumentara su producción de granos un 80% en los últimos diez años, pasando de 83 millones de toneladas a 149.

Según la FAO, la demanda mundial de alimentos se duplicará en los próximos 20 años y Brasil aumentará su producción y su exportación de alimentos en un 40% de aquí a 2019, a través de un nuevo salto tecnológico en su forma de encarar la producción. Si estos pronósticos se confirman, éste sería uno de los flujos de comercio mundial más grandes de los próximos años.

Sin embargo, la necesidad de infraestructura es una cuenta pendiente y podría limitar el crecimiento de la agricultura. «La deuda más importante es la falta de inversiones públicas necesarias para mejorar el sistema de infraestructura y logística del transporte, incluidas vías férreas, puertos e hidrovías», señala Raúl Roccatagliata, responsable del Instituto de Negociaciones Internacionales de la Sociedad Rural Argentina.

Por otra parte, Brasil busca afianzar una matriz industrial competitiva e innovadora y acelerar su crecimiento a través de la fuerte asociación entre la academia, el sector corporativo y el sector público, tres grandes núcleos de poder, con una continuidad dentro de la agenda política por la fuerte consonancia de intereses y proyectos entre la Federación de Industrias de San Pablo e Itamaraty.

Pragmatismo
En el plano de su política exterior, el economista Pablo Kornblum destaca el pragmatismo de Brasil y señala como ejemplo los 15 acuerdos de cooperación energética que firmó con Venezuela en 2009. «Sin ideologías, Brasil extiende nichos de mercado en cualquier parte del mundo a través de acuerdos y expande su beneficio comercial», señala Kornblum.

Para Recce, Brasil busca además consolidar su vocación bicontinental. «Se considera a sí mismo como un actor que tiene anclaje en dos continentes.» Por un lado, Petrobras tiene un régimen diferenciado de explotación de los recursos naturales en su espacio geográfico, con un Estado socio y gerenciador de los recursos naturales, para intentar evitar la apreciación de la moneda y la pérdida de competitividad de sus bienes industriales y, por el otro, Embrapa despliega proyectos en Africa para explotar minas y producir biocombustibles. Recce considera además que Brasil cambió su identidad estratégica para insertarse en el mundo como un Estado capaz de generar regímenes regionales: «Multipolarizar el sistema no sólo tiene que ver con la defensa y el poder militar de los Estados, sino con el tamaño de sus mercados y el rol industrial que ocupen dentro del sistema de producción mundial».

Pero ¿qué sucede entonces a nivel Mercosur? Para el presidente de la Cámara de Exportadores, Enrique Mantilla, Brasil seguirá optimizando su autonomía, compatible con un Mercosur sin un desarrollo institucional fuerte que le quite flexibilidad para mantener abiertas sus opciones en las negociaciones internacionales en un mundo que aún no muestra una recuperación económica definitiva. «Es el contexto mundial el que escribirá el texto», dijo.

«Aunque Rousseff proclame «más y mejor Mercosur» y los social demócratas, con Serra a la cabeza, digan entre líneas que «Brasil es Pelé y el Mercosur una pelota de plomo, Brasil no puede proyectarse al mundo desde Sudamérica sin la Argentina», opina Recce, y agrega: «Ambos saben que los dividendos de la integración comercial, física y política se materializan antes que en renta, en un ambiente regional estable, seguro y cooperativo».

Según Félix Peña, la esencia del Mercosur pasa por la relación entre la Argentina y Brasil, y esto se vio reflejado en la cumbre de San Juan, en agosto. «Lo más importante que ocurrió fue la cumbre entre la Argentina y Brasil, y la reafirmación de la cooperación nuclear. La calidad de la relación entre la Argentina y Brasil constituye el núcleo duro de la estabilidad política y democrática en Sudamérica.»

Para Peña, la relación es esencial en la transformación productiva conjunta y en la articulación de encadenamientos productivos que se orienten a aprovechar el escenario mundial. Y, en este sentido, no hay que subestimar el aporte que significa para Brasil la relación con la Argentina en términos de mano de obra calificada y de creatividad.

No obstante, según Peña esta relación bilateral se instala en el Mercosur como plataforma para negociar y competir en el mundo, pero «en un contexto internacional de varias opciones, en el que nadie querrá quedar pegado a nadie, y todos los actores querrán desarrollar una estrategia de alianzas múltiples, motivo por el cual habrá que usar formas de negociación heterodoxas».

Socios con escalas, velocidades y políticas diferentes, el riesgo hacia el futuro para la Argentina está abierto y es quizás el de instalarse en una dinámica de centro y periferia productiva con un Brasil que ha comenzado a jugar en otras ligas por su peso relativo demográfico, comercial y productivo, y por haber sabido aprovechar las oportunidades mundiales.

María Martini
Para LA NACION

‘A Rousseff le afectaron los casos de corrupción’

Publicado en el diario El Comercio (Ecuador), 5 de Octubre de 2010.

Entrevista a Pablo Kornblum

http://www.elcomercio.com/Generales/Solo-Texto.aspx?gn3articleID=273202

Entrevista del día

MARTES 05/10/2010

‘A Rousseff le afectaron los casos de corrupción’

Tiempo de lectura: 5’46» | No. de palabras: 866

Santiago Estrella Garcés

Entrevista a Pablo Kornblum, observatorio Brasil del Centro Argentino de Estudios Internacionales.
¿Sorprende que Dilma Rousseff no haya ganado en la primera vuelta como muchos pensaban?

No. Ya había ciertas dudas. Sabíamos que iba a ganar porque el modelo de Lula es sólido y ha cubierto a todas las clases sociales. Pero el traspaso de votos siempre pasa por unos filtros.

¿Cuáles fueron estos filtros que menciona?

Los casos de corrupción que salpicaron en los últimos días y quizá el que sea mujer (Brasil no deja de tener este tipo de pensamiento), pueden ser los motivos para que no haya ganado en la primera vuelta.

¿Cómo se explica que la candidata de Lula solo obtenga el 47% de los votos, mientras el Presidente tiene un 80% de popularidad?

Ella no es Lula. No tiene esa personalidad, es menos carismática. No olvidemos también la corrupción que salpicó, como ya le pasó a Lula en el 2007. El electorado toma algunas decisiones de último momento y lo que pasó en los últimos días pudo haber incidido para que tome una postura. Brasil es muy grande. La publicidad es muy grande, hay como muchas contradicciones para el electorado que, sumado a la falta de conocimiento, pueden afectar en su decisión. Hay sectores de la oposición que dicen que la sustentabilidad del modelo no es como se dice en el mundo.¿Cuáles serían las dudas sobre el modelo?

A pesar de que Lula ha puesto énfasis en el control macroeconómico (inflación, tasas de interés) cuando vio que se iba de las manos del Estado el gasto público, trató de moderar los exceso. Hay cuestiones que se podrían ver como un exceso en el gasto social con programas de largo plazo, pero que no son revisados periódicamente. Lula tiene la idea que el consumo y la producción tiene que circular siempre al mismo nivel.

Hasta los opositores no cuestionaron del todo el modelo. Los aliados de José Serra criticaban que en su campaña no fuera duro con Lula.

Los de derecha le piden que ponga más énfasis en la macroeconomía. Sin embargo, él sabe que gran parte del electorado, como los del Partido Verde, son progresistas. Por eso, moderó su discurso y lo llevó más para el centro. Evidentemente va a tratar de reforzar las cosas positivas de Lula en cuanto a programas sociales y tratará de diferenciarse en cuestiones que son fundamentales, como por ejemplo lo que sostienen que el modelo no tiene sustentabilidad.

¿Una diferencia de 12 puntos ya podría ser determinante para creer que Dilma ganará en la segunda vuelta?

En este caso, teniendo en cuenta que los indecisos no tienen una posición de la política económica de Serra y que la candidata del Partido Verde es más afín al Partido de los Trabajadores de Lula, va a llevar a una victoria a Dilma.

Silva fue parte del gobierno de Lula, como ministra de Medio Ambiente, ¿es de suponer que sus electores opten por Dilma?

Ella tuvo algunos encontronazos por ambiguedades en la política ambiental, por eso sus discursos focalizaban en esos aspectos, pero sin oponerse a los programas sociales y la política económica de Lula. Se aferró a las cuestiones positivas, pero ella más que nadie podía conocer los aspectos negativo.

¿Por qué Dilma fue la gran ficha de Lula?

Creo que por esta política de diversidad que tiene Lula. Los candidatos de Serra son clases sociales acomodadas, con cierto prestigio social. Es una mujer, que no tuvo una participación política previa al gobierno de Lula, salvo su tiempo en la guerrilla. Eligió una candidata que promueve esta diversidad de la que forma parte él como sindicalista. Así, el electorado verá en ella, más allá de su capacidad, a una semejante, a alguien que puede, luchadora y no el statu quo.

Lula criticó a los medios. De hecho, Folha por primera vez sostuvo por quién votará.

Sí, los medios jugaron un rol fundamental, nos guste o no. La corrupción se le fue de las manos y Lula tuvo más un miedo escénico y jugó muy fuerte contra los medios. Creo que no hubiera querido tomar esa posición, pero la cercanía de las elecciones lo empujó a eso. Es el miedo que se vayan los votos porque en esto es tan importante lo que es a lo que se parece, y cada punto que se pierde es muy importante para una segunda vuelta.

Lula tiene una gran muñeca política, apoyó a candidatos que no son del PT’

A diferencia de otros países latinoamericanos en que las izquierdas están siempre separadas, Lula nunca negó, desde su tiempo de líder sindical, alianzas a partidos ideológicamente similares. Si veía que un candidato de otro partido, pero con ideas similares era más fuerte, lo sumaba a su movimiento o se aliaban.

¿Cuál es la base de Serra?

Más allá de que Lula fue bondadoso con el empresariado, este siempre querrá un candidato más conservador que permita acciones que los favorezca. Pero también en cierta clase media profesional que vio que la política de Lula no le fue favorable. Sacó a mucha gente de la pobreza, pero los profesionales que estaban en una buena posición, que son unos cuantos millones, no tuvieron mejoras sustanciales.

Brasil, aprendiendo a ser grande

Publicado por Marcelo Justo

BBC Mundo – 27-09-2010

http://www.bbc.co.uk/mundo/economia/2010/09/100909_brasil_latinoamerica_economia_mj.shtml

Los brasileños escogerán el próximo 3 de octubre al sucesor de Luiz Inácio Lula da Silva. Durante su período, Brasil se ha confirmado como jugador en las grandes ligas en el concierto de naciones. Con una serie de artículos, BBC Mundo explora cómo se ve el gigante latinoamericano desde afuera.

Brasil es la economía más grande de América Latina, se encuentra entre las 10 primeras del mundo, y conforma casi la mitad de la población regional.

Este poderío se nota en su creciente presencia diplomática o su participación en el club de las nuevas grandes economías, el BRIC.

Las compañías brasileñas invirtieron en 2008 más de $20 mil millones en el exterior, alrededor del 60% de la inversión extranjera directa (IED) de América latina.

Este peso genera tensiones a nivel regional y, especialmente, en los países más vinculados con Brasil, las naciones integrantes o asociadas al Mercosur.

El economista Pablo Kornblum, coordinador del Observatorio de Brasil del CAEI (Centro Argentino de Estudios Internacionales), reconoce la existencia de temores y recelos.

«Por un lado la nueva presencia internacional de Brasil lo lleva naturalmente a desafiar a Estados Unidos en su lugar de potencia hegemónica regional. Por otra parte, en el Mercosur, por ejemplo, hay un reconocimiento de que Brasil puede actuar como locomotora del crecimiento regional y, por tanto, hay una exigencia de las otras naciones para que se comporte de esa manera», le señaló a BBC Mundo.

Brasil, modelo por armar

Mercosur:¿todos para uno, uno para todos?
En este sentido el dilema de Brasil hoy se parece más al que enfrenta Alemania en la Unión Europea que ha actuado como motor económico beneficiándose de la integración, pero al mismo tiempo impulsándola con su crecimiento y su ayuda.

Carlos Maciel, Coordinador del Consejo Científico de la Fundación Mercosul en Uruguay y académico de la Universidad de Nantes, señala que este es el gran déficit que tiene Brasil hoy.

«Lula trató de avanzar en esta dirección, pero tiene sus propios problemas de exclusión social y resistencias internas en Brasil a que asuma un compromiso y liderazgo mayor en la región», le dijo a BBC Mundo.

En la UE los Fondos de Cohesión y otros mecanismos niveladores, fueron especialmente exitosos con España, Portugal y la República de Irlanda y sirvieron para posteriores incorporaciones de países más rezagados a la unión.

En el Mercosur se han hecho intentos en este sentido con la creación del Fondo de Convergencia Estructural en 2004 (en agosto se aprobaron líneas de financiamiento por 800 millones de dólares), pero a una dimensión mucho menor que en la UE.

La Union de Naciones Sudamericanas, UNASUR, es más proyecto que realidad concreta, pero Brasil tampoco ha adoptado un liderazgo que saque a la organización del terreno de las aspiraciones.

El tamaño importa

Lula y Cristina Fernández: acuerdos entre sonrisas y conflictos

Según Pablo Kornblum Brasil enfrenta tres tipos de conflictos en el Mercosur.

«Con Argentina es una relación de competencia y de principales socios comerciales. Con los países más pequeños la relación es más asimétrica, pero también acá hay diferencias. Con Uruguay hay una relación de complementareidad económica. Con Paraguay y Bolivia, Brasil domina más la agenda, pero con una búsqueda de consenso», apunta, en conversación con BBC Mundo.

A pesar de esto la potencia brasileña se ha hecho sentir sobre grandes y pequeños.

En los dos últimos años, aprovechando el tipo de cambio favorable, compañías brasileñas adquirieron empresas emblemáticas argentinas como Acindar, Quilmes, Paty y Alpargatas.

En Uruguay, empresas brasileñas controlan a ocho de las 30 mayores exportadoras y tienen una fuerte presencia en frigorícos, arroceras, y hasta en el sector de la construcción.

Desde Brasil, la poderosa Federación Industrial de San Pablo vive en un estado de virtual alerta sobre la posible «conducta desleal» de los otros países, especialmente de Argentina.

Acuerdos
Por el momento estos enfrentamientos han sido encarrilados diplomáticamente.

En la última cumbre del Mercosur, en Argentina, cuando muchos empezaban a escribir el obituario del bloque, los presidentes acordaron el Código Aduanero Común tras seis años de duras negociaciones.

Economista Ha-Joon Chang:Brasil no ha realizado su potencial.
En septiembre los ministros de industria de Argentina y Brasil, Debora Giorgi y Miguel Jorge, firmaron acuerdos para una «integración productiva» en sectores estratégicos (petróleo y gas, maquinaria e insumos agrícolas, aeronáutica y autopartes) para construir economías de escala que potencien la producción y exportación.

«El objetivo es ser más eficientes a nivel regional en un mundo que va a ser más competitivo», dijo Giorgi.

Lula y después
La buena sintonía de Lula con los otros mandatarios del Mercosur ha sido importante para superar obstáculos, pero también plantea un problema estratégico: ¿en qué medida el Mercosur depende de la posición de quien ocupa el ejecutivo brasileño?

En Abril José Serra, candidato presidencial opositor en las elecciones de octubre, levantó olas cuando dijo que el Mercosur era «un obstáculo» para Brasil.

«Es un problema. Por el momento parece una política de Estado, pero es un peligro latente», señala Carlos Maciel.

Sectores internos de Brasil creen que el país debe apuntar al mundo y no al terruño.

Pero el economista surcoreano Ha-Joon Chang, especialista en temas de desarrollo de la Universidad de Cambridge y autor de «¿Qué fue del buen samaritano? Naciones ricas, políticas pobres», el problema es otro.

«Todo país que se vuelve fuerte puede ser una amenaza para sus vecinos. Creo que Brasil tiene una política progresista en este sentido, pero ¿es realmente el país que dicen?», se pregunta el experto.

«En Brasil la broma es que ‘Brasil es el país del futuro’. En los 60 y 70 Brasil estaba creciendo a un 6 o 7 %, pero desde entonces no ha realizado el potencial que tenía», le señala Ha-Joon Chang a BBC Mundo.

La seguridad volvió a primar en las elecciones Colombianas

Autor: Pablo Kornblum

La previa de las elecciones colombianas del domingo pasado ya reflejaba las ambiguas y confusas declaraciones sobre la seguridad nacional, tema central sobre el que se adhieren y ramifican todo el resto de las problemáticas que ha tenido Colombia a lo largo de las últimas décadas.

Juan Manuel Santos, candidato oficialista y continuista de las políticas del actual presidente Álvaro Uribe, señaló la semana pasada que “va a acabar con las FARC con el apoyo de todos los colombianos, con el ejercicio legítimo de la fuerza y con la Constitución en la mano”. Habría que preguntarse si la mayoría de los integrantes de las FARC no son colombianos, o si el uso de la fuerza puede considerarse legitimo en cualquiera de sus formas.

Por otro lado, el principal opositor, profesor universitario y dos veces alcalde de la capital, Antanas Mockus, se había referido a su deseo de relacionarse con las FARC desde una visión filosófica-romántica: “donde hay confianza hay comunicación, donde hay comunicación hay transparencia, donde hay transparencia hay solidaridad, y entonces la violencia se hace obsoleta”. Pero tampoco brindó una respuesta concisa sobre la forma y los términos en los que se iba a efectivizar este dialogo con la guerrilla más antigua y poderosa de la región.

Finalmente, las elecciones mostraron una aplastante victoria de Santos (alrededor de los 25 puntos de ventaja) con más de 6,6 millones de votos contra un poco más de 3 millones de Mockus, aunque no haya alcanzado para el 50% que le hubiera dado la victoria en primera vuelta.

Podemos afirmar entonces que la política de seguridad democrática ha triunfado desde la visión más reaccionaria de una sociedad derechizada. En este sentido, poco sirvió la transparencia idealizada en el uso de los recursos públicos, la lucha contra el desempleo y la pobreza (el desempleo llegó al 12% y la economía, según se prevé, crecerá sólo un 2% este año), o la eficiencia administrativa demostrada por Mockus en su gestión gubernamental. Tampoco un contexto regional ideológicamente opuesto al gobierno oficialista (donde gobiernos de Centro-Izquierda han mostrado interesantes mejoras en el campo social a través de un desarrollo endógeno), o la relación bilateral con su vecino y uno de los principales socios comerciales, Venezuela, donde su presidente Hugo Chávez declaró que podría haber una guerra con Colombia si Santos ganaba las elecciones. 

Esta situación nos lleva a pensar que la violencia histórica divisionista pareciera encontrarse por encima de las problemáticas socio-económicas estructurales colombianas. Es preferible entonces alejarse de Chávez por su afinidad con las FARC antes que reestablecer las relaciones comerciales a través de un dialogo fraterno con Venezuela para generar divisas. Como así también es mejor la mano dura de un caudillo a una verdadera democracia inclusiva que permita entender las raíces de las necesidades de los diversos grupos sociales. 

La problemática de seguridad y la situación socio-económica son situaciones interdependientes, pero a su vez deben tratarse como pares y atacarse de manera simultánea, y no como condiciones derivadas la una de la otra de manera inconexa con fines electoralistas. Para ello se deben entender las bases de los problemas y definir soluciones complementarias que la sociedad toda entienda como racionales y pragmáticas. Aunque Santos aclame por la ayuda divina – ya que declaró en el momento de emitir su voto que solo quiere “Que se cumpla la voluntad de Dios y la voluntad del pueblo” -, los colombianos requieren de respuestas concretas para combatir un miedo estructural que ha mellado en las mentes de toda la ciudadanía y que no permiten mirar hacia delante para lograr un futuro con crecimiento y desarrollo sustentable.

Por lo pronto, Santos concurrirá al ballottage del 20 de junio casi sin la necesidad de armar alianzas. El efecto aluvional del 46,5% de los votos que obtuvo lo deja en una posición inmejorable para obtener los 3,5 puntos que le restan para consagrarse presidente: Sólo con parte del 10,1% de Germán Vargas Lleras, al fin y al cabo un uribista, podrá alcanzar la presidencia. Lo que sí podemos afirmar es que en definitiva, los únicos que salieron satisfechos y tranquilos con los resultados del domingo han sido los grandes inversionistas: Santos es un amigo del libre mercado y de las políticas pro-empresariales. Ya no deberán lidiar con el fantasma de Mockus, que en su último discurso antes de la contienda, abogó por aumentar los impuestos para contener el alto déficit fiscal que tiene el país.

Las bases del presupuesto público norteamericano

Autor: Pablo Kornblum 

La discusión sobre el nuevo sistema de salud norteamericano ha disparado una serie de preguntas, entre las cuales se encuentra el cómo se reparte el presupuesto público en los Estados Unidos. Para ello, es fundamental poder comprender la idiosincrasia norteamericana, los fundamentos de sus instituciones y su destino manifiesto como Nación. 
Para comenzar, el “sueño americano” solo ha conllevado a focalizar todo el peso del éxito y el fracaso en el individuo y no en el colectivo. En este sentido, el efecto directo de las políticas públicas sobre la economía ha sido permanentemente denostado por aquellos sectores conservadores que exigen un Estado minúsculo dedicado solamente a la regulación de las bases macroeconómicas y las cuestiones diplomáticas. Sin embargo, la dialéctica de un Estado en exceso solo ha quedado en la retórica de los miembros más conservadores del Partido Republicano. Con excepción de la década de 1920, algunos períodos de la décadas de 1940 y 1950 (como por ejemplo entre los años 1947-1949 o 1956-1957) y a finales de la década de 1990 – desde el año 1998 al 2001 -, el resto de la historia del presupuesto público norteamericano, en mayor o menor medida, ha sido deficitario.     
El haber conseguido la hegemonía mundial – determinada para muchos en la visión de los padres fundadores -, implicó además comprometer un rol internacional que generó deberes y derechos determinantes. La diseminación de los intereses – ya sean económicos o geopolíticos – alrededor del mundo y las alianzas/enemigos derivados de ello, conllevó indefectiblemente a disponer de una suma de recursos humanos y tecnológicos a nivel nacional e internacional necesarios para defender las conquistas ganadas y sus valores morales como Nación. Esta situación queda claramente demostrada en el presupuesto militar, donde para citar un ejemplo, podemos mencionar que en el año 2005 el 48% de los 1, 2 billones de dólares de gasto militar a nivel mundial correspondieron a los Estados Unidos. Más aún, en el presupuesto norteamericano del año 2001 – antes del atentado a las torres gemelas y en un momento de relativa paz internacional -, el gasto público en defensa se situaba en un importante 14% sobre las erogaciones totales, mientras que en salud o educación solo representaban el 19%. 
No podemos dejar de mencionar las implicancias que ha tenido para los diversos gobiernos el tener que manejar el presupuesto de una sociedad que glorifica el consumo. Al individuo medio norteamericano poco le interesa si su poder adquisitivo proviene del ahorro externo, de créditos provenientes del sistema financiero, o de un Estado que subsidia el poder de compra. Hasta el mismo Gobierno Nacional ha potenciado históricamente este círculo vicioso. Para citar un ejemplo, durante el período 1999-2002 el gasto público en consumo final triplicó el gasto en bienes de capital  – un promedio de 1.500 millones contra 500 millones de dólares respectivamente –. Ante esta situación, los decisores del presupuesto, con un ojo puesto en las cuentas públicas y otro en las mentes de los votantes, deben balancear con precisión rigurosa los intereses de la sociedad y las capacidades macroeconómicas del Estado. 
Finalmente, las demandas sobre el presupuesto en sí han tenido un común denominador estructural: disminuir los impuestos mientras se aumenta el gasto social. Esta contradicción económica ha llevado a eternas discusiones entre Republicanos y Demócratas sobre el cómo distribuir las cargas contributivas para financiar las crecientes erogaciones públicas, en un país que requiere cada día de una mayor intervención estatal para paliar las desigualdades y los descalabros en aumento generados por el mercado. En este sentido, debemos recordar el plan de estímulo económico de 787.000 millones de dólares de comienzos de 2009 propuesto por el presidente Obama para salir rápidamente de la crisis financiera; o su decisión más reciente de aumentar los impuestos a los ricos – aquéllos con ingresos familiares de más de $250,000 – en $955,000 millones durante un período de 10 años para poder reducir los de otras familias de menores recursos en $770,000 millones hasta el año 2020.
En definitiva, la recientemente aprobada reforma de salud ha tenido un poco de todos estos condimentos. Incapacidades e irresponsabilidades individuales, imposibilidad de seguir incrementando un presupuesto fuera de control –  el déficit de 2009 ha sido de 1,75 billones, lo cual equivalió al 12,3 por ciento del PIB – y la necesidad de cubrir otras “prioridades” nacionales, han sido algunas de las declaraciones más resonantes de sus detractores. Para los que estuvieron a favor, sin embargo, el razonamiento fue mucho más sencillo: solo fue necesario ponerse en el lugar de alguno de los 32 millones de norteamericanos que de ahora en más podrán poseer una cobertura de salud digna y obligatoria.