El hartazgo se siente a nivel global

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Níger es uno de los países más pobres del mundo. Mejor dicho, es un país rico con millones de personas inmersas en la más profunda indigencia. Y su fama, que previamente provenía por ser una fuente inagotable de uranio y petróleo, ahora también lo es por el golpe de Estado llevado a cabo recientemente, cuando un conjunto de militares se presentó en la televisión nacional anunciando la destitución del ahora ex presidente, Mohamed Bazoum. 

Pero vamos por partes. El petróleo continúa siendo la vedette entre las energías que mueven al mundo. Y el uranio es un elemento clave en la producción de energía nuclear. Su demanda global, especialmente por parte de los países que buscan una fuente alternativa a los combustibles fósiles, hace que este recurso sea extremadamente valioso. Y Níger produce el 8% del uranio a nivel mundial.

Pero ello no se replica en la bonanza colectiva, al menos no en la propia: mientras el país tiene una dependencia crónica de la ayuda internacional (representa el 45% de su PBI), su gobierno está (o estaba hasta hace poco) totalmente sometido a las directrices de Francia, la antigua metrópoli. Y no solo porque 7 de los 9 Estados francófonos en África occidental todavía usan como moneda el franco CFA – que está vinculado al Euro y es el respaldo financiero francés -, o mismo los acuerdos de defensa que implican una guarnición de 1.500 soldados franceses, junto a una Base Aérea que asiste a aviones de combate y drones de ataque. Sino por, justamente, el control de los recursos naturales estratégicos.

En este sentido, la empresa Orano (antes, Areva), que pertenece al gobierno de Francia, ha disfrutado del monopolio sobre el uranio nigerino durante más de cuatro décadas (hasta el año 2007, encontrándose en la actualidad representado por sus dos subsidiarias, Somair y Cominak), incluyendo la exención de impuestos aduaneros a la comercialización, o mismo para la utilización de equipamiento y materiales para la extracción. De Níger, sin escalas a Europa.

Aquí no hay grises: sus recursos los disfrutan, a la distancia, los ciudadanos galos. Es que, gracias al uranio nigerino, el 77% de la electricidad que produce Francia proviene de la energía nuclear, y aún le sobran excedentes de energía para exportar a algunos de sus países vecinos. Más aún, poco importa que Francia presuma que su producción energética es baja en emisiones de CO2, y así su gobierno queda bien posicionado en el marco de un ‘discurso ambientalista coherente’; la realidad es que, bajo un escenario global tan complejo, la seguridad energética de un país clave dentro de la estructura OTAN no es tema menor.

Por el contrario, lo más relevante aquí es que las empresas solo pagan un 12% de canon por la explotación de las minas, lo que representa un magro 4,6% del PBI nacional; unas condiciones que han decantado una balanza de cuenta corriente desproporcionadamente a favor de la antigua metrópoli. En el mientras tanto, el 83% de la población de Níger no tiene electricidad. Una distopía increíble, un deterioro en los términos de intercambio que parece sacado de un paper de la CEPAL de mediados del siglo pasado.

Pero eso no es todo: el anclaje en la pobreza y los conflictos internos, es desesperante. Níger ocupa la penúltima posición —187.º— en el índice de desarrollo humano elaborado por Naciones Unidas, solo por delante de la República Centroafricana, un país asolado por la guerra. Con un ingreso per cápita de 510 dólares anuales, un 44% de los nigerinos vive con menos de 2 dólares al día.

A ello debemos adicionarle que hay menos de 10 médicos por cada 100.000 habitantes, es el cuarto país del mundo que más mortalidad infantil registra (detrás de Afganistán, Somalia y República Centroafricana) con 68 muertes cada 1000 nacidos vivos, y apenas un 15% de la población adulta está alfabetizada: no es de extrañar entonces su consecuente planificación familiar inexistente, donde Níger tiene la tasa de natalidad es la más alta del mundo, con 6,84 hijos en promedio por mujer – lo que constituye una auténtica bomba de tiempo que hará mayor presión sobre el agua y los alimentos en el corto plazo -. Todo ello sin profundizar que el país es una encrucijada donde convergen tráficos ilícitos, rutas migratorias y redes terroristas.

Por supuesto, esto no es exclusivo de Níger en el Sahel. La rivalidad interétnica, la concepción patrimonial del Estado por parte de los dirigentes, la corrupción endémica, y los infortunios climáticos derivados de la destrucción medio-ambiental, son moneda corriente en la zona. Por ello, sin rasgar en un análisis muy profundo, se puede normalizar el escenario sabiendo que este ha sido el séptimo golpe de Estado en la región en tan solo 3 años.

Pero entonces, ¿quiénes se oponen al fin del colonialismo – de hecho – francés? Formalmente la CEDEAO, la coalición regional más influyente de la región que agrupa a 15 países y defiende los intereses de Occidente. Sin embargo, se nota mucho que las opiniones públicas de muchos de estos Estados se oponen a abrir un frente externo ante tantos dilemas domésticos: los reclamos realizados han estado vacíos de consistencia, sobre todo cuando lo único que hay para decir es que hay que ‘defender la democracia’. Como alguna vez dijo Emiliano Zapata, aquel guerrillero mejicano de principios de siglo pasado: “Prefiero morir de pie, que vivir toda mi vida de rodillas”.

Aunque probablemente no sea necesario ser tan trágico. Los golpistas primero hablaron con Rusia para asegurarse su apoyo. Putin no solo les dio la venia, sino que ofreció toneladas de granos gratis y, por supuesto, al Grupo Wagner que ya está ‘en zona’. Por ende, los movimientos de occidente deberán ser más pensados que de costumbre. Es que el ‘horno no está para bollos’: abrir otro flanco en África en medio de sinuosos escenarios políticos y económicos domésticos (con la centralidad en la guerra de Ucrania), no parece ser muy redituable en términos electorales. 

Este escenario no es de extrañar: Rusia y China hace años están ganando presencia en el territorio (en el mismo Níger, China ya se hizo con la mayoría de la propiedad de la minera Somina), adquiriendo materias primas y ocupando los espacios que antes pertenecían a Occidente. Ambas potencias nunca dan lecciones de democracia y no fingen ser amigos. Su actitud es práctica, sin ideologismos ni condescendencias. ¿Porque son tan atractivos rusos y chinos? Como decía una vez un gran amigo mío sobre su suerte con las mujeres: “No es que yo sea demasiado bueno, sino que los otros son muy malos”.

En este sentido, un 78% de los 27 golpes de Estado en África subsahariana desde 1990 se han producido en naciones francófonas. ¿Cuál es la justificación desde París? Que no entienden porque ocurren estas cuestiones, que los lideres domésticos no saben gestionar, que el mundo se ha vuelto más complejo en tanto las transformaciones que se están produciendo en términos económicos, climáticos, de salud y de seguridad.

Más aún, un arrogante comunicado del Palacio del Elíseo advertía que Emmanuel Macron “no tolerará ningún ataque contra Francia y sus intereses”. Si alguien resultaba herido, la represalia vendría “inmediatamente y sin concesiones”, sonando como el gran jefe imperial que emitía una severa advertencia a nativos ingobernables que estaban causando problemas a más de 2.000 millas de distancia. ¿El mea culpa? Eso nunca. Y, por supuesto, no nos podemos olvidar de los siempre complacientes títeres aduladores cómplices, muy bien representados por las elites domésticas. Ahora caídas en desgracia ante una nueva Elite, aliada a Rusia, y con un discurso nacional-progresista que es melodía para las históricas mayorías desahuciadas.  

En definitiva, a estas alturas del Siglo XXI, donde la globalización de las comunicaciones hace que todo se sepa, no hay que tirar mucho de la cuerda ante situaciones socio-económicas desesperantes. Aunque el contexto histórico-cultural es categórico y diferenciador a la hora de brindar respuestas, la explosión social termina siempre, de algún modo, saliendo por los poros; las ‘venas abiertas’ como diría el enorme Galeano. Y, sino, miremos por estas latitudes…Donde por supuesto, el final del camino es, como mínimo, de una incierta peligrosidad.