Italia, la historia que no se repite

Publicado en el diario BAE, 30 de Diciembre de 2008.

Autor: Pablo Kornblum

La semana pasada, el Instituto de Estadísticas de Italia emitió cifras escalofriantes: A más de 3 millones de italianos no les alcanza el dinero para comer. Son unos 3.600.000 los  que declaran pasar momentos “con insuficientes recursos para comprar alimentos”. Los datos indican que los más afectados son sobre todo las familias del sur del país, donde hay tres o más niños, ancianos o madres solteras. Además, el 33% de las familias dijo a fines del año pasado que no podía afrontar un gasto imprevisto de 700 euros; y son más de seis millones los italianos que tienen dificultades para calefaccionar su propia casa.

Esta crisis sin precedente remonta nuestra mirada a la Italia de Post-guerra. Esa Italia que desplegó un enorme gasto militar en detrimento del resto de las políticas sociales y económicas; aquella Italia que obtuvo como resultado la destrucción de su infraestructura, la pérdida de vidas humanas y la obsolescencia de un aparato productivo sin recursos. En definitiva, un saldo nefasto que derivó en una economía quebrada.

La creación de las Naciones Unidas y la declaración de los Derechos Humanos de post-guerra fueron el punto de partida para evitar futuros enfrentamientos a escala mundial y un mayor derramamiento de sangre. El período de paz permanente era el estadío buscado que permitiría impulsar una economía pujante, brindando las respuestas adecuadas para resolver las necesidades y deseos de los italianos. En términos generales, el mundo había aprendido la lección: el futuro debía ser el progreso y la dignidad para todos los seres humanos.

Pasaron las décadas y los pronósticos se habían vuelto realidad. Italia se había transformado en un país desarrollado, contando con un aparato productivo moderno e instituciones sólidas. Si a esto le sumamos su temprana membresía a la Unión Europea y la importancia regional que ello implicaba, nos encontrábamos con un plus extra de crecimiento estable y sustentabilidad social y democrática del país.
Algunos predicaron en ese momento que la paz duradera había sentado las bases para los desarrollos políticos y económicos que los italianos tanto habían ansiado. El “fin de la historia” se había tornado de una predicción, a una realidad palpable.

La crisis actual, sin embargo, nos demuestra la otra cara de una misma moneda: la paz, la democracia y la institucionalidad republicana no alcanzan por si solas. Solo sientan las bases y los ideales para lograr un sistema que brinde derechos legítimos para los habitantes de cualquier Estado desarrollado en el Siglo XXI. Pero como podemos observar, el sistema económico imperante no esta cumpliendo con estas metas propuestas; más aún, las políticas económicas que se han aplicado en los últimos tiempos parecen ser solo remedios paliativos de una enfermedad que amenaza en tornarse crónica. 

Las grandes batallas ideológicas, raciales y territoriales que desataron las guerras mundiales parecen ser parte del pasado. Por lo que entender la situación actual como un retroceso, pareciera no ser lo más acorde ni beneficioso para extraer experiencias que aporten ideas y soluciones.
Estamos si ante un nuevo escenario de una enorme crisis socio-económica, que incluye hambre y miseria para millones de italianos. Tal vez, tan grave como en los años de post-guerra. Y la primera gran diferencia que salta a la luz es que, esta vez, la crisis actual ha dejado sin palabras a todos aquellos que pensaban que la paz duradera era una condición necesaria pero también suficiente para solucionar los dilemas del progreso y desarrollo humano.