¿Liberal? Depende…

https://www.ambito.com/opiniones/wall-street/caso-gamestop-es-realmente-liberal-n5169644

Por Pablo Kornblum, 13-2-2021

Todo comenzó cuando se hizo público que GameStop, una cadena estadounidense de videojuegos, consolas y electrónica con más de 5.000 tiendas en todo Estados Unidos, estaba a punto de desaparecer. En el último año, la empresa había tenido pérdidas por valor de 275 millones de dólares. En aquel momento, con enormes beneficios varias firmas de Wall Street comenzaron a utilizar la técnica de ‘venta en corto’ para terminar de rematar a la empresa; como respuesta, los usuarios del foro llamado ‘wallstreetbets’ decidieron enfrentarse a las enormes corporaciones con sus propias reglas: utilizando la libertad que brinda – o brindaba hasta ahora – el mercado financiero.

Coordinadamente decidieron empezar a comprar acciones de la empresa, dándole la vuelta a la situación y generando una gran demanda, lo que hizo subir el precio de la acción. Estas, que habían comenzado el corriente año 2021 en 17 dólares, alcanzaron los 350 dólares, provocando deudas millonarias a los ‘vendedores en corto’ ya que estos no podían devolver las acciones en el plazo estipulado sin perder dinero por el camino. Por ende, la tienda de videojuegos se convirtió, increíblemente, en una arena de disputa entre inversores minoristas y grandes fondos especulativos. Hasta ahora, el mercado se movía impulsado por la inercia de los grandes fondos; esta vez, las cotizaciones se habían movido desde abajo hacia arriba. Y este punto no es menor: abre la puerta a que se repita en el futuro, lo que implica la inclusión de un nuevo factor en los análisis de riesgo, inexistente previamente, para los fondos especuladores de inversión.

Ante esta situación, el enfado en Wall Street contra los jóvenes revolucionarios fue tal que pidieron el bloqueo desde las plataformas transaccionales. “Usaron nuestras reglas para ganarnos. Sin embargo, incumplieron la regla principal: siempre ganamos nosotros”, se escuchaba en varias oficinas de los rascacielos neoyorquinos. Las presiones y la convivencia dieron su inmediato fruto: “nosotros monitoreamos los mercados continuamente y hacemos cambios cuando es necesario. Pero eso, a la luz de la reciente volatilidad, y para proteger a la empresa y a los consumidores, estamos restringiendo las transacciones para ciertos valores”, sostuve el Director General de Robinhood, una de las plataformas más importantes de trading.

Solo unos pocos políticos salieron enfáticamente a repudiar lo ocurrido; es claro que hay mucho lobby financiero dando vuelta en las escalinatas del parlamento – bienvenido, a diferencia de los ahora procesados seguidores del ex presidente Donald Trump -. En este sentido, Alexandria Ocasio-Cortez declaró que “apoyaría una audiencia” contra la plataforma Robinhood por su “inaceptable” decisión de bloquear temporalmente las transacciones. Sorpresivamente, el senador republicano Ted Cruz acompañó la crítica de la demócrata al señalar que está “totalmente de acuerdo”. Por su parte, Sherrod Brown, próximo presidente del Comité de Banca del Senado, ha tomado un tono más mediador: planea convocar una audiencia para analizar “el estado actual del mercado de valores. Porque, a decir verdad, la gente de Wall Street solo se preocupa por las reglas cuando son ellos los perjudicados”, sentenció sin poca razón.

La Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos – institución que representa al Estado como un todo -, también entró a la batalla entre los pequeños inversores y los fondos de cobertura de Wall Street, advirtiendo a ambos que está atenta por si hay potenciales irregularidades. En un inusual comunicado, indicó que está trabajando de forma estrecha con otros reguladores y bolsas “para proteger a los inversores e identificar y perseguir potenciales irregularidades”, al tiempo que indicó que “revisará en detalle las acciones (…) que podrían perjudicar a los inversores o dificultar su capacidad de negociar con acciones”. No hay nadie en el mundo más estatista que un capitalista asustado, se podría decir. Aquí no hay teoría que valga: solo el poder coercitivo del Estado puede mantener una – cada vez más descreída e inestable – ‘pax económica’.

Por supuesto, lo descripto no es solo un dilema estadounidense. En España, por ejemplo, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) suspendió en el año 2011 durante más de seis meses las ventas en corto, al igual que ocurrió en otros países como Francia, Italia o Bélgica, para frenar la extrema volatilidad que estaba afectando a los mercados, en especial al sector financiero. Durante el inicio de la pandemia en 2020, las ventas en corto también estuvieron prohibidas en España. Cuando no – y esto debe quedar bien en claro -, las grandes crisis de la ‘economía real’ son las preferidas de los capitales especulativos.

Ante este novedoso escenario, nos deberíamos entonces preguntar: ¿Los mercados no conllevan per se cierta volatilidad? ¿O solo se toman medidas cuando la inestabilidad afecta a ciertos intereses? ¿Por qué los ‘chicos’, el ciudadano de a pie, no puede ganar dinero como los grandes fondos de inversión? ¿Solo los ricos pueden ser más ricos con el mercado financiero y la especulación? ¿Y la libre competencia? ¿Y el libre mercado? ¿Y Adam Smith, David Ricardo, etc.?

Lo que parece falta clarificarse son las reglas de juego. Porque de no ser las mismas para todos, lo expuesto desnuda una realidad que cae por peso propio, que ya no se puede ocultar, que lejos esta de la democratización capitalista occidental que tanto se ufanan los que manejan la ideología neoliberal de la globalización. Libertad para acumular riqueza versus miles de pequeños ahorristas que, sea cual fuere su objetivo (ya sea para ganar dinero, o solo vivenciarlo como parte de un juego), tienen derecho a tomar sus propias decisiones financieras y ganar dinero.

Por otro lado, lo que emerge de esta situación es el poder de una comunidad y el flujo de información que circula en las mismas. Como fue en su momento al inicio de la primavera árabe – el más claro ejemplo fue Libia -, se ha podido coordinar una acción en masa por parte de seres humanos que no tienen ningún contacto entre sí. Una vez más, esto nos trae a colación lo ambivalente de la globalización, específicamente en el ámbito de la tecnología y los medios de comunicación: mientras avala la concentración del poder y la riqueza en unos pocos, genera ciertas ‘grietas o poros’ donde los más desfavorecidos pueden tener algún halo de revancha, aunque sea temporal. Una acción descentralizada, un ataque sin centro visible, una especie de ‘guerra asimétrica’ en términos militares. Que incluyen hasta el uso de ‘memes’, de la ironía, que funcionan como armas para instalar narrativas que mellan el statu-quo.

Contrariamente, no podemos dejar destacar que, con la excepción de algunas pocas personas que sabían lo qué estaba ocurriendo, la mayor parte del público desconoce por completo la dinámica tanto de las comunidades online, como de su contraparte, los fondos de inversión profesionales. Ello explica la difusión y creencia de las más disparatadas versiones: que esto era un ataque de grupos de ‘extrema derecha’, que eran solo unos ‘hippies desvariados’, hasta que el escenario era el preludio del fin del capitalismo. Más allá de discutir la racionalidad de cada discurso, lo expuesto deja algo en evidencia: nos encontramos ante una mayoritaria sociedad incapacitada y desconectada de los grandes movimientos políticos y económicos macro-globales; aquellos cuales son, a veces, los que suelen cambiar el rumbo de la historia.

Lo que si podemos afirmar que son pocos los imaginaron que alguna vez el sujeto social de la revolución no estaría encarnado en el proletariado industrial, en términos marxistas, sino en jóvenes al parecer despolitizados, movidos más por una pulsión de resentimiento activo (al estilo de los “luditas” que rompían las máquinas en los comienzos de la Revolución Industrial) que por el sueño de una nueva sociedad sin clases. Chicos asociados a partir de afinidades algorítmicas. Nerds que habían aprendido las mañas de los poderosos y las usaban en su contra. Un grupo de usuarios de Internet que actúan con una organización descentralizada que desafía los modelos predictivos de los fondos de inversión de Wall Street y los especuladores “profesionales”; un ‘momentum’ histórico donde la línea entre expertos y desconocedores sistémicos se difumina al punto de volverse irreconocible.

¿Sera la cohesión entre los usuarios que coordinan sus acciones para desafiar a un poder establecido mucho más fuerte que el “valor” de las acciones en sí mismo? Está claro que, si querían ir contra el sistema, no lo han logrado: ahora se han convertido en parte del mismo. Pero hoy en día, eso poco importa. El hecho en sí es lo relevante, aquel en el cual observamos, bajo un prisma pragmático, una lectura que nos explica que no solo estamos ante una lucha desigual entre los que quieren a como sea mantener el statu-quo que ‘les asegura el poder y la riqueza eternos’, sino que además nos encontramos ante una economía que muestra poco anclaje en el “valor real”, y se vuelve más frágil cuando ello se combina con el desarrollo tecnológico y el poder “social” de las redes. La propia empresa Gamestop nos explica mucho de ello: al día de hoy continúa cerrando sucursales, recortando la plantilla del personal y sus salarios – en torno a 11 dólares la hora -, con jornadas extenuantes de trabajo.

En definitiva, el dilema basal no solo se cierne en que la disociación de la economía financiera y la real no detiene su marcha, sino que además tampoco se ve un atisbo de que puedan cerrarse – o al menos disminuir – las inequidades intrínsecas sistémicas referidas a la distribución de poder político y económico. Los cambios marginales son solo eso: coyunturales, cosméticos, líquidos. Espejos de colores que abrillantan una realidad sustancialmente opaca. Probablemente, los desafíos a una realidad que solo les sirve realmente a unos pocos, continúen. Esporádicos, llamativos, pero realmente insuficientes si no se solucionan las cuestiones de fondo.